
AMIGOS POR SIEMPRE
El sol se ocultaba y una languideciente luz caía sobre el piso .A la distancia observaba de rato en rato el horizonte, los rayos del sol palidecían, ensombrecidos por una capa gruesa de neblina y un fuerte
viento del oeste sacudía todas las banderolas de la ciudad universitaria . Quién lo diría, allí estábamos discutiendo, sobre Cortázar, Unamuno, María Arguedas, y tantos escritores, delirando sobre la vida, conceptualizando nuestra sociedad, deseando escribir sin haber vivido. Que entretenidas eran esas charlas, me sentía realizado, hablando sobre ellos. Mi búsqueda de la sabiduría quedaba satisfecha en esas conversaciones. Tanto así, que leí muchas obras con la única finalidad de discutirlas después. No sé cuánto tiempo, creo que fueron meses, que todas las propinas se invirtieron en novelas. Así conocí a muchos novelistas y me convertí en un lector fanático que no deseaba ver televisión, sino sólo leer.
Las
noches frías en la ciudad universitaria nos obligó a refugiarnos en los cafetines. Nuestro favorito era “Vanesa”, un
snack bar situado a la salida de la facultad. Una de esas noches frías Alejandro
invitó los cafés, Horacio mientras se sentaba dijo: Entonces yo los pago. Sacó
su billetera, la abrió, miró y la volvió a embolsillar.
-¡Mejor paga la cuenta
Alejandrito!- dijo sonrojado – tu sabes que los chinitos tienen plata, levantó
las manos disculpándose, mientras me miraba y se acomodaba el cabello, hacia atrás. Todos
soltamos una carcajada.
Desde aquella noche tomar un
cafecito caliente se volvió una costumbre, Alejandro poco a poco dejó de ser el
muchacho serio y poco comunicativo. Siempre empezábamos hablando sobre mi tema
favorito:"escritores y novelas" y terminábamos hablando de Vincent, de quien el chino
expresaba abiertamente su desacuerdo.
El piensa que ha descubierto la
pólvora, esa mentira es más ingenua, si
desde la década del sesenta se habla de manipulación e imperialismo ¿Qué es lo
novedoso? Son ideas obsoletas y sediciosas.
-¡Shhh, Chino no alces la voz!- le dije.
-¡No
seas miedoso! -replicó- ¡no te das cuenta
que Vincent le hace el juego a Sendero, basta que adoctrine con esas ideas a
los cachimbos para crear terroristas potenciales!
Jael que ya se había unido al
grupo soltó una sonrisa.
-Por favor chinito, chinito -se acercó y lo
abrazó, tus ves demasiadas películas de espías. Alejandro desconcertado, no
sabía si zafarse de ella o dejarse
apabullar por el abrazo. Optó por sonreír y callar.
Yo sólo lo miré, no atiné en
decir palabra, estaba ofendido. No era un miedoso, creo, sí, muy precavido
o era que él había tocado justo en una llaga, que nadie quería curar, un miedo conveniente que envolvió a alumnos y catedráticos, respetados por siglos, que aceptaron y callaron, involucrándose en mafias, corrupción, violencia y terrorismo. Un pozo sin salida, sin esperanza.
En las siguientes reuniones las
discusiones con Charo se volvieron más candentes. Parecía un interrogatorio
donde ella era la acusada. No tenía ningún argumento ante las arremetidas de
Alejandro, quien no dejaba de cuestionarla. Esto dio pie para que los
discípulos de Vincent empezaran a hablar mal, no sólo de Alejandro, sino de
todo el grupo apodándonos los
alternativos. El salón completo tildó a Charito de víctima y a los
alternativos de agresores. No tardó mucho en pronunciarse el profesor, una
mañana de mucha llovizna tocó el tema, pero sin ser muy evidente.
- A propósito de ideas
alternativas, en mi clase no enseño esas
cosas y aquí sólo aprueban los que dominan mis enseñanzas. El chino y todos los
del grupo nos miramos. Ese momento me ofusqué, me causó tanta rabia y
peor aún, nadie protestó por el amordazamiento todos estaban de acuerdo. Tenían
una complicidad casi suicida. Sin embargo reparé que hasta hace un mes atrás,
tampoco hubiera dicho nada y que todo lo hubiese aceptado sumisamente. ¿Qué me
estaba pasando? ¿Acaso las continuas polémicas de clase y fuera de clase me
estaban abriendo los ojos, hasta ver las cosas como en realidad eran?.
Cuando salí de clases caminé
mucho, pues eso me gustaba hacer cada vez que estaba preocupado. Llegué al estadio y subí hasta la parte más alta, a la torre. Divisé todas las facultades
de la ciudad universitaria y como las luces se apagaban una a una, hasta quedar en oscuridad. No
recuerdo cuanto tiempo pasó, pero eran más de las once de la noche y cuando me retiraba, escuché que me llamaban desde unos asientos de la tribuna. Eran los alternativos no sé cómo
me vieron, me alegró verlos. Tenían un jarrón de damajuana, una
botella de coca cola y unos vasos descartables, al parecer llevaban ya mucho
rato bebiendo.
-¡Para salir del frío! – dijo
Horacio, mientras me servía un vaso del combinado.
Allí también estaba Jael
sonriendo de todo, bien abrazada del chino Alejandro.
-¡De todas las cosas locas que
hago, esta es la peor, venir a tomar con unos pollos! -dijo, mirando a Horacio.
El inmediatamente le respondió.
-¿Qué tienes mujer? , si quieres
hacemos un mano a mano a ver quién cae
-¡No!, gracias para mi es suficiente
-¡Ya ves cómo te chupas!.
-¡Ay por
favor!, a ver chinito, chinito, defiéndeme
por favor
Acurrucándose y abrazando al
chino este le miró.
-Bueno yo -sonrió. La tomó de los
hombros y mirándola fijamente le dijo- ¡Defiéndete sola!. Todos festejamos la
ocurrente salida del chino.
-¡Ay no por favor, por favor, no
seas malito! -replicó Jael y se acurrucó más a él.
El chino miró su reloj y
sorprendido dijo
-¡Uy carambas!, es tarde en mi
casa ya me habrán trancado la puerta.
Horacio viéndome parado,
tiritando de frío me dijo
-Toma pues cholo para que entres
en calor y nos vamos.
-¡Claro! -le respondí - pero que
te parece si lo voy tomando en el camino
y ¡Vámonos! , ¡ya es tarde!.






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