martes, 23 de mayo de 2017

El Noviazgo

Después de todos los exámenes la carga de trabajo disminuyó y la rutina diaria se desvaneció con la semana, previa a las elecciones. ¡La universidad estaba de fiesta!, Todos nos dispersamos, regresamos a casa, pero el chino, velaba, ya que por consejo de Nixon debíamos presentar no sólo un trabajo, sino una tesis bien argumentada a la que nadie pueda refutar, material que serviría, en caso de ser desaprobado para denunciar y abrir un juicio administrativo a Vincent.  Horacio y el curita se ausentaron y sólo quedamos Jael y yo,  desocupados, lo cual aprovechamos para caminar a donde se pueda. Le tenía tanta confianza, como si se tratara de un amigo varón con el que no ocurriría nada de malos entendidos. Charlabamos de todo y caminabamos abrazados hasta que una tarde.
-¡Me gustaría soñar! –dijo Jael.
-¿Qué? -Le pregunté.
-Que estamos casados y  paseamos como si tuviéramos muchísimo dinero que gastar y que la gente diga: ¡Señor, cómprele este vestido a su esposa! y que yo te tome de la mano y te diga querido ¡cómprame, cómprame!, ¡por favor! ¡por favor!
-¡Ay Jael qué cosas se, te ocurren!- le interrumpí
-Pero… ¡déjame soñar!
-Muy bien soñaremos, repliqué y cogidos de la mano, caminamos  a través de los ambulantes, pasamos entre los mendigos, los vendedores de estampitas y de todo el griterío de gente que deambulaba por la avenida Tacna, como si quisiéramos olvidar nuestra agobiante realidad. No quería pensar mal de las palabras de Jael y no quería arruinar una buena amistad, además era Jael, no…. ¡no!, ¡eso es imposible!.
Era un miércoles que nos despedimos quedando en encontrarnos al día siguiente, pero no regresé hasta la próxima semana. Durante esos días, sucedieron hechos inimaginables. Nixon encontró a un chino desaliñado, sin afeitar y se acercó a él.
-Hermano, le dijo y lo abrazó -Te he buscado peor que una enamorada, ¡felicítame!
-¿Por qué?,  le interrogó el chino
-¡Porque soy el hombre más feliz!, ¡lo conseguí! y tú has sido un buen amigo.
No necesitó más explicaciones, el chino comprendió que se trataba de Jael y pensó ya está consumado y ahora sólo queda esperar los resultados.
-A propósito amigo- agregó Nixon-  necesitamos un personero para la Base  83 y yo he pensado en ti para ese puesto. Al ver que el chino titubeaba se adelantó y lo abrazó. No te preocupes de nada, le dijo y caminaron por el pasadizo de Letras.
El día que llegué a la universidad encontré a Jael sentada en unos de los bancos del patio de letras. Estaba inquieta mirando para uno y otro lado, ojeando su reloj y zapateando levemente el piso con el pie izquierdo. Al ver que me acercaba sonrió, pero sus ojos languidecían de mucha tristeza.
-¿Qué pasó? -me dijo – ¡los muertos han resucitado!
Me acerqué sin responder para darle un beso en la mejilla y ella como si estuviera apesadumbrada inclinó su rostro y bajó la mirada.
-Tú no sabes cuánto, pero cuánto he necesitado de todo el grupo esta semana, me sentí sola, muy triste y desamparada
-¡Pero Jael! –interrumpí algo confundido - ¿Qué te ha sucedido?
Tú sabes que los amigos se necesitan y se buscan para todo. Ni tú, ni los chicos, nadie ha venido a la Escuela.
Me quise sentar junto a ella, pero inmediatamente miró para todos lados. Abrió más que nunca los ojos, palideció y se levantó. Parecía que se escondía de alguien.
-¿Esperas a alguien? -pregunté por inercia, sin desearlo saber.
-Sí, pero no es importante, ¿vamos a caminar?
-¡Vamos! -le respondí. Quise cogerle de la mano pero me la soltó. Algo le sucedía, no actuaba como de costumbre y además ¿a quién esperaba?,  al parecer la había dejado plantada. Sin más preguntas salimos de la ciudad  universitaria y subimos al bus “el cocharcas” que nos llevó hasta la final de la avenida Salaverry. Caminamos sin hablar y sin tocarnos. El sol iluminaba tenuemente y avisaba la llegada de la primavera. Los árboles frondosos e imponentes contagiaban de su frescura,las calles. Llegamos a una plazoleta desde donde se apreciaba al inmenso mar.
-¿Sabes?, ¡me siento feliz! –Rompió el silencio Jael, aunque, su voz se quebrantó, miró hacia el cielo, respiró profundamente y su rostro poco a poco decayó.
-¿Ves el cielo?- exclamó resuelta - nos dice cómo somos. Tú eres como el sol con su brillo constante, no importa si te quieren opacar siempre encontrarás un lugar por donde iluminar. En cambio yo soy como esa neblina frágil e inconsistente, llevada por los vientos de un lado para el otro, sin paradero, a veces firme tratando de absorberlo todo, pero incapaz de defenderse ante la arremetida de alguien más fuerte.
¿Sabías qué?- se le quebró la voz otra vez, sus ojos estaban llenos de lágrimas –  salí con un amigo la semana que se  ausentaron, me llevó a muchos lugares y en una de esas salidas se me declaró. Me tomó fuerte de los brazos y me besó. Yo le dije que no podía ser, que aún no estoy preparada, pero él insistió y ahora soy su enamorada. Hasta ahora no comprendo cómo fue que acepté. No siento nada por él.
No supe qué decirle, sólo recuerdo que  me sentí defraudado al contemplarla y me perturbó su debilidad e incapacidad de decir: “No”.
-¿Por qué es tan fácil que te sometan?, le pregunté con mucho tino, mientras sus ojos se movían desorbitados, buscando una razón.
-¿Quién es?- pregunté
-Nixon.., Nixon Nores
-¿Él?, pero ¿por qué?
¡No sé!, hay cosas en esta tierra que no tienen sentido, mi vida misma es un ejemplo, sufro y hago sufrir.
-¿Qué clase de respuesta es esa? – Exclamé algo ofuscado como si quisiera hacerle entrar en razón
-¡Dime!, ¿lo amas? – Busqué  su mirada y me evadió- Eso es el motivo por lo que las personas se unen.
-Te das cuenta tú sabes lo que quieres, ¡yo no! y  lo que hice, lo hice y se acabó.
-Es tu vida Jael, no la mía, ni la del resto. Debemos por encima de todos los deseos y ambiciones de terceros, buscar nuestra felicidad y si no lo quieres, simplemente decir,  ¡no!.
- ¡Yo no puedo!- concluyó soltando unas lágrimas.
- ¡Si!,  si lo puedes ¿acaso no te quieres?- la sostuve de sus manos y ella se soltó
-No, no voy a hablar más- levantó sus manos alterada- pensé que me comprenderías, eres como los demás.
¡Jael! – grité, buscando que entre en razón.
-Es mi vida y tengo que asumir mis actos- concluyó, se dio media vuelta y se alejó.

Continuará...


0 comentarios:

Publicar un comentario