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El amor más insosegable de un niño: "su mamá"

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martes, 25 de abril de 2017

El arma secreta: "El pacto"












- Este Chino, algo se trae con Nixon- dijo Horacio- lo que no entiendo es qué hace la flaca metida allí. Se rascaba la cabeza  mientras me contaba que los había visto comiendo juntos  a la hora de salida. Yo tampoco lo sabía, pero si venía de él es porque algo de gran envergadura pasaría.
El chino desapareció varios días, hasta que después reapareció  sonriendo.
- ¡Hola todos!- dijo- traigo novedades, se acercó a mí y sin ningún preámbulo me preguntó:
-¿Tú qué harías si te comprometes con una chica del centro federado o del tercio?
-¿Por qué  me preguntas esas cosas? – le respondí, confuso.
-¡No te das cuenta!- replicó – la cantidad de posibilidades que tendría esa persona, sería capaz de entrar en el circulo del Decano y hasta del mismo Rector de la universidad y si es hábil se valdría de estas amistades para presentar  proyectos a instituciones extranjeras y llenarse los bolsillos con miles de dólares. Existirían posibilidades de trabajo en la misma universidad. Tu visión del mundo se expandirá y dejaría de ser achatada.
-¿De quién hablas?  - le pregunté intrigado e inmediatamente pensé en Jael y Nixon,
- ¡No!-  me dije, esas cosas no suceden tan rápido. El chino rebosaba de felicidad, su rostro estaba totalmente cambiado y callé, esperando que me de más información.
-¿Cómo que de quién hablo?- interrumpió mi meditación- ¡Hablo de ti!, empezó a reírse. No quiso responder e inteligente evadió todas mis preguntas, dejándome con las ganas de averiguar, si mis suposiciones eran ciertas. El chino, se volvió más desconcertante, ¿jugaría con los sentimientos de las personas?, ¿utilizaría a Jael?, ¿lograría sus mezquinos propósitos? Supe que algo había pactado, pero no me imaginaba qué. Todo para él siempre fue pactar, así le enseñaron, recibió entrenamiento especial para saber pactar bajo presión, así entró a la universidad, preparado para un fin que requería de tácticas, maniobras, pactos y posiblemente riesgos de perder la propia vida,  sino, no hubiesen mandado a un estratega de lo más alto, como diría más adelante  Fernando, un activista de izquierda
-Si no haces un pacto- me decía el chino en casi todas las reuniones - no lograrás nada en esta vida y tienes que saber hacerlo, debes manejar la situación siempre y contar con un "as" en la manga. Además debes tener un plan de contingencia, por si sale mal la transacción.
Cuantas veces Jael se burlaba de él, tachandolo de ver muchas películas de espías, sin embargo él impávido seguía afirmando.
-La CIA es especialista en pactos - nos decía mirándonos fijamente, en nuestras pequeñas reuniones- ¿por qué creen que tiene tanta injerencia en diversos países?
-¡Pactos!- respondía, exaltado y muy resuelto - esos gringos invierten en candidatos de acuerdo a sus propósitos a cambio de un servilismo incondicional. ¡Pronto aprenderán a hacer pactos y serán los mejores!
Todos callamos, hasta Jael porque entendimos que sus palabras eran ciertas y su juicio era tan  lógico, que atemorizaba.
El chino no era un ciudadano normal, antes de hablar ya tenía esquematizado  sus diálogos por eso para él, escalar posiciones, era todo y siempre menospreció al amor, pues era manipulación; Cualquier sentimiento para él estaba en un segundo plano y  lo fundamental era buscar el poder, sin importar cómo lo haces; Valiéndose de amistades, posiblemente adulando fingiendo y mintiendo. Esa tarde traté de hilar conjeturas, pero preferí escuchar la versión del Chino, pero está nunca llegó hasta que todo fue consumado.

(continuará...Próximo capítulo: "Un pacto con Vincent")


martes, 11 de abril de 2017

EL N.N. DE LA ESCUELA

Nixon Nores

A la mañana siguiente Jael llegó completamente desconocida a clases. Parecía una mujer, bueno era mujer pero otra, muy atractiva. En casa había dejado sus jeans y zapatillas para cambiarlos por falda y zapatos de taco. Desde el momento que entró no cesaron los silbidos. La miré de pies a cabeza, no parecía nuestra amiga Jael. 
-¡Oye!- me codeó Horacio- ¡que buenas piernas tenía la flaca!
El curita embelesado se puso en pie y dijo galantemente: “Pues hombre que si así me la mostráis, yo tiro la sotana”
-Ya siéntate chato – le jaló del brazo, Horacio y ambos se sentaron celebrando sus ocurrencias.
El chino, no acostumbrado a los galanteos,  se  sacó sus anteojos, los limpió, se los volvió a poner y mirando fijamente a Jael, la cogió de los hombros. Ella lo miró sorprendida  y él le dijo: ¡Estas muy bonita! Y la soltó abruptamente.
El curita que estaba detrás, observando todo atentamente, se le acercó al oído.
-Mujer estás matadora, ¡Olee! – exclamó sonriente.
Jael rompió en risa – ¡Calma, calma muchachos no se me desesperen!
Esa misma mañana en el intercambio de horas se presentó un personaje que quedaría grabado en la memoria, no sólo del salón, sino de toda la escuela de Comunicación. Era Nixon... Nixon Noris, el estudiante más conocido y mentado en toda la escuela. Su nombre vejado y vapuleado, aparecía en todos los periódicos murales, en la pintas de la paredes de la escuela y fuera de ella, y hasta en los baños. Muchos lo criticaban, pocos se abstenían. “Muerte al traidor de Nixon Noris” decían unas pintas en la entrada de la Escuela de Comunicación. Sin haberlo visto, ya lo conocía, bueno sólo las críticas de él.
Un escándalo ensordecedor de mucha gente, que gritaba en el pasillo, nos alertó de un evento inusual en la escuela,  era el famoso Nixon, estaba en la puerta tratando de entrar, contendiendo con algunos fachos apostados allí.  Todos los alumnos del salón fuimos testigos de cómo a empellones, obstaculizaban que él entre. Máximo como un gallito de pelea lo empujaba hacia fuera y Nixon con sus manos en alto, demostraba que él no era ningún agresor.
-¡Compañero creo que si creemos en la democracia debemos dejar que el salón decida si debemos o no entrar! - decía Nixon, mientras aguantaba pacientemente los empujones. 
-¡Te he dicho, que no!, ¿no entiendes?- decía Máximo atribuyéndose potestades que el salón no le había otorgado.
El chino alertado, corrió y se parapetó delante de toda la clase levantando en alto sus brazos, captando nuestra atención.
-¡El es miembro del Tercio estudiantil! – dijo, casi suplicante - y es un representante de la Facultad, ¿creo que debemos decidir si queremos escuchar o no a nuestros representantes?
Todos asentaron sus cabezas afirmativamente, menos Octavio y su  grupo. Eso impulsó para que el chino llamara a Máximo.
- ¡Oye delegado! -gritó – ¡el salón quiere votar!
Máximo, trastabilló desconcertado, volvió la mirada hacia el salón y observó al chino enfadado. No podía hacer nada. Era muy evidente que él estaba tomando decisiones propias, a nombre del salón. Se paró delante de todos con los ojos inyectados y los brazos cruzados, mirando con su rostro desencajado. No dijo nada, sólo respiró profundamente, había perdido piso.
- ¡Los que quieran que no entre el estudiante, que alcen la mano! - dijo y abruptamente levantó la suya, esperando quizás que con su actitud resuelta, el salón le siga, pero se equivocó, todos le dieron la espalda, esta vez,  porque votaron para que entre, ni siquiera los tres votos de sus amigos hicieron algún efecto, Al contrario al verse derrotados bajaron sus manos abochornados. Máximo desapareció, ante el júbilo de una veintena de alumnos que entraron, junto con Nixon. Habían rostros distintos, sonrientes, eran la gente de izquierda unida,  acompañando a su líder, que entró solemne sin sonreír, no llevaba ningún papel, ni apuntes, o consejeros que le indiquen sus temas a tratar.  Respiró profundo, saludó a todos y dio las gracias. Su rostro lucía sudoso y cansado.  Le calculé unos 25 años. No era muy alto, estaba casi al promedio de todos los estudiantes. Con su contextura delgada no aparentaba ser el “matón avezado” del que todos hablaban, al contrario, cuando empezó a hablar, uno de los alumnos levantó la mano.
-Disculpa compañero sin ánimo de ofender –dijo resueltamente-  te diré que hablas tan rápido que pareces una locomotora desbocada, y no entiendo nada.
Todos rieron y Nixon aceptó la broma sonriendo. Esa actitud ganó al salón, rompió el hielo, retomó su discurso otra vez y poco a poco empezó a correr de nuevo. Habló sobre las necesidades de la Escuela y los esfuerzos denodados en cubrirlos. No presentó ninguna bandera política, no satanizó a los fachos, por el contrario sólo dio un informe muy técnico de su trabajo como tercio Estudiantil.
- Pensé que se mandaría un rollo- me dijo Horacio sorprendido.
Recordé como el chino  loaba la capacidad de hablar, conceptualizando ideas, de manera rápida,  combinando conceptos y palabras al mismo tiempo, sin pausas, como una computadora con mucha información. Arturo, era para él  un vivo ejemplo, pero al verlo a Nixon seguro que se quedaría sorprendido porque la  capacidad de él  era impresionante. Lo busqué, quería ver su expresión. Estaba adelante, sentado atendiendo, boquiabierto. Presentí que ya lo conocía, la forma tan intrépida de actuar, desafiando al delegado y provocando una reacción del salón, no podía ser  espontánea, tenía que existir algo más, quizás la visita al salón había sido prevista, así como la  estrategia para vencer al delegado, usando al salón
-Nixon actuó sabiamente -me dijo después el chino- no se dejó provocar por el facho de Máximo, ni siquiera  respondió sus empujones. Ese fue un punto a su favor para que el salón se compadeciera y le permita entrar. Ahora ya entramos en campaña y estableció  claramente que el pertenece a un grupo  que trabaja y no  a uno bullicioso e infantil como los Fachos. Mis suposiciones fueron confirmadas, Todo había sido planificado con la ayuda de el chino.

Era cierto las elecciones habían llegado a  la Escuela y el chino poco a poco se descubrió como un miembro de una facción política de la universidad,  aunque en un principio no sabía a cual, pero ahora sí lo sabía. Muchas veces, después de esa mañana lo vi dialogando con Nixon, en el patio de Letras y Jael siempre  los acompañaba, algo tramaban.
(continuará...)

viernes, 31 de marzo de 2017

LA FOTO

(La foto)

Mucho interés despertó una fotografía antigua, del tamaño de un póster, donde estaba  toda la familia de Tito, desde la primera generación, hasta la última, testificando en sus poses, su fuerza y la envergadura de su linaje. Posiblemente el Bisabuelo fue un panadero o un zapatero emprendedor, pero las generaciones venideras se volvieron, abogados,  jueces y hasta ministros.
-¡Allí está el Ministro de salud! – dijo Octavio abriendo más sus ojos rasgados y causando admiración entre los observadores.
-¡Pero no sabía que su tío era ministro! – exclamó Annie, tapándose la boca – ¡Válgame Dios!, ¿quién lo hubiera imaginado?
-¡Ya pues muchachos no sean apagados!- exclamó Fito, desconcertado - ¡Vamos a bailar!, después tendrán tiempo de mirar.
En cuestión de segundos, Fito retiró a todos de la sala, observó de reojo la fotografía que mirábamos y bajó la mirada, suspiró, se sentó en la cama donde yacía Máximo  y se quedó quieto por unos minutos. Exhaló profundamente y su cuerpo se encorvó. Parecía vencido, sin ánimos, ni fuerza, al parecer, la correa familiar, le había quedado muy grande.
¡Soy una decepción!- dijo cavilando – Si tan sólo comprendieran, que quiero ser yo y vivir como quiero. ¡Nunca seré como ellos!
Fito era el que más plata tenía en el grupo, tenía una hermosa casa en el distrito Pueblo libre y manejaba un auto, regalo de su papá. En esos tiempos de los ochenta con la crisis que agobiaba al país, tener un auto era un lujo, sobre todo para alumnos que andaban a las justas con su pasaje de autobús en el bolsillo. Él, para todos, era la representación del poder en el aula, lo que todos aspiramos tener y sin embargo, él buscaba tener lo de nosotros. ¿Qué hacía en una universidad estatal?,  buscaba algo que no encontraba en sus círculos de amigos de la alta sociedad, algo que le perturbaba tanto, que abandonó las universidades más caras de Lima, desafiando a sus padres, el linaje familiar y mandando todo por un tubo. A pesar de la tremenda presión, el abandonó todo, dedicándose a vender cassettes de música en las puertas de la universidad. Nada lo amilanó era él o no era nadie.
Soy yo!- decía-  el que vive, sueña, ríe, llora, ¿y no ellos?,  ¿por qué debo hacer lo que ellos quieren?
Todos lo escuchamos más de una vez quejarse y siempre terminaba con una sonrisa en el rostro, demostrando a todos que: la función tiene  que continuar.
-¡Fito se acaba la cerveza!- lo interrumpieron con gritos de afuera.
-¿Que?, ¡No sean así muchachos, ni bien me distraigo ustedes aprovechan! – Se incorporó guardó sus penas, se frotó la cara y esbozando una sonrisa, salió. Era como un actor, no podía estar triste, tenía que hacer sentir bien a todos los invitados, repartió alegría por todos lados, sirvió las cervezas, se colocó un delantal y empezó a cocinar en un a fogón de leña,  salchichas. Como todo buen profesional dejaba las penas atrás.
Y así fue la música: “¡Anda huara de mi vida, dame, dame tu querer!... ¡Si no me das tu cariño yo me moriré de amor!
Aquel día todos trataron de ser amigos, no hubo contiendas, ni disputas, sólo algunas declaraciones furtivas y apachurrones. Úrsula, la futura comprometida de Octavio, que aún era soltera hasta que salió de la fiesta, quiso tomar unas fotos y para eso tuvieron que reunir a todo el salón, incluso a Máximo, lo sacaron cargando y lo hicieron posar dormido. Muchos se reían hasta que sonó el clic de la cámara. La voz uniforme de Whisky se escuchó al final.
Por ese entonces nadie intuía que una simple foto, sería el iniciador de dolorosos eventos  que permanecerán grabados por siempre en el corazón de cada uno en la “La gran  Huachipeada”.


(Próximo capítulo “El gran N. N., famoso líder controvertido y polémico de la facultad que se presentaría en el salón, armando un gran alboroto)


sábado, 25 de marzo de 2017

La desolación de Máximo

La desolación de Máximo.
Chanel frente a ellos seguía bailando esta vez con Fito, quien sin desaprovechar la ocasión, la cogió de la cintura y de las manos y le hacía dar vueltas una y otra vez  al compás de la música chicha. Se convirtió en el centro de atención con un jean bien ceñido y una blusa manga cero pegado a su cuerpo. Apenas terminó la pieza  los tres  pretendientes estiraron la mano para invitarla a bailar, ella sólo alzó sus dos manos para agitarlas hacía sí misma, dándose aire. Estaba completamente rendida. Aun así seguían rodeándola como abejas detrás del panal. Ellos se conocían, compartían y bebían igual como lo hacían Horacio, Fito y Octavio y como buenos contendientes no se agredían.
Jael estaba con el chino siempre abrazándolo, chocheando. Ambos estaban sentados reposando después de la comida. El chino escarbaba  el terreno con un palito de escoba interrumpiendo el paso a una columna de hormigas.
-¿Qué haces chino? , le pregunté
-Si nosotros fuéramos como las hormigas – respondió sin levantar la cabeza- nuestro país sería un imperio fuerte y grande. Todos tendríamos trabajo. No habría monopolios injustos que nos aniquilen lentamente. Todos seriamos iguales con los mismos derechos, no existiría el terrorismo, ni el odio, no existirían Vincents  lavacerebros para destruir este sistema. Sería tal vez la sociedad adecuada, seríamos una sociedad feliz. 
No muy lejos de Alejandro y sus cavilaciones, escuchamos el grito desesperado de Mía, todos acudimos mortificados  y vimos el cuadro desolador de Máximo, arrodillado en el suelo tratando de levantarse, sin poder hacerlo, totalmente ebrio, no podía mantenerse en pie, con los ojos desorbitados y babeando.  A su alrededor sólo se escuchaba  risas y mofas, no pudo incorporarse y Mía pidió ayuda. Ella que estaba a su lado, no aparentaba haber bebido, sin embargo al tratar de levantarlo lo sintió tan pesado que tuvo que soltarlo y cayó como un saco de arena. Ella se asustó, se tapó la boca y comenzó a agitar su mano izquierda pidiendo ayuda.
-¡Perdón!, no fue mi intención- dijo ella, mientras le ayudaba a levantarse.
Máximo, totalmente empolvado, hasta el rostro, trató de levantarse, pero no pudo. Nadie corrió en su ayuda, muchos pensaron que sólo fingía, para tirarse encima de Mía. Bocabajo  en la tierra, sólo gemía palabras inentendibles. Asido de la botella, levantaba la mano que tenía libre para llamar. El cuadro me deprimió y llamé a Octavio, quien desorientado me siguió. Lo levantamos a la voz de tres.
- ¡Está pesadito! - exclamó Octavio, mientras Máximo sonreía, completamente desorientado con los ojos cerrados.
Lo llevamos a una  de las camas de la casa. Octavio lo miraba y con una mueca burlona lo tapó con una manta.
-¡Este diablillo, sólo cuando duerme es un angelito!- recitó Octavio, mientras salía del cuarto.
Yo sólo sonreí y comprendí que ni aún sus amigos querían asistirlo. Y no por gusto se había ganado su apelativo: "el rabioso"; Y es que su labor, no era la de un relacionista público, sino la de un polemista que no quería perder ninguna discusión. Siempre acudía a toda reunión de la escuela para pelear, amenazar y es posible insultar a cualquiera que le contradecía, amparándose bajo el título de "el delegado",  Distinción que adquirió antes que empezaran las clases, por el grupo de Octavio, cinco alumnos que creyeron que  representaban a todo el salón, .

Nadie conocía mucho sobre Máximo, decían que vivía en Barrios Altos, en un cuartucho de un solar, que tenía hijos y una esposa a la que no le era tan fiel. A pesar de su carácter, su fisonomía no era grotesca, sino de buen parecer, pero su mirada  no era tierna, ni pacífica, era dura e insidiosa como si guardara demasiado odio y rencor. Tendría 29 a 30 años y según él era suficiente edad para cambiar al país, para destruir a quien se le interponga en el camino.

miércoles, 8 de marzo de 2017

LA HUACHIPEADA" (PARTE 1) NOVELA MISIÓN JERICÓ.

Huachipeada
Fito se portó como un buen anfitrión, hizo el mercado, compró las cervezas, se puso un delantal y cocinó. Apenas alguien llegaba, dejaba todo para recibirlo con un fuerte apretón de manos y un abrazo. Eso permitió que todos nos sintiéramos cómodos.
Habíamos llegado a la finca de su familia, un terreno de 3 mil metros  de área, con algunas vacas y sembríos. Allí designó a Alberto, que no era familiar, sino el que cuidaba el lugar,  como guía para que nos enseñe los maíces, ajíes y hasta tomates que habían cosechado, él solícito a su pedido nos atendió de muy buen humor. Instalado con su familia en una pequeño cuarto al costado de la casa grande, permanecieron allí, hasta muy tarde sirviéndonos el almuerzo y después, la cena.
Después de almorzar, Fito instaló una radio casetera que llevaba a todos lados, en una pequeña explanada frente a la casa grande, puso  música chicha contagiante y movida. Corrió y sacó a Chanel para inaugurar el primer baile.
- Esta pieza es mía -dijo sonriendo.
Todos aplaudieron mientras  contorneaba  su voluminosa cadera. Chanel moviéndose coquetamente, le mandaba miradas seductoras. Tan amena estuvo la música que Máximo se animó a bailar con Mía, quien reía y bailaba moviendo su esbelta figura. Nadie más pudo bailar con ella, porque Máximo la había acaparado tanto, que entre los descansos se dedicaba a hacerle la corte, hablándole cerca al oído, después jalándole de las manos y por último cogiéndole de la cintura. Parecía que un romance había comenzado.

A un lado de la casa, no muy lejos del centro de baile, estaban los magníficos. No bailaban, pero sí reían y conversaban animadamente. La cerveza había logrado en ellos un efecto milagroso. Annie fiel a las actividades, yacía sentada a un costado del equipo de música, agarrando sus muletas. Sonriendo constantemente, saludando a todos sin hacer ninguna distinción. Era la única que no había reñido con nadie. Todos coincidían en decir que ella, inspiraba ternura, pero yo la admiraba porque reconocía, en ella, un temple de acero para  estudiar a como dé lugar.
 Su meta era sobrevivir  sin depender de nadie, a pesar del enorme esfuerzo físico que le demandaba tan sólo salir de su casa, andar con la ropa totalmente empapada de sudor, por el esfuerzo. Sólo una vez cogí sus manos y sentí la callosidad que se había formado por asirse de las muletas. Comprendí que habían otras luchas, más mordaces y continuas como la que libraba ella con su propio cuerpo, al que tenía que arrastrar para lograr lo que buscaba.
Esa tarde Chanel no quiso bailar con  Horacio y él lejos de mostrar su desagrado, se mostró  más solícito con Annie, haciendo de ver que no le importaba, entrando y saliendo de la cocina, llevándole gaseosa y  comida. Ella sólo sonreía, tapándose la boca, mostrando un ligero rubor en su rostro. Presentí que tantas atenciones podrían confundirla sentimentalmente. Lo cual sería peor.
Sin embargo las horas pasaban y Horacio no dejaba de tomar mirando a Fito y Chanel, un poco subido de copas entró súbitamente al ruedo, donde todos bailaban y se paró frente a la cocina. Minutos antes, Chanel había entrado allí , sola, pero no salía. Apenas salió este la interceptó y la contuvo del brazo. Ella sorprendida sólo atinó en sonreírle. Él acercó su rostro y susurró en su oreja. Después de unos segundos sólo vi que ella movía su dedo índice negativamente, él la soltó,  juntó sus manos  y  se los llevó hacia su rostro. Ella se dirigió hacia el grupo de pretendientes que la tuvieron rodeada desde que la música empezó. 
Octavio inmediatamente se acercó.
-“¡Horacio entiende ya no quiere contigo!”
Horacio que conocía muy bien los sentimientos de Octavio replicó enfadado
 – ¿Y tú corazoncito también se resignó?
-¡Ya ves! –respondió Octavio, sonriendo- ¡cómo te picas!.
-¡Pero Cholo! , disculpa nisei, no te das cuenta que con ese rostro rosadito, delicado y su boquita tan rojita, además de un cuerpazo tan bien formado, me es imposible tenerla, peor será para ti. 
(Continuará...)

lunes, 27 de febrero de 2017

Fito: El animoso.

Fito 
Desde que Fito llegó al salón, no hubo momentos sin hablar, lo recuerdo siempre alegre, mostrando a todos una sonrisa, de rostro apacible  y ojos vivaces,  bromeaba con cualquiera de la clase. Su aspecto macizo, algo regordete le daba un aire de muchacho bonachón, simpático, agradable, sobre todo ante las chicas. Pertenecía a una familia acomodada con la que no se llevaba  bien, muchas veces en son de broma decía.
-¡Se cansaron de mí!, me hicieron estudiar administración en la de Lima, me aburrí, me hicieron estudiar derecho en la Católica, no aguanté. Ahora estoy en periodismo por que quise y sólo me dicen:
¡Arreglatelas!, ¡ya tu ve!. No es justo compañeros, sonrie.
-¡Ay que barbaridad Fito! ¿Cuántas Universidades has pisado? – le preguntó  Annie asombrada- yo con las justas  llegué a San Marcos.
Fito la miró desconcertado y le cogió de un hombro sonriendo. Cómo que Annie no captó lo que él quería decir sobre su rebeldía contra su padre, sin embargo continuó.
-Mi papá piensa que debo estudiar leyes para ser como él, un juez  alzado y encorbatado, hermético, hosco y sin sentimientos. Yo pienso que uno debe ser lo quiere ser.
Demostrando siempre una sonrisa se lamentaba, pero a los segundos, se sobreponía  y volvía a su característico personaje: "El animoso".
-¡No se olviden muchachos, este sábado es la Huachipeada con excelente música chicha, mujeres bonitas para bailar- decía - mientras miraba a Chanel, embelesado, quien  le correspondía con una sonrisa.
El día del examen, un sábado glorioso, como así lo denominaron muchos, fue el día más esperado por todos, porque sabían que irían a Huachipa. Vincent no pudo evitar dar un comentario.
-Pobre de ustedes, si no rinden un buen examen,  la fiesta no los salvará - exclamó sonriendo -Juergueros, me resultaron.
Todo el salón festejó su ironía.
Vincent era muy astuto y elaboró un  examen de opinión, con un tema de actualidad: "opinar sobre  los medios de comunicación y la influencia  del gobierno aprista". Quería que apliquemos sus enseñanzas en el tema. Viéndolo por todos los ángulos se trataba de algo fácil de resolver, nada más teníamos que pensar como él y escribir.  Según el chino, la prueba era  una trampa. Si respondíamos de acuerdo a nuestra forma de pensar seríamos desaprobados y  si lo hacíamos de la forma sediciosa, que él quería, no seríamos consecuentes y eso sería nuestra lapidación delante de todos.
Pero el profesor no quería desacreditarlo, buscaba sacarlo de la prueba por eso desde que empezó el test, Lo provocó parándose frente a él, burlándose, pero no logró nada,  decepcionado se sentó y al final, vencido el tiempo, mandó a Máximo quien recogió todas las pruebas, sólo el Chino seguía escribiendo y esto lo animó a molestarlo,  porque le dejó la mano extendida,  solicitando la prueba. Apurandolo, evitando su concentración, al igual que Vincent.
¡Qué espeso!- pensé.  
Una vez que la recogió, observé el rostro cansado y colorado del chino, mientras que el de Máximo lucía desilusionado como que no logró su objetivo.
-¿Para que tanto esfuerzo? - le susurré, increpando su demora.
El sólo sonrió de una manera cómplice.  Supe que no había respondido como el profesor quería y desde antes de dar la prueba ya estaba jalado y como era curso esencial de  carrera  no  podía egresar como bachiller y él era el único profesor que lo dictaba. De esto se aprovechaba para zarandear a todos los alumnos que eran de oposición, a los que le parecían  sospechosos y por último a los que no le gustaban.  Por eso es que al momento de sus clases había muchos rostros desconocidos, gente de otras bases, callados y pusilánimes. No había otra salida,  este profesor se había convertido en la base fundamental de los fachos. Estratégicamente colocado manejaba a su antojo a los alumnos.

Una vez que todas las pruebas estaban en su poder, las metió en su maletín y salió susurrando una canción  “Viva el APRA camaradas……que viva la  intelectualidad.”

sábado, 11 de febrero de 2017

"El Examen" ( Novela Misión Jericó)


Chanel

Al día siguiente Vincent dio fecha para el examen, expuso los temas que iba a tomar y deseó suerte a todos, entre comillas. Con la mirada firme se levantó de su asiento y dijo:

-¡Los que han faltado no se molesten en venir, porque ya están jalados! - causando malestar en muchos que murmuraban lamentándose- ¡Ahh me olvidaba! el 50 por ciento del examen es de las clases presénciales. Así que van a necesitar mucha suerte.
Apenas se fue,  medio salón se movilizó buscando cuadernos de las clases de Vincent, algunos señalaron a los magníficos como los únicos que habían asistido, sin faltar, un solo día. Esos días, fueron el grupo más solicitado del salón, aunque después empezaron las burlas. Horacio decía que eran tan formales que escribían la hora en que empezó a hablar y la hora en la que terminó. Algunos un poco más sarcásticos decían que en uno de sus apuntes escribieron cuantas veces Vincent se bostezaba.
-Jajá. Ja, ¡oye que graciosos! – Reía Jael- su apodo "los magníficos" es como los de la televisión, pero si ellos son tan tranquilitos.
-¡Por eso mismo mujer! – gritó Horacio- ¡Eh magníficos!, préstenme sus cuadernos. Todos soltaron la risa. Hasta el mismo Máximo, que siempre lucía serio.
Fito aprovechando el jolgorio se paró encima de su carpeta.
-¡Compañeros! – Dijo – que les parece si hacemos una fiesta de Bienvenida.
¡Ya cállate, tenemos que estudiar!- gritaron todos en coro.
Fito no se amilanó.
-¡Por eso mismo compañeros!, después del examen nos tiramos un relajo con cervecita y música chicha.
-¡Siii!, pero, ¿Dónde? –preguntó Chanel, entusiasmada por la idea.
Tito la contempló de pies a cabeza embelesado. Se desconcentró por unos instantes. Quizas quiso decirle algo halagador, pero se contuvo, dudó por unos segundos. Miró al salón, respiró profundo y respondió.
-¡En mi casa!
-¡No!…no, ¡otro lugar! – gritaron los muchachos.
-¡Ya!,…ya, que sea en Huachipa y no se me acaloren
-¡Nooo!- volvieron a gritar
-No quieren un lugar tranquilo con árboles, campo abierto y sol todo el día. ¡Ah¡ me olvidaba, los que quieran ir se me apuntan con cuatro soles para comprar cerveza y preparar la comida.

Chanel inmediatamente se levantó de su sitio dejando al grupo de Máximo desconcertados, sin saber qué hacer. Sonriendo se acercó a Fito, quien celebró su participación dándole un aplauso. Ella sólo lo miró, como si intuyera la atracción que ejercía sobre él. Le coqueteó con la mirada, le dio el dinero y se dio media vuelta. Máximo, el chino Octavio y Lulú, le siguieron como corderitos, después nos inscribimos nosotros: “los Alternativos”, con Horacio a la cabeza, que no cesaba de mirar a Chanel, igualmente embelesado. Siguiendo la fila aparecieron los magníficos y el resto del salón. La propuesta de Fito tuvo acogida.  (continuará...)