domingo, 18 de septiembre de 2016

¿Quién es Vincent? parte IV

¡La alternativa!


- No creo que se deba cambiar el sistema, ¿sabe?, creo que existen medios alternativos que pueden transformar nuestra sociedad sin llegar a la violencia, porque allá desde  los arenales hay gente que está trabajando día a día para cambiar su realidad, esforzándose, agrupándose y formando centros comunales, comedores,... – mientras él hablaba, el profesor se acercó a su carpeta con su rostro burlón y después optó por una mirada sarcástica y despectiva. Vincent astutamente miraba a cada uno de los amigos de Máximo y movía negativamente su cabeza, buscando que ellos  desaprobarán el comentario. El nisei se dio cuenta pero no dejó de hablar, su rostro por el contrario se enrojeció por completo como un tomate a punto de reventar. Sus manos empezaron a  temblar igual que sus labios, pero aun así  el continuaba impávido.
-¿Usted no cree en la sabiduría del pueblo? -Preguntó el nisei, al profesor obligándolo a que preste atención a lo que manifestaba  - o piensa que ¿sólo una élite debe  dominar el sistema? Y si así fuera, como lo imagino, usted es de los  que piensan que la gente es incapaz de resolver sus problemas y auto gobernarse. ¿No le gustaría por lo menos interesarse en lo que ellos quieren?  Porque aunque usted no lo crea, si se puede.
-“¡Ya basta!”,  replicó el profesor – ya sé lo que tú eres, un populachero alternativo que piensa en educar al pueblo. Eso es ser necio y yo creo que usted no lo es, sino estaría fuera de mi clase -Corrió hacia la puerta y la abrió con fuerza- Todos callaron, el salón entero enmudeció de miedo.
-¿Por qué? – preguntó Alejandro, porque discrepo de sus ideas.
-¡Acaso no es necesario que todos entiendan que hay otras alternativas!
-¡No!, -gritó, reparó por unos segundos, se controló y habló despacio-  alumno.
Bajo su tono de voz, ante la mirada asombrada del salón.
-¡Ya entiendo, porque has venido! - sonrió lo miró fijamente a los ojos amenazadoramente. El chino trató de argumentar pero él le interrumpió, levantó sus manos en alto y tocó su cabeza, retrocedió lentamente hasta que llegó a su pupitre.
-¡Calma Alumno!, no te incomodes, tendrás más tiempo para seguir argumentando. Por hoy mi clase acabó- bajó el tono de voz, cogió su maletín y desatendiendo toda réplica de Alejandro, se acercó a Máximo y su grupo y los miró, inmediatamente  ellos intervinieron, como si estuviesen preparados para salvar inconvenientes, cínicamente le suplicaron al chino a que no insista.

Aquella mañana, después del altercado, simpaticé  con el nisei igual que con el curita, veía en ellos tanta firmeza en sus opiniones, que me animaron a defender mis criterios a capa y espada, aunque siempre terminaba cediendo. Pero la mayor parte de la clase llegó a admirar sus intervenciones, su posición no violenta, sino persuasiva de pactos y  conciliaciones, que marcaron en las mentes de todos en el salón una posición aun no conocida: “La Alternativa”, como así  denominó despectivamente Vincent a Alejandro. Y no sólo él, sino que todos los pupilos del profesor, dirigidos por Máximo, que lo miraban  con desprecio, desde ese día. Sentados siempre en las primeras carpetas, ni siquiera se comunicaban con el resto del salón, habían formado un grupo tan cerrado, desde donde  mandaban  indirectas o se burlaban de aquellos a quienes el profesor les hacía mofa. Eran  los adulones, los que estaban dispuestos para servir. Los que se sacaban “20” en los exámenes,  la más alta calificación. 

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