Al día siguiente Vincent dio
fecha para el examen, expuso los temas que iba a tomar y deseó suerte a todos,
entre comillas. Con la mirada firme se levantó de su asiento y dijo:
-¡Los que han faltado no se molesten en venir,
porque ya están jalados! - causando malestar en muchos que murmuraban lamentándose- ¡Ahh me olvidaba! el 50 por ciento del examen es de las clases presénciales. Así que van a necesitar mucha suerte.
Apenas se fue, medio salón se movilizó buscando cuadernos de las clases
de Vincent, algunos señalaron a los magníficos como los únicos que habían
asistido, sin faltar, un solo día. Esos días, fueron el grupo más solicitado
del salón, aunque después empezaron las burlas. Horacio decía que eran tan
formales que escribían la hora en que empezó a hablar y la hora en la que
terminó. Algunos un poco más sarcásticos decían que en uno de sus apuntes
escribieron cuantas veces Vincent se bostezaba.
-Jajá. Ja, ¡oye que graciosos! –
Reía Jael- su apodo "los magníficos" es como los de la televisión, pero si ellos
son tan tranquilitos.
-¡Por eso mismo mujer! – gritó
Horacio- ¡Eh magníficos!, préstenme sus cuadernos. Todos soltaron la risa. Hasta
el mismo Máximo, que siempre lucía serio.
Fito aprovechando el jolgorio se
paró encima de su carpeta.
-¡Compañeros! – Dijo – que les
parece si hacemos una fiesta de Bienvenida.
¡Ya cállate, tenemos que estudiar!-
gritaron todos en coro.
Fito no se amilanó.
-¡Por eso mismo compañeros!,
después del examen nos tiramos un relajo con cervecita y música chicha.
-¡Siii!, pero, ¿Dónde? –preguntó Chanel,
entusiasmada por la idea.
Tito la contempló de pies a
cabeza embelesado. Se desconcentró por unos instantes. Quizas quiso decirle algo halagador, pero se contuvo, dudó por unos segundos. Miró al salón, respiró profundo y respondió.
-¡En mi casa!
-¡No!…no, ¡otro lugar! – gritaron los
muchachos.
-¡Ya!,…ya, que sea en Huachipa y no
se me acaloren
-¡Nooo!- volvieron a gritar
-No quieren un lugar tranquilo
con árboles, campo abierto y sol todo el día. ¡Ah¡ me olvidaba, los que quieran
ir se me apuntan con cuatro soles para comprar cerveza y preparar la comida.
Chanel inmediatamente se levantó
de su sitio dejando al grupo de Máximo desconcertados, sin saber qué hacer.
Sonriendo se acercó a Fito, quien celebró su participación dándole un aplauso.
Ella sólo lo miró, como si intuyera la atracción que ejercía sobre él. Le coqueteó con
la mirada, le dio el dinero y se dio media vuelta. Máximo, el chino Octavio y Lulú,
le siguieron como corderitos, después nos inscribimos nosotros: “los
Alternativos”, con Horacio a la cabeza, que no cesaba de mirar a Chanel, igualmente embelesado. Siguiendo la fila aparecieron los magníficos y el resto del salón. La propuesta
de Fito tuvo acogida. (continuará...)







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