lunes, 15 de agosto de 2016

MISIÓN JERICÓ Capt 1

Preámbulo:

Misión Jericó es una novela inconclusa o quizás terminada, usted posiblemente halle la respuesta y despierte a esos espíritus insatisfechos que viven en la novela. No se trata de acertijos, sino de seguir lo que te dicta tu conciencia y sólo así  encontrará esa satisfacción a las interrogantes, a las desesperanzas y a las posibles salidas. Misión Jericó trata  sobre el despertar de unos jóvenes universitarios en una universidad plagada de conflictos e intereses personales que mantienen los profesores, las autoridades universitarias y los alumnos. La universidad como dirían algunos es una pequeña muestra de lo que sucede en el país. La lucha por el poder desconoce personas y las utiliza. No importa quién eres, lo que representas, no importan tus sueños, sólo los intereses de unos cuantos que se creen los iluminados, llamados entre comillas los caudillos. Esta novela representa a aquellos que lidiaron  contra estas manifestaciones, deseando impregnar no lo que la mayoría deseaba, sino lo que el espíritu de libertad anhelaba, rompiendo esquemas, que lo hacían verdaderamente peligroso para los fines de dominación.  Los lectores quizás encuentren circunstancias reales o irreales eso se lo dejo a su imaginación, porque muchas veces la verdad pura es sólo la que queremos ver.


CAPITULO I
Un estúpido cachimbo
Recuerdo el primer día que llegué a la Universidad un  humo denso, inundaba el bosque de letras, llevando vestigios de  olor a bomba lacrimógena, irritando mis ojos, obligándome a huir presuroso. Muchos alumnos corrían de un lado para otro, evitando que el humo los envuelva. Yo también lo hice hasta que llegué al patio de la Facultad y una columna de banderas se abrió paso ante mí. Las paredes parecían murales, cubiertas por pintas que daban vivas a diferentes  partidos. Muchos Pizarrones, también interrumpían el paso, invitando a votar. No había gente, todos habían huido,  la fiesta electoral terminó abruptamente, por una feroz intervención policial.
Subí unas escaleras hasta el tercer piso, todo estaba en calma, no había ruidos. Sólo algunas carpetas malogradas estorbando el paso. Pasé por una gran reja, semiabierta, caminé hacia el fondo, hasta que llegué a una puerta que  tenía un cartelito: “Centro de Estudiantes de la Escuela de Comunicación Social”. Atisbé por la ranura de unas bisagras y salió un muchacho fornido como de unos 30 años, quien al verme se inquietó, pero no se amilanó.
¿Si? - preguntó  algo inquieto- ¿Qué deseas?
Lo miré y me presenté como ingresante e inmediatamente su rostro cambió, esbozando una suave sonrisa.
¡Ah, ya veo!- me dijo- Yo soy Willy, secretario del Centro de Estudiantes de Comunicación Social o CECOS y estrechó mi mano.
-¿Quisiera saber cuándo empiezan las clases para los ingresantes?- le pregunté.
- ¡Conque cachimbo!- sonrió forzadamente- Era más amable. Fue el primero que me dio la bienvenida. No habló mucho, casi solemne, con su rostro parco, alcanzó a decirme que los de mi base se iban a reunir y que era imprescindible que estuviera presente. Inmediatamente pensé en una fiesta de bienvenida de cachimbos. Me alegró la iniciativa, entusiasmado busqué en los periódicos murales, buscaba algún cartel de bienvenida, pero no encontré ni una  nota de convocatoria a reunión, ni referencia alguna.
-¿Qué pasa con mi base? - me pregunté, porque no hay un solo mensaje que cite a reunión. Posiblemente pensaron que todos acudirían al centro de estudiantes y que cualquier representante nos informaría de sus actividades.
Al día siguiente, casi al atardecer llegué a la universidad y reconocí a Willy, estaba entre un grupo de alumnos, me acerqué y le saludé dándole la mano, pero ahora algo esquivo no me dio tiempo de conversar sólo gritaba ansioso.
-¡Los de tu base van a marchar, acompáñalos! – Me dijo – ellos son, alcánzalos. Señaló a un pequeño grupo que subía por la rampa del patio de letras, cargando unas banderolas.
¿Qué?  ¿A dónde van?- pregunté confundido
-Están protestando porque les quieren quitar cursos imprescindibles para tu carrera- me recalcó, algo huidizo.
-¡Orlando!, ¡ven! – Llamó a otro que estaba en el grupo - explícale lo que vamos a hacer. Él se acercó, aparentaba más edad que Willy, tenía un bigote al estilo mejicano, patillas largas y un cabello  greñudo y largo. Apenas llegó  comenzó a hacerme preguntas.
-¿Con que eres cachimbo?, me preguntó  sonriendo irónicamente, observé su rostro grasoso, y el cuello de su camisa completamente empapado de sudor. No me extendió la mano como Willy, al contrario buscaba con la mirada a otras personas.
Su desdén, cambió cuando me preguntó si ya había estudiado en otra universidad y le respondí que venía de otra facultad de comunicación. Sus ojos le brillaron complacido. “Pues tú sabes, viejo - me felicitó, dándome una palmada en la espalda, pero sin quitar su sonrisa burlona.
- ¿No crees que el curso de Medios de comunicación es importante, tú lo debes conocer?
-¡Pues!, - dudé – Sí, si –enfaticé, no lo había llevado en la otra universidad, pero por el título entendí que si era importante.
-¡Vamos! sigue a tus amigos y ayúdalos a no perder ese curso.
Me sentí comprometido, no sabía cómo decirle que no. Sin embargo acepté y caminé junto al grupo, aunque detrás, esperando escapar cuando no se dieran cuenta. Sin embargo  Orlando me observaba: “¡Arenga con tus manos compañero!, ¡levántalas!”- me decía y así lo hice. Me sentí tan tonto de caminar arengando y protestando por algo que desconocía, que me dio vergüenza. Sentí las miradas de muchos alumnos que estaban a nuestro alrededor. No duró mucho mi caminata y cuando finalizó,  nos llevaron a unas oficinas que algunos decían que lo habían tomado, era nada menos que la sala del Decanato. Cuando entré, vi unos colchones tirados en el suelo con frazadas desordenadas y restos de comida.  Todos se saludaron, al parecer ya se conocían,  y hablaban de hacer un inventario con todas las cosas del Decanato. Mientras dialogaban, miré a una chica de unos 19 a 20 años aproximadamente, de rostro dulce, ovalado, ojos redondos de color canela y cabello castaño. La observé hablando con todos, como una líder, al parecer estuvo también en la marcha y por un momento pensé que sería de mi salón, aunque lucía muy desenvuelta para ser una cachimba, porque saludaba a todos. La seguí contemplando para descubrir si realmente era cierto aquel adagio que dice: “tanto miras a alguien, que termina mirándote” y así fue, hasta que cruzamos nuestras miradas. Sentí que se inquietó, y de rato en rato me buscaba. De pronto Orlando interrumpió abruptamente ese intercambio de miradas, me tomó del brazo y me jaló.
-Vamos a iniciar un debate en el patio de letras - dijo- Ven y representa a tu base y di que esos cursos no deberían anularse.
-¡Pero yo…no sé nada! ¿Qué  digo?
-¡Sólo eso y ya!
Ese momento, sentí todas las miradas en mí, hasta la de aquella muchacha de rostro ovalado, que ahora sí me miraba insistentemente y entonces no pude negarme. Me sentí extraño dentro de aquel ambiente. ¿Qué hacía yo allí?  Nunca había hecho algo parecido. Siempre me gustó mantenerme en el anonimato y en un instante me convertí en el centro de atención. Fui llevado por un grupo de muchachos hacia el centro del patio y me hicieron subir a un pequeño tabladillo que habían instalado. Por un momento dudé y quise bajarme, y escapar, pero al verme arriba delante de todos, sólo respiré profundamente.
-Aquí está un ingresante que tiene algo que decirnos – dijo un muchacho que servía como moderador- tiene la palabra compañero.
A mi alrededor había como unos cincuenta estudiantes que me miraban y no parecían amistosos
-¡Bueno yo!... –titubeé por un momento,  sentí que mis piernas flaqueaban, y no podía pasar la saliva. Mi pulso estaba acelerado y mis labios temblaban.
-Vengo de otra universidad de comunicación y… sé que estos cursos son importantes.
-¡calla!, ¡calla la boca!-escuché entre el gentío - Este no sabe nada de nuestra realidad, su opinión no vale en este debate. Un muchacho salió al frente agitando sus brazos con mucha vehemencia, señalándome y descalificándome.
- ¿Cómo traen a un cachimbo a disertar, se están burlando de nosotros?-gritó dirigiéndose a todos y una parte del grupo empezó a protestar levantando sus manos, vociferando:
- ¡No tienen argumentos, pues usan a los cachimbos... son unos manipuladores!
 De un jalón, estuve abajo, Willy me había sacado antes de que me linchen. Su actitud estratégica, para mí fue compasiva y acertada, a pesar de Orlando que mostró su desacuerdo, cuando salía de entre el grupo.
Esa noche siempre  recordaré los rostros enardecidos y los gritos desesperados de gente que no conocía. Supe entonces, que había entrado por la puerta falsa, dejándome llevar como un corderito, hasta hacer el más completo ridículo. Me alejé de todos y caminé por los pasadizos de la Facultad  que lucía vacía. Pero aún escuchaba las voces.
- “¡Estúpido cachimbo!, ¡no sabe nada!,¡manipulado!”. 
 Me senté  en las escaleras de la Puerta de letras. No había nadie y me abandoné por unos minutos, apoyé mis codos en mis piernas y con las palmas de mis manos sostuve mi rostro. Parecía una pesadilla.

¿Qué hago aquí?- me pregunté y recordé  a mi familia, los amigos de la iglesia y sus esperanzas en mí. Todos me felicitaban. Había ingresado a la universidad  y gracias a la promesa que le hice a Dios, de servirle por un tiempo. Después de tres años de incertidumbres y derrotas, vi la luz en medio de la oscuridad, mi nombre estaba escrito en la relación de ingresantes y supe que tenía una deuda. La tarde y el viento frío, me hizo temblar. Me levanté pesadamente y sacudí mi pantalón por detrás. Parecía embriagado mi cabeza la sentía adormecida de tanto pensar. Era hora de marcharme.

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