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| Huachipeada |
Fito se portó como un buen
anfitrión, hizo el mercado, compró las cervezas, se puso un delantal y cocinó.
Apenas alguien llegaba, dejaba todo para recibirlo con un fuerte apretón
de manos y un abrazo. Eso permitió que todos nos sintiéramos cómodos.
Habíamos llegado a la finca de su familia, un terreno de 3 mil metros de área, con algunas vacas y sembríos. Allí designó a Alberto, que no era familiar, sino el que cuidaba el lugar, como guía para
que nos enseñe los maíces, ajíes y hasta tomates que habían cosechado, él solícito a su pedido nos atendió de muy buen humor. Instalado con su familia en
una pequeño cuarto al costado de la casa grande, permanecieron allí, hasta muy tarde
sirviéndonos el almuerzo y después, la cena.
Después de
almorzar, Fito instaló una radio casetera que llevaba a todos lados, en una
pequeña explanada frente a la casa grande, puso música chicha contagiante y
movida. Corrió y sacó a Chanel para inaugurar el primer baile.
- Esta pieza es mía -dijo
sonriendo.
Todos aplaudieron mientras
contorneaba su voluminosa cadera. Chanel moviéndose
coquetamente, le mandaba miradas seductoras. Tan amena estuvo la música que Máximo
se animó a bailar con Mía, quien reía y bailaba moviendo su esbelta figura.
Nadie más pudo bailar con ella, porque Máximo la había acaparado tanto, que
entre los descansos se dedicaba a hacerle la corte, hablándole cerca al oído,
después jalándole de las manos y por último cogiéndole de la cintura. Parecía
que un romance había comenzado.
A un lado de la casa, no muy lejos
del centro de baile, estaban los magníficos. No bailaban, pero sí reían y
conversaban animadamente. La cerveza había logrado en ellos un efecto
milagroso. Annie fiel a las actividades, yacía sentada a un costado del equipo de
música, agarrando sus muletas. Sonriendo constantemente, saludando a todos sin
hacer ninguna distinción. Era la única que no había reñido con nadie. Todos
coincidían en decir que ella, inspiraba ternura, pero yo la admiraba porque reconocía, en ella, un temple de acero para estudiar a como dé lugar.
Su meta
era sobrevivir sin depender de nadie, a
pesar del enorme esfuerzo físico que le demandaba tan sólo salir de su casa, andar con
la ropa totalmente empapada de sudor, por el esfuerzo. Sólo una vez cogí sus
manos y sentí la callosidad que se había formado por asirse de las muletas.
Comprendí que habían otras luchas, más mordaces y continuas como la que
libraba ella con su propio cuerpo, al que tenía que arrastrar para lograr lo
que buscaba.
Esa tarde Chanel no quiso bailar con Horacio y él lejos de mostrar su desagrado, se mostró más solícito con Annie, haciendo de ver que no le importaba, entrando y saliendo
de la cocina, llevándole gaseosa y comida. Ella sólo sonreía, tapándose
la boca, mostrando un ligero rubor en su rostro. Presentí que tantas atenciones
podrían confundirla sentimentalmente. Lo cual sería peor.
Sin embargo las
horas pasaban y Horacio no dejaba de tomar mirando a Fito y Chanel, un poco subido de copas entró súbitamente al ruedo, donde todos bailaban y se paró frente a la cocina. Minutos antes, Chanel había
entrado allí , sola, pero no salía. Apenas salió este la interceptó y la contuvo del
brazo. Ella sorprendida sólo atinó en sonreírle. Él acercó su rostro y susurró en su oreja. Después de unos segundos sólo vi que ella movía su dedo
índice negativamente, él la soltó, juntó
sus manos y se los llevó hacia su rostro. Ella se dirigió
hacia el grupo de pretendientes que la tuvieron rodeada desde que la música
empezó.
Octavio
inmediatamente se acercó.
-“¡Horacio entiende ya no quiere
contigo!”
Horacio que conocía muy bien los
sentimientos de Octavio replicó enfadado
– ¿Y tú corazoncito también se resignó?
-¡Ya ves! –respondió Octavio,
sonriendo- ¡cómo te picas!.
-¡Pero Cholo! , disculpa nisei,
no te das cuenta que con ese rostro rosadito, delicado y su boquita tan rojita,
además de un cuerpazo tan bien formado, me es imposible tenerla, peor será para
ti.
(Continuará...)







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