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Cinco niños en busca de aventuras encuentran un bosque en pleno centro de Lima ....

Cuento:"El zorro, la serpiente y el caballo"

El amor más insosegable de un niño: "su mamá"

¿Se puede cambiar la voluntad de Dios?

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miércoles, 7 de junio de 2017

LAS ELECCIONES





La gente capaz siempre emigra, busca lo mejor. Aquí se quedan sólo los mediocres”, decían unos graffitis anónimos en los baños, centro de lamentaciones de aquellas voces silenciosas que abundaban en la universidad.
Aquel día nadie se imaginó lo que sucedería, ni siquiera Nixon que estaba al tanto de todos los movimientos de la universidad. Durante la mañana había demasiada tranquilidad, el chino sentado como personero de izquierda unida en una de las mesas de votación, controlaba pausadamente la veracidad de los votantes. Nixon rodeado de tres amigos que siempre lo acompañaban, no cesaba de visitar las mesas de toda la facultad. Como a la una y treinta, hora de la merienda, no había  muchos sufragantes y los pasadizos estaban casi vacíos. Los personeros de izquierda celebraban el triunfo parcial y descuidaron la vigilancia. Justo en ese instante, los Fachos, el sector más radical y violento que el profesor Vincent defendía, irrumpió violentamente, lanzando un grito ensordecedor como fieras salvajes llenaron en cuestión de segundos los pasadizos de la universidad. Cargaban palos, fierros, verduguillos y armas de corto alcance. Lanzaron petardos sincronizadamente en el frontis  de todas las facultades y el ruido ensordecedor estremeció las mesas de sufragio de la Universidad. Sin miramientos, ni consideración a las mujeres, las empujaron y golpearon, cogieron las ánforas y las rompieron, sacaron los votos y se los llevaron. Los que opusieron resistencia fueron golpeados. La consigna era destruirlo todo, sin importar cómo lo haces. El griterío, los petardos, el rechinar de lunas que se quebraban a pedazos alertó a los estudiantes de comunicación que una turba se acercaba, inmediatamente cerraron la puerta de fierro. Atrincherados en el tercer piso, sin enterarse de lo que sucedía escucharon silenciosamente los ruidos del exterior.
“¡Fraude, fraude, abajo las elecciones, los traidores morirán!” los chillidos de lunas quebradas seguían y de pronto empezaron los disparos. El chino por primera vez se vio en un dilema, si salir o quedarse atrincherado en la escuela. Los personeros de los fachos estaban muy inquietos y pugnaban para que la reja se abra, pero Nixon sabía que estaba en mayoría y los mandó a callar. Al poco rato apareció Willy, sudoroso clamando que le abran la puerta.
-¡Abran la reja por favor, me quieren matar! ¡Abran, abran!
-¿Quién te quiere matar?- preguntó Nixon, desconfiado.
-¡Los de izquierda unida!- respondió astutamente
-Abran, abran hay que demostrar humanidad , gritaron los fachos que estaban como
personeros dentro de la escuela
Nixon dudó, ya no escuchaba ningún ruido, ¿y si era verdad que los de izquierda  habían salido a defender las ánforas? Por eso los fachos se habían ido.
Willy afuera suplicaba, era raro verlo en esa situación, sabiendo que era uno de los matones y líder de los fachos. Nixon dudaba y sabía que todo dependería de él ahora. Sabía que algo no estaba bien, pero la presión era tan grande, que asintió la cabeza afirmativamente y la reja se abrió. El rostro de Willy cambió radicalmente y como un tigre sobre su presa se asió de la reja y empezó a gritar, lanzando patadas al que se le acercaba. Como diez muchachos empujaron la reja para cerrarla, pero él estaba tan bien parapetado que era imposible sacarlo.
-¡Vengan, vengan, suban a Comunicación la reja está abierta! - gritó con todas sus fuerzas y un murmullo empezó a escucharse, hasta transformarse en un griterío ensordecedor y cientos de muchachos con sus rostros tapados entraron golpeando al que se le oponía  en el camino. A punta de patadas abrieron las puertas de los salones, buscaron las ánforas que estaban ocultas y las rompieron. El chino miró impávido como  destruían todo. Después de unos minutos, los vándalos desaparecieron confundiéndose entre la humareda y los estudiantes.
Cuando llegué la densa humareda me dio un mal presentimiento, era idéntica a la que vi cuando por primera vez pisé esta universidad. Apresuré los pasos y distinguí a Horacio dirigiéndose a la Escuela, quien al notar mi presencia volteó.
-Creo que la fiesta se acabó- me dijo desconcertado.
 -¿Por qué?- le pregunté
- ¡Acá ocurrió una batalla!
Ese momento me imaginé lo peor, pensé en Jael y no quise preocuparme por el chino por lo que hizo, pero no podía dejar que lo maltraten. Cuando llegamos encontramos a un grupo de estudiantes que conversaban soslayadamente a un costado de la escalera, haciendo silencio, cuando sintieron nuestra presencia. Sus rostros palidecían de  susto. De entre ellos, salió la figura pequeña y regordeta de el chino, quien frotando sus lentes con una franela, sonrió, forzadamente.
-¡Los fachos acabaron la fiesta- nos dijo desalentado- nos han dado un golpe mortal. Si se convoca a elecciones la próxima vez, ¡ganarán! ¡ustedes saben, el que golpea primero, gana!. Hemos perdido y Vincent tendrá el tercio de la facultad.
Horacio y yo sentimos tanta  impotencia.
-Tenemos que reunir a la gente y salir a descobrarnos, esto no puede quedar así-dijo Horacio envalentonado- ¡A esta gente hay que matarla!
Miré a Horacio, respiraba demasiada rabia, las palabras del chino calaron tanto que terminaron por arrastrarlo a él en esa vorágine de violencia. Yo sólo bajé la mirada y meneé negativamente la cabeza. El chino que seguía con atención cada gesto mío, gritó:
-¡Tu no aceptas!, aún no comprendes lo que significa defender algo que es tuyo. No escuchaste a los empresarios como dicen: “¡O eres tigre o eres presa!”. Horacio tiene razón, si no contestamos perdemos la universidad y Vincent ganará.
De pronto, una detonación estrepitosa de un petardo, rompió otra vez la calma y cientos de voces gritaron: “¡IZQUIERDA UNIDA VENCERÁ, MUERTE AL TRAIDOR USURPADOR, ESOS FACHOS DE MIERDA MORIRÁN!” Poco a poco aparecieron en una columna interminable, muchachos universitarios gritando en un solo coro, armados con palos, barretas de fierro y piedras  Entre ellos distinguí a Nixon que agitando las manos llamaba al chino.

-¡Te das cuenta! -gritó el chino- ¡si no respondes ellos creerán que tuvimos miedo y nos apabullarán. ¡Ahora salimos para demostrarles que seguimos en la pelea! Se dio media vuelta y corrió junto con Horacio para unirse a la manifestación. Nixon lo abrazó y se perdieron entre la multitud. Sólo  contemplé de lejos a los dos cómplices y recordé las palabras de Jael: “No sé ni porque lo acepté, si no lo quiero”. Ambos ahora se iban juntos  y supe que una guerra se había iniciado pero no  contra  los vándalos fachos, sino al interior de nosotros.

martes, 23 de mayo de 2017

El Noviazgo

Después de todos los exámenes la carga de trabajo disminuyó y la rutina diaria se desvaneció con la semana, previa a las elecciones. ¡La universidad estaba de fiesta!, Todos nos dispersamos, regresamos a casa, pero el chino, velaba, ya que por consejo de Nixon debíamos presentar no sólo un trabajo, sino una tesis bien argumentada a la que nadie pueda refutar, material que serviría, en caso de ser desaprobado para denunciar y abrir un juicio administrativo a Vincent.  Horacio y el curita se ausentaron y sólo quedamos Jael y yo,  desocupados, lo cual aprovechamos para caminar a donde se pueda. Le tenía tanta confianza, como si se tratara de un amigo varón con el que no ocurriría nada de malos entendidos. Charlabamos de todo y caminabamos abrazados hasta que una tarde.
-¡Me gustaría soñar! –dijo Jael.
-¿Qué? -Le pregunté.
-Que estamos casados y  paseamos como si tuviéramos muchísimo dinero que gastar y que la gente diga: ¡Señor, cómprele este vestido a su esposa! y que yo te tome de la mano y te diga querido ¡cómprame, cómprame!, ¡por favor! ¡por favor!
-¡Ay Jael qué cosas se, te ocurren!- le interrumpí
-Pero… ¡déjame soñar!
-Muy bien soñaremos, repliqué y cogidos de la mano, caminamos  a través de los ambulantes, pasamos entre los mendigos, los vendedores de estampitas y de todo el griterío de gente que deambulaba por la avenida Tacna, como si quisiéramos olvidar nuestra agobiante realidad. No quería pensar mal de las palabras de Jael y no quería arruinar una buena amistad, además era Jael, no…. ¡no!, ¡eso es imposible!.
Era un miércoles que nos despedimos quedando en encontrarnos al día siguiente, pero no regresé hasta la próxima semana. Durante esos días, sucedieron hechos inimaginables. Nixon encontró a un chino desaliñado, sin afeitar y se acercó a él.
-Hermano, le dijo y lo abrazó -Te he buscado peor que una enamorada, ¡felicítame!
-¿Por qué?,  le interrogó el chino
-¡Porque soy el hombre más feliz!, ¡lo conseguí! y tú has sido un buen amigo.
No necesitó más explicaciones, el chino comprendió que se trataba de Jael y pensó ya está consumado y ahora sólo queda esperar los resultados.
-A propósito amigo- agregó Nixon-  necesitamos un personero para la Base  83 y yo he pensado en ti para ese puesto. Al ver que el chino titubeaba se adelantó y lo abrazó. No te preocupes de nada, le dijo y caminaron por el pasadizo de Letras.
El día que llegué a la universidad encontré a Jael sentada en unos de los bancos del patio de letras. Estaba inquieta mirando para uno y otro lado, ojeando su reloj y zapateando levemente el piso con el pie izquierdo. Al ver que me acercaba sonrió, pero sus ojos languidecían de mucha tristeza.
-¿Qué pasó? -me dijo – ¡los muertos han resucitado!
Me acerqué sin responder para darle un beso en la mejilla y ella como si estuviera apesadumbrada inclinó su rostro y bajó la mirada.
-Tú no sabes cuánto, pero cuánto he necesitado de todo el grupo esta semana, me sentí sola, muy triste y desamparada
-¡Pero Jael! –interrumpí algo confundido - ¿Qué te ha sucedido?
Tú sabes que los amigos se necesitan y se buscan para todo. Ni tú, ni los chicos, nadie ha venido a la Escuela.
Me quise sentar junto a ella, pero inmediatamente miró para todos lados. Abrió más que nunca los ojos, palideció y se levantó. Parecía que se escondía de alguien.
-¿Esperas a alguien? -pregunté por inercia, sin desearlo saber.
-Sí, pero no es importante, ¿vamos a caminar?
-¡Vamos! -le respondí. Quise cogerle de la mano pero me la soltó. Algo le sucedía, no actuaba como de costumbre y además ¿a quién esperaba?,  al parecer la había dejado plantada. Sin más preguntas salimos de la ciudad  universitaria y subimos al bus “el cocharcas” que nos llevó hasta la final de la avenida Salaverry. Caminamos sin hablar y sin tocarnos. El sol iluminaba tenuemente y avisaba la llegada de la primavera. Los árboles frondosos e imponentes contagiaban de su frescura,las calles. Llegamos a una plazoleta desde donde se apreciaba al inmenso mar.
-¿Sabes?, ¡me siento feliz! –Rompió el silencio Jael, aunque, su voz se quebrantó, miró hacia el cielo, respiró profundamente y su rostro poco a poco decayó.
-¿Ves el cielo?- exclamó resuelta - nos dice cómo somos. Tú eres como el sol con su brillo constante, no importa si te quieren opacar siempre encontrarás un lugar por donde iluminar. En cambio yo soy como esa neblina frágil e inconsistente, llevada por los vientos de un lado para el otro, sin paradero, a veces firme tratando de absorberlo todo, pero incapaz de defenderse ante la arremetida de alguien más fuerte.
¿Sabías qué?- se le quebró la voz otra vez, sus ojos estaban llenos de lágrimas –  salí con un amigo la semana que se  ausentaron, me llevó a muchos lugares y en una de esas salidas se me declaró. Me tomó fuerte de los brazos y me besó. Yo le dije que no podía ser, que aún no estoy preparada, pero él insistió y ahora soy su enamorada. Hasta ahora no comprendo cómo fue que acepté. No siento nada por él.
No supe qué decirle, sólo recuerdo que  me sentí defraudado al contemplarla y me perturbó su debilidad e incapacidad de decir: “No”.
-¿Por qué es tan fácil que te sometan?, le pregunté con mucho tino, mientras sus ojos se movían desorbitados, buscando una razón.
-¿Quién es?- pregunté
-Nixon.., Nixon Nores
-¿Él?, pero ¿por qué?
¡No sé!, hay cosas en esta tierra que no tienen sentido, mi vida misma es un ejemplo, sufro y hago sufrir.
-¿Qué clase de respuesta es esa? – Exclamé algo ofuscado como si quisiera hacerle entrar en razón
-¡Dime!, ¿lo amas? – Busqué  su mirada y me evadió- Eso es el motivo por lo que las personas se unen.
-Te das cuenta tú sabes lo que quieres, ¡yo no! y  lo que hice, lo hice y se acabó.
-Es tu vida Jael, no la mía, ni la del resto. Debemos por encima de todos los deseos y ambiciones de terceros, buscar nuestra felicidad y si no lo quieres, simplemente decir,  ¡no!.
- ¡Yo no puedo!- concluyó soltando unas lágrimas.
- ¡Si!,  si lo puedes ¿acaso no te quieres?- la sostuve de sus manos y ella se soltó
-No, no voy a hablar más- levantó sus manos alterada- pensé que me comprenderías, eres como los demás.
¡Jael! – grité, buscando que entre en razón.
-Es mi vida y tengo que asumir mis actos- concluyó, se dio media vuelta y se alejó.

Continuará...


miércoles, 10 de mayo de 2017

EL BLINDAJE












No sé cuándo, a qué hora, ni en qué lugar, se logró una negociación, pero el chino jugó la primera carta y logró una reunión con Vincent, debido a que el grupo insistía en saber, si saldrían jalados en el curso del profesor. El chino necesitaba conocer los planes de Vincent, hurgar en su mente, sabía de negociaciones y podía hacerlo, aún quedando él descubierto, fue una reunión acalorada donde se buscó decir las cosas como son y no al manipuleo, necesitaba  información.
Vincent actuó sin protocolos y lo trató despectivamente como un profesor a un alumno, su estrategia amenazar, inquietar y provocar pánico, obligando al enemigo a huir, sin pelear, era un método que le había resultado hasta entonces, sólo que no intuyó que el chino buscaba eso, ser amedrentado y mostrar un cínico enfrentamiento contra él, obligando a su ego vapuleado salir a pelear con todas las baterías posibles.
- ¡Compañero!
– le dijo Vincent enojado- crees que no sé qué pretendes.
- ¡Sí! ¿Qué? – Preguntó el chino – provocando más ira en Vincent, porque parecía retarlo
- Si vas por el camino que pienso que vas – le dijo, el profesor con algunas evasivas- vas a lograr que esos amigos que te respaldan, huyan de ti
El chino lo escuchó y temió por su grupo, sin embargo tenía que provocarlo más para saber quién era el objetivo.
-Ellos están protegidos- lo miró directo a los ojos, esperando una reacción.
Vincent frunció el cejo y sus ojos se inyectaron de rabia
-¡Hay una mujer en tu grupo!- sonrió sarcásticamente y se levantó de la mesa, sonriendo como si hubiese ganado la confrontación. El chino contuvo el aliento y soltó el aire, apenas lo vio alejarse.
- Lo temía- pensó - por ella quiere empezar a atacarnos, pero, ¿cómo? Debo buscar la forma de blindarla.
Es por eso que el chino, desapareció tantos días, había decidido proteger a Jael y a todo el grupo permitiendo que ella sea el nexo, emparejandose  con Nixon.
Fue la primera vez que lo vi tan ofuscado, que hasta los labios le temblaban al contar lo sucedido. Se sacó los lentes y dejó ver sus ojos rasgados, que ahora lucían languidecientes. Limpió las lunas y se las puso otra vez. Al final de su narración, un poco más calmado dijo.
- ¡Esos tipos no se les debe dar la espalda porque te golpean, para ellos el que pega primero, es el que siempre gana. Ellos deben pensar que los golpeamos  con Charito y necesitamos saber qué tipo de revancha  buscan.
¡Ya Chino! -le dije, atemorizado  – en ningún momento intenté golpear a Vincent a través de Charito, aún más, ni siquiera lo planifique, no quiero sentirme culpable de nada. Mi propósito es de estudiar y no pelear.
-¡Tu no comprendes nada, todavía!- me cortó el chino y bajó la voz - No estamos tratando con gente normal, son Fachos violentos. Si tú quieres estudiar tranquilo tienes que derrotarlos.
-Pero, como te repito no es mi intención entrar en una guerra- interrumpí.
-¿No?, ¡pero, ya estás!, desde el momento que aspiras a ser un profesional! porque si los fachos ganan, el MRTA y Sendero también ganan y la universidad se va al carajo y tú con ella.
- ¡Okey,.. Chino! entiendo- bajé la cabeza.
-¡Nada!.. –Alzó más la voz, ofuscado - debemos actuar con inteligencia adelantarnos a todo lo que ellos quieran hacer. El objetivo ahora  son ustedes, porque creen que aún son independientes, y por lo tanto presa fácil para devorar. Con la movida que hice, evaluarán  arremeter en su contra, sopesarán sí es bueno enfrentarse a la gente de izquierda unida.
-¿Qué pasa?- le increpé - ¿ahora somos de izquierda unida?
- ¡Tu sabes que no!- me miró sarcástico- simplemente adoptamos una bandera para protegernos. El día que estén preparados ustedes sabrán con convicción a donde ir.
Ahora, no sé si atacará por las notas o por otras circunstancias, lo cierto es que debemos cuidarnos entre nosotros, por ejemplo variamos nuestros horarios de llegada, no entramos por la misma puerta de la universidad, no debemos ir al mismo paradero, así evitamos que nos embosquen y nos den una paliza. Procuremos estar juntos
-¡Ustedes son mi gente! – nos miró fijamente- cada uno es importante, recuérdenlo. No los abandonaré a su suerte, ¡jamás!

(Continuará...)

martes, 25 de abril de 2017

El arma secreta: "El pacto"












- Este Chino, algo se trae con Nixon- dijo Horacio- lo que no entiendo es qué hace la flaca metida allí. Se rascaba la cabeza  mientras me contaba que los había visto comiendo juntos  a la hora de salida. Yo tampoco lo sabía, pero si venía de él es porque algo de gran envergadura pasaría.
El chino desapareció varios días, hasta que después reapareció  sonriendo.
- ¡Hola todos!- dijo- traigo novedades, se acercó a mí y sin ningún preámbulo me preguntó:
-¿Tú qué harías si te comprometes con una chica del centro federado o del tercio?
-¿Por qué  me preguntas esas cosas? – le respondí, confuso.
-¡No te das cuenta!- replicó – la cantidad de posibilidades que tendría esa persona, sería capaz de entrar en el circulo del Decano y hasta del mismo Rector de la universidad y si es hábil se valdría de estas amistades para presentar  proyectos a instituciones extranjeras y llenarse los bolsillos con miles de dólares. Existirían posibilidades de trabajo en la misma universidad. Tu visión del mundo se expandirá y dejaría de ser achatada.
-¿De quién hablas?  - le pregunté intrigado e inmediatamente pensé en Jael y Nixon,
- ¡No!-  me dije, esas cosas no suceden tan rápido. El chino rebosaba de felicidad, su rostro estaba totalmente cambiado y callé, esperando que me de más información.
-¿Cómo que de quién hablo?- interrumpió mi meditación- ¡Hablo de ti!, empezó a reírse. No quiso responder e inteligente evadió todas mis preguntas, dejándome con las ganas de averiguar, si mis suposiciones eran ciertas. El chino, se volvió más desconcertante, ¿jugaría con los sentimientos de las personas?, ¿utilizaría a Jael?, ¿lograría sus mezquinos propósitos? Supe que algo había pactado, pero no me imaginaba qué. Todo para él siempre fue pactar, así le enseñaron, recibió entrenamiento especial para saber pactar bajo presión, así entró a la universidad, preparado para un fin que requería de tácticas, maniobras, pactos y posiblemente riesgos de perder la propia vida,  sino, no hubiesen mandado a un estratega de lo más alto, como diría más adelante  Fernando, un activista de izquierda
-Si no haces un pacto- me decía el chino en casi todas las reuniones - no lograrás nada en esta vida y tienes que saber hacerlo, debes manejar la situación siempre y contar con un "as" en la manga. Además debes tener un plan de contingencia, por si sale mal la transacción.
Cuantas veces Jael se burlaba de él, tachandolo de ver muchas películas de espías, sin embargo él impávido seguía afirmando.
-La CIA es especialista en pactos - nos decía mirándonos fijamente, en nuestras pequeñas reuniones- ¿por qué creen que tiene tanta injerencia en diversos países?
-¡Pactos!- respondía, exaltado y muy resuelto - esos gringos invierten en candidatos de acuerdo a sus propósitos a cambio de un servilismo incondicional. ¡Pronto aprenderán a hacer pactos y serán los mejores!
Todos callamos, hasta Jael porque entendimos que sus palabras eran ciertas y su juicio era tan  lógico, que atemorizaba.
El chino no era un ciudadano normal, antes de hablar ya tenía esquematizado  sus diálogos por eso para él, escalar posiciones, era todo y siempre menospreció al amor, pues era manipulación; Cualquier sentimiento para él estaba en un segundo plano y  lo fundamental era buscar el poder, sin importar cómo lo haces; Valiéndose de amistades, posiblemente adulando fingiendo y mintiendo. Esa tarde traté de hilar conjeturas, pero preferí escuchar la versión del Chino, pero está nunca llegó hasta que todo fue consumado.

(continuará...Próximo capítulo: "Un pacto con Vincent")


martes, 11 de abril de 2017

EL N.N. DE LA ESCUELA

Nixon Nores

A la mañana siguiente Jael llegó completamente desconocida a clases. Parecía una mujer, bueno era mujer pero otra, muy atractiva. En casa había dejado sus jeans y zapatillas para cambiarlos por falda y zapatos de taco. Desde el momento que entró no cesaron los silbidos. La miré de pies a cabeza, no parecía nuestra amiga Jael. 
-¡Oye!- me codeó Horacio- ¡que buenas piernas tenía la flaca!
El curita embelesado se puso en pie y dijo galantemente: “Pues hombre que si así me la mostráis, yo tiro la sotana”
-Ya siéntate chato – le jaló del brazo, Horacio y ambos se sentaron celebrando sus ocurrencias.
El chino, no acostumbrado a los galanteos,  se  sacó sus anteojos, los limpió, se los volvió a poner y mirando fijamente a Jael, la cogió de los hombros. Ella lo miró sorprendida  y él le dijo: ¡Estas muy bonita! Y la soltó abruptamente.
El curita que estaba detrás, observando todo atentamente, se le acercó al oído.
-Mujer estás matadora, ¡Olee! – exclamó sonriente.
Jael rompió en risa – ¡Calma, calma muchachos no se me desesperen!
Esa misma mañana en el intercambio de horas se presentó un personaje que quedaría grabado en la memoria, no sólo del salón, sino de toda la escuela de Comunicación. Era Nixon... Nixon Noris, el estudiante más conocido y mentado en toda la escuela. Su nombre vejado y vapuleado, aparecía en todos los periódicos murales, en la pintas de la paredes de la escuela y fuera de ella, y hasta en los baños. Muchos lo criticaban, pocos se abstenían. “Muerte al traidor de Nixon Noris” decían unas pintas en la entrada de la Escuela de Comunicación. Sin haberlo visto, ya lo conocía, bueno sólo las críticas de él.
Un escándalo ensordecedor de mucha gente, que gritaba en el pasillo, nos alertó de un evento inusual en la escuela,  era el famoso Nixon, estaba en la puerta tratando de entrar, contendiendo con algunos fachos apostados allí.  Todos los alumnos del salón fuimos testigos de cómo a empellones, obstaculizaban que él entre. Máximo como un gallito de pelea lo empujaba hacia fuera y Nixon con sus manos en alto, demostraba que él no era ningún agresor.
-¡Compañero creo que si creemos en la democracia debemos dejar que el salón decida si debemos o no entrar! - decía Nixon, mientras aguantaba pacientemente los empujones. 
-¡Te he dicho, que no!, ¿no entiendes?- decía Máximo atribuyéndose potestades que el salón no le había otorgado.
El chino alertado, corrió y se parapetó delante de toda la clase levantando en alto sus brazos, captando nuestra atención.
-¡El es miembro del Tercio estudiantil! – dijo, casi suplicante - y es un representante de la Facultad, ¿creo que debemos decidir si queremos escuchar o no a nuestros representantes?
Todos asentaron sus cabezas afirmativamente, menos Octavio y su  grupo. Eso impulsó para que el chino llamara a Máximo.
- ¡Oye delegado! -gritó – ¡el salón quiere votar!
Máximo, trastabilló desconcertado, volvió la mirada hacia el salón y observó al chino enfadado. No podía hacer nada. Era muy evidente que él estaba tomando decisiones propias, a nombre del salón. Se paró delante de todos con los ojos inyectados y los brazos cruzados, mirando con su rostro desencajado. No dijo nada, sólo respiró profundamente, había perdido piso.
- ¡Los que quieran que no entre el estudiante, que alcen la mano! - dijo y abruptamente levantó la suya, esperando quizás que con su actitud resuelta, el salón le siga, pero se equivocó, todos le dieron la espalda, esta vez,  porque votaron para que entre, ni siquiera los tres votos de sus amigos hicieron algún efecto, Al contrario al verse derrotados bajaron sus manos abochornados. Máximo desapareció, ante el júbilo de una veintena de alumnos que entraron, junto con Nixon. Habían rostros distintos, sonrientes, eran la gente de izquierda unida,  acompañando a su líder, que entró solemne sin sonreír, no llevaba ningún papel, ni apuntes, o consejeros que le indiquen sus temas a tratar.  Respiró profundo, saludó a todos y dio las gracias. Su rostro lucía sudoso y cansado.  Le calculé unos 25 años. No era muy alto, estaba casi al promedio de todos los estudiantes. Con su contextura delgada no aparentaba ser el “matón avezado” del que todos hablaban, al contrario, cuando empezó a hablar, uno de los alumnos levantó la mano.
-Disculpa compañero sin ánimo de ofender –dijo resueltamente-  te diré que hablas tan rápido que pareces una locomotora desbocada, y no entiendo nada.
Todos rieron y Nixon aceptó la broma sonriendo. Esa actitud ganó al salón, rompió el hielo, retomó su discurso otra vez y poco a poco empezó a correr de nuevo. Habló sobre las necesidades de la Escuela y los esfuerzos denodados en cubrirlos. No presentó ninguna bandera política, no satanizó a los fachos, por el contrario sólo dio un informe muy técnico de su trabajo como tercio Estudiantil.
- Pensé que se mandaría un rollo- me dijo Horacio sorprendido.
Recordé como el chino  loaba la capacidad de hablar, conceptualizando ideas, de manera rápida,  combinando conceptos y palabras al mismo tiempo, sin pausas, como una computadora con mucha información. Arturo, era para él  un vivo ejemplo, pero al verlo a Nixon seguro que se quedaría sorprendido porque la  capacidad de él  era impresionante. Lo busqué, quería ver su expresión. Estaba adelante, sentado atendiendo, boquiabierto. Presentí que ya lo conocía, la forma tan intrépida de actuar, desafiando al delegado y provocando una reacción del salón, no podía ser  espontánea, tenía que existir algo más, quizás la visita al salón había sido prevista, así como la  estrategia para vencer al delegado, usando al salón
-Nixon actuó sabiamente -me dijo después el chino- no se dejó provocar por el facho de Máximo, ni siquiera  respondió sus empujones. Ese fue un punto a su favor para que el salón se compadeciera y le permita entrar. Ahora ya entramos en campaña y estableció  claramente que el pertenece a un grupo  que trabaja y no  a uno bullicioso e infantil como los Fachos. Mis suposiciones fueron confirmadas, Todo había sido planificado con la ayuda de el chino.

Era cierto las elecciones habían llegado a  la Escuela y el chino poco a poco se descubrió como un miembro de una facción política de la universidad,  aunque en un principio no sabía a cual, pero ahora sí lo sabía. Muchas veces, después de esa mañana lo vi dialogando con Nixon, en el patio de Letras y Jael siempre  los acompañaba, algo tramaban.
(continuará...)

viernes, 31 de marzo de 2017

LA FOTO

(La foto)

Mucho interés despertó una fotografía antigua, del tamaño de un póster, donde estaba  toda la familia de Tito, desde la primera generación, hasta la última, testificando en sus poses, su fuerza y la envergadura de su linaje. Posiblemente el Bisabuelo fue un panadero o un zapatero emprendedor, pero las generaciones venideras se volvieron, abogados,  jueces y hasta ministros.
-¡Allí está el Ministro de salud! – dijo Octavio abriendo más sus ojos rasgados y causando admiración entre los observadores.
-¡Pero no sabía que su tío era ministro! – exclamó Annie, tapándose la boca – ¡Válgame Dios!, ¿quién lo hubiera imaginado?
-¡Ya pues muchachos no sean apagados!- exclamó Fito, desconcertado - ¡Vamos a bailar!, después tendrán tiempo de mirar.
En cuestión de segundos, Fito retiró a todos de la sala, observó de reojo la fotografía que mirábamos y bajó la mirada, suspiró, se sentó en la cama donde yacía Máximo  y se quedó quieto por unos minutos. Exhaló profundamente y su cuerpo se encorvó. Parecía vencido, sin ánimos, ni fuerza, al parecer, la correa familiar, le había quedado muy grande.
¡Soy una decepción!- dijo cavilando – Si tan sólo comprendieran, que quiero ser yo y vivir como quiero. ¡Nunca seré como ellos!
Fito era el que más plata tenía en el grupo, tenía una hermosa casa en el distrito Pueblo libre y manejaba un auto, regalo de su papá. En esos tiempos de los ochenta con la crisis que agobiaba al país, tener un auto era un lujo, sobre todo para alumnos que andaban a las justas con su pasaje de autobús en el bolsillo. Él, para todos, era la representación del poder en el aula, lo que todos aspiramos tener y sin embargo, él buscaba tener lo de nosotros. ¿Qué hacía en una universidad estatal?,  buscaba algo que no encontraba en sus círculos de amigos de la alta sociedad, algo que le perturbaba tanto, que abandonó las universidades más caras de Lima, desafiando a sus padres, el linaje familiar y mandando todo por un tubo. A pesar de la tremenda presión, el abandonó todo, dedicándose a vender cassettes de música en las puertas de la universidad. Nada lo amilanó era él o no era nadie.
Soy yo!- decía-  el que vive, sueña, ríe, llora, ¿y no ellos?,  ¿por qué debo hacer lo que ellos quieren?
Todos lo escuchamos más de una vez quejarse y siempre terminaba con una sonrisa en el rostro, demostrando a todos que: la función tiene  que continuar.
-¡Fito se acaba la cerveza!- lo interrumpieron con gritos de afuera.
-¿Que?, ¡No sean así muchachos, ni bien me distraigo ustedes aprovechan! – Se incorporó guardó sus penas, se frotó la cara y esbozando una sonrisa, salió. Era como un actor, no podía estar triste, tenía que hacer sentir bien a todos los invitados, repartió alegría por todos lados, sirvió las cervezas, se colocó un delantal y empezó a cocinar en un a fogón de leña,  salchichas. Como todo buen profesional dejaba las penas atrás.
Y así fue la música: “¡Anda huara de mi vida, dame, dame tu querer!... ¡Si no me das tu cariño yo me moriré de amor!
Aquel día todos trataron de ser amigos, no hubo contiendas, ni disputas, sólo algunas declaraciones furtivas y apachurrones. Úrsula, la futura comprometida de Octavio, que aún era soltera hasta que salió de la fiesta, quiso tomar unas fotos y para eso tuvieron que reunir a todo el salón, incluso a Máximo, lo sacaron cargando y lo hicieron posar dormido. Muchos se reían hasta que sonó el clic de la cámara. La voz uniforme de Whisky se escuchó al final.
Por ese entonces nadie intuía que una simple foto, sería el iniciador de dolorosos eventos  que permanecerán grabados por siempre en el corazón de cada uno en la “La gran  Huachipeada”.


(Próximo capítulo “El gran N. N., famoso líder controvertido y polémico de la facultad que se presentaría en el salón, armando un gran alboroto)


sábado, 25 de marzo de 2017

La desolación de Máximo

La desolación de Máximo.
Chanel frente a ellos seguía bailando esta vez con Fito, quien sin desaprovechar la ocasión, la cogió de la cintura y de las manos y le hacía dar vueltas una y otra vez  al compás de la música chicha. Se convirtió en el centro de atención con un jean bien ceñido y una blusa manga cero pegado a su cuerpo. Apenas terminó la pieza  los tres  pretendientes estiraron la mano para invitarla a bailar, ella sólo alzó sus dos manos para agitarlas hacía sí misma, dándose aire. Estaba completamente rendida. Aun así seguían rodeándola como abejas detrás del panal. Ellos se conocían, compartían y bebían igual como lo hacían Horacio, Fito y Octavio y como buenos contendientes no se agredían.
Jael estaba con el chino siempre abrazándolo, chocheando. Ambos estaban sentados reposando después de la comida. El chino escarbaba  el terreno con un palito de escoba interrumpiendo el paso a una columna de hormigas.
-¿Qué haces chino? , le pregunté
-Si nosotros fuéramos como las hormigas – respondió sin levantar la cabeza- nuestro país sería un imperio fuerte y grande. Todos tendríamos trabajo. No habría monopolios injustos que nos aniquilen lentamente. Todos seriamos iguales con los mismos derechos, no existiría el terrorismo, ni el odio, no existirían Vincents  lavacerebros para destruir este sistema. Sería tal vez la sociedad adecuada, seríamos una sociedad feliz. 
No muy lejos de Alejandro y sus cavilaciones, escuchamos el grito desesperado de Mía, todos acudimos mortificados  y vimos el cuadro desolador de Máximo, arrodillado en el suelo tratando de levantarse, sin poder hacerlo, totalmente ebrio, no podía mantenerse en pie, con los ojos desorbitados y babeando.  A su alrededor sólo se escuchaba  risas y mofas, no pudo incorporarse y Mía pidió ayuda. Ella que estaba a su lado, no aparentaba haber bebido, sin embargo al tratar de levantarlo lo sintió tan pesado que tuvo que soltarlo y cayó como un saco de arena. Ella se asustó, se tapó la boca y comenzó a agitar su mano izquierda pidiendo ayuda.
-¡Perdón!, no fue mi intención- dijo ella, mientras le ayudaba a levantarse.
Máximo, totalmente empolvado, hasta el rostro, trató de levantarse, pero no pudo. Nadie corrió en su ayuda, muchos pensaron que sólo fingía, para tirarse encima de Mía. Bocabajo  en la tierra, sólo gemía palabras inentendibles. Asido de la botella, levantaba la mano que tenía libre para llamar. El cuadro me deprimió y llamé a Octavio, quien desorientado me siguió. Lo levantamos a la voz de tres.
- ¡Está pesadito! - exclamó Octavio, mientras Máximo sonreía, completamente desorientado con los ojos cerrados.
Lo llevamos a una  de las camas de la casa. Octavio lo miraba y con una mueca burlona lo tapó con una manta.
-¡Este diablillo, sólo cuando duerme es un angelito!- recitó Octavio, mientras salía del cuarto.
Yo sólo sonreí y comprendí que ni aún sus amigos querían asistirlo. Y no por gusto se había ganado su apelativo: "el rabioso"; Y es que su labor, no era la de un relacionista público, sino la de un polemista que no quería perder ninguna discusión. Siempre acudía a toda reunión de la escuela para pelear, amenazar y es posible insultar a cualquiera que le contradecía, amparándose bajo el título de "el delegado",  Distinción que adquirió antes que empezaran las clases, por el grupo de Octavio, cinco alumnos que creyeron que  representaban a todo el salón, .

Nadie conocía mucho sobre Máximo, decían que vivía en Barrios Altos, en un cuartucho de un solar, que tenía hijos y una esposa a la que no le era tan fiel. A pesar de su carácter, su fisonomía no era grotesca, sino de buen parecer, pero su mirada  no era tierna, ni pacífica, era dura e insidiosa como si guardara demasiado odio y rencor. Tendría 29 a 30 años y según él era suficiente edad para cambiar al país, para destruir a quien se le interponga en el camino.

miércoles, 8 de marzo de 2017

LA HUACHIPEADA" (PARTE 1) NOVELA MISIÓN JERICÓ.

Huachipeada
Fito se portó como un buen anfitrión, hizo el mercado, compró las cervezas, se puso un delantal y cocinó. Apenas alguien llegaba, dejaba todo para recibirlo con un fuerte apretón de manos y un abrazo. Eso permitió que todos nos sintiéramos cómodos.
Habíamos llegado a la finca de su familia, un terreno de 3 mil metros  de área, con algunas vacas y sembríos. Allí designó a Alberto, que no era familiar, sino el que cuidaba el lugar,  como guía para que nos enseñe los maíces, ajíes y hasta tomates que habían cosechado, él solícito a su pedido nos atendió de muy buen humor. Instalado con su familia en una pequeño cuarto al costado de la casa grande, permanecieron allí, hasta muy tarde sirviéndonos el almuerzo y después, la cena.
Después de almorzar, Fito instaló una radio casetera que llevaba a todos lados, en una pequeña explanada frente a la casa grande, puso  música chicha contagiante y movida. Corrió y sacó a Chanel para inaugurar el primer baile.
- Esta pieza es mía -dijo sonriendo.
Todos aplaudieron mientras  contorneaba  su voluminosa cadera. Chanel moviéndose coquetamente, le mandaba miradas seductoras. Tan amena estuvo la música que Máximo se animó a bailar con Mía, quien reía y bailaba moviendo su esbelta figura. Nadie más pudo bailar con ella, porque Máximo la había acaparado tanto, que entre los descansos se dedicaba a hacerle la corte, hablándole cerca al oído, después jalándole de las manos y por último cogiéndole de la cintura. Parecía que un romance había comenzado.

A un lado de la casa, no muy lejos del centro de baile, estaban los magníficos. No bailaban, pero sí reían y conversaban animadamente. La cerveza había logrado en ellos un efecto milagroso. Annie fiel a las actividades, yacía sentada a un costado del equipo de música, agarrando sus muletas. Sonriendo constantemente, saludando a todos sin hacer ninguna distinción. Era la única que no había reñido con nadie. Todos coincidían en decir que ella, inspiraba ternura, pero yo la admiraba porque reconocía, en ella, un temple de acero para  estudiar a como dé lugar.
 Su meta era sobrevivir  sin depender de nadie, a pesar del enorme esfuerzo físico que le demandaba tan sólo salir de su casa, andar con la ropa totalmente empapada de sudor, por el esfuerzo. Sólo una vez cogí sus manos y sentí la callosidad que se había formado por asirse de las muletas. Comprendí que habían otras luchas, más mordaces y continuas como la que libraba ella con su propio cuerpo, al que tenía que arrastrar para lograr lo que buscaba.
Esa tarde Chanel no quiso bailar con  Horacio y él lejos de mostrar su desagrado, se mostró  más solícito con Annie, haciendo de ver que no le importaba, entrando y saliendo de la cocina, llevándole gaseosa y  comida. Ella sólo sonreía, tapándose la boca, mostrando un ligero rubor en su rostro. Presentí que tantas atenciones podrían confundirla sentimentalmente. Lo cual sería peor.
Sin embargo las horas pasaban y Horacio no dejaba de tomar mirando a Fito y Chanel, un poco subido de copas entró súbitamente al ruedo, donde todos bailaban y se paró frente a la cocina. Minutos antes, Chanel había entrado allí , sola, pero no salía. Apenas salió este la interceptó y la contuvo del brazo. Ella sorprendida sólo atinó en sonreírle. Él acercó su rostro y susurró en su oreja. Después de unos segundos sólo vi que ella movía su dedo índice negativamente, él la soltó,  juntó sus manos  y  se los llevó hacia su rostro. Ella se dirigió hacia el grupo de pretendientes que la tuvieron rodeada desde que la música empezó. 
Octavio inmediatamente se acercó.
-“¡Horacio entiende ya no quiere contigo!”
Horacio que conocía muy bien los sentimientos de Octavio replicó enfadado
 – ¿Y tú corazoncito también se resignó?
-¡Ya ves! –respondió Octavio, sonriendo- ¡cómo te picas!.
-¡Pero Cholo! , disculpa nisei, no te das cuenta que con ese rostro rosadito, delicado y su boquita tan rojita, además de un cuerpazo tan bien formado, me es imposible tenerla, peor será para ti. 
(Continuará...)

lunes, 27 de febrero de 2017

Fito: El animoso.

Fito 
Desde que Fito llegó al salón, no hubo momentos sin hablar, lo recuerdo siempre alegre, mostrando a todos una sonrisa, de rostro apacible  y ojos vivaces,  bromeaba con cualquiera de la clase. Su aspecto macizo, algo regordete le daba un aire de muchacho bonachón, simpático, agradable, sobre todo ante las chicas. Pertenecía a una familia acomodada con la que no se llevaba  bien, muchas veces en son de broma decía.
-¡Se cansaron de mí!, me hicieron estudiar administración en la de Lima, me aburrí, me hicieron estudiar derecho en la Católica, no aguanté. Ahora estoy en periodismo por que quise y sólo me dicen:
¡Arreglatelas!, ¡ya tu ve!. No es justo compañeros, sonrie.
-¡Ay que barbaridad Fito! ¿Cuántas Universidades has pisado? – le preguntó  Annie asombrada- yo con las justas  llegué a San Marcos.
Fito la miró desconcertado y le cogió de un hombro sonriendo. Cómo que Annie no captó lo que él quería decir sobre su rebeldía contra su padre, sin embargo continuó.
-Mi papá piensa que debo estudiar leyes para ser como él, un juez  alzado y encorbatado, hermético, hosco y sin sentimientos. Yo pienso que uno debe ser lo quiere ser.
Demostrando siempre una sonrisa se lamentaba, pero a los segundos, se sobreponía  y volvía a su característico personaje: "El animoso".
-¡No se olviden muchachos, este sábado es la Huachipeada con excelente música chicha, mujeres bonitas para bailar- decía - mientras miraba a Chanel, embelesado, quien  le correspondía con una sonrisa.
El día del examen, un sábado glorioso, como así lo denominaron muchos, fue el día más esperado por todos, porque sabían que irían a Huachipa. Vincent no pudo evitar dar un comentario.
-Pobre de ustedes, si no rinden un buen examen,  la fiesta no los salvará - exclamó sonriendo -Juergueros, me resultaron.
Todo el salón festejó su ironía.
Vincent era muy astuto y elaboró un  examen de opinión, con un tema de actualidad: "opinar sobre  los medios de comunicación y la influencia  del gobierno aprista". Quería que apliquemos sus enseñanzas en el tema. Viéndolo por todos los ángulos se trataba de algo fácil de resolver, nada más teníamos que pensar como él y escribir.  Según el chino, la prueba era  una trampa. Si respondíamos de acuerdo a nuestra forma de pensar seríamos desaprobados y  si lo hacíamos de la forma sediciosa, que él quería, no seríamos consecuentes y eso sería nuestra lapidación delante de todos.
Pero el profesor no quería desacreditarlo, buscaba sacarlo de la prueba por eso desde que empezó el test, Lo provocó parándose frente a él, burlándose, pero no logró nada,  decepcionado se sentó y al final, vencido el tiempo, mandó a Máximo quien recogió todas las pruebas, sólo el Chino seguía escribiendo y esto lo animó a molestarlo,  porque le dejó la mano extendida,  solicitando la prueba. Apurandolo, evitando su concentración, al igual que Vincent.
¡Qué espeso!- pensé.  
Una vez que la recogió, observé el rostro cansado y colorado del chino, mientras que el de Máximo lucía desilusionado como que no logró su objetivo.
-¿Para que tanto esfuerzo? - le susurré, increpando su demora.
El sólo sonrió de una manera cómplice.  Supe que no había respondido como el profesor quería y desde antes de dar la prueba ya estaba jalado y como era curso esencial de  carrera  no  podía egresar como bachiller y él era el único profesor que lo dictaba. De esto se aprovechaba para zarandear a todos los alumnos que eran de oposición, a los que le parecían  sospechosos y por último a los que no le gustaban.  Por eso es que al momento de sus clases había muchos rostros desconocidos, gente de otras bases, callados y pusilánimes. No había otra salida,  este profesor se había convertido en la base fundamental de los fachos. Estratégicamente colocado manejaba a su antojo a los alumnos.

Una vez que todas las pruebas estaban en su poder, las metió en su maletín y salió susurrando una canción  “Viva el APRA camaradas……que viva la  intelectualidad.”

sábado, 11 de febrero de 2017

"El Examen" ( Novela Misión Jericó)


Chanel

Al día siguiente Vincent dio fecha para el examen, expuso los temas que iba a tomar y deseó suerte a todos, entre comillas. Con la mirada firme se levantó de su asiento y dijo:

-¡Los que han faltado no se molesten en venir, porque ya están jalados! - causando malestar en muchos que murmuraban lamentándose- ¡Ahh me olvidaba! el 50 por ciento del examen es de las clases presénciales. Así que van a necesitar mucha suerte.
Apenas se fue,  medio salón se movilizó buscando cuadernos de las clases de Vincent, algunos señalaron a los magníficos como los únicos que habían asistido, sin faltar, un solo día. Esos días, fueron el grupo más solicitado del salón, aunque después empezaron las burlas. Horacio decía que eran tan formales que escribían la hora en que empezó a hablar y la hora en la que terminó. Algunos un poco más sarcásticos decían que en uno de sus apuntes escribieron cuantas veces Vincent se bostezaba.
-Jajá. Ja, ¡oye que graciosos! – Reía Jael- su apodo "los magníficos" es como los de la televisión, pero si ellos son tan tranquilitos.
-¡Por eso mismo mujer! – gritó Horacio- ¡Eh magníficos!, préstenme sus cuadernos. Todos soltaron la risa. Hasta el mismo Máximo, que siempre lucía serio.
Fito aprovechando el jolgorio se paró encima de su carpeta.
-¡Compañeros! – Dijo – que les parece si hacemos una fiesta de Bienvenida.
¡Ya cállate, tenemos que estudiar!- gritaron todos en coro.
Fito no se amilanó.
-¡Por eso mismo compañeros!, después del examen nos tiramos un relajo con cervecita y música chicha.
-¡Siii!, pero, ¿Dónde? –preguntó Chanel, entusiasmada por la idea.
Tito la contempló de pies a cabeza embelesado. Se desconcentró por unos instantes. Quizas quiso decirle algo halagador, pero se contuvo, dudó por unos segundos. Miró al salón, respiró profundo y respondió.
-¡En mi casa!
-¡No!…no, ¡otro lugar! – gritaron los muchachos.
-¡Ya!,…ya, que sea en Huachipa y no se me acaloren
-¡Nooo!- volvieron a gritar
-No quieren un lugar tranquilo con árboles, campo abierto y sol todo el día. ¡Ah¡ me olvidaba, los que quieran ir se me apuntan con cuatro soles para comprar cerveza y preparar la comida.

Chanel inmediatamente se levantó de su sitio dejando al grupo de Máximo desconcertados, sin saber qué hacer. Sonriendo se acercó a Fito, quien celebró su participación dándole un aplauso. Ella sólo lo miró, como si intuyera la atracción que ejercía sobre él. Le coqueteó con la mirada, le dio el dinero y se dio media vuelta. Máximo, el chino Octavio y Lulú, le siguieron como corderitos, después nos inscribimos nosotros: “los Alternativos”, con Horacio a la cabeza, que no cesaba de mirar a Chanel, igualmente embelesado. Siguiendo la fila aparecieron los magníficos y el resto del salón. La propuesta de Fito tuvo acogida.  (continuará...)

jueves, 2 de febrero de 2017

CONÓCETE A TI MISMO

No sé cuándo empezó esta práctica, pero desde que conocimos al Chino nos adiestró analizando actitudes, poses, gestos, frases, conversaciones de doble sentido. Casi diariamente, sin premeditar reflexionábamos después de cada clase, cuál clase de psicoanálisis, pero Alejandro no dejaba de estar inquieto, como si el tiempo se agotara.  
-Ahora que ustedes han empezado a analizar – dijo Alejandro- que tal si aprendemos un juego: “A que animal te pareces”. Por ejemplo si yo tuviese que compararme con un animal creo que elegiría al búho, porque se piensa de él que es paciente, sensato y  analítico, pero su debilidad está en su incapacidad para defenderse. 
"Así no se vale pues chino, ese era mi animal representativo", indicó Horacio, sonriendo picarescamente.
-¡No cholo! -dijo el curita -tú eres un canito, un perrito y no puedes cambiarte a última hora. ¡No puedes abandonar  tu personalidad!
-¡Y dale con Canito!, respondió Horacio,  sonriendo.
-¡Esto es serio muchachos! – los amonestó el Chino, calmadamente -  Ustedes tienen que abstraerse completamente de sus deseos y buscar no al animal que les gusta, sino al que tiene características como las suyas, y no en lo físico- miró al curita- sino en su personalidad. 
En realidad nos hizo batallar, yo por mi parte no acerté con ningún animal, a todos los descarté. El perro era símbolo de la fidelidad, el gato de la astucia, la rata de infidelidad, el caballo… era fiel y trabajador, no...No lo creo pensé. Más puedo pensar en aves; quizás el Águila constante y acertado. Al final no pude compararme con ninguno. Aunque  después me arrepentiría de no haberlo hecho .El Chino nos observaba sonriente “ya mucho piensan”  ¿Qué animal eres tú?- le preguntó a Jael.
-Bueno Chinito, te acuerdas que conversamos sobre esto y te dije que creía que soy una liebre, temerosa por momentos, dispuesta a huir al menor peligro; alguien  que  busca siempre una madriguera, un  refugio seguro.
-¡Muy bien!, -dijo el chino- comprendiste el juego.
-¿Tú Horacio?,
-¡Yo tiro la toalla!, no he podido abstraerme, chinito.
-Te gustaría que nosotros te analicemos
-¡Bueno! – Levantó sus manos – ¡qué más da!
Todos hablamos nadie se quedó callado, Horacio sólo nos miraba riéndose de cada cosa que decíamos hasta que al final acordamos que su animal representativo era el buey, por su fortaleza y constancia pero con una debilidad, su dependencia de alguien.
El curita como siempre evadió, primero Roberto dijo por ser el más alto. Entonces el chino mirándome de frente, me dijo, yo ya tengo a tu animal. Lo miré desconcertado, porque no pidió intervenciones, más bien con su acción inhibió a todos.
-¿Qué vas a hablar Alejandro? – le pregunté sonriendo y a la vez algo preocupado.
-Mira tú para mi eres un “San Bernardo”- se rio – porque eres grande, y manso. Todos festejaron con una tremenda carcajada. No me quedó otra que seguir la broma y reír aunque por dentro me molestó tal comparación. Pensé que esa era una mala estocada del chino, pero por qué delante de todos. Él sonrió y miró a Jael y entonces creí comprender el chiste pesado.
-Pero,  ¿qué de malo tiene  buscar la paz y menospreciar a la guerra? - arremetí
El chino dejó de reír.
- No entiendes todavía – enfatizó y agravó su voz – "conócete a ti mismo" deseas que tus enemigos conozcan tus debilidades para que hagan escarnio de ti, serías una presa fácil. En cambio si los reconoces,  potenciarías tus lados débiles y serías un adversario formidable para cualquiera. 
Todos se quedaron boquiabiertos. 
-¡Entiendan, no es juego, es nuestra vida! 

domingo, 29 de enero de 2017

La Agonía: "Misión Jericó"

LA AGONÍA DE JAEL
El curita se fue y el Chino nos llevó al "Vanesa", uno de los mejores restaurantes de la Ciudad Universitaria. Allí,  había  alumnos de casi todas las facultades. Y lo mejor de todo, nadie conocía a nadie. Apenas nos acomodamos en la mesa,  reconocí la figura de Jael en la puerta. No sé por qué, pero me alegró verla. Horacio igual sonrió y esperó que se sentara para abrazarla fuertemente.

- ¿Dónde has estado mujer que te hemos echado de menos? – preguntó Horacio- o te has juergueado toda la noche, sin invitarnos?
-¡Suéltame tosco! , replicó Jael, sonriendo- lo que pasa es que yo siempre me divierto sola y tú sabes ¿No,  Horacio?- le dio unas palmaditas en el brazo – lo matada que uno amanece al día siguiente.
-¡Ya, sin indirectas mujer! – Le cortó Horacio- ¿Cuando voy a una Fiesta loca?
-¿Perdón?– interrumpió  Jael – “de locas” querrás decir.
-¡Oye mujer yo no soy fácil!, menos para ir a cualquier fiesta, y no creas que te voy a invitar, sonrió
-¡No!,..¡Por favor!, ¡por favor…¡No!
-¡Bueno, esta conversación me dio hambre! - Horacio se frotó las manos , nos miró sonriendo.
-¡Tengo hambre!,  vamos chinito a traer la comida.
Me quedé solo con Jael.
- ¿Qué te pasa? – Le pregunté – tus ojos están hinchados, parece que has llorado. Soltando una pequeña sonrisa movió las manos desordenadamente, algo nerviosa.
- ¡Ay!, ¿te parece?, no creas todo lo que ves - Volvió a sonreír, evadiendo la pregunta, mostrando una mirada tierna y fresca.
-¿Cómo está tu familia?
-¡Me parece que todos bien!
-¿No te comunicas con ellos?
-Casi no
-¿Por qué esa falta de comunicación?
-¡Mi padre! – Respondió y sus ojos se nublaron, sacó un pañuelo y secó cada una de las lágrimas que cayeron sobre su rostro. 
- ¡Ay mi papá!, él piensa que todos debemos  aprender a vivir solos para triunfar por nosotros mismos. Desde el mayor de mis hermanos hasta yo que soy la penúltima, hemos emigrado de casa con una mano adelante y la otra atrás, con una lista de consejos que lo tengo bien grabado en mi cabeza.
-¿Y tu mamá?  - interrumpí - ¿está de acuerdo?
-Ella, es una mujer noble, del tipo de mujeres obedientes al marido, de las que callan  y soportan todo sin protestar.
-¿Y tus hermanos?
-Ellos también salieron de casa a buscarlas.
-¿Pase lo que pase? - pregunté
-¡Si! – Contestó- es duro salir de casa y no conocer a nadie, porque cuando necesitas, te das cuenta que estás sola – prorrumpió en llanto.
-¿Te ha pasado algo?
-No….no, nada. Solo que aún me cuesta adaptarme a esta situación.
Mientras se secaba las lágrimas observé su rostro, delgado,  una nariz perfilada, adornada por unos ojos negros, ovalados y grandes. Un  cabello ondulado y corto cubría su frente. Su rostro  era como muchas mujeres, pero tenía un espíritu tan sencillo y tierno que guardé en mi corazón mucho aprecio hacia ella, pero supe que algo grave  sucedía y no quería contarlo.
-¡ Llegamos! -dijo Horacio- cargando una fuente de comida, detrás le seguía el Chino con otra fuente de tazas de café.
-¿Qué pasó con  Jael?- me interrogó el chino algo molesto.
-Nada le respondí- sólo conversábamos.
-Seguro que has estado haciendo tus preguntas existencialistas
-¡Ya chinito calma, calma! – me guiñó el ojo Horacio- tu sabes que las mujeres lloran por cualquier cosa.

-¡Si! , Alejandro siéntate  por favor – sonreía Jael, mientras  lo cogía de la mano obligándolo a sentarse a su lado. Un poco sonrojado se sentó y después, todos almorzamos sin más comentarios.

jueves, 12 de enero de 2017

Mía: El detonante. Novela Misión jericó

Conociendo a Mía


El chino se abocó a la tarea de acercarse a  los demás, nunca descalificaba a nadie, pensaba que todos tenían un don para explotarlo, se dedicó en reconocer a cada uno y llamarlos  por su nombre y puso su mira en el grupo de "los magníficos", como así los apodó Octavio para burlarse de ellos, porque eran los más callados. Tarea difícil, porque apenas si saludaban y no porque
eran indiferentes, sino temerosos. Siempre se sentaban juntos, salían juntos y hablaban entre ellos, tan bajito que despertaba  la curiosidad cuando uno de ellos, reía a carcajadas. Siempre pensó en cómo incluirlos en un taller de comunicación.
-"Despertarlos "-esa era su frase- la única forma de no caer en la desesperación subversiva es saber hacer algo.
Pronto apareció Mía, que  por su esbelta figura, causó suspiros, la recuerdo  caminando por los pasadizos, acercándose a todos sin temor, pecando de ingenua, cuando preguntaba algún tema que desconocía,  siempre  indagando, junto a Jael. Ella más adelante sería el detonante de una serie de eventos que se salieron  de control, afectando a todos en el salón, de tal manera que hasta el día de hoy se siente un sabor amargo.
Ese día Mía lucía radiante con una blusa manga cero y un pantalón jean ceñido, usaba unos zapatos de taco tres que le daban un aire de modelo. Su rostro ovalado, tez clara y ojos cafés, con cerquillo sobre su frente resaltaban la belleza peruana. 
-¿Por qué les dicen a ustedes los alternativos? -nos abordó acompañada de Jael, mientras  conversábamos en el pasadizo.
A mí me sorprendió, ya que no todos conversaban con nosotros y menos de esos temas. A primera vista me pareció muy ingenua, mis amigos lo tomaron como una broma y sonrieron.
-¡Ya pues, chicos no estoy bromeando!- dijo- ya averigüé que significa “facho”.
-¿Si?- respondió el chino intrigado – y ¿qué significa?
-Primero respondanme  ustedes y después yo.
-¡Pero mujer! -respondió Horacio - ¡No te das cuenta que ese es un insulto para nosotros!
-Déjame hablar, señor Canito - sonrió el curita mirando embelesado a Mia, quien además era más alta que él por unos diez centímetros.
-¡Te dije que no me digas Canito, por favor! - respondió Horacio risueño, algo acongojado más no molesto.
El curita sonreía, igual que Mía que los observaba encantada. 
- ¡Vamos a ver, señorita!, pues – se irguió, tratando de igualarla  en altura y con voz solemne, casi impostada replicó.
 – Bueno- sonrió- Los alternativos creen  que esta sociedad no debe ser cambiada radicalmente como opinan las facciones violentistas, sino que existen otras formas de concertación que pueden cambiar el sistema. ¿Entiendes o quieres que me explaye más? El chino que escuchaba atento, sólo asentaba afirmativamente con la cabeza, con una sonrisa cómplice.
-¡Por favor me acabas de dar una clase magistral! -Interrumpió Horacio - pareces un catedrático, ¡hombre!
-¡Pos hombre! ¡Que cuando uno es bueno, por todos lados lo demuestra!.
-¡Ya chicos!, mejor los dejo solos.
 Mía cogió a Jael del brazo y se retiró, contoneándose, provocando la mirada de todos los alumnos en el pasillo de comunicación.  El curita al ver que se iba, sólo susurró en voz baja :
- “¡Adiós preciosura!”.
Todos sonrieron.

El chino empezó a frotar sus lentes, mientras nos miraba uno a uno, siempre lo hacía cada vez que necesitaba concentrarse en algo.
- ¡Aja!- decía- mientras meditaba.
Sabía que algo tramaba, pero no sabía qué.