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lunes, 19 de noviembre de 2018

LA BELLA DESCONOCIDA

Mientras dialogaban, observé detenidamente a una chica que despertó mi interés, no sólo por su bello rostro, sino porque hablaba resueltamente con todos, como una líder, incluso Rolando se dirigía a ella con mucho respeto.
-Pero, ¿quién es?- me pregunté cautivado y deduje que tendría entre 19 a 20 años aproximadamente, de rostro dulce, ovalado, ojos redondos de color canela y cabello castaño. Aparentemente frágil, de mirada esquiva, quizás tímida. La contemplé embelesado, sin darme cuenta que la había perturbado, porque como dice aquella frase: “tanto miras a alguien, que termina mirándote” y así fue, hasta que cruzamos nuestras miradas. Sentí que se inquietó, y de rato en rato me buscaba. De pronto Orlando interrumpió abruptamente ese intercambio de miradas, me tomó del brazo y me jaló.
-Vamos a iniciar un debate en el patio de letras - dijo, jalándome - ven y representa a tu base y di que esos cursos no deberían anularse.
-¡Pero yo…no sé nada! ¿Qué  digo?
-¡Sólo eso y ya!
Ese momento, sentí todas las miradas en mí, hasta la de aquella muchacha de rostro ovalado, que ahora sí me miraba insistentemente y entonces supe que no podía negarme, porque era la única oportunidad, para que ella me conociera, aunque no niego que me sentí extraño dentro de aquel ambiente.
-¿Qué hacía yo allí?-pensé, nunca había hecho algo parecido, pues siempre me gustó mantenerme en el anonimato y en un abrir y cerrar de ojos, me convertí en el centro de atención. Fui llevado por un grupo de muchachos hacia el centro del patio y me hicieron subir a un pequeño tabladillo que habían instalado. Por un momento dudé y quise bajarme, y escapar, pero al verme arriba delante de todos, sólo respiré profundamente. 
-Aquí está un ingresante que tiene algo que decirnos – dijo un muchacho que servía como moderador- tiene la palabra compañero. 
A mi alrededor había como unos cincuenta estudiantes que me miraban y no parecían amistosos
-¡Bueno yo!... –titubeé por un momento,  sentí que mis piernas flaqueaban, y no podía pasar la saliva. Mi pulso estaba acelerado y mis labios temblaban.
-Vengo de otra universidad de comunicación y… sé que estos cursos son importantes. 
-¡Calla!, ¡calla la boca!-escuché entre el gentío
- Este no sabe nada de nuestra realidad, su opinión no vale en este debate- gritó un muchacho que salió al frente agitando sus brazos con mucha vehemencia, señalándome y descalificándome.
- ¡Es un cachimbo! ¿Cómo traen a un cachimbo a disertar, se están burlando de nosotros?-exclamó dirigiéndose a todos y una parte del grupo empezó a protestar levantando sus manos, vociferando:
- ¡No tienen argumentos, pues usan a los cachimbos... son unos manipuladores!
Comenzaron a empujarse entre ellos y a forcejear querían llegar al tabladillo 
 De un jalón, estuve abajo, Willy me había sacado antes de que me linchen. Su actitud estratégica, para mí fue compasiva y acertada, a pesar de que Orlando quería dejarme como carne de cañón. 
Esa noche, recordé los rostros enardecidos y los gritos desesperados de gente que no conocía. Supe entonces, que había entrado por la puerta falsa, dejándome llevar como un corderito, hasta hacer el más completo ridículo. Me alejé de todos y caminé por los pasadizos de la Facultad  que lucía vacía. Pero aún escuchaba las voces.
- “¡Estúpido cachimbo!, ¡no sabe nada!,¡manipulado!”.  
 Me senté  en las escaleras de la Puerta de letras. No había nadie y recordé a esa muchacha que no despegó su ojos de mi, todos esos momentos y eso me confortó, cambiando toda la escena ridícula en una acción intrépida, tan solo por el intenso deseo de conocer a esa desconocida que me intrigaba y hacía que realizará las cosas más increíbles.
(continuará)


viernes, 26 de octubre de 2018

CAPITULO I "Un estúpido cachimbo"


Recuerdo el primer día que llegué a la universidad un  humo denso, inundaba el bosque de letras, arrastrando vestigios de gas  lacrimógeno, irritando mis ojos, obligándome a huir presuroso. Muchos alumnos corrían de un lado para otro, evitándolo. Yo también lo hice, hasta que llegué al patio de la Facultad, allí una columna de banderas me estorbó el paso y me detuve a observar las paredes, parecían murales, llenas de letras que daban vivas a diferentes  partidos. Crucé  Pizarrones, que invitaban a votar, pero el lugar estaba vacío,  no había gente, habían huido,  la fiesta electoral terminó abruptamente, por una feroz intervención policial.
Subí unas escaleras hasta el tercer piso, todo estaba en calma, no había ruidos. Sólo algunas carpetas malogradas estorbando el paso. Pasé por una gran reja, semiabierta, caminé hacia el fondo, hasta que llegué a una puerta que  tenía un cartelito: “Centro de Estudiantes de la Escuela de Comunicación Social”. Miré por la ranura de unas bisagras y salió un muchacho fornido como de unos 30 años, quien al verme se inquietó, pero no se amilanó.
¿Si? - preguntó  algo inquieto- ¿Qué deseas?
Lo miré y me presenté como ingresante e inmediatamente su rostro cambió, esbozando una suave sonrisa.
¡Ah, ya veo!- me dijo- Yo soy Willy, secretario del Centro de Estudiantes de Comunicación Social o CECOS.
Se acercó y estrechó mi mano.
-¿Quisiera saber cuándo empiezan las clases para los ingresantes?- le pregunté. 
- ¡Conque cachimbo!- sonrió forzadamente- ¡felicitaciones!.
Fue el primero que me dio la bienvenida. No habló mucho, casi solemne, con su rostro parco, alcanzó a decirme que los de mi base se iban a reunir y que era imprescindible que estuviera presente. Inmediatamente pensé en una fiesta de bienvenida de cachimbos y me alegró la iniciativa. Entusiasmado hurgué entre los periódicos murales, buscaba algún cartel de bienvenida, pero nada, ni una  nota de convocatoria a reunión.
-¿Qué raro? - pensé- porqué no hay un solo mensaje que cite a reunión. 
Al día siguiente, casi al atardecer retorné a la universidad y reconocí a Willy, estaba entre un grupo de alumnos, me acerqué y le saludé dándole la mano, pero ahora él estaba algo esquivo, no me dio tiempo de conversar y sólo gritaba ansioso.
-¡Los de tu base van a marchar, acompáñalos! – Me dijo – ellos son, alcánzalos. Señaló a un pequeño grupo que subía por la rampa del patio de letras, cargando unas banderolas.
-¿Qué?,  ¿A dónde van?- pregunté confundido.
-Protestan porque les quieren quitar cursos imprescindibles para la carrera- me recalcó, algo huidizo.
-¡Orlando, ven! – Llamó a otro que estaba en el grupo - explícale lo que vamos a hacer. Él se acercó, aparentaba más edad que Willy, tenía un bigote al estilo mejicano, patillas largas y un cabello  greñudo y largo. Apenas llegó, comenzó a hacerme preguntas.
-¿Con que eres cachimbo? -me preguntó  sonriendo irónicamente.
Observé su rostro grasoso, y el cuello de su camisa completamente empapado de sudor. No me
extendió la mano como Willy, y no miraba de frente.
Su desdén, cambió cuando me preguntó si ya había estudiado en otra universidad y le respondí que venía de otra facultad de comunicación. Sus ojos le brillaron complacido.
-Pues tú sabes, viejo - me felicitó, dándome una palmada en la espalda, pero sin quitar su sonrisa burlona.
- ¿No crees que el curso de Medios de comunicación es importante, tú lo debes conocer?
-¡Pues!...sí, si –enfaticé dudoso, no lo había llevado en la otra universidad, pero por el título entendí que podría ser importante.
-¡Vamos! sigue a tus amigos y ayúdalos a no perder ese curso.
Me sentí comprometido, no quería hacerlo, no sabía cómo decirle que no. Sin embargo me llevó hasta el grupo.
Él es de su salón- gritó a un muchacho- colócate detrás de ellos. Al ver que todos me miraban, acepté y caminé junto a ellos, quise escapar, pero detrás, Orlando me observaba
-¡Arenga con tus manos compañero!, ¡levántalas!”- me decía y así lo hice. 
Me sentí tan tonto de caminar arengando y protestando por algo que desconocía, que me dio vergüenza y repudié a Orlando. No duró mucho mi caminata y cuando finalizó,  suspiré de alivio.  Nos llevaron a unas oficinas que habían sido tomadas, era nada menos que las salas del Decanato de la facultad de letras. Cuando entré, vi unos colchones tirados en el suelo con frazadas desordenadas y restos de comida. Todos se saludaron, al parecer ya se conocían,  y hablaban de hacer un inventario con todas las cosas del Decanato. Mientras dialogaban, miré a una chica de unos 19 a 20 años
(continuará...) 

miércoles, 7 de junio de 2017

LAS ELECCIONES





“La gente capaz siempre emigra, busca lo mejor. Aquí se quedan sólo los mediocres”, decían unos graffitis anónimos en los baños, centro de lamentaciones de aquellas voces silenciosas que abundaban en la universidad.
Aquel día nadie se imaginó lo que sucedería, ni siquiera Nixon que estaba al tanto de todos los movimientos de la universidad. Durante la mañana había demasiada tranquilidad, el chino sentado como personero de izquierda unida en una de las mesas de votación, controlaba pausadamente la veracidad de los votantes. Nixon rodeado de tres amigos que siempre lo acompañaban, no cesaba de visitar las mesas de toda la facultad. Como a la una y treinta, hora de la merienda, no había  muchos sufragantes y los pasadizos estaban casi vacíos. Los personeros de izquierda celebraban el triunfo parcial y descuidaron la vigilancia. Justo en ese instante, los Fachos, el sector más radical y violento que el profesor Vincent defendía, irrumpió violentamente, lanzando un grito ensordecedor como fieras salvajes llenaron en cuestión de segundos los pasadizos de la universidad. Cargaban palos, fierros, verduguillos y armas de corto alcance. Lanzaron petardos sincronizadamente en el frontis  de todas las facultades y el ruido ensordecedor estremeció las mesas de sufragio de la Universidad. Sin miramientos, ni consideración a las mujeres, las empujaron y golpearon, cogieron las ánforas y las rompieron, sacaron los votos y se los llevaron. Los que opusieron resistencia fueron golpeados. La consigna era destruirlo todo, sin importar cómo lo haces. El griterío, los petardos, el rechinar de lunas que se quebraban a pedazos alertó a los estudiantes de comunicación que una turba se acercaba, inmediatamente cerraron la puerta de fierro. Atrincherados en el tercer piso, sin enterarse de lo que sucedía escucharon silenciosamente los ruidos del exterior.
“¡Fraude, fraude, abajo las elecciones, los traidores morirán!” los chillidos de lunas quebradas seguían y de pronto empezaron los disparos. El chino por primera vez se vio en un dilema, si salir o quedarse atrincherado en la escuela. Los personeros de los fachos estaban muy inquietos y pugnaban para que la reja se abra, pero Nixon sabía que estaba en mayoría y los mandó a callar. Al poco rato apareció Willy, sudoroso clamando que le abran la puerta.
-¡Abran la reja por favor, me quieren matar! ¡Abran, abran!
-¿Quién te quiere matar?- preguntó Nixon, desconfiado.
-¡Los de izquierda unida!- respondió astutamente
-Abran, abran hay que demostrar humanidad , gritaron los fachos que estaban como
personeros dentro de la escuela
Nixon dudó, ya no escuchaba ningún ruido, ¿y si era verdad que los de izquierda  habían salido a defender las ánforas? Por eso los fachos se habían ido.
Willy afuera suplicaba, era raro verlo en esa situación, sabiendo que era uno de los matones y líder de los fachos. Nixon dudaba y sabía que todo dependería de él ahora. Sabía que algo no estaba bien, pero la presión era tan grande, que asintió la cabeza afirmativamente y la reja se abrió. El rostro de Willy cambió radicalmente y como un tigre sobre su presa se asió de la reja y empezó a gritar, lanzando patadas al que se le acercaba. Como diez muchachos empujaron la reja para cerrarla, pero él estaba tan bien parapetado que era imposible sacarlo.
-¡Vengan, vengan, suban a Comunicación la reja está abierta! - gritó con todas sus fuerzas y un murmullo empezó a escucharse, hasta transformarse en un griterío ensordecedor y cientos de muchachos con sus rostros tapados entraron golpeando al que se le oponía  en el camino. A punta de patadas abrieron las puertas de los salones, buscaron las ánforas que estaban ocultas y las rompieron. El chino miró impávido como  destruían todo. Después de unos minutos, los vándalos desaparecieron confundiéndose entre la humareda y los estudiantes.
Cuando llegué la densa humareda me dio un mal presentimiento, era idéntica a la que vi cuando por primera vez pisé esta universidad. Apresuré los pasos y distinguí a Horacio dirigiéndose a la Escuela, quien al notar mi presencia volteó.
-Creo que la fiesta se acabó- me dijo desconcertado.
 -¿Por qué?- le pregunté
- ¡Acá ocurrió una batalla!
Ese momento me imaginé lo peor, pensé en Jael y no quise preocuparme por el chino por lo que hizo, pero no podía dejar que lo maltraten. Cuando llegamos encontramos a un grupo de estudiantes que conversaban soslayadamente a un costado de la escalera, haciendo silencio, cuando sintieron nuestra presencia. Sus rostros palidecían de  susto. De entre ellos, salió la figura pequeña y regordeta de el chino, quien frotando sus lentes con una franela, sonrió, forzadamente.
-¡Los fachos acabaron la fiesta- nos dijo desalentado- nos han dado un golpe mortal. Si se convoca a elecciones la próxima vez, ¡ganarán! ¡ustedes saben, el que golpea primero, gana!. Hemos perdido y Vincent tendrá el tercio de la facultad.
Horacio y yo sentimos tanta  impotencia.
-Tenemos que reunir a la gente y salir a descobrarnos, esto no puede quedar así-dijo Horacio envalentonado- ¡A esta gente hay que matarla!
Miré a Horacio, respiraba demasiada rabia, las palabras del chino calaron tanto que terminaron por arrastrarlo a él en esa vorágine de violencia. Yo sólo bajé la mirada y meneé negativamente la cabeza. El chino que seguía con atención cada gesto mío, gritó:
-¡Tu no aceptas!, aún no comprendes lo que significa defender algo que es tuyo. No escuchaste a los empresarios como dicen: “¡O eres tigre o eres presa!”. Horacio tiene razón, si no contestamos perdemos la universidad y Vincent ganará.
De pronto, una detonación estrepitosa de un petardo, rompió otra vez la calma y cientos de voces gritaron: “¡IZQUIERDA UNIDA VENCERÁ, MUERTE AL TRAIDOR USURPADOR, ESOS FACHOS DE MIERDA MORIRÁN!” Poco a poco aparecieron en una columna interminable, muchachos universitarios gritando en un solo coro, armados con palos, barretas de fierro y piedras  Entre ellos distinguí a Nixon que agitando las manos llamaba al chino.

-¡Te das cuenta! -gritó el chino- ¡si no respondes ellos creerán que tuvimos miedo y nos apabullarán. ¡Ahora salimos para demostrarles que seguimos en la pelea! Se dio media vuelta y corrió junto con Horacio para unirse a la manifestación. Nixon lo abrazó y se perdieron entre la multitud. Sólo  contemplé de lejos a los dos cómplices y recordé las palabras de Jael: “No sé ni porque lo acepté, si no lo quiero”. Ambos ahora se iban juntos  y supe que una guerra se había iniciado pero no  contra  los vándalos fachos, sino al interior de nosotros.

martes, 23 de mayo de 2017

El Noviazgo

Después de todos los exámenes la carga de trabajo disminuyó y la rutina diaria se desvaneció con la semana, previa a las elecciones. ¡La universidad estaba de fiesta!, Todos nos dispersamos, regresamos a casa, pero el chino, velaba, ya que por consejo de Nixon debíamos presentar no sólo un trabajo, sino una tesis bien argumentada a la que nadie pueda refutar, material que serviría, en caso de ser desaprobado para denunciar y abrir un juicio administrativo a Vincent.  Horacio y el curita se ausentaron y sólo quedamos Jael y yo,  desocupados, lo cual aprovechamos para caminar a donde se pueda. Le tenía tanta confianza, como si se tratara de un amigo varón con el que no ocurriría nada de malos entendidos. Charlabamos de todo y caminabamos abrazados hasta que una tarde.
-¡Me gustaría soñar! –dijo Jael.
-¿Qué? -Le pregunté.
-Que estamos casados y  paseamos como si tuviéramos muchísimo dinero que gastar y que la gente diga: ¡Señor, cómprele este vestido a su esposa! y que yo te tome de la mano y te diga querido ¡cómprame, cómprame!, ¡por favor! ¡por favor!
-¡Ay Jael qué cosas se, te ocurren!- le interrumpí
-Pero… ¡déjame soñar!
-Muy bien soñaremos, repliqué y cogidos de la mano, caminamos  a través de los ambulantes, pasamos entre los mendigos, los vendedores de estampitas y de todo el griterío de gente que deambulaba por la avenida Tacna, como si quisiéramos olvidar nuestra agobiante realidad. No quería pensar mal de las palabras de Jael y no quería arruinar una buena amistad, además era Jael, no…. ¡no!, ¡eso es imposible!.
Era un miércoles que nos despedimos quedando en encontrarnos al día siguiente, pero no regresé hasta la próxima semana. Durante esos días, sucedieron hechos inimaginables. Nixon encontró a un chino desaliñado, sin afeitar y se acercó a él.
-Hermano, le dijo y lo abrazó -Te he buscado peor que una enamorada, ¡felicítame!
-¿Por qué?,  le interrogó el chino
-¡Porque soy el hombre más feliz!, ¡lo conseguí! y tú has sido un buen amigo.
No necesitó más explicaciones, el chino comprendió que se trataba de Jael y pensó ya está consumado y ahora sólo queda esperar los resultados.
-A propósito amigo- agregó Nixon-  necesitamos un personero para la Base  83 y yo he pensado en ti para ese puesto. Al ver que el chino titubeaba se adelantó y lo abrazó. No te preocupes de nada, le dijo y caminaron por el pasadizo de Letras.
El día que llegué a la universidad encontré a Jael sentada en unos de los bancos del patio de letras. Estaba inquieta mirando para uno y otro lado, ojeando su reloj y zapateando levemente el piso con el pie izquierdo. Al ver que me acercaba sonrió, pero sus ojos languidecían de mucha tristeza.
-¿Qué pasó? -me dijo – ¡los muertos han resucitado!
Me acerqué sin responder para darle un beso en la mejilla y ella como si estuviera apesadumbrada inclinó su rostro y bajó la mirada.
-Tú no sabes cuánto, pero cuánto he necesitado de todo el grupo esta semana, me sentí sola, muy triste y desamparada
-¡Pero Jael! –interrumpí algo confundido - ¿Qué te ha sucedido?
Tú sabes que los amigos se necesitan y se buscan para todo. Ni tú, ni los chicos, nadie ha venido a la Escuela.
Me quise sentar junto a ella, pero inmediatamente miró para todos lados. Abrió más que nunca los ojos, palideció y se levantó. Parecía que se escondía de alguien.
-¿Esperas a alguien? -pregunté por inercia, sin desearlo saber.
-Sí, pero no es importante, ¿vamos a caminar?
-¡Vamos! -le respondí. Quise cogerle de la mano pero me la soltó. Algo le sucedía, no actuaba como de costumbre y además ¿a quién esperaba?,  al parecer la había dejado plantada. Sin más preguntas salimos de la ciudad  universitaria y subimos al bus “el cocharcas” que nos llevó hasta la final de la avenida Salaverry. Caminamos sin hablar y sin tocarnos. El sol iluminaba tenuemente y avisaba la llegada de la primavera. Los árboles frondosos e imponentes contagiaban de su frescura,las calles. Llegamos a una plazoleta desde donde se apreciaba al inmenso mar.
-¿Sabes?, ¡me siento feliz! –Rompió el silencio Jael, aunque, su voz se quebrantó, miró hacia el cielo, respiró profundamente y su rostro poco a poco decayó.
-¿Ves el cielo?- exclamó resuelta - nos dice cómo somos. Tú eres como el sol con su brillo constante, no importa si te quieren opacar siempre encontrarás un lugar por donde iluminar. En cambio yo soy como esa neblina frágil e inconsistente, llevada por los vientos de un lado para el otro, sin paradero, a veces firme tratando de absorberlo todo, pero incapaz de defenderse ante la arremetida de alguien más fuerte.
¿Sabías qué?- se le quebró la voz otra vez, sus ojos estaban llenos de lágrimas –  salí con un amigo la semana que se  ausentaron, me llevó a muchos lugares y en una de esas salidas se me declaró. Me tomó fuerte de los brazos y me besó. Yo le dije que no podía ser, que aún no estoy preparada, pero él insistió y ahora soy su enamorada. Hasta ahora no comprendo cómo fue que acepté. No siento nada por él.
No supe qué decirle, sólo recuerdo que  me sentí defraudado al contemplarla y me perturbó su debilidad e incapacidad de decir: “No”.
-¿Por qué es tan fácil que te sometan?, le pregunté con mucho tino, mientras sus ojos se movían desorbitados, buscando una razón.
-¿Quién es?- pregunté
-Nixon.., Nixon Nores
-¿Él?, pero ¿por qué?
¡No sé!, hay cosas en esta tierra que no tienen sentido, mi vida misma es un ejemplo, sufro y hago sufrir.
-¿Qué clase de respuesta es esa? – Exclamé algo ofuscado como si quisiera hacerle entrar en razón
-¡Dime!, ¿lo amas? – Busqué  su mirada y me evadió- Eso es el motivo por lo que las personas se unen.
-Te das cuenta tú sabes lo que quieres, ¡yo no! y  lo que hice, lo hice y se acabó.
-Es tu vida Jael, no la mía, ni la del resto. Debemos por encima de todos los deseos y ambiciones de terceros, buscar nuestra felicidad y si no lo quieres, simplemente decir,  ¡no!.
- ¡Yo no puedo!- concluyó soltando unas lágrimas.
- ¡Si!,  si lo puedes ¿acaso no te quieres?- la sostuve de sus manos y ella se soltó
-No, no voy a hablar más- levantó sus manos alterada- pensé que me comprenderías, eres como los demás.
¡Jael! – grité, buscando que entre en razón.
-Es mi vida y tengo que asumir mis actos- concluyó, se dio media vuelta y se alejó.

Continuará...


domingo, 20 de noviembre de 2016

Amigos por siempre 2: De la novela Misión Jericó.

continua :....
Los cuatro caminamos abrazados por el pasadizo de letras, tambaleándonos, riéndonos de cualquier cosa, con rumbo a la puerta principal de venezuela.  Al caminar frente a la facultad de economía percibí que la ciudad universitaria estaba completamente vacía.  Eran cerca de las doce de la noche y todos los pabellones lucían oscuros y silenciosos. Una densa neblina se apoderó poco a poco de los alicaídos postes de luz amarillenta. Solo nuestros gritos resonaban en la ciudad.
- ¡Oye! -dijo Horacio- ¿Vieron esa película la jaula de las locas? ¡Es la muerte!
-Ya cállate -le cortó Jael- no quiero saber nada de tus congéneres.
“Ja, ja, ja” todos rieron.
- ¡Congéneres! – repetía constantemente Horacio, mientras reía.
Al día siguiente, llegué tarde a las clases de Vincent, temeroso de ser amonestado frente a  todos, empujé la puerta lo más suave que pude y de soslayo vi los rostros ojerosos de mis amigos bostezando y quise reírme pero me aguanté, al escuchar los gritos de Vincent, que amenazaba a un alumno. Aproveché el desconcierto, entré y  me senté. El alumno tenía sus ojos inyectados y movía sus manos exageradamente.
- ¡Pero profesor, lo único que le objeto es que de acuerdo a las informaciones actuales, casi todos los países sudamericanos están optando por el sistema democrático, lo que significa que el modelo!.
¡Ya sé a dónde vas! - interrumpió Vincent -modelo cubano, pero para eso necesitas no sólo haber vivido en Cuba, sino también comprender cómo es que ese modelo permite que todos reciban educación
-Está bien -le respondió- no habré vivido en Cuba, pero si hablamos de índices de pobreza por individuo ese país tiene el primer lugar.
-Eso se debe a la política intervencionista de Estados Unidos -interrumpió el profesor.
-Bueno no voy a hablar de Estados Unidos, sino de lo que la gente quiere y muchos no quieren vivir en Cuba. Porque  la gente aspira a gobiernos democráticos.
- ¿Sabes qué?  -respondió- ¡A mí me importa un bledo lo que piense la masa, a mí me importa lo que piensan gente como tú, intelectuales que van a dirigir este país!
-Pero profesor, es la masa la que decide lo que quiere.
-No lo creo, la masa es indefensa, sin educación, sin proyectos, yo soy un Dios para ella.
Ja, ja, ja- todo el salón se carcajeó, mientras Vincent con los brazos en alto,  aparentando ser el todopoderoso sonrió complaciente.
¡Si!- dijo con sorna- yo los seduzco, los manipulo y los obligo a hacer lo que yo quiero.

-Profesor -interrumpió – ese pensamiento  es caudillista y caduco

-¡No es caduco y no me interrumpa más, para mi esta conversación terminó!.
-Pero…- dijo el alumno defraudado por la abrupta irrupción.
- Si no le gusta puede retirarse de la clase
Polo inmediatamente se puso en pie
¡Si se retira le aconsejo que ya no regrese!- Polo dudó - ¡Y si regresas atente a las consecuencias!
Polo  como así se llamaba este alumno sólo  sonrió y se sentó, suspiró y calló, aunque no dejó de menear negativamente  la cabeza.
Me causó simpatía y a la hora de salida me acerqué y detrás me siguió todo el grupo. Era un alumno a quien de tiempo en tiempo se lo veía en el salón.
¡Ese Vincent es un tirano!– dijo mientras guardaba sus cuadernos y libros en un portafolio de cuero negro, de esos que usan los altos ejecutivos.
-Es un problema ser profesor y estar encerrado en la universidad, sin salir e investigar lo que sucede afuera – sonrió Polo,  cogió fuertemente su maleta y empezó a caminar.
¡Bueno muchachos les invito a tomar un café para conocernos!

Cuando salimos por la puerta de letras, a la derecha había un pasaje lleno de restaurantes,  levantados con triplay y listones de madera, el único que  parecía apropiado, de material noble y piso de cemento era “El Vanessa”. Polo iba algo apurado contándonos sus anécdotas. 
Cuando trabajé en el canal nueve fui director de prensa, ¡una chambasa! que no duró mucho tiempo. Ya ven ahora estoy de vuelta por la Universidad.  Me separé de mi señora y me quedé en el aire. Mientras él hablaba noté su rostro duro, casi no sonreía y si lo hacía era para burlarse de alguien. No era tan alto, pero si en el promedio de todos los peruanos. Usaba chompa,  pantalón   y zapatos de vestir, no como el resto de Sanmarquinos, que andábamos en zapatillas y jeans. Su conversación era muy nostálgica,  anhelaba mucho progresar. Se ufanaba de trabajos bien remunerados y de altas jerarquías, aunque ahora estaba desempleado. Al despedirse dejó entrever que lograría lo que tanto anhelaba, caiga quien caiga. El chino que estaba atento a su conversación, lo miraba  analizando como siempre si había un doble mensaje. Tan popular se hizo esa actitud cuestionadora de Alejandro que siempre recurríamos a él para que nos explique determinadas  conversaciones y discursos de profesores. ¿Hasta qué punto parecían subjetividades?  No lo sé, pero sabía que eran muy convincentes, tanto así, que a veces no podíamos contradecirlo en determinados temas. Alejandro no lo permitía,  él no era muy dotado físicamente, usaba lentes gruesos  y su fisonomía no era atlética, más bien era bajito y regordete pero su talento de líder
era único.