La clase siguiente Vincent dejó
sus acostumbradas charlas y con mucha seriedad, casi solemnidad, indicó que
había nombrado coordinadores para cada grupo; Mencionó varios nombres pero,
sólo uno despertó mi interés era: “Charo” a la que vi muchas veces con el grupo
de Rolando y recordé sus ojos tibios y serenos. Reviví esa misma sensación que
tuve al verla por primera vez, que me causó atracción y desconcierto y que me
empujó a pararme en un estrado sin saber
nada. Era de una base más antigua. Pensé que para ser una coordinadora de
Vincent, tenía que ser muy capaz, quizás una chica inalcanzable,
posiblemente de esas aprendices de
intelectual como las que había en San Marcos, sin sentimientos pegadas a la
letra, pero Charo no parecía. Lo único que me molestaba era que la había visto abrazada con un muchacho de una base más antigua, un viejo, que a todas luces era su enamorado, además que estaba en el
grupo de Orlando , a quien le tuve animadversión por lo sucedido en el patio de
letras. ¡Charo, no! me decía a mí mismo, ella es especial como una flor en
medio de la mala hierba. Aquella mañana el destino lo quiso así, ella era la
coordinadora de nuestro grupo y tuve que aceptarlo.
La siguiente mañana se presentó
ante el grupo. Entró con una sonrisa contagiante su pelo castaño y tez blanca rosácea que combinaba con el vestido rojo que lucía, ceñido al cuerpo, cubriéndole hasta
las rodillas. Todos se deslumbraron al verla, su figura bien delineada
combinaba con sus pantorrillas hasta los pies de forma perfecta. Estaba
encantadora.
-Charito- dijo el curita, casi
susurrando – no te vistas así, que despiertas al toro.
Todos rompieron el hielo con una
sonrisa. Por fortuna no escuchó, desconcertada, atinó también a sonreír,
levantó las manos en señal de desconcierto y buscó un asiento junto a la única
mujer que había en el grupo: Mirna.
-Bueno chicos - dijo ella- ya
saben que nuestro tema es sobre corrientes estructuralistas y funcionalistas,
¿alguien de ustedes ha leído algo sobre ellos?
Ninguno del grupo pudo
responderle, nos quedamos sorprendidos, al menos yo pensaba que nos daría una
charla preliminar sobre el tema. La observé detenidamente para saber si
recordaba o no mi rostro, pero no me miró en ningún momento.
El Curita mientras tanto, se puso de pie. Desde que entró Charo, lo noté bastante inquieto y aprovechó la
oportunidad para darse a conocer ante ella.
-Mire señorita, me disculpas, no
se tu nombre - sonrió, causando hilaridad en el grupo. Volteó hacia nosotros
levantando los hombros como si nos explicara que realmente no lo sabía.
-¡Charo! - interrumpió ella esbozando una sonrisa.
Bueno Charito – lo dijo tan suave
y pícaramente que nos hizo reír- aquí nadie se ha preparado para disertar, muy
por el contrario, esperábamos que seas tú quien nos ilumines con tus
conocimientos, porque se supone que esa es tu responsabilidad.
Poco a poco su rostro se desencajó
y enrojeció. Estaba incomoda.
Miren chicos –dijo
diplomáticamente – todo lo que ustedes lean, lo vamos a discutir aquí y todo su
aprendizaje yo lo evaluaré, así que la próxima reunión quiero que todos lean
sobre las teorías norteamericanas del libro del profesor Vincent. Nadie
protestó, ni hicieron bromas, porque notaron cierto enfado en sus palabras ya
no tan suaves, sino más bien, diría, con autoridad.







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