CONÓCETE A TI MISMO
No sé cuándo empezó esta
práctica, pero desde que conocimos al Chino nos adiestró analizando actitudes, poses, gestos, frases, conversaciones de doble sentido. Casi
diariamente, sin premeditar reflexionábamos después de cada clase, cuál clase de psicoanálisis, pero Alejandro no dejaba de estar inquieto, como si el tiempo se agotara.
-Ahora que ustedes han empezado a
analizar – dijo Alejandro- que tal si aprendemos un juego: “A que animal te
pareces”. Por ejemplo si yo tuviese que compararme con un animal creo que
elegiría al búho, porque se piensa de él que es paciente, sensato y analítico, pero su debilidad está en su incapacidad para defenderse.
"Así no se vale pues chino, ese era
mi animal representativo", indicó Horacio, sonriendo picarescamente.
-¡No cholo! -dijo el curita -tú eres
un canito, un perrito y no puedes cambiarte a última hora. ¡No puedes
abandonar tu personalidad!
-¡Y dale con Canito!, respondió Horacio, sonriendo.
-¡Esto es serio muchachos! – los
amonestó el Chino, calmadamente -
Ustedes tienen que abstraerse completamente de sus deseos y buscar no al
animal que les gusta, sino al que tiene características como las suyas, y no en
lo físico- miró al curita- sino en su personalidad.
En realidad nos hizo batallar, yo
por mi parte no acerté con ningún animal, a todos los descarté. El perro era símbolo de la
fidelidad, el gato de la astucia, la rata de infidelidad, el caballo… era fiel
y trabajador, no...No lo creo pensé. Más puedo pensar en aves; quizás el Águila
constante y acertado. Al final no pude compararme con
ninguno. Aunque después me arrepentiría
de no haberlo hecho .El Chino nos observaba sonriente “ya mucho piensan” ¿Qué animal eres tú?- le preguntó a Jael.
-Bueno Chinito, te acuerdas que
conversamos sobre esto y te dije que creía que soy una liebre, temerosa por
momentos, dispuesta a huir al menor peligro; alguien que
busca siempre una madriguera, un
refugio seguro.
-¡Muy bien!, -dijo el chino-
comprendiste el juego.
-¿Tú Horacio?,
-¡Yo tiro la toalla!, no he podido
abstraerme, chinito.
-Te gustaría que nosotros te analicemos
-¡Bueno! – Levantó sus manos – ¡qué más da!
Todos hablamos nadie se quedó
callado, Horacio sólo nos miraba riéndose de cada cosa que decíamos hasta que
al final acordamos que su animal representativo era el buey, por su fortaleza y
constancia pero con una debilidad, su dependencia de alguien.
El curita como siempre evadió,
primero Roberto dijo por ser el más alto. Entonces el chino mirándome de frente, me dijo, yo ya tengo a tu animal. Lo miré desconcertado, porque no pidió intervenciones,
más bien con su acción inhibió a todos.
-¿Qué vas a hablar Alejandro? –
le pregunté sonriendo y a la vez algo preocupado.
-Mira tú para mi eres un “San
Bernardo”- se rio – porque eres grande, y manso. Todos festejaron con una tremenda
carcajada. No me quedó otra que seguir la broma y reír aunque por dentro me molestó
tal comparación. Pensé que esa era una mala estocada del chino, pero por qué
delante de todos. Él sonrió y miró a Jael y entonces creí comprender el chiste
pesado.
-Pero, ¿qué de malo tiene buscar la paz y menospreciar a la guerra? -
arremetí
El chino dejó de reír.
- No entiendes todavía – enfatizó y
agravó su voz – "conócete a ti mismo" deseas que tus enemigos conozcan tus debilidades para que hagan escarnio de ti, serías una presa fácil. En cambio si los reconoces, potenciarías tus lados débiles y serías un adversario formidable para cualquiera.
Todos se quedaron boquiabiertos.
-¡Entiendan, no es juego, es nuestra vida!






0 comentarios:
Publicar un comentario