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sábado, 25 de marzo de 2017

La desolación de Máximo

La desolación de Máximo.
Chanel frente a ellos seguía bailando esta vez con Fito, quien sin desaprovechar la ocasión, la cogió de la cintura y de las manos y le hacía dar vueltas una y otra vez  al compás de la música chicha. Se convirtió en el centro de atención con un jean bien ceñido y una blusa manga cero pegado a su cuerpo. Apenas terminó la pieza  los tres  pretendientes estiraron la mano para invitarla a bailar, ella sólo alzó sus dos manos para agitarlas hacía sí misma, dándose aire. Estaba completamente rendida. Aun así seguían rodeándola como abejas detrás del panal. Ellos se conocían, compartían y bebían igual como lo hacían Horacio, Fito y Octavio y como buenos contendientes no se agredían.
Jael estaba con el chino siempre abrazándolo, chocheando. Ambos estaban sentados reposando después de la comida. El chino escarbaba  el terreno con un palito de escoba interrumpiendo el paso a una columna de hormigas.
-¿Qué haces chino? , le pregunté
-Si nosotros fuéramos como las hormigas – respondió sin levantar la cabeza- nuestro país sería un imperio fuerte y grande. Todos tendríamos trabajo. No habría monopolios injustos que nos aniquilen lentamente. Todos seriamos iguales con los mismos derechos, no existiría el terrorismo, ni el odio, no existirían Vincents  lavacerebros para destruir este sistema. Sería tal vez la sociedad adecuada, seríamos una sociedad feliz. 
No muy lejos de Alejandro y sus cavilaciones, escuchamos el grito desesperado de Mía, todos acudimos mortificados  y vimos el cuadro desolador de Máximo, arrodillado en el suelo tratando de levantarse, sin poder hacerlo, totalmente ebrio, no podía mantenerse en pie, con los ojos desorbitados y babeando.  A su alrededor sólo se escuchaba  risas y mofas, no pudo incorporarse y Mía pidió ayuda. Ella que estaba a su lado, no aparentaba haber bebido, sin embargo al tratar de levantarlo lo sintió tan pesado que tuvo que soltarlo y cayó como un saco de arena. Ella se asustó, se tapó la boca y comenzó a agitar su mano izquierda pidiendo ayuda.
-¡Perdón!, no fue mi intención- dijo ella, mientras le ayudaba a levantarse.
Máximo, totalmente empolvado, hasta el rostro, trató de levantarse, pero no pudo. Nadie corrió en su ayuda, muchos pensaron que sólo fingía, para tirarse encima de Mía. Bocabajo  en la tierra, sólo gemía palabras inentendibles. Asido de la botella, levantaba la mano que tenía libre para llamar. El cuadro me deprimió y llamé a Octavio, quien desorientado me siguió. Lo levantamos a la voz de tres.
- ¡Está pesadito! - exclamó Octavio, mientras Máximo sonreía, completamente desorientado con los ojos cerrados.
Lo llevamos a una  de las camas de la casa. Octavio lo miraba y con una mueca burlona lo tapó con una manta.
-¡Este diablillo, sólo cuando duerme es un angelito!- recitó Octavio, mientras salía del cuarto.
Yo sólo sonreí y comprendí que ni aún sus amigos querían asistirlo. Y no por gusto se había ganado su apelativo: "el rabioso"; Y es que su labor, no era la de un relacionista público, sino la de un polemista que no quería perder ninguna discusión. Siempre acudía a toda reunión de la escuela para pelear, amenazar y es posible insultar a cualquiera que le contradecía, amparándose bajo el título de "el delegado",  Distinción que adquirió antes que empezaran las clases, por el grupo de Octavio, cinco alumnos que creyeron que  representaban a todo el salón, .

Nadie conocía mucho sobre Máximo, decían que vivía en Barrios Altos, en un cuartucho de un solar, que tenía hijos y una esposa a la que no le era tan fiel. A pesar de su carácter, su fisonomía no era grotesca, sino de buen parecer, pero su mirada  no era tierna, ni pacífica, era dura e insidiosa como si guardara demasiado odio y rencor. Tendría 29 a 30 años y según él era suficiente edad para cambiar al país, para destruir a quien se le interponga en el camino.

miércoles, 8 de marzo de 2017

LA HUACHIPEADA" (PARTE 1) NOVELA MISIÓN JERICÓ.

Huachipeada
Fito se portó como un buen anfitrión, hizo el mercado, compró las cervezas, se puso un delantal y cocinó. Apenas alguien llegaba, dejaba todo para recibirlo con un fuerte apretón de manos y un abrazo. Eso permitió que todos nos sintiéramos cómodos.
Habíamos llegado a la finca de su familia, un terreno de 3 mil metros  de área, con algunas vacas y sembríos. Allí designó a Alberto, que no era familiar, sino el que cuidaba el lugar,  como guía para que nos enseñe los maíces, ajíes y hasta tomates que habían cosechado, él solícito a su pedido nos atendió de muy buen humor. Instalado con su familia en una pequeño cuarto al costado de la casa grande, permanecieron allí, hasta muy tarde sirviéndonos el almuerzo y después, la cena.
Después de almorzar, Fito instaló una radio casetera que llevaba a todos lados, en una pequeña explanada frente a la casa grande, puso  música chicha contagiante y movida. Corrió y sacó a Chanel para inaugurar el primer baile.
- Esta pieza es mía -dijo sonriendo.
Todos aplaudieron mientras  contorneaba  su voluminosa cadera. Chanel moviéndose coquetamente, le mandaba miradas seductoras. Tan amena estuvo la música que Máximo se animó a bailar con Mía, quien reía y bailaba moviendo su esbelta figura. Nadie más pudo bailar con ella, porque Máximo la había acaparado tanto, que entre los descansos se dedicaba a hacerle la corte, hablándole cerca al oído, después jalándole de las manos y por último cogiéndole de la cintura. Parecía que un romance había comenzado.

A un lado de la casa, no muy lejos del centro de baile, estaban los magníficos. No bailaban, pero sí reían y conversaban animadamente. La cerveza había logrado en ellos un efecto milagroso. Annie fiel a las actividades, yacía sentada a un costado del equipo de música, agarrando sus muletas. Sonriendo constantemente, saludando a todos sin hacer ninguna distinción. Era la única que no había reñido con nadie. Todos coincidían en decir que ella, inspiraba ternura, pero yo la admiraba porque reconocía, en ella, un temple de acero para  estudiar a como dé lugar.
 Su meta era sobrevivir  sin depender de nadie, a pesar del enorme esfuerzo físico que le demandaba tan sólo salir de su casa, andar con la ropa totalmente empapada de sudor, por el esfuerzo. Sólo una vez cogí sus manos y sentí la callosidad que se había formado por asirse de las muletas. Comprendí que habían otras luchas, más mordaces y continuas como la que libraba ella con su propio cuerpo, al que tenía que arrastrar para lograr lo que buscaba.
Esa tarde Chanel no quiso bailar con  Horacio y él lejos de mostrar su desagrado, se mostró  más solícito con Annie, haciendo de ver que no le importaba, entrando y saliendo de la cocina, llevándole gaseosa y  comida. Ella sólo sonreía, tapándose la boca, mostrando un ligero rubor en su rostro. Presentí que tantas atenciones podrían confundirla sentimentalmente. Lo cual sería peor.
Sin embargo las horas pasaban y Horacio no dejaba de tomar mirando a Fito y Chanel, un poco subido de copas entró súbitamente al ruedo, donde todos bailaban y se paró frente a la cocina. Minutos antes, Chanel había entrado allí , sola, pero no salía. Apenas salió este la interceptó y la contuvo del brazo. Ella sorprendida sólo atinó en sonreírle. Él acercó su rostro y susurró en su oreja. Después de unos segundos sólo vi que ella movía su dedo índice negativamente, él la soltó,  juntó sus manos  y  se los llevó hacia su rostro. Ella se dirigió hacia el grupo de pretendientes que la tuvieron rodeada desde que la música empezó. 
Octavio inmediatamente se acercó.
-“¡Horacio entiende ya no quiere contigo!”
Horacio que conocía muy bien los sentimientos de Octavio replicó enfadado
 – ¿Y tú corazoncito también se resignó?
-¡Ya ves! –respondió Octavio, sonriendo- ¡cómo te picas!.
-¡Pero Cholo! , disculpa nisei, no te das cuenta que con ese rostro rosadito, delicado y su boquita tan rojita, además de un cuerpazo tan bien formado, me es imposible tenerla, peor será para ti. 
(Continuará...)

lunes, 27 de febrero de 2017

Fito: El animoso.

Fito 
Desde que Fito llegó al salón, no hubo momentos sin hablar, lo recuerdo siempre alegre, mostrando a todos una sonrisa, de rostro apacible  y ojos vivaces,  bromeaba con cualquiera de la clase. Su aspecto macizo, algo regordete le daba un aire de muchacho bonachón, simpático, agradable, sobre todo ante las chicas. Pertenecía a una familia acomodada con la que no se llevaba  bien, muchas veces en son de broma decía.
-¡Se cansaron de mí!, me hicieron estudiar administración en la de Lima, me aburrí, me hicieron estudiar derecho en la Católica, no aguanté. Ahora estoy en periodismo por que quise y sólo me dicen:
¡Arreglatelas!, ¡ya tu ve!. No es justo compañeros, sonrie.
-¡Ay que barbaridad Fito! ¿Cuántas Universidades has pisado? – le preguntó  Annie asombrada- yo con las justas  llegué a San Marcos.
Fito la miró desconcertado y le cogió de un hombro sonriendo. Cómo que Annie no captó lo que él quería decir sobre su rebeldía contra su padre, sin embargo continuó.
-Mi papá piensa que debo estudiar leyes para ser como él, un juez  alzado y encorbatado, hermético, hosco y sin sentimientos. Yo pienso que uno debe ser lo quiere ser.
Demostrando siempre una sonrisa se lamentaba, pero a los segundos, se sobreponía  y volvía a su característico personaje: "El animoso".
-¡No se olviden muchachos, este sábado es la Huachipeada con excelente música chicha, mujeres bonitas para bailar- decía - mientras miraba a Chanel, embelesado, quien  le correspondía con una sonrisa.
El día del examen, un sábado glorioso, como así lo denominaron muchos, fue el día más esperado por todos, porque sabían que irían a Huachipa. Vincent no pudo evitar dar un comentario.
-Pobre de ustedes, si no rinden un buen examen,  la fiesta no los salvará - exclamó sonriendo -Juergueros, me resultaron.
Todo el salón festejó su ironía.
Vincent era muy astuto y elaboró un  examen de opinión, con un tema de actualidad: "opinar sobre  los medios de comunicación y la influencia  del gobierno aprista". Quería que apliquemos sus enseñanzas en el tema. Viéndolo por todos los ángulos se trataba de algo fácil de resolver, nada más teníamos que pensar como él y escribir.  Según el chino, la prueba era  una trampa. Si respondíamos de acuerdo a nuestra forma de pensar seríamos desaprobados y  si lo hacíamos de la forma sediciosa, que él quería, no seríamos consecuentes y eso sería nuestra lapidación delante de todos.
Pero el profesor no quería desacreditarlo, buscaba sacarlo de la prueba por eso desde que empezó el test, Lo provocó parándose frente a él, burlándose, pero no logró nada,  decepcionado se sentó y al final, vencido el tiempo, mandó a Máximo quien recogió todas las pruebas, sólo el Chino seguía escribiendo y esto lo animó a molestarlo,  porque le dejó la mano extendida,  solicitando la prueba. Apurandolo, evitando su concentración, al igual que Vincent.
¡Qué espeso!- pensé.  
Una vez que la recogió, observé el rostro cansado y colorado del chino, mientras que el de Máximo lucía desilusionado como que no logró su objetivo.
-¿Para que tanto esfuerzo? - le susurré, increpando su demora.
El sólo sonrió de una manera cómplice.  Supe que no había respondido como el profesor quería y desde antes de dar la prueba ya estaba jalado y como era curso esencial de  carrera  no  podía egresar como bachiller y él era el único profesor que lo dictaba. De esto se aprovechaba para zarandear a todos los alumnos que eran de oposición, a los que le parecían  sospechosos y por último a los que no le gustaban.  Por eso es que al momento de sus clases había muchos rostros desconocidos, gente de otras bases, callados y pusilánimes. No había otra salida,  este profesor se había convertido en la base fundamental de los fachos. Estratégicamente colocado manejaba a su antojo a los alumnos.

Una vez que todas las pruebas estaban en su poder, las metió en su maletín y salió susurrando una canción  “Viva el APRA camaradas……que viva la  intelectualidad.”

sábado, 11 de febrero de 2017

"El Examen" ( Novela Misión Jericó)


Chanel

Al día siguiente Vincent dio fecha para el examen, expuso los temas que iba a tomar y deseó suerte a todos, entre comillas. Con la mirada firme se levantó de su asiento y dijo:

-¡Los que han faltado no se molesten en venir, porque ya están jalados! - causando malestar en muchos que murmuraban lamentándose- ¡Ahh me olvidaba! el 50 por ciento del examen es de las clases presénciales. Así que van a necesitar mucha suerte.
Apenas se fue,  medio salón se movilizó buscando cuadernos de las clases de Vincent, algunos señalaron a los magníficos como los únicos que habían asistido, sin faltar, un solo día. Esos días, fueron el grupo más solicitado del salón, aunque después empezaron las burlas. Horacio decía que eran tan formales que escribían la hora en que empezó a hablar y la hora en la que terminó. Algunos un poco más sarcásticos decían que en uno de sus apuntes escribieron cuantas veces Vincent se bostezaba.
-Jajá. Ja, ¡oye que graciosos! – Reía Jael- su apodo "los magníficos" es como los de la televisión, pero si ellos son tan tranquilitos.
-¡Por eso mismo mujer! – gritó Horacio- ¡Eh magníficos!, préstenme sus cuadernos. Todos soltaron la risa. Hasta el mismo Máximo, que siempre lucía serio.
Fito aprovechando el jolgorio se paró encima de su carpeta.
-¡Compañeros! – Dijo – que les parece si hacemos una fiesta de Bienvenida.
¡Ya cállate, tenemos que estudiar!- gritaron todos en coro.
Fito no se amilanó.
-¡Por eso mismo compañeros!, después del examen nos tiramos un relajo con cervecita y música chicha.
-¡Siii!, pero, ¿Dónde? –preguntó Chanel, entusiasmada por la idea.
Tito la contempló de pies a cabeza embelesado. Se desconcentró por unos instantes. Quizas quiso decirle algo halagador, pero se contuvo, dudó por unos segundos. Miró al salón, respiró profundo y respondió.
-¡En mi casa!
-¡No!…no, ¡otro lugar! – gritaron los muchachos.
-¡Ya!,…ya, que sea en Huachipa y no se me acaloren
-¡Nooo!- volvieron a gritar
-No quieren un lugar tranquilo con árboles, campo abierto y sol todo el día. ¡Ah¡ me olvidaba, los que quieran ir se me apuntan con cuatro soles para comprar cerveza y preparar la comida.

Chanel inmediatamente se levantó de su sitio dejando al grupo de Máximo desconcertados, sin saber qué hacer. Sonriendo se acercó a Fito, quien celebró su participación dándole un aplauso. Ella sólo lo miró, como si intuyera la atracción que ejercía sobre él. Le coqueteó con la mirada, le dio el dinero y se dio media vuelta. Máximo, el chino Octavio y Lulú, le siguieron como corderitos, después nos inscribimos nosotros: “los Alternativos”, con Horacio a la cabeza, que no cesaba de mirar a Chanel, igualmente embelesado. Siguiendo la fila aparecieron los magníficos y el resto del salón. La propuesta de Fito tuvo acogida.  (continuará...)

jueves, 2 de febrero de 2017

CONÓCETE A TI MISMO

No sé cuándo empezó esta práctica, pero desde que conocimos al Chino nos adiestró analizando actitudes, poses, gestos, frases, conversaciones de doble sentido. Casi diariamente, sin premeditar reflexionábamos después de cada clase, cuál clase de psicoanálisis, pero Alejandro no dejaba de estar inquieto, como si el tiempo se agotara.  
-Ahora que ustedes han empezado a analizar – dijo Alejandro- que tal si aprendemos un juego: “A que animal te pareces”. Por ejemplo si yo tuviese que compararme con un animal creo que elegiría al búho, porque se piensa de él que es paciente, sensato y  analítico, pero su debilidad está en su incapacidad para defenderse. 
"Así no se vale pues chino, ese era mi animal representativo", indicó Horacio, sonriendo picarescamente.
-¡No cholo! -dijo el curita -tú eres un canito, un perrito y no puedes cambiarte a última hora. ¡No puedes abandonar  tu personalidad!
-¡Y dale con Canito!, respondió Horacio,  sonriendo.
-¡Esto es serio muchachos! – los amonestó el Chino, calmadamente -  Ustedes tienen que abstraerse completamente de sus deseos y buscar no al animal que les gusta, sino al que tiene características como las suyas, y no en lo físico- miró al curita- sino en su personalidad. 
En realidad nos hizo batallar, yo por mi parte no acerté con ningún animal, a todos los descarté. El perro era símbolo de la fidelidad, el gato de la astucia, la rata de infidelidad, el caballo… era fiel y trabajador, no...No lo creo pensé. Más puedo pensar en aves; quizás el Águila constante y acertado. Al final no pude compararme con ninguno. Aunque  después me arrepentiría de no haberlo hecho .El Chino nos observaba sonriente “ya mucho piensan”  ¿Qué animal eres tú?- le preguntó a Jael.
-Bueno Chinito, te acuerdas que conversamos sobre esto y te dije que creía que soy una liebre, temerosa por momentos, dispuesta a huir al menor peligro; alguien  que  busca siempre una madriguera, un  refugio seguro.
-¡Muy bien!, -dijo el chino- comprendiste el juego.
-¿Tú Horacio?,
-¡Yo tiro la toalla!, no he podido abstraerme, chinito.
-Te gustaría que nosotros te analicemos
-¡Bueno! – Levantó sus manos – ¡qué más da!
Todos hablamos nadie se quedó callado, Horacio sólo nos miraba riéndose de cada cosa que decíamos hasta que al final acordamos que su animal representativo era el buey, por su fortaleza y constancia pero con una debilidad, su dependencia de alguien.
El curita como siempre evadió, primero Roberto dijo por ser el más alto. Entonces el chino mirándome de frente, me dijo, yo ya tengo a tu animal. Lo miré desconcertado, porque no pidió intervenciones, más bien con su acción inhibió a todos.
-¿Qué vas a hablar Alejandro? – le pregunté sonriendo y a la vez algo preocupado.
-Mira tú para mi eres un “San Bernardo”- se rio – porque eres grande, y manso. Todos festejaron con una tremenda carcajada. No me quedó otra que seguir la broma y reír aunque por dentro me molestó tal comparación. Pensé que esa era una mala estocada del chino, pero por qué delante de todos. Él sonrió y miró a Jael y entonces creí comprender el chiste pesado.
-Pero,  ¿qué de malo tiene  buscar la paz y menospreciar a la guerra? - arremetí
El chino dejó de reír.
- No entiendes todavía – enfatizó y agravó su voz – "conócete a ti mismo" deseas que tus enemigos conozcan tus debilidades para que hagan escarnio de ti, serías una presa fácil. En cambio si los reconoces,  potenciarías tus lados débiles y serías un adversario formidable para cualquiera. 
Todos se quedaron boquiabiertos. 
-¡Entiendan, no es juego, es nuestra vida! 

domingo, 29 de enero de 2017

La Agonía: "Misión Jericó"

LA AGONÍA DE JAEL
El curita se fue y el Chino nos llevó al "Vanesa", uno de los mejores restaurantes de la Ciudad Universitaria. Allí,  había  alumnos de casi todas las facultades. Y lo mejor de todo, nadie conocía a nadie. Apenas nos acomodamos en la mesa,  reconocí la figura de Jael en la puerta. No sé por qué, pero me alegró verla. Horacio igual sonrió y esperó que se sentara para abrazarla fuertemente.

- ¿Dónde has estado mujer que te hemos echado de menos? – preguntó Horacio- o te has juergueado toda la noche, sin invitarnos?
-¡Suéltame tosco! , replicó Jael, sonriendo- lo que pasa es que yo siempre me divierto sola y tú sabes ¿No,  Horacio?- le dio unas palmaditas en el brazo – lo matada que uno amanece al día siguiente.
-¡Ya, sin indirectas mujer! – Le cortó Horacio- ¿Cuando voy a una Fiesta loca?
-¿Perdón?– interrumpió  Jael – “de locas” querrás decir.
-¡Oye mujer yo no soy fácil!, menos para ir a cualquier fiesta, y no creas que te voy a invitar, sonrió
-¡No!,..¡Por favor!, ¡por favor…¡No!
-¡Bueno, esta conversación me dio hambre! - Horacio se frotó las manos , nos miró sonriendo.
-¡Tengo hambre!,  vamos chinito a traer la comida.
Me quedé solo con Jael.
- ¿Qué te pasa? – Le pregunté – tus ojos están hinchados, parece que has llorado. Soltando una pequeña sonrisa movió las manos desordenadamente, algo nerviosa.
- ¡Ay!, ¿te parece?, no creas todo lo que ves - Volvió a sonreír, evadiendo la pregunta, mostrando una mirada tierna y fresca.
-¿Cómo está tu familia?
-¡Me parece que todos bien!
-¿No te comunicas con ellos?
-Casi no
-¿Por qué esa falta de comunicación?
-¡Mi padre! – Respondió y sus ojos se nublaron, sacó un pañuelo y secó cada una de las lágrimas que cayeron sobre su rostro. 
- ¡Ay mi papá!, él piensa que todos debemos  aprender a vivir solos para triunfar por nosotros mismos. Desde el mayor de mis hermanos hasta yo que soy la penúltima, hemos emigrado de casa con una mano adelante y la otra atrás, con una lista de consejos que lo tengo bien grabado en mi cabeza.
-¿Y tu mamá?  - interrumpí - ¿está de acuerdo?
-Ella, es una mujer noble, del tipo de mujeres obedientes al marido, de las que callan  y soportan todo sin protestar.
-¿Y tus hermanos?
-Ellos también salieron de casa a buscarlas.
-¿Pase lo que pase? - pregunté
-¡Si! – Contestó- es duro salir de casa y no conocer a nadie, porque cuando necesitas, te das cuenta que estás sola – prorrumpió en llanto.
-¿Te ha pasado algo?
-No….no, nada. Solo que aún me cuesta adaptarme a esta situación.
Mientras se secaba las lágrimas observé su rostro, delgado,  una nariz perfilada, adornada por unos ojos negros, ovalados y grandes. Un  cabello ondulado y corto cubría su frente. Su rostro  era como muchas mujeres, pero tenía un espíritu tan sencillo y tierno que guardé en mi corazón mucho aprecio hacia ella, pero supe que algo grave  sucedía y no quería contarlo.
-¡ Llegamos! -dijo Horacio- cargando una fuente de comida, detrás le seguía el Chino con otra fuente de tazas de café.
-¿Qué pasó con  Jael?- me interrogó el chino algo molesto.
-Nada le respondí- sólo conversábamos.
-Seguro que has estado haciendo tus preguntas existencialistas
-¡Ya chinito calma, calma! – me guiñó el ojo Horacio- tu sabes que las mujeres lloran por cualquier cosa.

-¡Si! , Alejandro siéntate  por favor – sonreía Jael, mientras  lo cogía de la mano obligándolo a sentarse a su lado. Un poco sonrojado se sentó y después, todos almorzamos sin más comentarios.

jueves, 12 de enero de 2017

Mía: El detonante. Novela Misión jericó

Conociendo a Mía


El chino se abocó a la tarea de acercarse a  los demás, nunca descalificaba a nadie, pensaba que todos tenían un don para explotarlo, se dedicó en reconocer a cada uno y llamarlos  por su nombre y puso su mira en el grupo de "los magníficos", como así los apodó Octavio para burlarse de ellos, porque eran los más callados. Tarea difícil, porque apenas si saludaban y no porque
eran indiferentes, sino temerosos. Siempre se sentaban juntos, salían juntos y hablaban entre ellos, tan bajito que despertaba  la curiosidad cuando uno de ellos, reía a carcajadas. Siempre pensó en cómo incluirlos en un taller de comunicación.
-"Despertarlos "-esa era su frase- la única forma de no caer en la desesperación subversiva es saber hacer algo.
Pronto apareció Mía, que  por su esbelta figura, causó suspiros, la recuerdo  caminando por los pasadizos, acercándose a todos sin temor, pecando de ingenua, cuando preguntaba algún tema que desconocía,  siempre  indagando, junto a Jael. Ella más adelante sería el detonante de una serie de eventos que se salieron  de control, afectando a todos en el salón, de tal manera que hasta el día de hoy se siente un sabor amargo.
Ese día Mía lucía radiante con una blusa manga cero y un pantalón jean ceñido, usaba unos zapatos de taco tres que le daban un aire de modelo. Su rostro ovalado, tez clara y ojos cafés, con cerquillo sobre su frente resaltaban la belleza peruana. 
-¿Por qué les dicen a ustedes los alternativos? -nos abordó acompañada de Jael, mientras  conversábamos en el pasadizo.
A mí me sorprendió, ya que no todos conversaban con nosotros y menos de esos temas. A primera vista me pareció muy ingenua, mis amigos lo tomaron como una broma y sonrieron.
-¡Ya pues, chicos no estoy bromeando!- dijo- ya averigüé que significa “facho”.
-¿Si?- respondió el chino intrigado – y ¿qué significa?
-Primero respondanme  ustedes y después yo.
-¡Pero mujer! -respondió Horacio - ¡No te das cuenta que ese es un insulto para nosotros!
-Déjame hablar, señor Canito - sonrió el curita mirando embelesado a Mia, quien además era más alta que él por unos diez centímetros.
-¡Te dije que no me digas Canito, por favor! - respondió Horacio risueño, algo acongojado más no molesto.
El curita sonreía, igual que Mía que los observaba encantada. 
- ¡Vamos a ver, señorita!, pues – se irguió, tratando de igualarla  en altura y con voz solemne, casi impostada replicó.
 – Bueno- sonrió- Los alternativos creen  que esta sociedad no debe ser cambiada radicalmente como opinan las facciones violentistas, sino que existen otras formas de concertación que pueden cambiar el sistema. ¿Entiendes o quieres que me explaye más? El chino que escuchaba atento, sólo asentaba afirmativamente con la cabeza, con una sonrisa cómplice.
-¡Por favor me acabas de dar una clase magistral! -Interrumpió Horacio - pareces un catedrático, ¡hombre!
-¡Pos hombre! ¡Que cuando uno es bueno, por todos lados lo demuestra!.
-¡Ya chicos!, mejor los dejo solos.
 Mía cogió a Jael del brazo y se retiró, contoneándose, provocando la mirada de todos los alumnos en el pasillo de comunicación.  El curita al ver que se iba, sólo susurró en voz baja :
- “¡Adiós preciosura!”.
Todos sonrieron.

El chino empezó a frotar sus lentes, mientras nos miraba uno a uno, siempre lo hacía cada vez que necesitaba concentrarse en algo.
- ¡Aja!- decía- mientras meditaba.
Sabía que algo tramaba, pero no sabía qué.