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lunes, 19 de noviembre de 2018

LA BELLA DESCONOCIDA

Mientras dialogaban, observé detenidamente a una chica que despertó mi interés, no sólo por su bello rostro, sino porque hablaba resueltamente con todos, como una líder, incluso Rolando se dirigía a ella con mucho respeto.
-Pero, ¿quién es?- me pregunté cautivado y deduje que tendría entre 19 a 20 años aproximadamente, de rostro dulce, ovalado, ojos redondos de color canela y cabello castaño. Aparentemente frágil, de mirada esquiva, quizás tímida. La contemplé embelesado, sin darme cuenta que la había perturbado, porque como dice aquella frase: “tanto miras a alguien, que termina mirándote” y así fue, hasta que cruzamos nuestras miradas. Sentí que se inquietó, y de rato en rato me buscaba. De pronto Orlando interrumpió abruptamente ese intercambio de miradas, me tomó del brazo y me jaló.
-Vamos a iniciar un debate en el patio de letras - dijo, jalándome - ven y representa a tu base y di que esos cursos no deberían anularse.
-¡Pero yo…no sé nada! ¿Qué  digo?
-¡Sólo eso y ya!
Ese momento, sentí todas las miradas en mí, hasta la de aquella muchacha de rostro ovalado, que ahora sí me miraba insistentemente y entonces supe que no podía negarme, porque era la única oportunidad, para que ella me conociera, aunque no niego que me sentí extraño dentro de aquel ambiente.
-¿Qué hacía yo allí?-pensé, nunca había hecho algo parecido, pues siempre me gustó mantenerme en el anonimato y en un abrir y cerrar de ojos, me convertí en el centro de atención. Fui llevado por un grupo de muchachos hacia el centro del patio y me hicieron subir a un pequeño tabladillo que habían instalado. Por un momento dudé y quise bajarme, y escapar, pero al verme arriba delante de todos, sólo respiré profundamente. 
-Aquí está un ingresante que tiene algo que decirnos – dijo un muchacho que servía como moderador- tiene la palabra compañero. 
A mi alrededor había como unos cincuenta estudiantes que me miraban y no parecían amistosos
-¡Bueno yo!... –titubeé por un momento,  sentí que mis piernas flaqueaban, y no podía pasar la saliva. Mi pulso estaba acelerado y mis labios temblaban.
-Vengo de otra universidad de comunicación y… sé que estos cursos son importantes. 
-¡Calla!, ¡calla la boca!-escuché entre el gentío
- Este no sabe nada de nuestra realidad, su opinión no vale en este debate- gritó un muchacho que salió al frente agitando sus brazos con mucha vehemencia, señalándome y descalificándome.
- ¡Es un cachimbo! ¿Cómo traen a un cachimbo a disertar, se están burlando de nosotros?-exclamó dirigiéndose a todos y una parte del grupo empezó a protestar levantando sus manos, vociferando:
- ¡No tienen argumentos, pues usan a los cachimbos... son unos manipuladores!
Comenzaron a empujarse entre ellos y a forcejear querían llegar al tabladillo 
 De un jalón, estuve abajo, Willy me había sacado antes de que me linchen. Su actitud estratégica, para mí fue compasiva y acertada, a pesar de que Orlando quería dejarme como carne de cañón. 
Esa noche, recordé los rostros enardecidos y los gritos desesperados de gente que no conocía. Supe entonces, que había entrado por la puerta falsa, dejándome llevar como un corderito, hasta hacer el más completo ridículo. Me alejé de todos y caminé por los pasadizos de la Facultad  que lucía vacía. Pero aún escuchaba las voces.
- “¡Estúpido cachimbo!, ¡no sabe nada!,¡manipulado!”.  
 Me senté  en las escaleras de la Puerta de letras. No había nadie y recordé a esa muchacha que no despegó su ojos de mi, todos esos momentos y eso me confortó, cambiando toda la escena ridícula en una acción intrépida, tan solo por el intenso deseo de conocer a esa desconocida que me intrigaba y hacía que realizará las cosas más increíbles.
(continuará)


viernes, 26 de octubre de 2018

CAPITULO I "Un estúpido cachimbo"


Recuerdo el primer día que llegué a la universidad un  humo denso, inundaba el bosque de letras, arrastrando vestigios de gas  lacrimógeno, irritando mis ojos, obligándome a huir presuroso. Muchos alumnos corrían de un lado para otro, evitándolo. Yo también lo hice, hasta que llegué al patio de la Facultad, allí una columna de banderas me estorbó el paso y me detuve a observar las paredes, parecían murales, llenas de letras que daban vivas a diferentes  partidos. Crucé  Pizarrones, que invitaban a votar, pero el lugar estaba vacío,  no había gente, habían huido,  la fiesta electoral terminó abruptamente, por una feroz intervención policial.
Subí unas escaleras hasta el tercer piso, todo estaba en calma, no había ruidos. Sólo algunas carpetas malogradas estorbando el paso. Pasé por una gran reja, semiabierta, caminé hacia el fondo, hasta que llegué a una puerta que  tenía un cartelito: “Centro de Estudiantes de la Escuela de Comunicación Social”. Miré por la ranura de unas bisagras y salió un muchacho fornido como de unos 30 años, quien al verme se inquietó, pero no se amilanó.
¿Si? - preguntó  algo inquieto- ¿Qué deseas?
Lo miré y me presenté como ingresante e inmediatamente su rostro cambió, esbozando una suave sonrisa.
¡Ah, ya veo!- me dijo- Yo soy Willy, secretario del Centro de Estudiantes de Comunicación Social o CECOS.
Se acercó y estrechó mi mano.
-¿Quisiera saber cuándo empiezan las clases para los ingresantes?- le pregunté. 
- ¡Conque cachimbo!- sonrió forzadamente- ¡felicitaciones!.
Fue el primero que me dio la bienvenida. No habló mucho, casi solemne, con su rostro parco, alcanzó a decirme que los de mi base se iban a reunir y que era imprescindible que estuviera presente. Inmediatamente pensé en una fiesta de bienvenida de cachimbos y me alegró la iniciativa. Entusiasmado hurgué entre los periódicos murales, buscaba algún cartel de bienvenida, pero nada, ni una  nota de convocatoria a reunión.
-¿Qué raro? - pensé- porqué no hay un solo mensaje que cite a reunión. 
Al día siguiente, casi al atardecer retorné a la universidad y reconocí a Willy, estaba entre un grupo de alumnos, me acerqué y le saludé dándole la mano, pero ahora él estaba algo esquivo, no me dio tiempo de conversar y sólo gritaba ansioso.
-¡Los de tu base van a marchar, acompáñalos! – Me dijo – ellos son, alcánzalos. Señaló a un pequeño grupo que subía por la rampa del patio de letras, cargando unas banderolas.
-¿Qué?,  ¿A dónde van?- pregunté confundido.
-Protestan porque les quieren quitar cursos imprescindibles para la carrera- me recalcó, algo huidizo.
-¡Orlando, ven! – Llamó a otro que estaba en el grupo - explícale lo que vamos a hacer. Él se acercó, aparentaba más edad que Willy, tenía un bigote al estilo mejicano, patillas largas y un cabello  greñudo y largo. Apenas llegó, comenzó a hacerme preguntas.
-¿Con que eres cachimbo? -me preguntó  sonriendo irónicamente.
Observé su rostro grasoso, y el cuello de su camisa completamente empapado de sudor. No me
extendió la mano como Willy, y no miraba de frente.
Su desdén, cambió cuando me preguntó si ya había estudiado en otra universidad y le respondí que venía de otra facultad de comunicación. Sus ojos le brillaron complacido.
-Pues tú sabes, viejo - me felicitó, dándome una palmada en la espalda, pero sin quitar su sonrisa burlona.
- ¿No crees que el curso de Medios de comunicación es importante, tú lo debes conocer?
-¡Pues!...sí, si –enfaticé dudoso, no lo había llevado en la otra universidad, pero por el título entendí que podría ser importante.
-¡Vamos! sigue a tus amigos y ayúdalos a no perder ese curso.
Me sentí comprometido, no quería hacerlo, no sabía cómo decirle que no. Sin embargo me llevó hasta el grupo.
Él es de su salón- gritó a un muchacho- colócate detrás de ellos. Al ver que todos me miraban, acepté y caminé junto a ellos, quise escapar, pero detrás, Orlando me observaba
-¡Arenga con tus manos compañero!, ¡levántalas!”- me decía y así lo hice. 
Me sentí tan tonto de caminar arengando y protestando por algo que desconocía, que me dio vergüenza y repudié a Orlando. No duró mucho mi caminata y cuando finalizó,  suspiré de alivio.  Nos llevaron a unas oficinas que habían sido tomadas, era nada menos que las salas del Decanato de la facultad de letras. Cuando entré, vi unos colchones tirados en el suelo con frazadas desordenadas y restos de comida. Todos se saludaron, al parecer ya se conocían,  y hablaban de hacer un inventario con todas las cosas del Decanato. Mientras dialogaban, miré a una chica de unos 19 a 20 años
(continuará...) 

miércoles, 10 de mayo de 2017

EL BLINDAJE












No sé cuándo, a qué hora, ni en qué lugar, se logró una negociación, pero el chino jugó la primera carta y logró una reunión con Vincent, debido a que el grupo insistía en saber, si saldrían jalados en el curso del profesor. El chino necesitaba conocer los planes de Vincent, hurgar en su mente, sabía de negociaciones y podía hacerlo, aún quedando él descubierto, fue una reunión acalorada donde se buscó decir las cosas como son y no al manipuleo, necesitaba  información.
Vincent actuó sin protocolos y lo trató despectivamente como un profesor a un alumno, su estrategia amenazar, inquietar y provocar pánico, obligando al enemigo a huir, sin pelear, era un método que le había resultado hasta entonces, sólo que no intuyó que el chino buscaba eso, ser amedrentado y mostrar un cínico enfrentamiento contra él, obligando a su ego vapuleado salir a pelear con todas las baterías posibles.
- ¡Compañero!
– le dijo Vincent enojado- crees que no sé qué pretendes.
- ¡Sí! ¿Qué? – Preguntó el chino – provocando más ira en Vincent, porque parecía retarlo
- Si vas por el camino que pienso que vas – le dijo, el profesor con algunas evasivas- vas a lograr que esos amigos que te respaldan, huyan de ti
El chino lo escuchó y temió por su grupo, sin embargo tenía que provocarlo más para saber quién era el objetivo.
-Ellos están protegidos- lo miró directo a los ojos, esperando una reacción.
Vincent frunció el cejo y sus ojos se inyectaron de rabia
-¡Hay una mujer en tu grupo!- sonrió sarcásticamente y se levantó de la mesa, sonriendo como si hubiese ganado la confrontación. El chino contuvo el aliento y soltó el aire, apenas lo vio alejarse.
- Lo temía- pensó - por ella quiere empezar a atacarnos, pero, ¿cómo? Debo buscar la forma de blindarla.
Es por eso que el chino, desapareció tantos días, había decidido proteger a Jael y a todo el grupo permitiendo que ella sea el nexo, emparejandose  con Nixon.
Fue la primera vez que lo vi tan ofuscado, que hasta los labios le temblaban al contar lo sucedido. Se sacó los lentes y dejó ver sus ojos rasgados, que ahora lucían languidecientes. Limpió las lunas y se las puso otra vez. Al final de su narración, un poco más calmado dijo.
- ¡Esos tipos no se les debe dar la espalda porque te golpean, para ellos el que pega primero, es el que siempre gana. Ellos deben pensar que los golpeamos  con Charito y necesitamos saber qué tipo de revancha  buscan.
¡Ya Chino! -le dije, atemorizado  – en ningún momento intenté golpear a Vincent a través de Charito, aún más, ni siquiera lo planifique, no quiero sentirme culpable de nada. Mi propósito es de estudiar y no pelear.
-¡Tu no comprendes nada, todavía!- me cortó el chino y bajó la voz - No estamos tratando con gente normal, son Fachos violentos. Si tú quieres estudiar tranquilo tienes que derrotarlos.
-Pero, como te repito no es mi intención entrar en una guerra- interrumpí.
-¿No?, ¡pero, ya estás!, desde el momento que aspiras a ser un profesional! porque si los fachos ganan, el MRTA y Sendero también ganan y la universidad se va al carajo y tú con ella.
- ¡Okey,.. Chino! entiendo- bajé la cabeza.
-¡Nada!.. –Alzó más la voz, ofuscado - debemos actuar con inteligencia adelantarnos a todo lo que ellos quieran hacer. El objetivo ahora  son ustedes, porque creen que aún son independientes, y por lo tanto presa fácil para devorar. Con la movida que hice, evaluarán  arremeter en su contra, sopesarán sí es bueno enfrentarse a la gente de izquierda unida.
-¿Qué pasa?- le increpé - ¿ahora somos de izquierda unida?
- ¡Tu sabes que no!- me miró sarcástico- simplemente adoptamos una bandera para protegernos. El día que estén preparados ustedes sabrán con convicción a donde ir.
Ahora, no sé si atacará por las notas o por otras circunstancias, lo cierto es que debemos cuidarnos entre nosotros, por ejemplo variamos nuestros horarios de llegada, no entramos por la misma puerta de la universidad, no debemos ir al mismo paradero, así evitamos que nos embosquen y nos den una paliza. Procuremos estar juntos
-¡Ustedes son mi gente! – nos miró fijamente- cada uno es importante, recuérdenlo. No los abandonaré a su suerte, ¡jamás!

(Continuará...)

martes, 25 de abril de 2017

El arma secreta: "El pacto"












- Este Chino, algo se trae con Nixon- dijo Horacio- lo que no entiendo es qué hace la flaca metida allí. Se rascaba la cabeza  mientras me contaba que los había visto comiendo juntos  a la hora de salida. Yo tampoco lo sabía, pero si venía de él es porque algo de gran envergadura pasaría.
El chino desapareció varios días, hasta que después reapareció  sonriendo.
- ¡Hola todos!- dijo- traigo novedades, se acercó a mí y sin ningún preámbulo me preguntó:
-¿Tú qué harías si te comprometes con una chica del centro federado o del tercio?
-¿Por qué  me preguntas esas cosas? – le respondí, confuso.
-¡No te das cuenta!- replicó – la cantidad de posibilidades que tendría esa persona, sería capaz de entrar en el circulo del Decano y hasta del mismo Rector de la universidad y si es hábil se valdría de estas amistades para presentar  proyectos a instituciones extranjeras y llenarse los bolsillos con miles de dólares. Existirían posibilidades de trabajo en la misma universidad. Tu visión del mundo se expandirá y dejaría de ser achatada.
-¿De quién hablas?  - le pregunté intrigado e inmediatamente pensé en Jael y Nixon,
- ¡No!-  me dije, esas cosas no suceden tan rápido. El chino rebosaba de felicidad, su rostro estaba totalmente cambiado y callé, esperando que me de más información.
-¿Cómo que de quién hablo?- interrumpió mi meditación- ¡Hablo de ti!, empezó a reírse. No quiso responder e inteligente evadió todas mis preguntas, dejándome con las ganas de averiguar, si mis suposiciones eran ciertas. El chino, se volvió más desconcertante, ¿jugaría con los sentimientos de las personas?, ¿utilizaría a Jael?, ¿lograría sus mezquinos propósitos? Supe que algo había pactado, pero no me imaginaba qué. Todo para él siempre fue pactar, así le enseñaron, recibió entrenamiento especial para saber pactar bajo presión, así entró a la universidad, preparado para un fin que requería de tácticas, maniobras, pactos y posiblemente riesgos de perder la propia vida,  sino, no hubiesen mandado a un estratega de lo más alto, como diría más adelante  Fernando, un activista de izquierda
-Si no haces un pacto- me decía el chino en casi todas las reuniones - no lograrás nada en esta vida y tienes que saber hacerlo, debes manejar la situación siempre y contar con un "as" en la manga. Además debes tener un plan de contingencia, por si sale mal la transacción.
Cuantas veces Jael se burlaba de él, tachandolo de ver muchas películas de espías, sin embargo él impávido seguía afirmando.
-La CIA es especialista en pactos - nos decía mirándonos fijamente, en nuestras pequeñas reuniones- ¿por qué creen que tiene tanta injerencia en diversos países?
-¡Pactos!- respondía, exaltado y muy resuelto - esos gringos invierten en candidatos de acuerdo a sus propósitos a cambio de un servilismo incondicional. ¡Pronto aprenderán a hacer pactos y serán los mejores!
Todos callamos, hasta Jael porque entendimos que sus palabras eran ciertas y su juicio era tan  lógico, que atemorizaba.
El chino no era un ciudadano normal, antes de hablar ya tenía esquematizado  sus diálogos por eso para él, escalar posiciones, era todo y siempre menospreció al amor, pues era manipulación; Cualquier sentimiento para él estaba en un segundo plano y  lo fundamental era buscar el poder, sin importar cómo lo haces; Valiéndose de amistades, posiblemente adulando fingiendo y mintiendo. Esa tarde traté de hilar conjeturas, pero preferí escuchar la versión del Chino, pero está nunca llegó hasta que todo fue consumado.

(continuará...Próximo capítulo: "Un pacto con Vincent")


martes, 11 de abril de 2017

EL N.N. DE LA ESCUELA

Nixon Nores

A la mañana siguiente Jael llegó completamente desconocida a clases. Parecía una mujer, bueno era mujer pero otra, muy atractiva. En casa había dejado sus jeans y zapatillas para cambiarlos por falda y zapatos de taco. Desde el momento que entró no cesaron los silbidos. La miré de pies a cabeza, no parecía nuestra amiga Jael. 
-¡Oye!- me codeó Horacio- ¡que buenas piernas tenía la flaca!
El curita embelesado se puso en pie y dijo galantemente: “Pues hombre que si así me la mostráis, yo tiro la sotana”
-Ya siéntate chato – le jaló del brazo, Horacio y ambos se sentaron celebrando sus ocurrencias.
El chino, no acostumbrado a los galanteos,  se  sacó sus anteojos, los limpió, se los volvió a poner y mirando fijamente a Jael, la cogió de los hombros. Ella lo miró sorprendida  y él le dijo: ¡Estas muy bonita! Y la soltó abruptamente.
El curita que estaba detrás, observando todo atentamente, se le acercó al oído.
-Mujer estás matadora, ¡Olee! – exclamó sonriente.
Jael rompió en risa – ¡Calma, calma muchachos no se me desesperen!
Esa misma mañana en el intercambio de horas se presentó un personaje que quedaría grabado en la memoria, no sólo del salón, sino de toda la escuela de Comunicación. Era Nixon... Nixon Noris, el estudiante más conocido y mentado en toda la escuela. Su nombre vejado y vapuleado, aparecía en todos los periódicos murales, en la pintas de la paredes de la escuela y fuera de ella, y hasta en los baños. Muchos lo criticaban, pocos se abstenían. “Muerte al traidor de Nixon Noris” decían unas pintas en la entrada de la Escuela de Comunicación. Sin haberlo visto, ya lo conocía, bueno sólo las críticas de él.
Un escándalo ensordecedor de mucha gente, que gritaba en el pasillo, nos alertó de un evento inusual en la escuela,  era el famoso Nixon, estaba en la puerta tratando de entrar, contendiendo con algunos fachos apostados allí.  Todos los alumnos del salón fuimos testigos de cómo a empellones, obstaculizaban que él entre. Máximo como un gallito de pelea lo empujaba hacia fuera y Nixon con sus manos en alto, demostraba que él no era ningún agresor.
-¡Compañero creo que si creemos en la democracia debemos dejar que el salón decida si debemos o no entrar! - decía Nixon, mientras aguantaba pacientemente los empujones. 
-¡Te he dicho, que no!, ¿no entiendes?- decía Máximo atribuyéndose potestades que el salón no le había otorgado.
El chino alertado, corrió y se parapetó delante de toda la clase levantando en alto sus brazos, captando nuestra atención.
-¡El es miembro del Tercio estudiantil! – dijo, casi suplicante - y es un representante de la Facultad, ¿creo que debemos decidir si queremos escuchar o no a nuestros representantes?
Todos asentaron sus cabezas afirmativamente, menos Octavio y su  grupo. Eso impulsó para que el chino llamara a Máximo.
- ¡Oye delegado! -gritó – ¡el salón quiere votar!
Máximo, trastabilló desconcertado, volvió la mirada hacia el salón y observó al chino enfadado. No podía hacer nada. Era muy evidente que él estaba tomando decisiones propias, a nombre del salón. Se paró delante de todos con los ojos inyectados y los brazos cruzados, mirando con su rostro desencajado. No dijo nada, sólo respiró profundamente, había perdido piso.
- ¡Los que quieran que no entre el estudiante, que alcen la mano! - dijo y abruptamente levantó la suya, esperando quizás que con su actitud resuelta, el salón le siga, pero se equivocó, todos le dieron la espalda, esta vez,  porque votaron para que entre, ni siquiera los tres votos de sus amigos hicieron algún efecto, Al contrario al verse derrotados bajaron sus manos abochornados. Máximo desapareció, ante el júbilo de una veintena de alumnos que entraron, junto con Nixon. Habían rostros distintos, sonrientes, eran la gente de izquierda unida,  acompañando a su líder, que entró solemne sin sonreír, no llevaba ningún papel, ni apuntes, o consejeros que le indiquen sus temas a tratar.  Respiró profundo, saludó a todos y dio las gracias. Su rostro lucía sudoso y cansado.  Le calculé unos 25 años. No era muy alto, estaba casi al promedio de todos los estudiantes. Con su contextura delgada no aparentaba ser el “matón avezado” del que todos hablaban, al contrario, cuando empezó a hablar, uno de los alumnos levantó la mano.
-Disculpa compañero sin ánimo de ofender –dijo resueltamente-  te diré que hablas tan rápido que pareces una locomotora desbocada, y no entiendo nada.
Todos rieron y Nixon aceptó la broma sonriendo. Esa actitud ganó al salón, rompió el hielo, retomó su discurso otra vez y poco a poco empezó a correr de nuevo. Habló sobre las necesidades de la Escuela y los esfuerzos denodados en cubrirlos. No presentó ninguna bandera política, no satanizó a los fachos, por el contrario sólo dio un informe muy técnico de su trabajo como tercio Estudiantil.
- Pensé que se mandaría un rollo- me dijo Horacio sorprendido.
Recordé como el chino  loaba la capacidad de hablar, conceptualizando ideas, de manera rápida,  combinando conceptos y palabras al mismo tiempo, sin pausas, como una computadora con mucha información. Arturo, era para él  un vivo ejemplo, pero al verlo a Nixon seguro que se quedaría sorprendido porque la  capacidad de él  era impresionante. Lo busqué, quería ver su expresión. Estaba adelante, sentado atendiendo, boquiabierto. Presentí que ya lo conocía, la forma tan intrépida de actuar, desafiando al delegado y provocando una reacción del salón, no podía ser  espontánea, tenía que existir algo más, quizás la visita al salón había sido prevista, así como la  estrategia para vencer al delegado, usando al salón
-Nixon actuó sabiamente -me dijo después el chino- no se dejó provocar por el facho de Máximo, ni siquiera  respondió sus empujones. Ese fue un punto a su favor para que el salón se compadeciera y le permita entrar. Ahora ya entramos en campaña y estableció  claramente que el pertenece a un grupo  que trabaja y no  a uno bullicioso e infantil como los Fachos. Mis suposiciones fueron confirmadas, Todo había sido planificado con la ayuda de el chino.

Era cierto las elecciones habían llegado a  la Escuela y el chino poco a poco se descubrió como un miembro de una facción política de la universidad,  aunque en un principio no sabía a cual, pero ahora sí lo sabía. Muchas veces, después de esa mañana lo vi dialogando con Nixon, en el patio de Letras y Jael siempre  los acompañaba, algo tramaban.
(continuará...)