Misión Jericó es una novela
inconclusa o quizás terminada, usted posiblemente halle la respuesta y
despierte a esos espíritus insatisfechos que viven en la novela. No se trata de
acertijos, sino de seguir lo que te dicta tu conciencia y sólo así encontrará esa satisfacción a las interrogantes,
a las desesperanzas y a las posibles salidas. Misión Jericó trata sobre el despertar de unos jóvenes
universitarios en una universidad plagada de conflictos e intereses personales
que mantienen los profesores, las autoridades universitarias y los alumnos. La
universidad como dirían algunos es una pequeña muestra de lo que sucede en el
país. La lucha por el poder desconoce personas y las utiliza. No importa quién
eres, lo que representas, no importan tus sueños, sólo los intereses de unos
cuantos que se creen los iluminados, llamados entre comillas los caudillos.
Esta novela representa a aquellos que lidiaron
contra estas manifestaciones, deseando impregnar no lo que la mayoría
deseaba, sino lo que el espíritu de libertad anhelaba, rompiendo esquemas, que
lo hacían verdaderamente peligroso para los fines de dominación. Los lectores quizás encuentren circunstancias
reales o irreales eso se lo dejo a su imaginación, porque muchas veces la
verdad pura es sólo la que queremos ver.
CAPITULO I
Un estúpido cachimbo
Recuerdo el primer día que llegué
a la Universidad un humo denso, inundaba
el bosque de letras, llevando vestigios de
olor a bomba lacrimógena, irritando mis ojos, obligándome a huir
presuroso. Muchos alumnos corrían de un lado para otro, evitando que el humo
los envuelva. Yo también lo hice hasta que llegué al patio de la Facultad y una
columna de banderas se abrió paso ante mí. Las paredes parecían murales,
cubiertas por pintas que daban vivas a diferentes partidos. Muchos Pizarrones, también
interrumpían el paso, invitando a votar. No había gente, todos habían huido, la fiesta electoral terminó abruptamente, por una feroz intervención policial.
Subí unas escaleras hasta el tercer
piso, todo estaba en calma, no había ruidos. Sólo algunas carpetas malogradas
estorbando el paso. Pasé por una gran reja, semiabierta, caminé hacia el fondo,
hasta que llegué a una puerta que tenía
un cartelito: “Centro de Estudiantes de
la Escuela de Comunicación Social”. Atisbé por la ranura de unas bisagras y
salió un muchacho fornido como de unos 30 años, quien al verme se inquietó,
pero no se amilanó.
¿Si? - preguntó algo inquieto- ¿Qué deseas?
Lo miré y me presenté como
ingresante e inmediatamente su rostro cambió, esbozando una suave sonrisa.
¡Ah, ya veo!- me dijo- Yo soy Willy,
secretario del Centro de Estudiantes de Comunicación Social o CECOS y estrechó
mi mano.
-¿Quisiera saber cuándo empiezan
las clases para los ingresantes?- le pregunté.
- ¡Conque cachimbo!- sonrió
forzadamente- Era más amable. Fue el
primero que me dio la bienvenida. No habló mucho, casi solemne, con su rostro
parco, alcanzó a decirme que los de mi base se iban a reunir y que era
imprescindible que estuviera presente. Inmediatamente pensé en una fiesta de
bienvenida de cachimbos. Me alegró la iniciativa, entusiasmado busqué en los
periódicos murales, buscaba algún cartel de bienvenida, pero no encontré ni una nota de
convocatoria a reunión, ni referencia alguna.
-¿Qué pasa con mi base? - me pregunté,
porque no hay un solo mensaje que cite a reunión. Posiblemente pensaron que
todos acudirían al centro de estudiantes y que cualquier representante nos
informaría de sus actividades.
Al día siguiente, casi al atardecer
llegué a la universidad y reconocí a Willy, estaba entre un grupo de alumnos, me
acerqué y le saludé dándole la mano, pero ahora algo esquivo no me dio tiempo
de conversar sólo gritaba ansioso.
-¡Los de tu base van a marchar,
acompáñalos! – Me dijo – ellos son, alcánzalos. Señaló a un pequeño grupo que
subía por la rampa del patio de letras, cargando unas banderolas.
¿Qué? ¿A dónde van?- pregunté confundido
-Están protestando porque les
quieren quitar cursos imprescindibles para tu carrera- me recalcó, algo
huidizo.
-¡Orlando!, ¡ven! – Llamó a otro
que estaba en el grupo - explícale lo que vamos a hacer. Él se acercó,
aparentaba más edad que Willy, tenía un bigote al estilo mejicano, patillas
largas y un cabello greñudo y largo.
Apenas llegó comenzó a hacerme
preguntas.
-¿Con que eres cachimbo?, me
preguntó sonriendo irónicamente, observé su rostro grasoso, y el
cuello de su camisa completamente empapado de sudor. No me extendió la mano
como Willy, al contrario buscaba con la mirada a otras personas.
Su desdén, cambió cuando me
preguntó si ya había estudiado en otra universidad y le respondí que venía de
otra facultad de comunicación. Sus ojos le brillaron complacido. “Pues tú
sabes, viejo - me felicitó, dándome una palmada en la espalda, pero sin quitar
su sonrisa burlona.
- ¿No crees que el curso de Medios
de comunicación es importante, tú lo debes conocer?
-¡Pues!, - dudé – Sí, si
–enfaticé, no lo había llevado en la otra universidad, pero por el título
entendí que si era importante.
-¡Vamos! sigue a tus amigos y
ayúdalos a no perder ese curso.
Me sentí comprometido, no sabía cómo decirle que
no. Sin embargo acepté y caminé junto al grupo, aunque detrás, esperando
escapar cuando no se dieran cuenta. Sin embargo Orlando me observaba: “¡Arenga con tus manos
compañero!, ¡levántalas!”- me decía y así lo hice. Me sentí tan tonto de caminar
arengando y protestando por algo que desconocía, que me dio vergüenza. Sentí
las miradas de muchos alumnos que estaban a nuestro alrededor. No duró mucho mi
caminata y cuando finalizó, nos llevaron
a unas oficinas que algunos decían que lo habían tomado, era nada menos que la
sala del Decanato. Cuando entré, vi unos colchones tirados en el suelo con
frazadas desordenadas y restos de comida. Todos se saludaron, al parecer ya
se conocían, y hablaban de hacer un
inventario con todas las cosas del Decanato. Mientras dialogaban, miré a una
chica de unos 19 a 20 años aproximadamente, de rostro dulce, ovalado, ojos
redondos de color canela y cabello castaño. La observé hablando con todos, como
una líder, al parecer estuvo también en la marcha y por un momento pensé que
sería de mi salón, aunque lucía muy desenvuelta para ser una cachimba, porque
saludaba a todos. La seguí contemplando para descubrir si realmente era cierto
aquel adagio que dice: “tanto miras a
alguien, que termina mirándote” y así fue, hasta que cruzamos nuestras
miradas. Sentí que se inquietó, y de rato en rato me buscaba. De pronto Orlando
interrumpió abruptamente ese intercambio de miradas, me tomó del brazo y me jaló.
-Vamos a iniciar un debate en el
patio de letras - dijo- Ven y representa a tu base y di que esos cursos no
deberían anularse.
-¡Pero yo…no sé nada! ¿Qué digo?
-¡Sólo eso y ya!
Ese momento, sentí todas las
miradas en mí, hasta la de aquella muchacha de rostro ovalado, que ahora sí me
miraba insistentemente y entonces no pude negarme. Me sentí extraño dentro de
aquel ambiente. ¿Qué hacía yo allí?
Nunca había hecho algo parecido. Siempre me gustó mantenerme en el
anonimato y en un instante me convertí en el centro de atención. Fui llevado
por un grupo de muchachos hacia el centro del patio y me hicieron subir a un
pequeño tabladillo que habían instalado. Por un momento dudé y quise bajarme, y
escapar, pero al verme arriba delante de todos, sólo respiré profundamente.
-Aquí está un ingresante que
tiene algo que decirnos – dijo un muchacho que servía como moderador- tiene la
palabra compañero.
A mi alrededor había como unos
cincuenta estudiantes que me miraban y no parecían amistosos
-¡Bueno yo!... –titubeé por un
momento, sentí que mis piernas
flaqueaban, y no podía pasar la saliva. Mi pulso estaba acelerado y mis
labios temblaban.
-Vengo de otra universidad de
comunicación y… sé que estos cursos son importantes.
-¡calla!, ¡calla la boca!-escuché entre el gentío - Este no sabe nada de nuestra realidad, su opinión no vale en
este debate. Un muchacho salió al frente agitando sus brazos con mucha
vehemencia, señalándome y descalificándome.
- ¿Cómo traen a un cachimbo a
disertar, se están burlando de nosotros?-gritó dirigiéndose a todos y una parte del grupo empezó a
protestar levantando sus manos, vociferando:
- ¡No tienen argumentos, pues
usan a los cachimbos... son unos manipuladores!
De un jalón, estuve abajo, Willy me había sacado antes de que me linchen. Su
actitud estratégica, para mí fue compasiva y acertada, a pesar de Orlando que mostró su desacuerdo, cuando salía de entre el grupo.
Esa noche siempre recordaré los rostros enardecidos y los gritos
desesperados de gente que no conocía. Supe entonces, que había entrado por la
puerta falsa, dejándome llevar como un corderito, hasta hacer el más completo
ridículo. Me alejé de todos y caminé por los pasadizos de la Facultad que lucía vacía. Pero aún escuchaba las
voces.
- “¡Estúpido cachimbo!, ¡no sabe
nada!,¡manipulado!”.
Me senté
en las escaleras de la Puerta de letras. No había nadie y me abandoné
por unos minutos, apoyé mis codos en mis piernas y con las palmas de mis manos
sostuve mi rostro. Parecía una pesadilla.
¿Qué hago aquí?- me pregunté y recordé a mi familia, los amigos de la iglesia y sus esperanzas en mí. Todos
me felicitaban. Había ingresado a la universidad y gracias a la promesa que le hice a Dios, de servirle por un tiempo. Después de tres
años de incertidumbres y derrotas, vi la luz en medio de la oscuridad, mi nombre estaba escrito en la relación de ingresantes y supe que tenía una deuda. La tarde
y el viento frío, me hizo temblar. Me levanté pesadamente y sacudí mi pantalón
por detrás. Parecía embriagado mi cabeza la sentía adormecida de tanto pensar.
Era hora de marcharme.







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