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jueves, 20 de octubre de 2016

Charito: la coordinadora parte II (Novela misión Jericó)


CHARITO VS ALEJANDRO
La siguiente reunión empezó con los ánimos más calmados y todos dialogaron sobre las críticas de Vincent a los teóricos norteamericanos. Charito se acomodó al grupo y empezó a llamar a cada uno por su nombre, lo que le sumó unos puntos a su favor, ya que se sintió un ambiente de cordialidad. Sólo Alejandro estuvo descontento y cuestionó todo los fundamentos del libro.
-Hasta el momento sólo he escuchado puros adjetivos, que los funcionalistas son imperialistas, servidores de los capitalistas, manipuladores de  personas, etcétera, etcétera. Es que eso nada más va a ser nuestro análisis, y no vamos a leer nada de los funcionalistas y estructuralistas, para poder sacar nuestras propias conclusiones.
Charo se quedó perpleja, pero no tardó en replicar.
-A mi parecer el profesor quiere decir que entendamos ¿Por qué ellos son imperialistas? y ¿Cómo manipulan al pueblo?
-¡No te pases! – Contestó Alejandro- Me parece de  mucha ingenuidad, creer que analizamos a los estructuralistas y funcionalistas cuando no leemos nada acerca de ellos.
Charo movía su cabeza con sus cejas fruncidas y buscó la mirada de los demás, tratando de que alguien le explicara lo que “el Chino” quería decir. Estaba algo aturdida sostenía con  una mano el libro y con la otra hacía señas de desconcierto. Mirna, como empujada  por un resorte, trató de ayudar a Charo,  se levantó de su asiento y en tono solemne dijo que  no podíamos descartar los análisis  del Profesor, porque  para llegar a esas conclusiones ha tenido que investigar muchos años, utilizando métodos muy rigurosos.
-¡Que va ser!- respondió airado, Alejandro- ¡A ver!, ¿A qué corriente pertenece Merton, Marcuse, Adorno y Habermas? y ¿Qué puedes decirme sobre ellos?
-¡Bueno, yo...!- Mirna se sonrojó, no sabía qué contestar. Alejandro no le quitaba la vista, a la espera de su respuesta.
-¡Te das cuenta! – Le dijo – Así como tú, estamos todos, ni siquiera conocemos de qué hablan y los criticamos.
Mirna se sentó avergonzada, soltó una sonrisa nerviosa y miró a Charo, quién movía la cabeza tratando de calmarla. Alejandro demostrando un tic nervioso tocaba sus lentes con el pulgar de rato en rato. Al ver que todos estaban callados, Charo rompió el silencio, demostrando mucha cautela dijo que ella reconocía que había temas que aún desconocía pero que haría lo imposible por darles más información. Después de la reunión el curita y Mirna se acercaron a Charo. Yo no sabía a donde dirigirme, pero al ver a Alejandro sólo opté por irme con él. Horacio nos siguió.
-Esa Mirna,  te dije no la metas al grupo, es una franela.
-Calma –le dije – tú sabes, entre mujeres se defienden.
-Creo que es peligrosa – dijo Alejandro, rompiendo su silencio.
-¡Ya ves! –dijo Horacio– yo no me equivoco cholo.
-y el curita se deja llevar por las olas –interrumpió el chino.
-¿Qué quieres decir? - le interrogué
-No se dan cuenta –dijo el chino arreglándose los lentes –es tan templado, que todo lo que ella diga, lo va hacer.
Conforme salíamos de la Ciudad Universitaria divisé a Mirna tratando de tomar un microbús. Estaba ofuscada, sudorosa y el viento permitía que su cerquillo le cayera por la frente. Su pequeña estatura era una ayuda para ella, pues se infiltraba por entre la gente rápidamente. Desde que pisamos la Universidad, no dejó de usar su clásica chompa roja. Parecía de condición muy humilde y eso era notorio pues su vestimenta era sencilla y cuando se pedía colaboración para alguna actividad de grupo era la que más regateaba. Paso mucho tiempo para que ella se sincerara no sólo conmigo, sino con todo el grupo de que su papá había fallecido dejándole a ella casi toda la responsabilidad de la familia.
- Mi papá no era cualquiera - nos dijo casi sollozando- en vida fue  un dirigente muy conocido en Canto grande y la gente lo quería. Antes no sentía su presencia, pero ahora nos hace tanta falta. A veces no tenemos ni para comer y para mis pasajes tengo que prestarme de donde sea. Dejé la universidad San Martín, él quería que sea abogada pero el destino no lo quiso así. Ahora tengo que trabajar para alimentar a mi familia. Desde ese día nuestro grupo  la consideró, a pesar de sus tremendos desatinos.
El curita se retiró presuroso, según Horacio a una cita con una monjita que quería retirar los votos. El Chino más calmado, sonreía de todas las bromas. Era el único que no salía apurado, muy por el contrario hacía tiempo, conversando, sentado en las antiguas bancas de madera del patio de letras. Junto a él, estábamos Horacio y yo, mientras sentíamos la tibieza de la tarde.

martes, 18 de octubre de 2016

Carito VIDEO

lunes, 17 de octubre de 2016

"Conociendo a Charito"(Novela Misión Jericó).

CHARO: LA COORDINADORA


La clase siguiente Vincent dejó sus acostumbradas charlas y con mucha seriedad, casi solemnidad, indicó que había nombrado coordinadores para cada grupo; Mencionó varios nombres pero, sólo uno despertó mi interés era: “Charo” a la que vi muchas veces con el grupo de Rolando y recordé sus ojos tibios y serenos. Reviví esa misma sensación que tuve al verla por primera vez, que me causó atracción y desconcierto y que me empujó a pararme en  un estrado sin saber nada. Era de una base más antigua. Pensé que para ser una coordinadora de Vincent, tenía que ser muy capaz, quizás una chica inalcanzable, posiblemente  de esas aprendices de intelectual como las que había en San Marcos, sin sentimientos pegadas a la letra, pero Charo no parecía. Lo único que me molestaba era que  la había visto abrazada con un muchacho de una base más antigua, un viejo, que a todas luces era su enamorado, además que estaba en el grupo de Orlando , a quien le tuve animadversión por lo sucedido en el patio de letras. ¡Charo, no! me decía a mí mismo, ella es especial como una flor en medio de la mala hierba. Aquella mañana el destino lo quiso así, ella era la coordinadora de nuestro grupo y tuve que aceptarlo.
La siguiente mañana se presentó ante el grupo. Entró con una sonrisa contagiante su pelo castaño y tez blanca rosácea que combinaba con el vestido rojo que lucía, ceñido al cuerpo, cubriéndole hasta las rodillas. Todos se deslumbraron al verla, su figura bien delineada combinaba con sus pantorrillas hasta los pies de forma perfecta. Estaba encantadora.
-Charito- dijo el curita, casi susurrando – no te vistas así, que despiertas al toro.
Todos rompieron el hielo con una sonrisa. Por fortuna no escuchó, desconcertada, atinó también a sonreír, levantó las manos en señal de desconcierto y buscó un asiento junto a la única mujer que había en el grupo: Mirna.
-Bueno chicos - dijo ella- ya saben que nuestro tema es sobre corrientes estructuralistas y funcionalistas, ¿alguien de ustedes ha leído algo sobre ellos?
Ninguno del grupo pudo responderle, nos quedamos sorprendidos, al menos yo pensaba que nos daría una charla preliminar sobre el tema. La observé detenidamente para saber si recordaba o no mi rostro, pero no me miró en ningún momento.
El Curita mientras tanto, se puso de pie. Desde que entró Charo, lo noté bastante inquieto y aprovechó la oportunidad para darse a conocer ante ella. 
-Mire señorita, me disculpas, no se tu nombre - sonrió, causando hilaridad en el grupo. Volteó hacia nosotros levantando los hombros como si nos explicara que realmente no lo sabía.
-¡Charo!  - interrumpió ella esbozando una sonrisa.
Bueno Charito – lo dijo tan suave y pícaramente que nos hizo reír- aquí nadie se ha preparado para disertar, muy por el contrario, esperábamos que seas tú quien nos ilumines con tus conocimientos, porque se supone que esa es tu responsabilidad.
Poco a poco  su rostro se desencajó y enrojeció. Estaba incomoda.

Miren chicos –dijo diplomáticamente – todo lo que ustedes lean, lo vamos a discutir aquí y todo su aprendizaje yo lo evaluaré, así que la próxima reunión quiero que todos lean sobre las teorías norteamericanas del libro del profesor Vincent. Nadie protestó, ni hicieron bromas, porque notaron cierto enfado en sus palabras ya no tan suaves, sino más bien, diría, con autoridad.

jueves, 6 de octubre de 2016

lunes, 3 de octubre de 2016

Quién es vincent parte VI : Los alternativos

UNIVERSIDAD CATÓLICA
Después de clase, el chino Alejandro propuso una reunión con el nuevo  grupo que se había formado. Todos se reunieron en el patio de Letras. Alejandro, el curita  contó un chiste de curas y todos rieron, había rotó  el hielo. Después las bromas iban de aquí para allá. Mirna como única mujer del grupo se sonrojaba.
-Chicos ya basta, hablemos sobre la reunión -  dijo algo incomoda.
-Reunión ¿cuál reunión?, - bromeó  Horacio – nosotros nos vamos de juerga
Todos celebraron la broma. Mirna frunció las cejas y torció su boca.

Pues yo me tengo que ir- agregó enfadada.

Iba a apaciguar, pero lo más prudente fue cambiar la conversación.
-¿Alejandro qué hacemos? -le dije.
El chino que se había mantenido callado, dijo: ¡Vamos a almorzar!
Ninguno esperaba comer en la calle, muchos estábamos esperanzados en llegar a casa con la familia. Además como estudiantes no teníamos dinero suficiente para un menú. El curita propuso el comedor universitario. Allí la comida era gratis pero no daba confianza, muchos le decían “la muerte lenta”. Horacio que ya había entablado confianza lo miró asombrado.
-No te pases pues cholo, no quiero morir ¡me necesito!
El curita sonrió: ¡Nos necesitamos!- le recalcó y ambos rieron.
Después de esperar las propuestas
-¿Qué les parece la Universidad Católica?-  sugirió Alejandro- Allí también sirven comida cómoda.
Todos aceptamos y entre broma y broma nos dirigimos por la avenida universitaria hasta que llegamos a la universidad Católica. Era diferente a la nuestra, sin pintas, ni banderas, cubierta de árboles y de mucha tranquilidad. Desde que entramos  percibimos una fragancia distinta y un viento fresco que se arremolinaba sobre nuestras cabelleras. Aquel lugar nos embriagó. Los muros y pisos lucían limpios con una tibieza y suavidad, como si aún nadie las hubiese tocado. Los estudiantes se confundían con el lugar como si fueran parte del panorama. Sentí mucho placer, me gustaba el verdor de los pastos y sus plantas  bien cuidadas. Las muchachas eran lindas y se sentía un ambiente de mucha tranquilidad.
¡Aquí imperan  los fascistas!- desperté de mi meditación y busqué a Mirna quien, tapándose la boca, sonrió. Pensé que sólo a mí me había molestado sus palabras, pero fue a todos. Ella sólo atinó en justificarse.
-Vincent lo dijo así, aquí sólo hay gente blanquita y de plata.
Acaso Vincent no es también un blanquito, pensé.
-Pero, mujer ¿qué te han hecho los blanquitos, u odias a la lejía?, -sonrió Arturo, que a pesar de su tez blanca no se sintió aludido.
-Ay, mujeres para que las quiero- exclamó Horacio, moviendo su cabeza negativamente, mirándome y diciéndome entre señas: “¡Te lo dije!”.
El chino sólo observaba, por su mirada y su risa sarcástica,  noté que había desaprobado la opinión de Mirna.

Yo en cambio sentí en ella un resentimiento, que acertadamente nuestro profesor de teoría había despertado y tuve miedo de pensar que él no era sólo  un loco visionario, sino alguien que incidía de forma real y lo que nos decía diariamente tal cual  un disco rayado, había calado nuestra conciencia. Sentí miedo por primera vez de mis pensamientos, porque también culpaba a esa clase blanca retrograda, dueños del Perú, clasista y racista. 

lunes, 26 de septiembre de 2016

Quién es Vincent parte V

¡EL GRUPO LOS ALTERNATIVOS!

-¡Arrodillarme por una nota! – Pensé. ¡Eso no va conmigo!- aunque era importante, pero no lo suficiente. Me fastidió esa hostilidad hacia Alejandro y el curita, obligándome a tomar partido por ellos. Y es que esa rivalidad era con todo aquel que se atrevía a opinar en contra de las ideas de su querido profesor. Mientras tanto Vincent, en cada clase, atacaba cada una de las ideas conciliadoras de Alejandro, mientras que él se mantenía en su posición, enrojecido por la andanada de críticas y burlas. Luchaba solo y no tenía amigos.
El curso de teoría de la comunicación se volvió en un “tira y jale” donde el profesor sólo atinaba en criticar y  mofarse lanzando estocadas verbales, que dañaran a su enemigo, buscando la arremetida fatal. El fin era destruir cada uno de sus argumentos, ridiculizándolo ante el salón, pero por el contrario, levantó la imagen del chino más y más cada día. Su juego destructivo realzó la  presencia de Alejandro en el salón. En realidad, desde que llegaron Alejandro y el curita las clases se volvieron interesantes y realmente se aprendía. Había una lucha de conceptos e ideas que no sólo se producía en el salón, sino al parecer en todas las aulas de la  Escuela o quizás en toda la Universidad, pero al parecer iba más allá posiblemente  en todo el país y es que ante la escalada terrorista que atacaba en las provincias y zonas muy alejadas de las ciudades, se levantaba una propuesta diferente de cambio del sistema, sin usar la violencia radical.
En las horas libres mientras leía, se acercó a mi carpeta una chica de buen parecer, pero de mirada triste.
- Oye compañero – dijo ella - ¿Estás al día en teoría?
-Si – le respondí
-Préstame, no seas malito, ¡por favor! , ¡por favor!, ¿sí?
-¡Ya está bien! no seas impaciente– me agradó su  espontaneidad para pedir
Horacio que estaba atento a sus suplicas expresó en voz alta
-¡Carambas está mujer sí que tiene prisa!
-¡No!, no vayas a pensar mal, he faltado tanto que temo repetir este curso ¿comprendes no? Sonrió, mostrando una sonrisa diáfana y dulce.
-Me llamo Jael y  ¿Ustedes?
Yo soy Starsky -dijo Horacio, y él  señalándome-  es Hutch.
Todos sonreímos
-Como los de la serie policial- dijo Jael- mientras sonreía.
Desde aquel día, ella se sentó junto a nosotros, por momentos volteaba y me encontraba con su mirada, sus ojeras le daban un aire melancólico, casi podría decir desencajado. Como si estuviera enferma o tuviera una profunda tristeza.
-¡Oye, tú te jaraneas de noche y descansas en clase! - reía Horacio, mientras que yo sólo atinaba en recordar que esa misma mirada lánguida la había visto en Toña, una minusválida del salón que a duras penas se sostenía en sus dos muletas. Lo había visto también en muchos alumnos que deambulaban por la universidad, meditabundos, aislados, como si fueran prisioneros de sus pensamientos, muchos de ellos cargaban libros viejos, de bibliotecas caducas de la época del 50, que fueron retenidos en San Marcos.
Recuerdo  las mañanas  frías con lloviznas copiosas que mojaban mi rostro, mientras caminaba por el bosque de letras. San Marcos había despertado como un gigante  empapado. Aquella mañana me sentí libre, alce mi rostro hacia el cielo y sentí una a una  las gotas. Respiré profundamente y un fuerte olor a humedad llenó por completo mis pulmones. Estaba vivo, sentí un gozo tan profundo , aunque por unos minutos fue suficiente medicina para subir las escaleras hacia la Escuela de comunicación, sin sentirme deprimido. Una de las puertas del salón estaba abierta y desde allí observé  a mis compañeros completamente silenciosos. Vincent había llegado. Busqué la puerta trasera y empuje lo más suave que pude para no hacer ruido, pero el profesor me vio, levanté mis cejas y susurré un: buenos días casi silencioso para no incomodar a nadie, pero él no respondió. Sin tomarme en cuenta prosiguió hablando. Busqué un lugar en los asientos de atrás y me senté.
-Muy bien – dijo, en tono ceremonial – de ahora en adelante sólo les voy a dar temas para que ustedes los analicen, los desarrollen profundamente y critiquen. No hay prórroga para la presentación de los trabajos. Los temas son los siguientes. Mientras él dictaba varios títulos, aproveché para acercarme a Horacio y preguntarle.
-¿Qué pasa?
-¡Tenemos que buscar un grupo, Cholo!- me respondió alzando y moviendo sus manos desesperado – y debemos ser sólo cinco.
Ese instante no vacilé, como un relámpago busqué con la mirada al curita, al chino Alejandro y a Mirna y  le propuse a Horacio convocarlos al grupo. Desde mi asiento observé cuando se acercó a Alejandro y como trataba de convencerlo, moviendo sus manos y sonriendo constantemente, mientras que  este, impávido sólo escuchaba. De Mirna y Alejandro me encargué yo, ellos sin pensarlo dos veces,  aceptaron. Después de unos minutos Horacio regresó.
-¡Ese chino sí que me ha hecho sufrir, pero al final cayó! aunque no debiste escoger a Mirna, no te das cuenta que cae quaker, se cree la muy intelectual por uno cuantos libros que leyó
-Puede ser -le dije dudando de mi selección – pero ella sabe sobre marxismo y además estudia derecho en otra universidad.
-¡Peor pues, no va a tener tiempo para las reuniones!- interrumpió Horacio.
-Ella me dijo que si podía, Hay que darle una oportunidad.-le respondí

Levantó los hombros y alzó las manos, conformándose.

domingo, 18 de septiembre de 2016

¿Quién es Vincent? parte IV

¡La alternativa!


- No creo que se deba cambiar el sistema, ¿sabe?, creo que existen medios alternativos que pueden transformar nuestra sociedad sin llegar a la violencia, porque allá desde  los arenales hay gente que está trabajando día a día para cambiar su realidad, esforzándose, agrupándose y formando centros comunales, comedores,... – mientras él hablaba, el profesor se acercó a su carpeta con su rostro burlón y después optó por una mirada sarcástica y despectiva. Vincent astutamente miraba a cada uno de los amigos de Máximo y movía negativamente su cabeza, buscando que ellos  desaprobarán el comentario. El nisei se dio cuenta pero no dejó de hablar, su rostro por el contrario se enrojeció por completo como un tomate a punto de reventar. Sus manos empezaron a  temblar igual que sus labios, pero aun así  el continuaba impávido.
-¿Usted no cree en la sabiduría del pueblo? -Preguntó el nisei, al profesor obligándolo a que preste atención a lo que manifestaba  - o piensa que ¿sólo una élite debe  dominar el sistema? Y si así fuera, como lo imagino, usted es de los  que piensan que la gente es incapaz de resolver sus problemas y auto gobernarse. ¿No le gustaría por lo menos interesarse en lo que ellos quieren?  Porque aunque usted no lo crea, si se puede.
-“¡Ya basta!”,  replicó el profesor – ya sé lo que tú eres, un populachero alternativo que piensa en educar al pueblo. Eso es ser necio y yo creo que usted no lo es, sino estaría fuera de mi clase -Corrió hacia la puerta y la abrió con fuerza- Todos callaron, el salón entero enmudeció de miedo.
-¿Por qué? – preguntó Alejandro, porque discrepo de sus ideas.
-¡Acaso no es necesario que todos entiendan que hay otras alternativas!
-¡No!, -gritó, reparó por unos segundos, se controló y habló despacio-  alumno.
Bajo su tono de voz, ante la mirada asombrada del salón.
-¡Ya entiendo, porque has venido! - sonrió lo miró fijamente a los ojos amenazadoramente. El chino trató de argumentar pero él le interrumpió, levantó sus manos en alto y tocó su cabeza, retrocedió lentamente hasta que llegó a su pupitre.
-¡Calma Alumno!, no te incomodes, tendrás más tiempo para seguir argumentando. Por hoy mi clase acabó- bajó el tono de voz, cogió su maletín y desatendiendo toda réplica de Alejandro, se acercó a Máximo y su grupo y los miró, inmediatamente  ellos intervinieron, como si estuviesen preparados para salvar inconvenientes, cínicamente le suplicaron al chino a que no insista.

Aquella mañana, después del altercado, simpaticé  con el nisei igual que con el curita, veía en ellos tanta firmeza en sus opiniones, que me animaron a defender mis criterios a capa y espada, aunque siempre terminaba cediendo. Pero la mayor parte de la clase llegó a admirar sus intervenciones, su posición no violenta, sino persuasiva de pactos y  conciliaciones, que marcaron en las mentes de todos en el salón una posición aun no conocida: “La Alternativa”, como así  denominó despectivamente Vincent a Alejandro. Y no sólo él, sino que todos los pupilos del profesor, dirigidos por Máximo, que lo miraban  con desprecio, desde ese día. Sentados siempre en las primeras carpetas, ni siquiera se comunicaban con el resto del salón, habían formado un grupo tan cerrado, desde donde  mandaban  indirectas o se burlaban de aquellos a quienes el profesor les hacía mofa. Eran  los adulones, los que estaban dispuestos para servir. Los que se sacaban “20” en los exámenes,  la más alta calificación.