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| (La foto) |
Mucho interés despertó una fotografía antigua,
del tamaño de un póster, donde estaba toda la familia de Tito, desde la primera
generación, hasta la última, testificando en sus poses, su fuerza y la
envergadura de su linaje. Posiblemente el Bisabuelo fue un panadero o un
zapatero emprendedor, pero las generaciones venideras se volvieron,
abogados, jueces y hasta ministros.
-¡Allí está el Ministro de salud! – dijo
Octavio abriendo más sus ojos rasgados y causando admiración entre los
observadores.
-¡Pero no sabía que su tío era ministro! –
exclamó Annie, tapándose la boca – ¡Válgame Dios!, ¿quién lo hubiera imaginado?
-¡Ya pues muchachos no sean apagados!-
exclamó Fito, desconcertado - ¡Vamos a bailar!, después tendrán tiempo de mirar.
En cuestión de segundos, Fito retiró a todos
de la sala, observó de reojo la fotografía que mirábamos y bajó la mirada, suspiró,
se sentó en la cama donde yacía Máximo y
se quedó quieto por unos minutos. Exhaló profundamente y su cuerpo se encorvó.
Parecía vencido, sin ánimos, ni fuerza, al parecer, la correa familiar, le había
quedado muy grande.
¡Soy una decepción!- dijo cavilando – Si tan
sólo comprendieran, que quiero ser yo y vivir como quiero. ¡Nunca seré como
ellos!
Fito era el que más plata tenía en el grupo,
tenía una hermosa casa en el distrito Pueblo libre y manejaba un auto, regalo
de su papá. En esos tiempos de los ochenta con la crisis que agobiaba al país,
tener un auto era un lujo, sobre todo para alumnos que andaban a las justas con
su pasaje de autobús en el bolsillo. Él, para todos, era la representación del
poder en el aula, lo que todos aspiramos tener y sin embargo, él buscaba tener
lo de nosotros. ¿Qué hacía en una universidad estatal?, buscaba algo que no encontraba en sus círculos
de amigos de la alta sociedad, algo que le perturbaba tanto, que abandonó las
universidades más caras de Lima, desafiando a sus padres, el linaje familiar y
mandando todo por un tubo. A pesar de la tremenda presión, el abandonó todo, dedicándose
a vender cassettes de música en las puertas de la universidad. Nada lo amilanó
era él o no era nadie.
Soy yo!- decía- el que vive, sueña, ríe, llora, ¿y no
ellos?, ¿por qué debo hacer lo que ellos
quieren?
Todos lo escuchamos más de una vez quejarse y
siempre terminaba con una sonrisa en el rostro, demostrando a todos que: la función tiene que continuar.
-¡Fito se acaba la cerveza!- lo
interrumpieron con gritos de afuera.
-¿Que?, ¡No sean así muchachos, ni bien me
distraigo ustedes aprovechan! – Se incorporó guardó sus penas, se frotó la cara
y esbozando una sonrisa, salió. Era como un actor, no podía estar triste, tenía
que hacer sentir bien a todos los invitados, repartió alegría por todos lados, sirvió
las cervezas, se colocó un delantal y empezó a cocinar en un a fogón de leña, salchichas. Como todo buen profesional dejaba
las penas atrás.
Y así fue la música: “¡Anda huara de mi vida, dame, dame tu querer!... ¡Si no me das tu cariño
yo me moriré de amor!
Aquel día todos trataron de ser amigos, no
hubo contiendas, ni disputas, sólo algunas declaraciones furtivas y
apachurrones. Úrsula, la futura comprometida de Octavio, que aún era soltera hasta que salió de la fiesta, quiso tomar unas fotos y para eso tuvieron que reunir a todo el salón, incluso
a Máximo, lo sacaron cargando y lo hicieron posar dormido. Muchos se reían
hasta que sonó el clic de la cámara. La voz uniforme de Whisky se escuchó al
final.
Por ese entonces nadie intuía que una simple
foto, sería el iniciador de dolorosos eventos que permanecerán grabados por siempre en el
corazón de cada uno en la “La gran Huachipeada”.
(Próximo capítulo “El gran N. N., famoso líder controvertido y polémico de la facultad que se presentaría en el salón, armando un gran alboroto)







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