jueves, 2 de febrero de 2017

CONÓCETE A TI MISMO

No sé cuándo empezó esta práctica, pero desde que conocimos al Chino nos adiestró analizando actitudes, poses, gestos, frases, conversaciones de doble sentido. Casi diariamente, sin premeditar reflexionábamos después de cada clase, cuál clase de psicoanálisis, pero Alejandro no dejaba de estar inquieto, como si el tiempo se agotara.  
-Ahora que ustedes han empezado a analizar – dijo Alejandro- que tal si aprendemos un juego: “A que animal te pareces”. Por ejemplo si yo tuviese que compararme con un animal creo que elegiría al búho, porque se piensa de él que es paciente, sensato y  analítico, pero su debilidad está en su incapacidad para defenderse. 
"Así no se vale pues chino, ese era mi animal representativo", indicó Horacio, sonriendo picarescamente.
-¡No cholo! -dijo el curita -tú eres un canito, un perrito y no puedes cambiarte a última hora. ¡No puedes abandonar  tu personalidad!
-¡Y dale con Canito!, respondió Horacio,  sonriendo.
-¡Esto es serio muchachos! – los amonestó el Chino, calmadamente -  Ustedes tienen que abstraerse completamente de sus deseos y buscar no al animal que les gusta, sino al que tiene características como las suyas, y no en lo físico- miró al curita- sino en su personalidad. 
En realidad nos hizo batallar, yo por mi parte no acerté con ningún animal, a todos los descarté. El perro era símbolo de la fidelidad, el gato de la astucia, la rata de infidelidad, el caballo… era fiel y trabajador, no...No lo creo pensé. Más puedo pensar en aves; quizás el Águila constante y acertado. Al final no pude compararme con ninguno. Aunque  después me arrepentiría de no haberlo hecho .El Chino nos observaba sonriente “ya mucho piensan”  ¿Qué animal eres tú?- le preguntó a Jael.
-Bueno Chinito, te acuerdas que conversamos sobre esto y te dije que creía que soy una liebre, temerosa por momentos, dispuesta a huir al menor peligro; alguien  que  busca siempre una madriguera, un  refugio seguro.
-¡Muy bien!, -dijo el chino- comprendiste el juego.
-¿Tú Horacio?,
-¡Yo tiro la toalla!, no he podido abstraerme, chinito.
-Te gustaría que nosotros te analicemos
-¡Bueno! – Levantó sus manos – ¡qué más da!
Todos hablamos nadie se quedó callado, Horacio sólo nos miraba riéndose de cada cosa que decíamos hasta que al final acordamos que su animal representativo era el buey, por su fortaleza y constancia pero con una debilidad, su dependencia de alguien.
El curita como siempre evadió, primero Roberto dijo por ser el más alto. Entonces el chino mirándome de frente, me dijo, yo ya tengo a tu animal. Lo miré desconcertado, porque no pidió intervenciones, más bien con su acción inhibió a todos.
-¿Qué vas a hablar Alejandro? – le pregunté sonriendo y a la vez algo preocupado.
-Mira tú para mi eres un “San Bernardo”- se rio – porque eres grande, y manso. Todos festejaron con una tremenda carcajada. No me quedó otra que seguir la broma y reír aunque por dentro me molestó tal comparación. Pensé que esa era una mala estocada del chino, pero por qué delante de todos. Él sonrió y miró a Jael y entonces creí comprender el chiste pesado.
-Pero,  ¿qué de malo tiene  buscar la paz y menospreciar a la guerra? - arremetí
El chino dejó de reír.
- No entiendes todavía – enfatizó y agravó su voz – "conócete a ti mismo" deseas que tus enemigos conozcan tus debilidades para que hagan escarnio de ti, serías una presa fácil. En cambio si los reconoces,  potenciarías tus lados débiles y serías un adversario formidable para cualquiera. 
Todos se quedaron boquiabiertos. 
-¡Entiendan, no es juego, es nuestra vida! 

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