Preámbulo:
CAPITULO I
Un estúpido cachimbo
Elecciones
Capítulo avanzado de novela: Misión Jericó)
Misión Jericó es una novela inconclusa o quizás terminada, usted posiblemente halle la respuesta y despierte a esos espíritus insatisfechos que viven en la novela. No se trata de acertijos, sino de seguir lo que te dicta tu conciencia y sólo así encontrará esa satisfacción a las interrogantes, a las desesperanzas y a las posibles salidas. Misión Jericó trata sobre el despertar de unos jóvenes universitarios en una universidad plagada de conflictos e intereses personales que mantienen los profesores, las autoridades universitarias y los alumnos. La universidad como dirían algunos es una pequeña muestra de lo que sucede en el país. La lucha por el poder desconoce personas y las utiliza. No importa quién eres, lo que representas, no importan tus sueños, sólo los intereses de unos cuantos que se creen los iluminados, llamados entre comillas los caudillos. Esta novela representa a aquellos que lidiaron contra estas manifestaciones, deseando impregnar no lo que la mayoría deseaba, sino lo que el espíritu de libertad anhelaba, rompiendo esquemas, que lo hacían verdaderamente peligroso para los fines de dominación. Los lectores quizás encuentren circunstancias reales o irreales eso se lo dejo a su imaginación, porque muchas veces la verdad pura es sólo la que queremos ver.
CAPITULO I
Un estúpido cachimbo
Recuerdo el primer día que llegué a la Universidad un humo denso, inundaba el bosque de letras, llevando vestigios de olor a bomba lacrimógena, irritando mis ojos, obligándome a huir presuroso. Muchos alumnos corrían de un lado para otro, evitando que el humo los envuelva. Yo también lo hice hasta que llegué al patio de la Facultad y una columna de banderas se abrió paso ante mí. Las paredes parecían murales, cubiertas por pintas que daban vivas a diferentes partidos. Muchos Pizarrones, también interrumpían el paso, invitando a votar. No había gente, todos habían huido, la fiesta electoral terminó abruptamente, por una feroz intervención policial.
Subí unas escaleras hasta el tercer piso, todo estaba en calma, no había ruidos. Sólo algunas carpetas malogradas estorbando el paso. Pasé por una gran reja, semiabierta, caminé hacia el fondo, hasta que llegué a una puerta que tenía un cartelito: “Centro de Estudiantes de la Escuela de Comunicación Social”. Atisbé por la ranura de unas bisagras y salió un muchacho fornido como de unos 30 años, quien al verme se inquietó, pero no se amilanó.
¿Si? - preguntó algo inquieto- ¿Qué deseas?
Lo miré y me presenté como ingresante e inmediatamente su rostro cambió, esbozando una suave sonrisa.
¡Ah, ya veo!- me dijo- Yo soy Willy, secretario del Centro de Estudiantes de Comunicación Social o CECOS y estrechó mi mano.
-¿Quisiera saber cuándo empiezan las clases para los ingresantes?- le pregunté.
- ¡Conque cachimbo!- sonrió forzadamente- Era más amable. Fue el primero que me dio la bienvenida. No habló mucho, casi solemne, con su rostro parco, alcanzó a decirme que los de mi base se iban a reunir y que era imprescindible que estuviera presente. Inmediatamente pensé en una fiesta de bienvenida de cachimbos. Me alegró la iniciativa, entusiasmado busqué en los periódicos murales, buscaba algún cartel de bienvenida, pero no encontré ni una nota de convocatoria a reunión, ni referencia alguna.
-¿Qué pasa con mi base? - me pregunté, porque no hay un solo mensaje que cite a reunión. Posiblemente pensaron que todos acudirían al centro de estudiantes y que cualquier representante nos informaría de sus actividades.
Al día siguiente, casi al atardecer llegué a la universidad y reconocí a Willy, estaba entre un grupo de alumnos, me acerqué y le saludé dándole la mano, pero ahora algo esquivo no me dio tiempo de conversar sólo gritaba ansioso.
-¡Los de tu base van a marchar, acompáñalos! – Me dijo – ellos son, alcánzalos. Señaló a un pequeño grupo que subía por la rampa del patio de letras, cargando unas banderolas.
¿Qué? ¿A dónde van?- pregunté confundido
-Están protestando porque les quieren quitar cursos imprescindibles para tu carrera- me recalcó, algo huidizo.
-¡Orlando!, ¡ven! – Llamó a otro que estaba en el grupo - explícale lo que vamos a hacer. Él se acercó, aparentaba más edad que Willy, tenía un bigote al estilo mejicano, patillas largas y un cabello greñudo y largo. Apenas llegó comenzó a hacerme preguntas.
-¿Con que eres cachimbo?, me preguntó sonriendo irónicamente, observé su rostro grasoso, y el cuello de su camisa completamente empapado de sudor. No me extendió la mano como Willy, al contrario buscaba con la mirada a otras personas.
Su desdén, cambió cuando me preguntó si ya había estudiado en otra universidad y le respondí que venía de otra facultad de comunicación. Sus ojos le brillaron complacido. “Pues tú sabes, viejo - me felicitó, dándome una palmada en la espalda, pero sin quitar su sonrisa burlona.
- ¿No crees que el curso de Medios de comunicación es importante, tú lo debes conocer?
-¡Pues!, - dudé – Sí, si –enfaticé, no lo había llevado en la otra universidad, pero por el título entendí que si era importante.
-¡Vamos! sigue a tus amigos y ayúdalos a no perder ese curso.
Me sentí comprometido, no sabía cómo decirle que no. Sin embargo acepté y caminé junto al grupo, aunque detrás, esperando escapar cuando no se dieran cuenta. Sin embargo Orlando me observaba: “¡Arenga con tus manos compañero!, ¡levántalas!”- me decía y así lo hice. Me sentí tan tonto de caminar arengando y protestando por algo que desconocía, que me dio vergüenza. Sentí las miradas de muchos alumnos que estaban a nuestro alrededor. No duró mucho mi caminata y cuando finalizó, nos llevaron a unas oficinas que algunos decían que lo habían tomado, era nada menos que la sala del Decanato. Cuando entré, vi unos colchones tirados en el suelo con frazadas desordenadas y restos de comida. Todos se saludaron, al parecer ya se conocían, y hablaban de hacer un inventario con todas las cosas del Decanato.
Mientras dialogaban, observé detenidamente a una chica que despertó mi interés, no sólo por su bello rostro, sino porque hablaba resueltamente con todos, como una líder, incluso Rolando se dirigía a ella con mucho respeto.
-Pero, ¿Quién es?- me pregunté cautivado y deduje que tendría entre 19 a 20 años aproximadamente, de rostro dulce, ovalado, ojos redondos de color canela y cabello castaño. Aparentemente frágil, de mirada esquiva, quizás tímida. La contemplé embelesado, sin darme cuenta que la había perturbado, porque como dice aquella frase: “tanto miras a alguien, que termina mirándote” y así fue, hasta que cruzamos nuestras miradas. Sentí que se inquietó, y de rato en rato me buscaba. De pronto Orlando interrumpió abruptamente ese intercambio de miradas, me tomó del brazo y me jaló.
-Vamos a iniciar un debate en el patio de letras - dijo, jalándome - ven y representa a tu base y di que esos cursos no deberían anularse.
-¡Sólo eso y ya!
Ese momento, sentí todas las miradas en mí, hasta la de aquella muchacha de rostro ovalado, que ahora sí me miraba insistentemente y entonces supe que no podía negarme, porque era la única oportunidad, para que ella me conociera, aunque no niego que me sentí extraño dentro de aquel ambiente.
-¿Qué hacía yo allí?-pensé, nunca había hecho algo parecido, pues siempre me gustó mantenerme en el anonimato y en un abrir y cerrar de ojos, me convertí en el centro de atención. Fui llevado por un grupo de muchachos hacia el centro del patio y me hicieron subir a un pequeño tabladillo que habían instalado. Por un momento dudé y quise bajarme, y escapar, pero al verme arriba delante de todos, sólo respiré profundamente.
-Aquí está un ingresante que tiene algo que decirnos – dijo un muchacho que servía como moderador- tiene la palabra compañero.
A mi alrededor había como unos cincuenta estudiantes que me miraban y no parecían amistosos
-¡Bueno yo!... –titubeé por un momento, sentí que mis piernas flaqueaban, y no podía pasar la saliva. Mi pulso estaba acelerado y mis labios temblaban.
-Vengo de otra universidad de comunicación y… sé que estos cursos son importantes.
-¡Calla!, ¡calla la boca!-escuché entre el gentío
- Este no sabe nada de nuestra realidad, su opinión no vale en este debate- gritó un muchacho que salió al frente agitando sus brazos con mucha vehemencia, señalándome y descalificándome.
- ¡Es un cachimbo! ¿Cómo traen a un cachimbo a disertar, se están burlando de nosotros?-exclamó dirigiéndose a todos y una parte del grupo empezó a protestar levantando sus manos, vociferando:
- ¡No tienen argumentos, pues usan a los cachimbos... son unos manipuladores!
Comenzaron a empujarse entre ellos y a forcejear querían llegar al tabladillo
De un jalón, estuve abajo, Willy me había sacado antes de que me linchen. Su actitud estratégica, para mí fue compasiva y acertada, a pesar de que Orlando quería dejarme como carne de cañón.
Esa noche, recordé los rostros enardecidos y los gritos desesperados de gente que no conocía. Supe entonces, que había entrado por la puerta falsa, dejándome llevar como un corderito, hasta hacer el más completo ridículo. Me alejé de todos y caminé por los pasadizos de la Facultad que lucía vacía. Pero aún escuchaba las voces.
- “¡Estúpido cachimbo!, ¡no sabe nada!,¡manipulado!”.
Me senté en las escaleras de la Puerta de letras. No había nadie y recordé a esa muchacha que no despegó su ojos de mi, todos esos momentos y eso me confortó, cambiando toda la escena ridícula en una acción intrépida, tan solo por el intenso deseo de conocer a esa desconocida que me intrigaba y hacía que realizará las cosas más increíbles.
(continuará)
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- ¡San Marcos! - pensaba- ¡estoy en San Marcos! Después de haber batallado tantos años en exámenes de admisión, por fin había logrado: ¡Ingresar!.
Cuando entré a mi aula, aparentemente nadie se conocía, sólo los que estuvieron apoyando al grupo de Orlando. A mí ni siquiera me tomaron importancia. Ellos hablaban de un profesor muy académico que llegaría al salón, autor de un libro y de experiencia internacional. La expectativa crecía, hasta que él abrió la puerta. Era un hombre alto de contextura regular, usaba unos lentes menudos que le daban un aire intelectual. Aparentaba unos treinta y cinco años, de frente ancha y cabellera escasa y relativamente larga. Se vestía informalmente con casaca de cuero y pantalón Jean como muchos estudiantes, quizás por eso lo aceptamos rápidamente.
Yo soy el profesor Vincent- dijo mirando a todos con una sonrisa algo enigmática- Yo les voy a enseñar los misterios de la comunicación porque mi curso es teoría de la Comunicación. Conmigo descubrirán muchos secretos. Aprenderán a no ser manipulados sino a manipular. Lograrán decodificar los mensajes alienantes de la prensa, televisión y radio. Saben acaso que significan aquellas palabras- señaló unos grafiti en la pared. Miren por el color que usaron deben de ser unos fatalistas y rebeldes, por el tipo de letra expresan caos y desorden.
-¿Ustedes saben qué tipo de estudiantes son?
Todos se quedaron perplejos escuchándole.
- Pues Yo si, replicó.
Me encantó, sabía que detrás de todo ese discurso, había algo que despertaría en mí una insaciable satisfacción, pero no sabía que era. Vincent nos estaba envolviendo en sus manos haciéndonos creer que seríamos capaces de descubrir lo más oculto de una persona. Era como si fuera magia ante nuestros ojos y oídos. Entre más hablaba, cada muchacho del salón se sentía descubierto.
Estos muchachos- continuó, Vincent - en conclusión, saben quiénes son. No les diré nombres pero si a eso quisiera llegar, llegaría, dándoles incluso nombres y dirección.
¡Asu!- exhalaron sorprendidos los alumnos.
Vincent sonrió
-Son unos burgueses alienados y decadentes- miró atentos a todos, esperando cumplir expectativas y continuó- miembros de la clase media cuyas aspiraciones se mezclan con las de Archie y la de los Picapiedra y no saben a dónde ir. La clase completa soltó una sonrisa satisfactoria, por no decir aprobatoria. Vincent había empezado con el pie derecho su primera clase.
¡Asu!- exhalaron sorprendidos los alumnos.
Vincent sonrió
-Son unos burgueses alienados y decadentes- miró atentos a todos, esperando cumplir expectativas y continuó- miembros de la clase media cuyas aspiraciones se mezclan con las de Archie y la de los Picapiedra y no saben a dónde ir. La clase completa soltó una sonrisa satisfactoria, por no decir aprobatoria. Vincent había empezado con el pie derecho su primera clase.
Desde entonces la curiosidad crecía era como si cada estudiante del salón codiciara la llave del poder. La capacidad de no sólo decodificar cualquier mensaje, sino de conocer y como decía Vincent de dominar a las personas y hacer de ellos lo que quisiéramos. Empezó destruyendo una a una las series norteamericanas, porque según él eran la base de la Ideología Estadounidense.
-Aunque no lo crean -dijo el profesor mirando a todos, uno por uno - y para los escépticos que creen que lo que digo es maquiavélico o de ficción, piensen ¿por qué la maquinaria del tío Sam invierte miles de dólares en estas series?, ¿Por qué se ha dado impulso a la creación de satélites que observan a todo el Mundo? ¿Cuál es el propósito de esto? Digan lo que están pensando se llama: ¡Poder¡...¡poder! y poder para dominar”.
Sus ojos estaban inyectados, ansiosos y su rostro completamente enrojecido. Retaba con su mirada, buscaba opositores y casi todos bajaban la cabeza ante su mirada desdeñosa.
-Aunque no lo crean -dijo el profesor mirando a todos, uno por uno - y para los escépticos que creen que lo que digo es maquiavélico o de ficción, piensen ¿por qué la maquinaria del tío Sam invierte miles de dólares en estas series?, ¿Por qué se ha dado impulso a la creación de satélites que observan a todo el Mundo? ¿Cuál es el propósito de esto? Digan lo que están pensando se llama: ¡Poder¡...¡poder! y poder para dominar”.
Sus ojos estaban inyectados, ansiosos y su rostro completamente enrojecido. Retaba con su mirada, buscaba opositores y casi todos bajaban la cabeza ante su mirada desdeñosa.
-¡El llanero solitario!- dijo sonriendo- no se dan cuenta que representa a la homosexualidad ¡Imagínense!, vive con un indio, o ¿es qué acaso se menciona a alguna mujer como pareja del indio o de el llanero? Por lo tanto me atrevo a pensar que el autor de la serie es un homosexual, cuya aspiración es ser pareja de un indio fornido.
¡ja ja ! - prorrumpieron en carcajadas los alumnos.
¡ja ja ! - prorrumpieron en carcajadas los alumnos.
En cada clase decía que a través de sus investigaciones de años y malas noches pudo descubrir el negocio de las grandes transnacionales, involucradas no sólo en poseer al mundo como si se tratara del imperio Romano, sino de dominar mentes y actitudes tal cual el laboratorio de Frankenstein sobre toda la humanidad, pero a través de los medios de comunicación, usando la publicidad, los programas de televisión, la radio los medios escritos.
-Un bombardeo como jamás antes se había escuchado”- repitió Vincent, varias veces, mientras enseñaba un libro que él había escrito.
– Aquí está todo quieren saber más, cómprenlo -sonrió, sin tanto esfuerzo- No piensen que es propaganda para vender el libro.
- ¿Saben qué?- preguntó al salón- En este libro he dejado parte de mi vida y de mis ojos.
-¡Sí, realmente me quemé las pestañas! y todo para que el mundo no sea ignorante de la realidad.
Todos los alumnos asintieron inclinando la cabeza. La clase creía firmemente que Vincent no sólo era un soñador, sino un idealista solitario, que había radicado en Cuba, en ambientes de intelectuales críticos, que orientaron su visión del mundo. Él decía que fue el primero en descubrir que Marx también se refirió a los medios de comunicación.
Algunos comentarios sobre él me sorprendieron, como aquel que decía que era muy temido en las asambleas de catedráticos y que había un grupo de profesores, a quienes lideraba y que le obedecían sin protestar. Decían que usaba una cuchilla y que la sacaba para limpiarse las uñas en cada reunión y cuando alguien le acusaba de algo, los intimidaba apuntandoles con la navaja, obligándoles a bajar la mirada como si se tratara de un delincuente prontuariado. ¿Quién podía enfrentarse así? Recuerdo que el día que tomaron el local, él estaba allí, de consejero, conversando con Orlando y Willy, mientras que ellos sumisamente inclinaban sus cabezas, aceptando sus indicaciones. ¿Quién era este señor que tenía poder sobre profesores y alumnos? , ¿Por qué tanto miedo? Algunos decían que era militante de Patria Roja, una de las facciones violentas del partido de Izquierda Unida, otros que era un advenedizo que sólo fanfarroneaba. Lo cierto es que tenía poder sobre muchas personas.
En cada clase Vincent repetía lo mismo “El pueblo es manipulado por las grandes transnacionales sólo nosotros los intelectuales lo liberaremos, tenemos que entrar a los medios de comunicación para denunciar, y no dejar de denunciar. ¡Aquí lo dice!, ¡miren! – señalaba su libro. No lo entendía, pero cada clase sentía más y más simpatía por el profesor, hasta idealizarlo. Yo mismo creí que luchaba sólo contra el mundo y que no todos lo entendían. Pero, Mucho después, Vincent fue cambiando poco a poco, impedía toda intervención que criticará a su libro y sus teorías, maltrató a los que se atrevían a preguntar o solicitar que se les explique conceptos que se sospechaban erróneos. Muchas veces se burló de los que lo contradecían tratándolos de neófitos y tontos, ridiculizándolos, eso mermó las participaciones en el salón, hasta escuchar un monólogo, la de él. por eso, no pude intervenir, al menos sobre algo referente a su libro, siempre ante cada pregunta me escondía de su mirada o me agachaba, pues no quería ser ridiculizado, frente a todos.
Un buen día entró al salón un alumno nuevo, Vincent lo observó detenidamente, desde que entró al aula, retándolo a un intercambio de miradas, hasta que se miraron y lo apabulló con preguntas.
- ¿Tú eres alumno del Curso?
- ¡Sí!, respondió- el alumno algo sorprendido.
-¿De qué Base eres?, repreguntó el profesor.
-Base 79 especialidad de Periodismo- respondió más firme.
-¿Tú le conoces a Carla Pérez? No, -dijo algo confuso el alumno
- ¡Ah disculpa!, ella es de otra promoción- replicó el profesor, sarcásticamente porque adrede le dio un nombre equivocado.
-Tu cara no la recuerdo y yo soy bastante fisonomista, ¿Eres re-ingresante?, porque aparentas más edad que todos mis muchachos.
-¡Sí! -replicó- el alumno
-Entiendo - lo miró fijamente- voy a buscar tus datos en la Dirección de la Escuela
- ¿Dame tu nombre completo? - Mientras se acercaba a su pupitre, pude contemplar al muchacho, tendría unos 30 años, era más fornido que todos en clase y no se amilanaba ante el profesor, sino que lo miraba fijamente, sin titubear. Parecía muy seguro de si mismo.
-Me llamo Marco Augusto y no entiendo porqué tanta hostilidad .
-¿Qué? - replicó el profesor, todos en el salón enmudecieron, era el primer enfrentamiento que se oía en clase. Me pareció que titubeó, no conocía al alumno, ni cómo iba a reaccionar. Por primera vez sentía que perdía el control de la clase.
- ¡Mire compañero!- dijo parándose firme a su lado, señalándole con el dedo índice – aquí yo soy el profesor, la máxima autoridad, el que decide si alguien permanece o se queda, pero hoy y sólo hoy, voy a hacer una salvedad te vas a quedar ¿y sabes porqué? Porque parece que no eres espía. Cerró su libro y culminó la clase. Espías, ese era el temor de Vincent y de muchos otros profesores. Tenían temor a los desconocidos, a los policías infiltrados por eso los acosaba en clase, para que todos los conozcan y los rechacen.
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Apabullando al Chino
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Apabullando al Chino
Así siguieron las clases, preparándonos como aprendices de intelectuales revolucionarios, futuros asqueados del sistema imperialista, como diría Máximo, sólo que en mi producía lo contrario. Sentía melancolía, anhelaba otras cosas, quería ser un profesional de éxito, con un trabajo bien remunerado, una esposa linda y amorosa, una casa propia, hijos que me abrazaran al llegar del trabajo. Todos esos sueños se bloquearon ante la realidad de la universidad, llena de pintas en las paredes con frases refritas que llamaban a la violencia y el deseo de destruir. Allí la muerte era más preciada que la propia vida.
“Muerte a los traidores”, “Viva Gonzalo”, “Con las armas al poder”
Aquí nadie defendía a nadie, no había familia, ni policías, por último ni el gobierno, sólo tú y tu deseo de sobrevivir.
Habían llegado a tal punto los dogmas en las clases que nadie se atrevía en contradecir a los profesores. Todos hacían un voto de silencio hasta que un comentario, quizás no previsto, atacó a la iglesia.
-Marx lo dice aquí la iglesia es el opio del pueblo y escuchen con mucha atención compañeros – se acercó lentamente al pupitre del chino Octavio, y respirando hondo habló, como si se tratara de un secreto.
“Y esto no es de investigaciones concienzudas, sino de observar la realidad, pero desde que existe la religión lo único que ha creado es conformismo y pobreza”.
-¡Que rayado!, ¿Cómo puede decir tantas estupideces?- escuché tras de mí. Lo que me dejó perplejo, había alguien que no pensaba igual e inmediatamente miré hacia atras y vi a un nisei. No era Octavio. Era diferente, usaba lentes gruesos y era algo regordete, de pequeña estatura; Parecía de más edad que el resto de los alumnos del salón. Pensé que si protestaba levantaría su mano para refutar, aunque, ¿Habría uno capaz de hacer eso? El grosor de sus lentes me hizo compararlo con un ratón de biblioteca y supuse que era muy inteligente, pero hasta donde llegaría su audacia para contradecir a Vincent. En ese momento otra voz despertó mi interés, era un alumno a quien tampoco, había percibido antes, y es que faltaba mucho a las clases. Tenía la mano levantada y por la firmeza con la que sostenía el brazo, me dio la impresión que tenía mucha seguridad en lo que iba a hablar. Apenas el profesor le cedió la palabra, Alberto como así se llama, dijo con un acento españolizado: “Sepa Usted profesor que la Iglesia Católica mantiene en sus bases un movimiento progresista, laico que tiene como objetivo ayudar a los más necesitados, pero no desde un punto de vista asistencialista, sino desde una labor concientizadora que desarrolla la reflexión de su propia praxis y otra vez la reflexión, ¿entiende? Tratamos de transformar para vivir mejor”. En el salón se sintió un remezón de murmullos y cuchicheos. Nadie había refutado a Vincent, mucho menos en sus aseveraciones sobre Marx. El profesor escuchó boquiabierto y es que en realidad Alberto parecía un alumno de los últimos ciclos. Ante la defensa tan bien presentada, sólo atinó en loar su intervención, pero recalcó
- “Muchos grupos católicos tienen buenas ideas, pero no se olviden que el camino al infierno está lleno de buenas intenciones”. Salió airoso con un chiste y afortunado porque el salón celebró sus palabras y su imagen no se dañó, al parecer se fortaleció. Aunque Máximo no salió tan bien, con la mano levantada y el rostro fiero, casi agresivo, se paró de un salto y dijo en tono rabioso.
- ¡Compañeros!, la Iglesia no es por nada que la llaman el opio del pueblo, porque es una plataforma que los poderosos usan para adormecer al pueblo y contentarlo con la pobreza. Es una institución servil de los imperialistas y por lo tanto un enemigo del pueblo.
Miró a todos enojado, buscando la aprobación, las venas de su rostro sobresalían cuando a pedido del profesor, quien le cortó, tuvo que sentarse.
-No levantemos más polvo con la iglesia- le susurró al oído y le dio unas palmadas en la espalda.
-¡Por fin se calló ese perro rabioso!- escuché un cuchicheo y burlas. Máximo que había escuchado, respondió con una mirada amenazante, pero como no sabía de donde provenían las mofas, dejo de buscar.
Esa mañana, después de mucho tiempo percibí unos minutos de libertad en la clase y amé la sabiduría y la locuacidad. Me admiró esos conocimientos que manejaban algunos muchachos. Eran temas que muchos de ellos lo vivían en carne propia y que de alguna manera lo habían conceptualizado hasta hacerlo casi una teoría, bien fundamentada. Alberto se ganó el apelativo del “curita”, por su tono españolizado, su intervención animó a otros a participar. Vincent, desconfiado miraba y provocaba al nisei regordete de lentes gruesos, que aparentaba más edad que el resto de la clase, presentía o sabía algo de él que el resto del salón no lo sabía y quería exponerlo en la clase como hacía con todos los que le parecían espías. Lo invitaba a discutir con la mirada y con sus gestos, hasta que un día el nisei habló.
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- No creo que se deba cambiar el sistema, ¿sabe?, creo que existen medios alternativos que pueden transformar nuestra sociedad sin llegar a la violencia, porque allá desde los arenales hay gente que está trabajando día a día para cambiar su realidad, esforzándose, agrupándose y formando centros comunales, comedores,... – mientras él hablaba, el profesor se acercó a su carpeta con su rostro burlón y después optó por una mirada sarcástica y despectiva. Vincent astutamente miraba a cada uno de los amigos de Máximo y movía negativamente su cabeza, buscando que ellos desaprobarán el comentario. El nisei se dio cuenta pero no dejó de hablar, su rostro por el contrario se enrojeció por completo como un tomate a punto de reventar. Sus manos empezaron a temblar igual que sus labios, pero aun así el continuaba impávido.
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¡La alternativa!
- No creo que se deba cambiar el sistema, ¿sabe?, creo que existen medios alternativos que pueden transformar nuestra sociedad sin llegar a la violencia, porque allá desde los arenales hay gente que está trabajando día a día para cambiar su realidad, esforzándose, agrupándose y formando centros comunales, comedores,... – mientras él hablaba, el profesor se acercó a su carpeta con su rostro burlón y después optó por una mirada sarcástica y despectiva. Vincent astutamente miraba a cada uno de los amigos de Máximo y movía negativamente su cabeza, buscando que ellos desaprobarán el comentario. El nisei se dio cuenta pero no dejó de hablar, su rostro por el contrario se enrojeció por completo como un tomate a punto de reventar. Sus manos empezaron a temblar igual que sus labios, pero aun así el continuaba impávido.
-¿Usted no cree en la sabiduría del pueblo? -Preguntó el nisei, al profesor obligándolo a que preste atención a lo que manifestaba - o piensa que ¿sólo una élite debe dominar el sistema? Y si así fuera, como lo imagino, usted es de los que piensan que la gente es incapaz de resolver sus problemas y auto gobernarse. ¿No le gustaría por lo menos interesarse en lo que ellos quieren? Porque aunque usted no lo crea, si se puede.
-“¡Ya basta!”, replicó el profesor – ya sé lo que tú eres, un populachero alternativo que piensa en educar al pueblo. Eso es ser necio y yo creo que usted no lo es, sino estaría fuera de mi clase -Corrió hacia la puerta y la abrió con fuerza- Todos callaron, el salón entero enmudeció de miedo.
-¿Por qué? – preguntó Alejandro, porque discrepo de sus ideas.
-¡Acaso no es necesario que todos entiendan que hay otras alternativas!
-¡No!, -gritó, reparó por unos segundos, se controló y habló despacio- alumno.
Bajo su tono de voz, ante la mirada asombrada del salón.
-¡Ya entiendo, porque has venido! - sonrió lo miró fijamente a los ojos amenazadoramente. El chino trató de argumentar pero él le interrumpió, levantó sus manos en alto y tocó su cabeza, retrocedió lentamente hasta que llegó a su pupitre.
-¡Calma Alumno!, no te incomodes, tendrás más tiempo para seguir argumentando. Por hoy mi clase acabó- bajó el tono de voz, cogió su maletín y desatendiendo toda réplica de Alejandro, se acercó a Máximo y su grupo y los miró, inmediatamente ellos intervinieron, como si estuviesen preparados para salvar inconvenientes, cínicamente le suplicaron al chino a que no insista.
Aquella mañana, después del altercado, simpaticé con el nisei igual que con el curita, veía en ellos tanta firmeza en sus opiniones, que me animaron a defender mis criterios a capa y espada, aunque siempre terminaba cediendo. Pero la mayor parte de la clase llegó a admirar sus intervenciones, su posición no violenta, sino persuasiva de pactos y conciliaciones, que marcaron en las mentes de todos en el salón una posición aun no conocida: “La Alternativa”, como así denominó despectivamente Vincent a Alejandro. Y no sólo él, sino que todos los pupilos del profesor, dirigidos por Máximo, que lo miraban con desprecio, desde ese día. Sentados siempre en las primeras carpetas, ni siquiera se comunicaban con el resto del salón, habían formado un grupo tan cerrado, desde donde mandaban indirectas o se burlaban de aquellos a quienes el profesor les hacía mofa. Eran los adulones, los que estaban dispuestos para servir. Los que se sacaban “20” en los exámenes, la más alta calificación.
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EL GRUPO LOS ALTERNATIVOS!
-¡Arrodillarme por una nota! – Pensé. ¡Eso no va conmigo!- aunque era importante, pero no lo suficiente. Me fastidió esa hostilidad hacia Alejandro y el curita, obligándome a tomar partido por ellos. Y es que esa rivalidad era con todo aquel que se atrevía a opinar en contra de las ideas de su querido profesor. Mientras tanto Vincent, en cada clase, atacaba cada una de las ideas conciliadoras de Alejandro, mientras que él se mantenía en su posición, enrojecido por la andanada de críticas y burlas. Luchaba solo y no tenía amigos.
-¡Arrodillarme por una nota! – Pensé. ¡Eso no va conmigo!- aunque era importante, pero no lo suficiente. Me fastidió esa hostilidad hacia Alejandro y el curita, obligándome a tomar partido por ellos. Y es que esa rivalidad era con todo aquel que se atrevía a opinar en contra de las ideas de su querido profesor. Mientras tanto Vincent, en cada clase, atacaba cada una de las ideas conciliadoras de Alejandro, mientras que él se mantenía en su posición, enrojecido por la andanada de críticas y burlas. Luchaba solo y no tenía amigos.
El curso de teoría de la comunicación se volvió en un “tira y jale” donde el profesor sólo atinaba en criticar y mofarse lanzando estocadas verbales, que dañaran a su enemigo, buscando la arremetida fatal. El fin era destruir cada uno de sus argumentos, ridiculizándolo ante el salón, pero por el contrario, levantó la imagen del chino más y más cada día. Su juego destructivo realzó la presencia de Alejandro en el salón. En realidad, desde que llegaron Alejandro y el curita las clases se volvieron interesantes y realmente se aprendía. Había una lucha de conceptos e ideas que no sólo se producía en el salón, sino al parecer en todas las aulas de la Escuela o quizás en toda la Universidad, pero al parecer iba más allá posiblemente en todo el país y es que ante la escalada terrorista que atacaba en las provincias y zonas muy alejadas de las ciudades, se levantaba una propuesta diferente de cambio del sistema, sin usar la violencia radical.
En las horas libres mientras leía, se acercó a mi carpeta una chica de buen parecer, pero de mirada triste.
- Oye compañero – dijo ella - ¿Estás al día en teoría?
-Si – le respondí
-Préstame, no seas malito, ¡por favor! , ¡por favor!, ¿sí?
-¡Ya está bien! no seas impaciente– me agradó su espontaneidad para pedir
Horacio que estaba atento a sus suplicas expresó en voz alta
-¡Carambas está mujer sí que tiene prisa!
-¡No!, no vayas a pensar mal, he faltado tanto que temo repetir este curso ¿comprendes no? Sonrió, mostrando una sonrisa diáfana y dulce.
-Me llamo Jael y ¿Ustedes?
Yo soy Starsky -dijo Horacio, y él señalándome- es Hutch.
Todos sonreímos
-Como los de la serie policial- dijo Jael- mientras sonreía.
Desde aquel día, ella se sentó junto a nosotros, por momentos volteaba y me encontraba con su mirada, sus ojeras le daban un aire melancólico, casi podría decir desencajado. Como si estuviera enferma o tuviera una profunda tristeza.
-¡Oye, tú te jaraneas de noche y descansas en clase! - reía Horacio, mientras que yo sólo atinaba en recordar que esa misma mirada lánguida la había visto en Toña, una minusválida del salón que a duras penas se sostenía en sus dos muletas. Lo había visto también en muchos alumnos que deambulaban por la universidad, meditabundos, aislados, como si fueran prisioneros de sus pensamientos, muchos de ellos cargaban libros viejos, de bibliotecas caducas de la época del 50, que fueron retenidos en San Marcos.
Recuerdo las mañanas frías con lloviznas copiosas que mojaban mi rostro, mientras caminaba por el bosque de letras. San Marcos había despertado como un gigante empapado. Aquella mañana me sentí libre, alce mi rostro hacia el cielo y sentí una a una las gotas. Respiré profundamente y un fuerte olor a humedad llenó por completo mis pulmones. Estaba vivo, sentí un gozo tan profundo , aunque por unos minutos fue suficiente medicina para subir las escaleras hacia la Escuela de comunicación, sin sentirme deprimido. Una de las puertas del salón estaba abierta y desde allí observé a mis compañeros completamente silenciosos. Vincent había llegado. Busqué la puerta trasera y empuje lo más suave que pude para no hacer ruido, pero el profesor me vio, levanté mis cejas y susurré un: buenos días casi silencioso para no incomodar a nadie, pero él no respondió. Sin tomarme en cuenta prosiguió hablando. Busqué un lugar en los asientos de atrás y me senté.
-Muy bien – dijo, en tono ceremonial – de ahora en adelante sólo les voy a dar temas para que ustedes los analicen, los desarrollen profundamente y critiquen. No hay prórroga para la presentación de los trabajos. Los temas son los siguientes. Mientras él dictaba varios títulos, aproveché para acercarme a Horacio y preguntarle.
-¿Qué pasa?
-¡Tenemos que buscar un grupo, Cholo!- me respondió alzando y moviendo sus manos desesperado – y debemos ser sólo cinco.
Ese instante no vacilé, como un relámpago busqué con la mirada al curita, al chino Alejandro y a Mirna y le propuse a Horacio convocarlos al grupo. Desde mi asiento observé cuando se acercó a Alejandro y como trataba de convencerlo, moviendo sus manos y sonriendo constantemente, mientras que este, impávido sólo escuchaba. De Mirna y Alejandro me encargué yo, ellos sin pensarlo dos veces, aceptaron. Después de unos minutos Horacio regresó.
-¡Ese chino sí que me ha hecho sufrir, pero al final cayó! aunque no debiste escoger a Mirna, no te das cuenta que cae quaker, se cree la muy intelectual por uno cuantos libros que leyó
-Puede ser -le dije dudando de mi selección – pero ella sabe sobre marxismo y además estudia derecho en otra universidad.
-¡Peor pues, no va a tener tiempo para las reuniones!- interrumpió Horacio.
-Ella me dijo que si podía, Hay que darle una oportunidad.-le respondí
Levantó los hombros y alzó las manos, conformándose.
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UNIVERSIDAD CATÓLICA
Pues yo me tengo que ir- agregó enfadada.
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UNIVERSIDAD CATÓLICA
Después de clase, el chino Alejandro propuso una reunión con el nuevo grupo que se había formado. Todos se reunieron en el patio de Letras. Alejandro, el curita contó un chiste de curas y todos rieron, había rotó el hielo. Después las bromas iban de aquí para allá. Mirna como única mujer del grupo se sonrojaba.
-Chicos ya basta, hablemos sobre la reunión - dijo algo incomoda.
-Reunión ¿cuál reunión?, - bromeó Horacio – nosotros nos vamos de juerga
Todos celebraron la broma. Mirna frunció las cejas y torció su boca.
Pues yo me tengo que ir- agregó enfadada.
Iba a apaciguar, pero lo más prudente fue cambiar la conversación.
-¿Alejandro qué hacemos? -le dije.
El chino que se había mantenido callado, dijo: ¡Vamos a almorzar!
Ninguno esperaba comer en la calle, muchos estábamos esperanzados en llegar a casa con la familia. Además como estudiantes no teníamos dinero suficiente para un menú. El curita propuso el comedor universitario. Allí la comida era gratis pero no daba confianza, muchos le decían “la muerte lenta”. Horacio que ya había entablado confianza lo miró asombrado.
-No te pases pues cholo, no quiero morir ¡me necesito!
El curita sonrió: ¡Nos necesitamos!- le recalcó y ambos rieron.
Después de esperar las propuestas
-¿Qué les parece la Universidad Católica?- sugirió Alejandro- Allí también sirven comida cómoda.
Todos aceptamos y entre broma y broma nos dirigimos por la avenida universitaria hasta que llegamos a la universidad Católica. Era diferente a la nuestra, sin pintas, ni banderas, cubierta de árboles y de mucha tranquilidad. Desde que entramos percibimos una fragancia distinta y un viento fresco que se arremolinaba sobre nuestras cabelleras. Aquel lugar nos embriagó. Los muros y pisos lucían limpios con una tibieza y suavidad, como si aún nadie las hubiese tocado. Los estudiantes se confundían con el lugar como si fueran parte del panorama. Sentí mucho placer, me gustaba el verdor de los pastos y sus plantas bien cuidadas. Las muchachas eran lindas y se sentía un ambiente de mucha tranquilidad.
¡Aquí imperan los fascistas!- desperté de mi meditación y busqué a Mirna quien, tapándose la boca, sonrió. Pensé que sólo a mí me había molestado sus palabras, pero fue a todos. Ella sólo atinó en justificarse.
-Vincent lo dijo así, aquí sólo hay gente blanquita y de plata.
Acaso Vincent no es también un blanquito, pensé.
-Pero, mujer ¿qué te han hecho los blanquitos, u odias a la lejía?, -sonrió Arturo, que a pesar de su tez blanca no se sintió aludido.
-Ay, mujeres para que las quiero- exclamó Horacio, moviendo su cabeza negativamente, mirándome y diciéndome entre señas: “¡Te lo dije!”.
El chino sólo observaba, por su mirada y su risa sarcástica, noté que había desaprobado la opinión de Mirna.
Yo en cambio sentí en ella un resentimiento, que acertadamente nuestro profesor de teoría había despertado y tuve miedo de pensar que él no era sólo un loco visionario, sino alguien que incidía de forma real y lo que nos decía diariamente tal cual un disco rayado, había calado nuestra conciencia. Sentí miedo por primera vez de mis pensamientos, porque también culpaba a esa clase blanca retrograda, dueños del Perú, clasista y racista.
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La clase siguiente Vincent dejó sus acostumbradas charlas y con mucha seriedad, casi solemnidad, indicó que había nombrado coordinadores para cada grupo; Mencionó varios nombres pero, sólo uno despertó mi interés era: “Charo” a la que vi muchas veces con el grupo de Rolando y recordé sus ojos tibios y serenos. Reviví esa misma sensación que tuve al verla por primera vez, que me causó atracción y desconcierto y que me empujó a pararme en un estrado sin saber nada. Era de una base más antigua. Pensé que para ser una coordinadora de Vincent, tenía que ser muy capaz, quizás una chica inalcanzable, posiblemente de esas aprendices de intelectual como las que había en San Marcos, sin sentimientos pegadas a la letra, pero Charo no parecía. Lo único que me molestaba era que la había visto abrazada con un muchacho de una base más antigua, un viejo, que a todas luces era su enamorado, además que estaba en el grupo de Orlando , a quien le tuve animadversión por lo sucedido en el patio de letras. ¡Charo, no! me decía a mí mismo, ella es especial como una flor en medio de la mala hierba. Aquella mañana el destino lo quiso así, ella era la coordinadora de nuestro grupo y tuve que aceptarlo.
La siguiente mañana se presentó ante el grupo. Entró con una sonrisa contagiante su pelo castaño y tez blanca rosácea que combinaba con el vestido rojo que lucía, ceñido al cuerpo, cubriéndole hasta las rodillas. Todos se deslumbraron al verla, su figura bien delineada combinaba con sus pantorrillas hasta los pies de forma perfecta. Estaba encantadora.
-Charito- dijo el curita, casi susurrando – no te vistas así, que despiertas al toro.
Todos rompieron el hielo con una sonrisa. Por fortuna no escuchó, desconcertada, atinó también a sonreír, levantó las manos en señal de desconcierto y buscó un asiento junto a la única mujer que había en el grupo: Mirna.
-Bueno chicos - dijo ella- ya saben que nuestro tema es sobre corrientes estructuralistas y funcionalistas, ¿alguien de ustedes ha leído algo sobre ellos?
Ninguno del grupo pudo responderle, nos quedamos sorprendidos, al menos yo pensaba que nos daría una charla preliminar sobre el tema. La observé detenidamente para saber si recordaba o no mi rostro, pero no me miró en ningún momento.
El Curita mientras tanto, se puso de pie. Desde que entró Charo, lo noté bastante inquieto y aprovechó la oportunidad para darse a conocer ante ella.
-Mire señorita, me disculpas, no se tu nombre - sonrió, causando hilaridad en el grupo. Volteó hacia nosotros levantando los hombros como si nos explicara que realmente no lo sabía.
-¡Charo! - interrumpió ella esbozando una sonrisa.
Bueno Charito – lo dijo tan suave y pícaramente que nos hizo reír- aquí nadie se ha preparado para disertar, muy por el contrario, esperábamos que seas tú quien nos ilumines con tus conocimientos, porque se supone que esa es tu responsabilidad.
Poco a poco su rostro se desencajó y enrojeció. Estaba incomoda.
Miren chicos –dijo diplomáticamente – todo lo que ustedes lean, lo vamos a discutir aquí y todo su aprendizaje yo lo evaluaré, así que la próxima reunión quiero que todos lean sobre las teorías norteamericanas del libro del profesor Vincent. Nadie protestó, ni hicieron bromas, porque notaron cierto enfado en sus palabras ya no tan suaves, sino más bien, diría, con autoridad.
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CHARITO VS ALEJANDRO
La siguiente reunión empezó con los ánimos más calmados y todos dialogaron sobre las críticas de Vincent a los teóricos norteamericanos. Charito se acomodó al grupo y empezó a llamar a cada uno por su nombre, lo que le sumó unos puntos a su favor, ya que se sintió un ambiente de cordialidad. Sólo Alejandro estuvo descontento y cuestionó todo los fundamentos del libro.
-Hasta el momento sólo he escuchado puros adjetivos, que los funcionalistas son imperialistas, servidores de los capitalistas, manipuladores de personas, etcétera, etcétera. Es que eso nada más va a ser nuestro análisis, y no vamos a leer nada de los funcionalistas y estructuralistas, para poder sacar nuestras propias conclusiones.
Charo se quedó perpleja, pero no tardó en replicar.
-A mi parecer el profesor quiere decir que entendamos ¿Por qué ellos son imperialistas? y ¿Cómo manipulan al pueblo?
-¡No te pases! – Contestó Alejandro- Me parece de mucha ingenuidad, creer que analizamos a los estructuralistas y funcionalistas cuando no leemos nada acerca de ellos.
Charo movía su cabeza con sus cejas fruncidas y buscó la mirada de los demás, tratando de que alguien le explicara lo que “el Chino” quería decir. Estaba algo aturdida sostenía con una mano el libro y con la otra hacía señas de desconcierto. Mirna, como empujada por un resorte, trató de ayudar a Charo, se levantó de su asiento y en tono solemne dijo que no podíamos descartar los análisis del Profesor, porque para llegar a esas conclusiones ha tenido que investigar muchos años, utilizando métodos muy rigurosos.
-¡Que va ser!- respondió airado, Alejandro- ¡A ver!, ¿A qué corriente pertenece Merton, Marcuse, Adorno y Habermas? y ¿Qué puedes decirme sobre ellos?
-¡Bueno, yo...!- Mirna se sonrojó, no sabía qué contestar. Alejandro no le quitaba la vista, a la espera de su respuesta.
-¡Te das cuenta! – Le dijo – Así como tú, estamos todos, ni siquiera conocemos de qué hablan y los criticamos.
Mirna se sentó avergonzada, soltó una sonrisa nerviosa y miró a Charo, quién movía la cabeza tratando de calmarla. Alejandro demostrando un tic nervioso tocaba sus lentes con el pulgar de rato en rato. Al ver que todos estaban callados, Charo rompió el silencio, demostrando mucha cautela dijo que ella reconocía que había temas que aún desconocía pero que haría lo imposible por darles más información. Después de la reunión el curita y Mirna se acercaron a Charo. Yo no sabía a donde dirigirme, pero al ver a Alejandro sólo opté por irme con él. Horacio nos siguió.
El curita se retiró presuroso, según Horacio a una cita con una monjita que quería retirar los votos. El Chino más calmado, sonreía de todas las bromas. Era el único que no salía apurado, muy por el contrario hacía tiempo, conversando, sentado en las antiguas bancas de madera del patio de letras. Junto a él, estábamos Horacio y yo, mientras sentíamos la tibieza de la tarde.
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-Esa Mirna, te dije no la metas al grupo, es una franela.
-Calma –le dije – tú sabes, entre mujeres se defienden.
-Creo que es peligrosa – dijo Alejandro, rompiendo su silencio.
-¡Ya ves! –dijo Horacio– yo no me equivoco cholo.
-y el curita se deja llevar por las olas –interrumpió el chino.
-¿Qué quieres decir? - le interrogué
-No se dan cuenta –dijo el chino arreglándose los lentes –es tan templado, que todo lo que ella diga, lo va hacer.
Conforme salíamos de la Ciudad Universitaria divisé a Mirna tratando de tomar un microbús. Estaba ofuscada, sudorosa y el viento permitía que su cerquillo le cayera por la frente. Su pequeña estatura era una ayuda para ella, pues se infiltraba por entre la gente rápidamente. Desde que pisamos la Universidad, no dejó de usar su clásica chompa roja. Parecía de condición muy humilde y eso era notorio pues su vestimenta era sencilla y cuando se pedía colaboración para alguna actividad de grupo era la que más regateaba. Paso mucho tiempo para que ella se sincerara no sólo conmigo, sino con todo el grupo de que su papá había fallecido dejándole a ella casi toda la responsabilidad de la familia.
- Mi papá no era cualquiera - nos dijo casi sollozando- en vida fue un dirigente muy conocido en Canto grande y la gente lo quería. Antes no sentía su presencia, pero ahora nos hace tanta falta. A veces no tenemos ni para comer y para mis pasajes tengo que prestarme de donde sea. Dejé la universidad San Martín, él quería que sea abogada pero el destino no lo quiso así. Ahora tengo que trabajar para alimentar a mi familia. Desde ese día nuestro grupo la consideró, a pesar de sus tremendos desatinos.
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AMIGOS POR SIEMPRE
El sol se ocultaba y una languideciente luz caía sobre el piso .A la distancia observaba de rato en rato el horizonte, los rayos del sol palidecían, ensombrecidos por una capa gruesa de neblina y un fuerte
viento del oeste sacudía todas las banderolas de la ciudad universitaria . Quién lo diría, allí estábamos discutiendo, sobre Cortázar, Unamuno, María Arguedas, y tantos escritores, delirando sobre la vida, conceptualizando nuestra sociedad, deseando escribir sin haber vivido. Que entretenidas eran esas charlas, me sentía realizado, hablando sobre ellos. Mi búsqueda de la sabiduría quedaba satisfecha en esas conversaciones. Tanto así, que leí muchas obras con la única finalidad de discutirlas después. No sé cuánto tiempo, creo que fueron meses, que todas las propinas se invirtieron en novelas. Así conocí a muchos novelistas y me convertí en un lector fanático que no deseaba ver televisión, sino sólo leer.
El sol se ocultaba y una languideciente luz caía sobre el piso .A la distancia observaba de rato en rato el horizonte, los rayos del sol palidecían, ensombrecidos por una capa gruesa de neblina y un fuerte
viento del oeste sacudía todas las banderolas de la ciudad universitaria . Quién lo diría, allí estábamos discutiendo, sobre Cortázar, Unamuno, María Arguedas, y tantos escritores, delirando sobre la vida, conceptualizando nuestra sociedad, deseando escribir sin haber vivido. Que entretenidas eran esas charlas, me sentía realizado, hablando sobre ellos. Mi búsqueda de la sabiduría quedaba satisfecha en esas conversaciones. Tanto así, que leí muchas obras con la única finalidad de discutirlas después. No sé cuánto tiempo, creo que fueron meses, que todas las propinas se invirtieron en novelas. Así conocí a muchos novelistas y me convertí en un lector fanático que no deseaba ver televisión, sino sólo leer.
Las noches frías en la ciudad universitaria nos obligó a refugiarnos en los cafetines. Nuestro favorito era “Vanesa”, un snack bar situado a la salida de la facultad. Una de esas noches frías Alejandro invitó los cafés, Horacio mientras se sentaba dijo: Entonces yo los pago. Sacó su billetera, la abrió, miró y la volvió a embolsillar.
-¡Mejor paga la cuenta Alejandrito!- dijo sonrojado – tu sabes que los chinitos tienen plata, levantó las manos disculpándose, mientras me miraba y se acomodaba el cabello, hacia atrás. Todos soltamos una carcajada.
Desde aquella noche tomar un cafecito caliente se volvió una costumbre, Alejandro poco a poco dejó de ser el muchacho serio y poco comunicativo. Siempre empezábamos hablando sobre mi tema favorito:"escritores y novelas" y terminábamos hablando de Vincent, de quien el chino expresaba abiertamente su desacuerdo.
El piensa que ha descubierto la pólvora, esa mentira es más ingenua, si desde la década del sesenta se habla de manipulación e imperialismo ¿Qué es lo novedoso? Son ideas obsoletas y sediciosas.
-¡Shhh, Chino no alces la voz!- le dije.
-¡No seas miedoso! -replicó- ¡no te das cuenta que Vincent le hace el juego a Sendero, basta que adoctrine con esas ideas a los cachimbos para crear terroristas potenciales!
Jael que ya se había unido al grupo soltó una sonrisa.
-Por favor chinito, chinito -se acercó y lo abrazó, tus ves demasiadas películas de espías. Alejandro desconcertado, no sabía si zafarse de ella o dejarse apabullar por el abrazo. Optó por sonreír y callar.
Yo sólo lo miré, no atiné en decir palabra,estaba ofendido. No era un miedoso, creo, sí, muy precavido o era que él había tocado justo en una llaga, que nadie quería curar, un miedo conveniente que envolvió a alumnos y catedráticos, respetados por siglos, que aceptaron y callaron, involucrándose en mafias, corrupción, violencia y terrorismo. Un pozo sin salida, sin esperanza.
En las siguientes reuniones las discusiones con Charo se volvieron más candentes. Parecía un interrogatorio donde ella era la acusada. No tenía ningún argumento ante las arremetidas de Alejandro, quien no dejaba de cuestionarla. Esto dio pie para que los discípulos de Vincent empezaran a hablar mal, no sólo de Alejandro, sino de todo el grupo apodándonos los alternativos. El salón completo tildó a Charito de víctima y a los alternativos de agresores. No tardó mucho en pronunciarse el profesor, una mañana de mucha llovizna tocó el tema, pero sin ser muy evidente.
- A propósito de ideas alternativas, en mi clase no enseño esas cosas y aquí sólo aprueban los que dominan mis enseñanzas. El chino y todos los del grupo nos miramos. Ese momento me ofusqué, me causó tanta rabia y peor aún, nadie protestó por el amordazamiento todos estaban de acuerdo. Tenían una complicidad casi suicida. Sin embargo reparé que hasta hace un mes atrás, tampoco hubiera dicho nada y que todo lo hubiese aceptado sumisamente. ¿Qué me estaba pasando? ¿Acaso las continuas polémicas de clase y fuera de clase me estaban abriendo los ojos, hasta ver las cosas como en realidad eran?.
Cuando salí de clases caminé mucho, pues eso me gustaba hacer cada vez que estaba preocupado. Llegué al estadio y subí hasta la parte más alta, a la torre. Divisé todas las facultades de la ciudad universitaria y como las luces se apagaban una a una, hasta quedar en oscuridad. No recuerdo cuanto tiempo pasó, pero eran más de las once de la noche y cuando me retiraba, escuché que me llamaban desde unos asientos de la tribuna. Eran los alternativos no sé cómo me vieron, me alegró verlos. Tenían un jarrón de damajuana, una botella de coca cola y unos vasos descartables, al parecer llevaban ya mucho rato bebiendo.
-¡Para salir del frío! – dijo Horacio, mientras me servía un vaso del combinado.
Allí también estaba Jael sonriendo de todo, bien abrazada del chino Alejandro.
-¡De todas las cosas locas que hago, esta es la peor, venir a tomar con unos pollos! -dijo, mirando a Horacio.
El inmediatamente le respondió.
-¿Qué tienes mujer? , si quieres hacemos un mano a mano a ver quién cae
-¡No!, gracias para mi es suficiente
-¡Ya ves cómo te chupas!.
-¡Ay por favor!, a ver chinito, chinito, defiéndeme por favor
Acurrucándose y abrazando al chino este le miró.
-Bueno yo -sonrió. La tomó de los hombros y mirándola fijamente le dijo- ¡Defiéndete sola!. Todos festejamos la ocurrente salida del chino.
-¡Ay no por favor, por favor, no seas malito! -replicó Jael y se acurrucó más a él.
El chino miró su reloj y sorprendido dijo
-¡Uy carambas!, es tarde en mi casa ya me habrán trancado la puerta.
Horacio viéndome parado, tiritando de frío me dijo
-Toma pues cholo para que entres en calor y nos vamos.
-¡Claro! -le respondí - pero que te parece si lo voy tomando en el camino y ¡Vámonos! , ¡ya es tarde!.
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-Profesor -interrumpió – ese pensamiento es caudillista y caduco
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Los cuatro caminamos abrazados por el pasadizo de letras, tambaleándonos, riéndonos de cualquier cosa, con rumbo a la puerta principal de venezuela. Al caminar frente a la facultad de economía percibí que la ciudad universitaria estaba completamente vacía. Eran cerca de las doce de la noche y todos los pabellones lucían oscuros y silenciosos. Una densa neblina se apoderó poco a poco de los alicaídos postes de luz amarillenta. Solo nuestros gritos resonaban en la ciudad.
- ¡Oye! -dijo Horacio- ¿Vieron esa película la jaula de las locas? ¡Es la muerte!
-Ya cállate -le cortó Jael- no quiero saber nada de tus congéneres.
“Ja, ja, ja” todos rieron.
- ¡Congéneres! – repetía constantemente Horacio, mientras reía.
Al día siguiente, llegué tarde a las clases de Vincent, temeroso de ser amonestado frente a todos, empujé la puerta lo más suave que pude y de soslayo vi los rostros ojerosos de mis amigos bostezando y quise reírme pero me aguanté, al escuchar los gritos de Vincent, que amenazaba a un alumno. Aproveché el desconcierto, entré y me senté. El alumno tenía sus ojos inyectados y movía sus manos exageradamente.
- ¡Pero profesor, lo único que le objeto es que de acuerdo a las informaciones actuales, casi todos los países sudamericanos están optando por el sistema democrático, lo que significa que el modelo!.
¡Ya sé a dónde vas! - interrumpió Vincent -modelo cubano, pero para eso necesitas no sólo haber vivido en Cuba, sino también comprender cómo es que ese modelo permite que todos reciban educación
-Está bien -le respondió- no habré vivido en Cuba, pero si hablamos de índices de pobreza por individuo ese país tiene el primer lugar.
-Eso se debe a la política intervencionista de Estados Unidos -interrumpió el profesor.
-Bueno no voy a hablar de Estados Unidos, sino de lo que la gente quiere y muchos no quieren vivir en Cuba. Porque la gente aspira a gobiernos democráticos.
- ¿Sabes qué? -respondió- ¡A mí me importa un bledo lo que piense la masa, a mí me importa lo que piensan gente como tú, intelectuales que van a dirigir este país!
-Pero profesor, es la masa la que decide lo que quiere.
-No lo creo, la masa es indefensa, sin educación, sin proyectos, yo soy un Dios para ella.
Ja, ja, ja- todo el salón se carcajeó, mientras Vincent con los brazos en alto, aparentando ser el todopoderoso sonrió complaciente.
¡Si!- dijo con sorna- yo los seduzco, los manipulo y los obligo a hacer lo que yo quiero.
-Profesor -interrumpió – ese pensamiento es caudillista y caduco
-¡No es caduco y no me interrumpa más, para mi esta conversación terminó!.
-Pero…- dijo el alumno defraudado por la abrupta irrupción.
- Si no le gusta puede retirarse de la clase
Polo inmediatamente se puso en pie
¡Si se retira le aconsejo que ya no regrese!- Polo dudó - ¡Y si regresas atente a las consecuencias!
Polo como así se llamaba este alumno sólo sonrió y se sentó, suspiró y calló, aunque no dejó de menear negativamente la cabeza.
Me causó simpatía y a la hora de salida me acerqué y detrás me siguió todo el grupo. Era un alumno a quien de tiempo en tiempo se lo veía en el salón.
¡Ese Vincent es un tirano!– dijo mientras guardaba sus cuadernos y libros en un portafolio de cuero negro, de esos que usan los altos ejecutivos.
-Es un problema ser profesor y estar encerrado en la universidad, sin salir e investigar lo que sucede afuera – sonrió Polo, cogió fuertemente su maleta y empezó a caminar.
¡Bueno muchachos les invito a tomar un café para conocernos!
Cuando salimos por la puerta de letras, a la derecha había un pasaje lleno de restaurantes, levantados con triplay y listones de madera, el único que parecía apropiado, de material noble y piso de cemento era “El Vanessa”. Polo iba algo apurado contándonos sus anécdotas.
Cuando trabajé en el canal nueve fui director de prensa, ¡una chambasa! que no duró mucho tiempo. Ya ven ahora estoy de vuelta por la Universidad. Me separé de mi señora y me quedé en el aire. Mientras él hablaba noté su rostro duro, casi no sonreía y si lo hacía era para burlarse de alguien. No era tan alto, pero si en el promedio de todos los peruanos. Usaba chompa, pantalón y zapatos de vestir, no como el resto de Sanmarquinos, que andábamos en zapatillas y jeans. Su conversación era muy nostálgica, anhelaba mucho progresar. Se ufanaba de trabajos bien remunerados y de altas jerarquías, aunque ahora estaba desempleado. Al despedirse dejó entrever que lograría lo que tanto anhelaba, caiga quien caiga. El chino que estaba atento a su conversación, lo miraba analizando como siempre si había un doble mensaje. Tan popular se hizo esa actitud cuestionadora de Alejandro que siempre recurríamos a él para que nos explique determinadas conversaciones y discursos de profesores. ¿Hasta qué punto parecían subjetividades? No lo sé, pero sabía que eran muy convincentes, tanto así, que a veces no podíamos contradecirlo en determinados temas. Alejandro no lo permitía, él no era muy dotado físicamente, usaba lentes gruesos y su fisonomía no era atlética, más bien era bajito y regordete pero su talento de líder
era único.Pag 11
Elecciones
Capítulo avanzado de novela: Misión Jericó)
Elecciones
“La gente capaz siempre emigra, busca lo mejor. Aquí se quedan sólo los mediocres”, decían unos graffitis anónimos en los baños, centro de lamentaciones de aquellas voces silenciosas que abundaban en la universidad.
Aquel día nadie se imaginó lo que sucedería, ni siquiera Nixon que estaba al tanto de todos los movimientos de la universidad. Durante la mañana había demasiada tranquilidad, el chino sentado como personero de izquierda unida en una de las mesas de votación, controlaba pausadamente la veracidad de los votantes. Nixon rodeado de tres amigos que siempre lo acompañaban, no cesaba de visitar las mesas de toda la facultad. Como a la una y treinta, hora de la merienda, no había muchos sufragantes y los pasadizos estaban casi vacíos. Los personeros de izquierda celebraban el triunfo parcial y descuidaron la vigilancia. Justo en ese instante, los Fachos, el sector más radical y violento que el profesor Vincent defendía, irrumpió violentamente, lanzando un grito ensordecedor como fieras salvajes llenaron en cuestión de segundos los pasadizos de la universidad. Cargaban palos, fierros, verduguillos y armas de corto alcance. Lanzaron petardos sincronizadamente en el frontis de todas las facultades y el ruido ensordecedor estremeció las mesas de sufragio de la Universidad. Sin miramientos, ni consideración a las mujeres, las empujaron y golpearon, cogieron las ánforas y las rompieron, sacaron los votos y se los llevaron. Los que opusieron resistencia fueron golpeados. La consigna era destruirlo todo, sin importar cómo lo haces. El griterío, los petardos, el rechinar de lunas que se quebraban a pedazos alertó a los estudiantes de comunicación que una turba se acercaba, inmediatamente cerraron la puerta de fierro. Atrincherados en el tercer piso, sin enterarse de lo que sucedía escucharon silenciosamente los ruidos del exterior.
“¡Fraude, fraude, abajo las elecciones, los traidores morirán!” los chillidos de lunas quebradas seguían y de pronto empezaron los disparos. El chino por primera vez se vio en un dilema, si salir o quedarse atrincherado en la escuela. Los personeros de los fachos estaban muy inquietos y pugnaban para que la reja se abra, pero Nixon sabía que estaba en mayoría y los mandó a callar. Al poco rato apareció Willy, sudoroso clamando que le abran la puerta.
-¡Abran la reja por favor, me quieren matar! ¡Abran, abran!
-¿Quién te quiere matar?- preguntó Nixon, desconfiado.
-¡Los de izquierda unida!- respondió astutamente
-Abran, abran hay que demostrar humanidad , gritaron los fachos que estaban como
personeros dentro de la escuela
Nixon dudó, ya no escuchaba ningún ruido, ¿y si era verdad que los de izquierda habían salido a defender las ánforas? Por eso los fachos se habían ido.
Willy afuera suplicaba, era raro verlo en esa situación, sabiendo que era uno de los matones y líder de los fachos. Nixon dudaba y sabía que todo dependería de él ahora. Sabía que algo no estaba bien, pero la presión era tan grande, que asintió la cabeza afirmativamente y la reja se abrió. El rostro de Willy cambió radicalmente y como un tigre sobre su presa se asió de la reja y empezó a gritar, lanzando patadas al que se le acercaba. Como diez muchachos empujaron la reja para cerrarla, pero él estaba tan bien parapetado que era imposible hacerlo.
-¡Vengan, vengan, suban a Comunicación la reja está abierta! - gritó con todas sus fuerzas y un murmullo empezó a escucharse, hasta transformarse en un griterío ensordecedor y cientos de muchachos con sus rostros tapados entraron golpeando al que se le oponía en el camino. A punta de patadas abrieron las puertas de los salones, buscaron las ánforas que estaban ocultas y las rompieron. El chino miró impávido como destruían todo. Después de unos minutos, los vándalos desaparecieron confundiéndose entre la humareda y los estudiantes.
Cuando llegué la densa humareda me dio un mal presentimiento, era idéntica a la que vi cuando por primera vez pisé esta universidad. Apresuré los pasos y distinguí a Horacio dirigiéndose a la Escuela, quien al notar mi presencia volteó.
-Creo que la fiesta se acabó- me dijo desconcertado.
-¿Por qué?- le pregunté
- ¡Acá ocurrió una batalla!
Ese momento me imaginé lo peor, pensé en Jael y no quise preocuparme por el chino por lo que hizo, pero no podía dejar que lo maltraten. Cuando llegamos encontramos a un grupo de estudiantes que conversaban soslayadamente a un costado de la escalera, callando apenas sintieron nuestra presencia. Sus rostros palidecían de susto. De entre ellos, salió la figura pequeña y regordeta de el chino, quien frotando sus lentes con una franela, sonrió, forzadamente.
-¡Los fachos acabaron la fiesta- nos dijo desalentado- nos han dado un golpe mortal. Si se convoca a elecciones la próxima vez, ¡ganarán! ¡ustedes saben, el que golpea primero, gana!. Hemos perdido y Vincent tendrá el tercio de la facultad.
Horacio y yo sentimos tanta impotencia.
-Tenemos que reunir a la gente y salir a descobrarnos, esto no puede quedar así-dijo Horacio envalentonado- ¡A esta gente hay que matarla!
Miré a Horacio, respiraba demasiada rabia, las palabras del chino calaron tanto que terminaron por arrastrarlo a él en esa vorágine de violencia. Yo sólo bajé la mirada y meneé negativamente la cabeza. El chino que seguía con atención cada gesto mío, gritó:
-¡Tu no aceptas!, aún no comprendes lo que significa defender algo que es tuyo. No escuchaste a los empresarios como dicen: “¡O eres tigre o eres presa!”. Horacio tiene razón, si no contestamos perdemos la universidad y Vincent ganará. De pronto una detonación estrepitosa de un petardo, rompió otra vez la calma y cientos de voces gritaron: “¡IZQUIERDA UNIDA VENCERÁ, MUERTE AL TRAIDOR USURPADOR, ESOS FACHOS DE MIERDA MORIRÁN!” Poco a poco aparecieron en una columna interminable, muchachos universitarios gritando en un solo coro, armados con palos, barretas de fierro y piedras Entre ellos distinguí a Nixon que agitando las manos llamaba al chino.
-¡Te das cuenta! -gritó el chino- ¡si no respondes ellos creerán que tuvimos miedo y nos apabullarán. ¡Ahora salimos para demostrarles que seguimos en la pelea! Se dio media vuelta y corrió junto con Horacio para unirse a la manifestación. Nixon lo abrazó y se perdieron entre la multitud. Sólo contemplé de lejos a los dos cómplices y recordé las palabras de Jael: “No sé ni porque lo acepté, si no lo quiero”. Ambos ahora se iban juntos y supe que una guerra se había iniciado pero no contra los vándalos fachos, sino al interior de nosotros.












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