lunes, 26 de septiembre de 2016

Quién es Vincent parte V

¡EL GRUPO LOS ALTERNATIVOS!

-¡Arrodillarme por una nota! – Pensé. ¡Eso no va conmigo!- aunque era importante, pero no lo suficiente. Me fastidió esa hostilidad hacia Alejandro y el curita, obligándome a tomar partido por ellos. Y es que esa rivalidad era con todo aquel que se atrevía a opinar en contra de las ideas de su querido profesor. Mientras tanto Vincent, en cada clase, atacaba cada una de las ideas conciliadoras de Alejandro, mientras que él se mantenía en su posición, enrojecido por la andanada de críticas y burlas. Luchaba solo y no tenía amigos.
El curso de teoría de la comunicación se volvió en un “tira y jale” donde el profesor sólo atinaba en criticar y  mofarse lanzando estocadas verbales, que dañaran a su enemigo, buscando la arremetida fatal. El fin era destruir cada uno de sus argumentos, ridiculizándolo ante el salón, pero por el contrario, levantó la imagen del chino más y más cada día. Su juego destructivo realzó la  presencia de Alejandro en el salón. En realidad, desde que llegaron Alejandro y el curita las clases se volvieron interesantes y realmente se aprendía. Había una lucha de conceptos e ideas que no sólo se producía en el salón, sino al parecer en todas las aulas de la  Escuela o quizás en toda la Universidad, pero al parecer iba más allá posiblemente  en todo el país y es que ante la escalada terrorista que atacaba en las provincias y zonas muy alejadas de las ciudades, se levantaba una propuesta diferente de cambio del sistema, sin usar la violencia radical.
En las horas libres mientras leía, se acercó a mi carpeta una chica de buen parecer, pero de mirada triste.
- Oye compañero – dijo ella - ¿Estás al día en teoría?
-Si – le respondí
-Préstame, no seas malito, ¡por favor! , ¡por favor!, ¿sí?
-¡Ya está bien! no seas impaciente– me agradó su  espontaneidad para pedir
Horacio que estaba atento a sus suplicas expresó en voz alta
-¡Carambas está mujer sí que tiene prisa!
-¡No!, no vayas a pensar mal, he faltado tanto que temo repetir este curso ¿comprendes no? Sonrió, mostrando una sonrisa diáfana y dulce.
-Me llamo Jael y  ¿Ustedes?
Yo soy Starsky -dijo Horacio, y él  señalándome-  es Hutch.
Todos sonreímos
-Como los de la serie policial- dijo Jael- mientras sonreía.
Desde aquel día, ella se sentó junto a nosotros, por momentos volteaba y me encontraba con su mirada, sus ojeras le daban un aire melancólico, casi podría decir desencajado. Como si estuviera enferma o tuviera una profunda tristeza.
-¡Oye, tú te jaraneas de noche y descansas en clase! - reía Horacio, mientras que yo sólo atinaba en recordar que esa misma mirada lánguida la había visto en Toña, una minusválida del salón que a duras penas se sostenía en sus dos muletas. Lo había visto también en muchos alumnos que deambulaban por la universidad, meditabundos, aislados, como si fueran prisioneros de sus pensamientos, muchos de ellos cargaban libros viejos, de bibliotecas caducas de la época del 50, que fueron retenidos en San Marcos.
Recuerdo  las mañanas  frías con lloviznas copiosas que mojaban mi rostro, mientras caminaba por el bosque de letras. San Marcos había despertado como un gigante  empapado. Aquella mañana me sentí libre, alce mi rostro hacia el cielo y sentí una a una  las gotas. Respiré profundamente y un fuerte olor a humedad llenó por completo mis pulmones. Estaba vivo, sentí un gozo tan profundo , aunque por unos minutos fue suficiente medicina para subir las escaleras hacia la Escuela de comunicación, sin sentirme deprimido. Una de las puertas del salón estaba abierta y desde allí observé  a mis compañeros completamente silenciosos. Vincent había llegado. Busqué la puerta trasera y empuje lo más suave que pude para no hacer ruido, pero el profesor me vio, levanté mis cejas y susurré un: buenos días casi silencioso para no incomodar a nadie, pero él no respondió. Sin tomarme en cuenta prosiguió hablando. Busqué un lugar en los asientos de atrás y me senté.
-Muy bien – dijo, en tono ceremonial – de ahora en adelante sólo les voy a dar temas para que ustedes los analicen, los desarrollen profundamente y critiquen. No hay prórroga para la presentación de los trabajos. Los temas son los siguientes. Mientras él dictaba varios títulos, aproveché para acercarme a Horacio y preguntarle.
-¿Qué pasa?
-¡Tenemos que buscar un grupo, Cholo!- me respondió alzando y moviendo sus manos desesperado – y debemos ser sólo cinco.
Ese instante no vacilé, como un relámpago busqué con la mirada al curita, al chino Alejandro y a Mirna y  le propuse a Horacio convocarlos al grupo. Desde mi asiento observé cuando se acercó a Alejandro y como trataba de convencerlo, moviendo sus manos y sonriendo constantemente, mientras que  este, impávido sólo escuchaba. De Mirna y Alejandro me encargué yo, ellos sin pensarlo dos veces,  aceptaron. Después de unos minutos Horacio regresó.
-¡Ese chino sí que me ha hecho sufrir, pero al final cayó! aunque no debiste escoger a Mirna, no te das cuenta que cae quaker, se cree la muy intelectual por uno cuantos libros que leyó
-Puede ser -le dije dudando de mi selección – pero ella sabe sobre marxismo y además estudia derecho en otra universidad.
-¡Peor pues, no va a tener tiempo para las reuniones!- interrumpió Horacio.
-Ella me dijo que si podía, Hay que darle una oportunidad.-le respondí

Levantó los hombros y alzó las manos, conformándose.

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