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El amor más insosegable de un niño: "su mamá"

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domingo, 2 de diciembre de 2018

¿QUIEN ES VINCENT?


- ¡San Marcos! - pensé- ¡estoy en San Marcos!  Después de extensas batallas y tantos años en exámenes de admisión, por fin había logrado: ¡Ingresar!.
Cuando entré a mi aula, aparentemente nadie se conocía, sólo los que estuvieron apoyando al grupo de Orlando. A mí ni siquiera me tomaron importancia, a pesar  de haber sido vapuleado. Ellos estaban preocupados por un profesor muy académico que llegaría al salón,  autor de un libro y de experiencia internacional. La expectativa crecía, hasta que él abrió la puerta. Era un hombre alto de contextura regular, usaba unos lentes menudos que le daban un aire intelectual. Aparentaba unos treinta y cinco años, de frente ancha y cabellera escasa y relativamente larga. Se vestía informalmente con casaca de cuero y pantalón Jean como muchos estudiantes, quizás por eso lo aceptamos rápidamente.
 Yo soy el profesor Vincent- dijo mirando a todos con una sonrisa algo enigmática- Yo les voy a enseñar los misterios de la comunicación porque mi curso es teoría de la Comunicación. Conmigo descubrirán muchos secretos. Aprenderán a no ser manipulados sino a manipular. Lograrán decodificar los mensajes alienantes de la prensa, televisión y radio. Saben acaso que significan aquellas palabras- señaló unos grafiti en la pared. Miren por el color que usaron deben de ser unos fatalistas y rebeldes, por el tipo de letra expresan caos y desorden. 
-¿Ustedes saben qué tipo de estudiantes son? 
Todos se quedaron perplejos escuchándole.
- Pues Yo si, replicó. 
Me encantó, sabía que detrás de todo ese discurso, había algo que  despertaría en mí una insaciable  satisfacción, pero no sabía que era. Vincent nos estaba envolviendo en sus manos haciéndonos creer que seríamos capaces de descubrir lo más oculto de una persona. Era como si fuera magia ante nuestros ojos y oídos. Entre más hablaba, cada muchacho del salón se sentía descubierto. 
Estos muchachos- continuó, Vincent - en conclusión, saben quiénes son. No les diré nombres pero si a eso quisiera llegar, llegaría, dándoles incluso nombres y dirección.
¡Asu!- exhalaron sorprendidos los alumnos.
Vincent sonrió
-Son unos burgueses alienados y decadentes- miró atentos a todos, esperando cumplir expectativas y continuó- miembros de la clase media cuyas aspiraciones se mezclan con las de Archie y la de los Picapiedra y no saben a dónde ir.  La clase completa soltó una sonrisa satisfactoria, por no decir aprobatoria. Vincent había empezado con el pie derecho su primera clase.
Desde entonces la curiosidad crecía era como si cada estudiante del salón codiciara la llave del poder. La capacidad de no sólo  decodificar cualquier mensaje, sino  de conocer y como decía Vincent de dominar a las personas y hacer de ellos lo que quisiéramos. Empezó destruyendo una a una las series norteamericanas, porque según él eran la base de la Ideología Estadounidense.
-Aunque no lo crean -dijo el profesor mirando a todos, uno por uno - y para los escépticos que creen que lo que digo es  maquiavélico o  de ficción, piensen ¿por qué la maquinaria del tío Sam invierte miles de dólares en estas series?, ¿Por qué se ha dado impulso a la creación de satélites que observan a todo el Mundo? ¿Cuál es el propósito de esto? Digan lo que están pensando se llama: ¡Poder¡...¡poder! y poder para dominar”. 
Sus ojos estaban inyectados, ansiosos y su rostro  completamente enrojecido. Retaba con su mirada, buscaba opositores y casi todos bajaban la cabeza ante su  mirada desdeñosa. 
-¡El llanero solitario!- dijo sonriendo- no se dan cuenta que representa a la homosexualidad    ¡Imagínense!,  vive con un indio, o ¿es qué acaso se menciona a alguna mujer como pareja del indio o de el llanero? Por lo tanto me atrevo a pensar que el autor de la serie es un homosexual, cuya aspiración es ser pareja de un indio fornido.
¡ja ja ! - prorrumpieron en carcajadas los alumnos.
En cada clase decía que a través de sus investigaciones de años y malas noches pudo descubrir el negocio de las grandes transnacionales, involucradas no sólo en poseer al mundo como si se tratara del  imperio Romano, sino de dominar mentes y actitudes tal cual el laboratorio de Frankenstein sobre toda la humanidad, pero  a través de los medios de comunicación, usando la publicidad, los programas de televisión, la radio los medios escritos.
-Un bombardeo como jamás antes se había escuchado”- repitió Vincent, varias veces, mientras enseñaba un libro que él había escrito.
 – Aquí está todo quieren saber más, cómprenlo -sonrió,  sin tanto esfuerzo- No piensen que es propaganda para vender el libro.
 - ¿Saben qué?- preguntó al salón- En este libro he dejado parte de mi vida y de mis ojos. 
-¡Sí, realmente me quemé las pestañas! y todo para que el mundo no sea ignorante de la realidad.
Todos los alumnos asintieron inclinando la cabeza. La clase creía firmemente que Vincent no sólo era un soñador, sino un idealista solitario, que había radicado en Cuba, en ambientes de intelectuales críticos, que orientaron su visión del mundo. Él decía que fue el primero en descubrir que Marx también se refirió a los medios de comunicación. 
Algunos comentarios sobre él me sorprendieron, como aquel que decía que era muy temido en las asambleas de catedráticos y que había un grupo de profesores, a quienes lideraba y que le obedecían sin protestar. Decían que usaba una cuchilla y que la sacaba para limpiarse las uñas en cada reunión y cuando alguien le acusaba de algo, los intimidaba apuntandoles con la navaja, obligándoles a bajar la mirada como si se tratara de un delincuente prontuariado. ¿Quién podía enfrentarse así? Recuerdo que el día que tomaron el local, él estaba allí, de consejero,  conversando con Orlando y Willy, mientras que ellos sumisamente inclinaban sus cabezas, aceptando sus indicaciones. ¿Quién era este señor que tenía poder sobre profesores y alumnos? , ¿Por qué tanto miedo? Algunos decían que era militante de  Patria Roja, una de las facciones violentas del partido de Izquierda Unida, otros que era un advenedizo que sólo fanfarroneaba. Lo cierto es que tenía poder sobre muchas personas.
En cada clase Vincent repetía lo mismo “El pueblo es manipulado por las grandes transnacionales sólo nosotros los intelectuales lo liberaremos, tenemos que entrar a los medios de comunicación para denunciar,  y no dejar de denunciar. ¡Aquí lo dice!, ¡miren! – señalaba su libro. No lo entendía, pero cada clase sentía más y más simpatía por el profesor, hasta idealizarlo. Yo mismo creí que luchaba sólo contra el mundo y que no todos lo entendían. Pero, Mucho después, Vincent fue cambiando poco a poco, impedía toda intervención  que criticará a su libro  y sus teorías, maltrató a los que se atrevían a  preguntar o solicitar que se les explique conceptos que se sospechaban erróneos. Muchas veces se burló de los que lo contradecían  tratándolos de neófitos y tontos,  ridiculizándolos, eso mermó las participaciones en el salón, hasta escuchar  un monólogo, la de él. por eso, no pude intervenir, al menos sobre algo referente a su libro, siempre ante cada pregunta me escondía de su  mirada o me agachaba, pues no quería ser ridiculizado, frente a todos.
Un buen día entró al salón un alumno nuevo, Vincent lo observó detenidamente, desde que entró al aula, retándolo  a un intercambio de miradas, hasta que se miraron y lo apabulló con preguntas.
- ¿Tú eres alumno del Curso?
- ¡Sí!, respondió- el alumno algo sorprendido.
-¿De qué Base eres?, repreguntó el profesor. 
-Base 79 especialidad de Periodismo- respondió más firme.
-¿Tú le conoces a Carla Pérez? No, -dijo algo confuso el alumno 
- ¡Ah disculpa!,  ella es de otra promoción- replicó el profesor, sarcásticamente porque  adrede le dio un nombre equivocado.
-Tu cara no la recuerdo y yo soy bastante fisonomista,  ¿Eres re-ingresante?, porque aparentas más edad que todos mis muchachos.
-¡Sí! -replicó- el alumno
-Entiendo - lo miró fijamente- voy a buscar tus datos en la Dirección de la Escuela 
- ¿Dame tu nombre completo? - Mientras se acercaba a su pupitre, pude contemplar al muchacho, tendría unos 30 años, era más fornido que todos en clase y no se amilanaba ante el profesor, sino que lo miraba fijamente, sin titubear. Parecía muy seguro de si mismo.
-Me llamo Marco Augusto y no entiendo porqué tanta hostilidad .
-¿Qué? - replicó el profesor, todos en el salón enmudecieron, era el primer enfrentamiento que se oía en clase. Me pareció que titubeó, no conocía al alumno, ni cómo iba a reaccionar. Por primera vez sentía que perdía el control de la clase. 

- ¡Mire compañero!- dijo  parándose firme a su lado, señalándole con el dedo índice  – aquí yo soy el profesor, la máxima autoridad, el que decide si alguien permanece o se queda, pero hoy y sólo hoy, voy a hacer una salvedad te vas a quedar ¿y sabes porqué? Porque parece que no eres espía. Cerró su libro y culminó la clase. Espías, ese era el temor de Vincent y de muchos otros profesores. Tenían temor a los desconocidos, a los policías infiltrados por eso los acosaba en clase, para que todos los conozcan y los rechacen. 

lunes, 19 de noviembre de 2018

LA BELLA DESCONOCIDA

Mientras dialogaban, observé detenidamente a una chica que despertó mi interés, no sólo por su bello rostro, sino porque hablaba resueltamente con todos, como una líder, incluso Rolando se dirigía a ella con mucho respeto.
-Pero, ¿quién es?- me pregunté cautivado y deduje que tendría entre 19 a 20 años aproximadamente, de rostro dulce, ovalado, ojos redondos de color canela y cabello castaño. Aparentemente frágil, de mirada esquiva, quizás tímida. La contemplé embelesado, sin darme cuenta que la había perturbado, porque como dice aquella frase: “tanto miras a alguien, que termina mirándote” y así fue, hasta que cruzamos nuestras miradas. Sentí que se inquietó, y de rato en rato me buscaba. De pronto Orlando interrumpió abruptamente ese intercambio de miradas, me tomó del brazo y me jaló.
-Vamos a iniciar un debate en el patio de letras - dijo, jalándome - ven y representa a tu base y di que esos cursos no deberían anularse.
-¡Pero yo…no sé nada! ¿Qué  digo?
-¡Sólo eso y ya!
Ese momento, sentí todas las miradas en mí, hasta la de aquella muchacha de rostro ovalado, que ahora sí me miraba insistentemente y entonces supe que no podía negarme, porque era la única oportunidad, para que ella me conociera, aunque no niego que me sentí extraño dentro de aquel ambiente.
-¿Qué hacía yo allí?-pensé, nunca había hecho algo parecido, pues siempre me gustó mantenerme en el anonimato y en un abrir y cerrar de ojos, me convertí en el centro de atención. Fui llevado por un grupo de muchachos hacia el centro del patio y me hicieron subir a un pequeño tabladillo que habían instalado. Por un momento dudé y quise bajarme, y escapar, pero al verme arriba delante de todos, sólo respiré profundamente. 
-Aquí está un ingresante que tiene algo que decirnos – dijo un muchacho que servía como moderador- tiene la palabra compañero. 
A mi alrededor había como unos cincuenta estudiantes que me miraban y no parecían amistosos
-¡Bueno yo!... –titubeé por un momento,  sentí que mis piernas flaqueaban, y no podía pasar la saliva. Mi pulso estaba acelerado y mis labios temblaban.
-Vengo de otra universidad de comunicación y… sé que estos cursos son importantes. 
-¡Calla!, ¡calla la boca!-escuché entre el gentío
- Este no sabe nada de nuestra realidad, su opinión no vale en este debate- gritó un muchacho que salió al frente agitando sus brazos con mucha vehemencia, señalándome y descalificándome.
- ¡Es un cachimbo! ¿Cómo traen a un cachimbo a disertar, se están burlando de nosotros?-exclamó dirigiéndose a todos y una parte del grupo empezó a protestar levantando sus manos, vociferando:
- ¡No tienen argumentos, pues usan a los cachimbos... son unos manipuladores!
Comenzaron a empujarse entre ellos y a forcejear querían llegar al tabladillo 
 De un jalón, estuve abajo, Willy me había sacado antes de que me linchen. Su actitud estratégica, para mí fue compasiva y acertada, a pesar de que Orlando quería dejarme como carne de cañón. 
Esa noche, recordé los rostros enardecidos y los gritos desesperados de gente que no conocía. Supe entonces, que había entrado por la puerta falsa, dejándome llevar como un corderito, hasta hacer el más completo ridículo. Me alejé de todos y caminé por los pasadizos de la Facultad  que lucía vacía. Pero aún escuchaba las voces.
- “¡Estúpido cachimbo!, ¡no sabe nada!,¡manipulado!”.  
 Me senté  en las escaleras de la Puerta de letras. No había nadie y recordé a esa muchacha que no despegó su ojos de mi, todos esos momentos y eso me confortó, cambiando toda la escena ridícula en una acción intrépida, tan solo por el intenso deseo de conocer a esa desconocida que me intrigaba y hacía que realizará las cosas más increíbles.
(continuará)


viernes, 26 de octubre de 2018

CAPITULO I "Un estúpido cachimbo"


Recuerdo el primer día que llegué a la universidad un  humo denso, inundaba el bosque de letras, arrastrando vestigios de gas  lacrimógeno, irritando mis ojos, obligándome a huir presuroso. Muchos alumnos corrían de un lado para otro, evitándolo. Yo también lo hice, hasta que llegué al patio de la Facultad, allí una columna de banderas me estorbó el paso y me detuve a observar las paredes, parecían murales, llenas de letras que daban vivas a diferentes  partidos. Crucé  Pizarrones, que invitaban a votar, pero el lugar estaba vacío,  no había gente, habían huido,  la fiesta electoral terminó abruptamente, por una feroz intervención policial.
Subí unas escaleras hasta el tercer piso, todo estaba en calma, no había ruidos. Sólo algunas carpetas malogradas estorbando el paso. Pasé por una gran reja, semiabierta, caminé hacia el fondo, hasta que llegué a una puerta que  tenía un cartelito: “Centro de Estudiantes de la Escuela de Comunicación Social”. Miré por la ranura de unas bisagras y salió un muchacho fornido como de unos 30 años, quien al verme se inquietó, pero no se amilanó.
¿Si? - preguntó  algo inquieto- ¿Qué deseas?
Lo miré y me presenté como ingresante e inmediatamente su rostro cambió, esbozando una suave sonrisa.
¡Ah, ya veo!- me dijo- Yo soy Willy, secretario del Centro de Estudiantes de Comunicación Social o CECOS.
Se acercó y estrechó mi mano.
-¿Quisiera saber cuándo empiezan las clases para los ingresantes?- le pregunté. 
- ¡Conque cachimbo!- sonrió forzadamente- ¡felicitaciones!.
Fue el primero que me dio la bienvenida. No habló mucho, casi solemne, con su rostro parco, alcanzó a decirme que los de mi base se iban a reunir y que era imprescindible que estuviera presente. Inmediatamente pensé en una fiesta de bienvenida de cachimbos y me alegró la iniciativa. Entusiasmado hurgué entre los periódicos murales, buscaba algún cartel de bienvenida, pero nada, ni una  nota de convocatoria a reunión.
-¿Qué raro? - pensé- porqué no hay un solo mensaje que cite a reunión. 
Al día siguiente, casi al atardecer retorné a la universidad y reconocí a Willy, estaba entre un grupo de alumnos, me acerqué y le saludé dándole la mano, pero ahora él estaba algo esquivo, no me dio tiempo de conversar y sólo gritaba ansioso.
-¡Los de tu base van a marchar, acompáñalos! – Me dijo – ellos son, alcánzalos. Señaló a un pequeño grupo que subía por la rampa del patio de letras, cargando unas banderolas.
-¿Qué?,  ¿A dónde van?- pregunté confundido.
-Protestan porque les quieren quitar cursos imprescindibles para la carrera- me recalcó, algo huidizo.
-¡Orlando, ven! – Llamó a otro que estaba en el grupo - explícale lo que vamos a hacer. Él se acercó, aparentaba más edad que Willy, tenía un bigote al estilo mejicano, patillas largas y un cabello  greñudo y largo. Apenas llegó, comenzó a hacerme preguntas.
-¿Con que eres cachimbo? -me preguntó  sonriendo irónicamente.
Observé su rostro grasoso, y el cuello de su camisa completamente empapado de sudor. No me
extendió la mano como Willy, y no miraba de frente.
Su desdén, cambió cuando me preguntó si ya había estudiado en otra universidad y le respondí que venía de otra facultad de comunicación. Sus ojos le brillaron complacido.
-Pues tú sabes, viejo - me felicitó, dándome una palmada en la espalda, pero sin quitar su sonrisa burlona.
- ¿No crees que el curso de Medios de comunicación es importante, tú lo debes conocer?
-¡Pues!...sí, si –enfaticé dudoso, no lo había llevado en la otra universidad, pero por el título entendí que podría ser importante.
-¡Vamos! sigue a tus amigos y ayúdalos a no perder ese curso.
Me sentí comprometido, no quería hacerlo, no sabía cómo decirle que no. Sin embargo me llevó hasta el grupo.
Él es de su salón- gritó a un muchacho- colócate detrás de ellos. Al ver que todos me miraban, acepté y caminé junto a ellos, quise escapar, pero detrás, Orlando me observaba
-¡Arenga con tus manos compañero!, ¡levántalas!”- me decía y así lo hice. 
Me sentí tan tonto de caminar arengando y protestando por algo que desconocía, que me dio vergüenza y repudié a Orlando. No duró mucho mi caminata y cuando finalizó,  suspiré de alivio.  Nos llevaron a unas oficinas que habían sido tomadas, era nada menos que las salas del Decanato de la facultad de letras. Cuando entré, vi unos colchones tirados en el suelo con frazadas desordenadas y restos de comida. Todos se saludaron, al parecer ya se conocían,  y hablaban de hacer un inventario con todas las cosas del Decanato. Mientras dialogaban, miré a una chica de unos 19 a 20 años
(continuará...) 

miércoles, 7 de junio de 2017

LAS ELECCIONES





La gente capaz siempre emigra, busca lo mejor. Aquí se quedan sólo los mediocres”, decían unos graffitis anónimos en los baños, centro de lamentaciones de aquellas voces silenciosas que abundaban en la universidad.
Aquel día nadie se imaginó lo que sucedería, ni siquiera Nixon que estaba al tanto de todos los movimientos de la universidad. Durante la mañana había demasiada tranquilidad, el chino sentado como personero de izquierda unida en una de las mesas de votación, controlaba pausadamente la veracidad de los votantes. Nixon rodeado de tres amigos que siempre lo acompañaban, no cesaba de visitar las mesas de toda la facultad. Como a la una y treinta, hora de la merienda, no había  muchos sufragantes y los pasadizos estaban casi vacíos. Los personeros de izquierda celebraban el triunfo parcial y descuidaron la vigilancia. Justo en ese instante, los Fachos, el sector más radical y violento que el profesor Vincent defendía, irrumpió violentamente, lanzando un grito ensordecedor como fieras salvajes llenaron en cuestión de segundos los pasadizos de la universidad. Cargaban palos, fierros, verduguillos y armas de corto alcance. Lanzaron petardos sincronizadamente en el frontis  de todas las facultades y el ruido ensordecedor estremeció las mesas de sufragio de la Universidad. Sin miramientos, ni consideración a las mujeres, las empujaron y golpearon, cogieron las ánforas y las rompieron, sacaron los votos y se los llevaron. Los que opusieron resistencia fueron golpeados. La consigna era destruirlo todo, sin importar cómo lo haces. El griterío, los petardos, el rechinar de lunas que se quebraban a pedazos alertó a los estudiantes de comunicación que una turba se acercaba, inmediatamente cerraron la puerta de fierro. Atrincherados en el tercer piso, sin enterarse de lo que sucedía escucharon silenciosamente los ruidos del exterior.
“¡Fraude, fraude, abajo las elecciones, los traidores morirán!” los chillidos de lunas quebradas seguían y de pronto empezaron los disparos. El chino por primera vez se vio en un dilema, si salir o quedarse atrincherado en la escuela. Los personeros de los fachos estaban muy inquietos y pugnaban para que la reja se abra, pero Nixon sabía que estaba en mayoría y los mandó a callar. Al poco rato apareció Willy, sudoroso clamando que le abran la puerta.
-¡Abran la reja por favor, me quieren matar! ¡Abran, abran!
-¿Quién te quiere matar?- preguntó Nixon, desconfiado.
-¡Los de izquierda unida!- respondió astutamente
-Abran, abran hay que demostrar humanidad , gritaron los fachos que estaban como
personeros dentro de la escuela
Nixon dudó, ya no escuchaba ningún ruido, ¿y si era verdad que los de izquierda  habían salido a defender las ánforas? Por eso los fachos se habían ido.
Willy afuera suplicaba, era raro verlo en esa situación, sabiendo que era uno de los matones y líder de los fachos. Nixon dudaba y sabía que todo dependería de él ahora. Sabía que algo no estaba bien, pero la presión era tan grande, que asintió la cabeza afirmativamente y la reja se abrió. El rostro de Willy cambió radicalmente y como un tigre sobre su presa se asió de la reja y empezó a gritar, lanzando patadas al que se le acercaba. Como diez muchachos empujaron la reja para cerrarla, pero él estaba tan bien parapetado que era imposible sacarlo.
-¡Vengan, vengan, suban a Comunicación la reja está abierta! - gritó con todas sus fuerzas y un murmullo empezó a escucharse, hasta transformarse en un griterío ensordecedor y cientos de muchachos con sus rostros tapados entraron golpeando al que se le oponía  en el camino. A punta de patadas abrieron las puertas de los salones, buscaron las ánforas que estaban ocultas y las rompieron. El chino miró impávido como  destruían todo. Después de unos minutos, los vándalos desaparecieron confundiéndose entre la humareda y los estudiantes.
Cuando llegué la densa humareda me dio un mal presentimiento, era idéntica a la que vi cuando por primera vez pisé esta universidad. Apresuré los pasos y distinguí a Horacio dirigiéndose a la Escuela, quien al notar mi presencia volteó.
-Creo que la fiesta se acabó- me dijo desconcertado.
 -¿Por qué?- le pregunté
- ¡Acá ocurrió una batalla!
Ese momento me imaginé lo peor, pensé en Jael y no quise preocuparme por el chino por lo que hizo, pero no podía dejar que lo maltraten. Cuando llegamos encontramos a un grupo de estudiantes que conversaban soslayadamente a un costado de la escalera, haciendo silencio, cuando sintieron nuestra presencia. Sus rostros palidecían de  susto. De entre ellos, salió la figura pequeña y regordeta de el chino, quien frotando sus lentes con una franela, sonrió, forzadamente.
-¡Los fachos acabaron la fiesta- nos dijo desalentado- nos han dado un golpe mortal. Si se convoca a elecciones la próxima vez, ¡ganarán! ¡ustedes saben, el que golpea primero, gana!. Hemos perdido y Vincent tendrá el tercio de la facultad.
Horacio y yo sentimos tanta  impotencia.
-Tenemos que reunir a la gente y salir a descobrarnos, esto no puede quedar así-dijo Horacio envalentonado- ¡A esta gente hay que matarla!
Miré a Horacio, respiraba demasiada rabia, las palabras del chino calaron tanto que terminaron por arrastrarlo a él en esa vorágine de violencia. Yo sólo bajé la mirada y meneé negativamente la cabeza. El chino que seguía con atención cada gesto mío, gritó:
-¡Tu no aceptas!, aún no comprendes lo que significa defender algo que es tuyo. No escuchaste a los empresarios como dicen: “¡O eres tigre o eres presa!”. Horacio tiene razón, si no contestamos perdemos la universidad y Vincent ganará.
De pronto, una detonación estrepitosa de un petardo, rompió otra vez la calma y cientos de voces gritaron: “¡IZQUIERDA UNIDA VENCERÁ, MUERTE AL TRAIDOR USURPADOR, ESOS FACHOS DE MIERDA MORIRÁN!” Poco a poco aparecieron en una columna interminable, muchachos universitarios gritando en un solo coro, armados con palos, barretas de fierro y piedras  Entre ellos distinguí a Nixon que agitando las manos llamaba al chino.

-¡Te das cuenta! -gritó el chino- ¡si no respondes ellos creerán que tuvimos miedo y nos apabullarán. ¡Ahora salimos para demostrarles que seguimos en la pelea! Se dio media vuelta y corrió junto con Horacio para unirse a la manifestación. Nixon lo abrazó y se perdieron entre la multitud. Sólo  contemplé de lejos a los dos cómplices y recordé las palabras de Jael: “No sé ni porque lo acepté, si no lo quiero”. Ambos ahora se iban juntos  y supe que una guerra se había iniciado pero no  contra  los vándalos fachos, sino al interior de nosotros.

martes, 23 de mayo de 2017

El Noviazgo

Después de todos los exámenes la carga de trabajo disminuyó y la rutina diaria se desvaneció con la semana, previa a las elecciones. ¡La universidad estaba de fiesta!, Todos nos dispersamos, regresamos a casa, pero el chino, velaba, ya que por consejo de Nixon debíamos presentar no sólo un trabajo, sino una tesis bien argumentada a la que nadie pueda refutar, material que serviría, en caso de ser desaprobado para denunciar y abrir un juicio administrativo a Vincent.  Horacio y el curita se ausentaron y sólo quedamos Jael y yo,  desocupados, lo cual aprovechamos para caminar a donde se pueda. Le tenía tanta confianza, como si se tratara de un amigo varón con el que no ocurriría nada de malos entendidos. Charlabamos de todo y caminabamos abrazados hasta que una tarde.
-¡Me gustaría soñar! –dijo Jael.
-¿Qué? -Le pregunté.
-Que estamos casados y  paseamos como si tuviéramos muchísimo dinero que gastar y que la gente diga: ¡Señor, cómprele este vestido a su esposa! y que yo te tome de la mano y te diga querido ¡cómprame, cómprame!, ¡por favor! ¡por favor!
-¡Ay Jael qué cosas se, te ocurren!- le interrumpí
-Pero… ¡déjame soñar!
-Muy bien soñaremos, repliqué y cogidos de la mano, caminamos  a través de los ambulantes, pasamos entre los mendigos, los vendedores de estampitas y de todo el griterío de gente que deambulaba por la avenida Tacna, como si quisiéramos olvidar nuestra agobiante realidad. No quería pensar mal de las palabras de Jael y no quería arruinar una buena amistad, además era Jael, no…. ¡no!, ¡eso es imposible!.
Era un miércoles que nos despedimos quedando en encontrarnos al día siguiente, pero no regresé hasta la próxima semana. Durante esos días, sucedieron hechos inimaginables. Nixon encontró a un chino desaliñado, sin afeitar y se acercó a él.
-Hermano, le dijo y lo abrazó -Te he buscado peor que una enamorada, ¡felicítame!
-¿Por qué?,  le interrogó el chino
-¡Porque soy el hombre más feliz!, ¡lo conseguí! y tú has sido un buen amigo.
No necesitó más explicaciones, el chino comprendió que se trataba de Jael y pensó ya está consumado y ahora sólo queda esperar los resultados.
-A propósito amigo- agregó Nixon-  necesitamos un personero para la Base  83 y yo he pensado en ti para ese puesto. Al ver que el chino titubeaba se adelantó y lo abrazó. No te preocupes de nada, le dijo y caminaron por el pasadizo de Letras.
El día que llegué a la universidad encontré a Jael sentada en unos de los bancos del patio de letras. Estaba inquieta mirando para uno y otro lado, ojeando su reloj y zapateando levemente el piso con el pie izquierdo. Al ver que me acercaba sonrió, pero sus ojos languidecían de mucha tristeza.
-¿Qué pasó? -me dijo – ¡los muertos han resucitado!
Me acerqué sin responder para darle un beso en la mejilla y ella como si estuviera apesadumbrada inclinó su rostro y bajó la mirada.
-Tú no sabes cuánto, pero cuánto he necesitado de todo el grupo esta semana, me sentí sola, muy triste y desamparada
-¡Pero Jael! –interrumpí algo confundido - ¿Qué te ha sucedido?
Tú sabes que los amigos se necesitan y se buscan para todo. Ni tú, ni los chicos, nadie ha venido a la Escuela.
Me quise sentar junto a ella, pero inmediatamente miró para todos lados. Abrió más que nunca los ojos, palideció y se levantó. Parecía que se escondía de alguien.
-¿Esperas a alguien? -pregunté por inercia, sin desearlo saber.
-Sí, pero no es importante, ¿vamos a caminar?
-¡Vamos! -le respondí. Quise cogerle de la mano pero me la soltó. Algo le sucedía, no actuaba como de costumbre y además ¿a quién esperaba?,  al parecer la había dejado plantada. Sin más preguntas salimos de la ciudad  universitaria y subimos al bus “el cocharcas” que nos llevó hasta la final de la avenida Salaverry. Caminamos sin hablar y sin tocarnos. El sol iluminaba tenuemente y avisaba la llegada de la primavera. Los árboles frondosos e imponentes contagiaban de su frescura,las calles. Llegamos a una plazoleta desde donde se apreciaba al inmenso mar.
-¿Sabes?, ¡me siento feliz! –Rompió el silencio Jael, aunque, su voz se quebrantó, miró hacia el cielo, respiró profundamente y su rostro poco a poco decayó.
-¿Ves el cielo?- exclamó resuelta - nos dice cómo somos. Tú eres como el sol con su brillo constante, no importa si te quieren opacar siempre encontrarás un lugar por donde iluminar. En cambio yo soy como esa neblina frágil e inconsistente, llevada por los vientos de un lado para el otro, sin paradero, a veces firme tratando de absorberlo todo, pero incapaz de defenderse ante la arremetida de alguien más fuerte.
¿Sabías qué?- se le quebró la voz otra vez, sus ojos estaban llenos de lágrimas –  salí con un amigo la semana que se  ausentaron, me llevó a muchos lugares y en una de esas salidas se me declaró. Me tomó fuerte de los brazos y me besó. Yo le dije que no podía ser, que aún no estoy preparada, pero él insistió y ahora soy su enamorada. Hasta ahora no comprendo cómo fue que acepté. No siento nada por él.
No supe qué decirle, sólo recuerdo que  me sentí defraudado al contemplarla y me perturbó su debilidad e incapacidad de decir: “No”.
-¿Por qué es tan fácil que te sometan?, le pregunté con mucho tino, mientras sus ojos se movían desorbitados, buscando una razón.
-¿Quién es?- pregunté
-Nixon.., Nixon Nores
-¿Él?, pero ¿por qué?
¡No sé!, hay cosas en esta tierra que no tienen sentido, mi vida misma es un ejemplo, sufro y hago sufrir.
-¿Qué clase de respuesta es esa? – Exclamé algo ofuscado como si quisiera hacerle entrar en razón
-¡Dime!, ¿lo amas? – Busqué  su mirada y me evadió- Eso es el motivo por lo que las personas se unen.
-Te das cuenta tú sabes lo que quieres, ¡yo no! y  lo que hice, lo hice y se acabó.
-Es tu vida Jael, no la mía, ni la del resto. Debemos por encima de todos los deseos y ambiciones de terceros, buscar nuestra felicidad y si no lo quieres, simplemente decir,  ¡no!.
- ¡Yo no puedo!- concluyó soltando unas lágrimas.
- ¡Si!,  si lo puedes ¿acaso no te quieres?- la sostuve de sus manos y ella se soltó
-No, no voy a hablar más- levantó sus manos alterada- pensé que me comprenderías, eres como los demás.
¡Jael! – grité, buscando que entre en razón.
-Es mi vida y tengo que asumir mis actos- concluyó, se dio media vuelta y se alejó.

Continuará...


miércoles, 10 de mayo de 2017

EL BLINDAJE












No sé cuándo, a qué hora, ni en qué lugar, se logró una negociación, pero el chino jugó la primera carta y logró una reunión con Vincent, debido a que el grupo insistía en saber, si saldrían jalados en el curso del profesor. El chino necesitaba conocer los planes de Vincent, hurgar en su mente, sabía de negociaciones y podía hacerlo, aún quedando él descubierto, fue una reunión acalorada donde se buscó decir las cosas como son y no al manipuleo, necesitaba  información.
Vincent actuó sin protocolos y lo trató despectivamente como un profesor a un alumno, su estrategia amenazar, inquietar y provocar pánico, obligando al enemigo a huir, sin pelear, era un método que le había resultado hasta entonces, sólo que no intuyó que el chino buscaba eso, ser amedrentado y mostrar un cínico enfrentamiento contra él, obligando a su ego vapuleado salir a pelear con todas las baterías posibles.
- ¡Compañero!
– le dijo Vincent enojado- crees que no sé qué pretendes.
- ¡Sí! ¿Qué? – Preguntó el chino – provocando más ira en Vincent, porque parecía retarlo
- Si vas por el camino que pienso que vas – le dijo, el profesor con algunas evasivas- vas a lograr que esos amigos que te respaldan, huyan de ti
El chino lo escuchó y temió por su grupo, sin embargo tenía que provocarlo más para saber quién era el objetivo.
-Ellos están protegidos- lo miró directo a los ojos, esperando una reacción.
Vincent frunció el cejo y sus ojos se inyectaron de rabia
-¡Hay una mujer en tu grupo!- sonrió sarcásticamente y se levantó de la mesa, sonriendo como si hubiese ganado la confrontación. El chino contuvo el aliento y soltó el aire, apenas lo vio alejarse.
- Lo temía- pensó - por ella quiere empezar a atacarnos, pero, ¿cómo? Debo buscar la forma de blindarla.
Es por eso que el chino, desapareció tantos días, había decidido proteger a Jael y a todo el grupo permitiendo que ella sea el nexo, emparejandose  con Nixon.
Fue la primera vez que lo vi tan ofuscado, que hasta los labios le temblaban al contar lo sucedido. Se sacó los lentes y dejó ver sus ojos rasgados, que ahora lucían languidecientes. Limpió las lunas y se las puso otra vez. Al final de su narración, un poco más calmado dijo.
- ¡Esos tipos no se les debe dar la espalda porque te golpean, para ellos el que pega primero, es el que siempre gana. Ellos deben pensar que los golpeamos  con Charito y necesitamos saber qué tipo de revancha  buscan.
¡Ya Chino! -le dije, atemorizado  – en ningún momento intenté golpear a Vincent a través de Charito, aún más, ni siquiera lo planifique, no quiero sentirme culpable de nada. Mi propósito es de estudiar y no pelear.
-¡Tu no comprendes nada, todavía!- me cortó el chino y bajó la voz - No estamos tratando con gente normal, son Fachos violentos. Si tú quieres estudiar tranquilo tienes que derrotarlos.
-Pero, como te repito no es mi intención entrar en una guerra- interrumpí.
-¿No?, ¡pero, ya estás!, desde el momento que aspiras a ser un profesional! porque si los fachos ganan, el MRTA y Sendero también ganan y la universidad se va al carajo y tú con ella.
- ¡Okey,.. Chino! entiendo- bajé la cabeza.
-¡Nada!.. –Alzó más la voz, ofuscado - debemos actuar con inteligencia adelantarnos a todo lo que ellos quieran hacer. El objetivo ahora  son ustedes, porque creen que aún son independientes, y por lo tanto presa fácil para devorar. Con la movida que hice, evaluarán  arremeter en su contra, sopesarán sí es bueno enfrentarse a la gente de izquierda unida.
-¿Qué pasa?- le increpé - ¿ahora somos de izquierda unida?
- ¡Tu sabes que no!- me miró sarcástico- simplemente adoptamos una bandera para protegernos. El día que estén preparados ustedes sabrán con convicción a donde ir.
Ahora, no sé si atacará por las notas o por otras circunstancias, lo cierto es que debemos cuidarnos entre nosotros, por ejemplo variamos nuestros horarios de llegada, no entramos por la misma puerta de la universidad, no debemos ir al mismo paradero, así evitamos que nos embosquen y nos den una paliza. Procuremos estar juntos
-¡Ustedes son mi gente! – nos miró fijamente- cada uno es importante, recuérdenlo. No los abandonaré a su suerte, ¡jamás!

(Continuará...)

martes, 25 de abril de 2017

El arma secreta: "El pacto"












- Este Chino, algo se trae con Nixon- dijo Horacio- lo que no entiendo es qué hace la flaca metida allí. Se rascaba la cabeza  mientras me contaba que los había visto comiendo juntos  a la hora de salida. Yo tampoco lo sabía, pero si venía de él es porque algo de gran envergadura pasaría.
El chino desapareció varios días, hasta que después reapareció  sonriendo.
- ¡Hola todos!- dijo- traigo novedades, se acercó a mí y sin ningún preámbulo me preguntó:
-¿Tú qué harías si te comprometes con una chica del centro federado o del tercio?
-¿Por qué  me preguntas esas cosas? – le respondí, confuso.
-¡No te das cuenta!- replicó – la cantidad de posibilidades que tendría esa persona, sería capaz de entrar en el circulo del Decano y hasta del mismo Rector de la universidad y si es hábil se valdría de estas amistades para presentar  proyectos a instituciones extranjeras y llenarse los bolsillos con miles de dólares. Existirían posibilidades de trabajo en la misma universidad. Tu visión del mundo se expandirá y dejaría de ser achatada.
-¿De quién hablas?  - le pregunté intrigado e inmediatamente pensé en Jael y Nixon,
- ¡No!-  me dije, esas cosas no suceden tan rápido. El chino rebosaba de felicidad, su rostro estaba totalmente cambiado y callé, esperando que me de más información.
-¿Cómo que de quién hablo?- interrumpió mi meditación- ¡Hablo de ti!, empezó a reírse. No quiso responder e inteligente evadió todas mis preguntas, dejándome con las ganas de averiguar, si mis suposiciones eran ciertas. El chino, se volvió más desconcertante, ¿jugaría con los sentimientos de las personas?, ¿utilizaría a Jael?, ¿lograría sus mezquinos propósitos? Supe que algo había pactado, pero no me imaginaba qué. Todo para él siempre fue pactar, así le enseñaron, recibió entrenamiento especial para saber pactar bajo presión, así entró a la universidad, preparado para un fin que requería de tácticas, maniobras, pactos y posiblemente riesgos de perder la propia vida,  sino, no hubiesen mandado a un estratega de lo más alto, como diría más adelante  Fernando, un activista de izquierda
-Si no haces un pacto- me decía el chino en casi todas las reuniones - no lograrás nada en esta vida y tienes que saber hacerlo, debes manejar la situación siempre y contar con un "as" en la manga. Además debes tener un plan de contingencia, por si sale mal la transacción.
Cuantas veces Jael se burlaba de él, tachandolo de ver muchas películas de espías, sin embargo él impávido seguía afirmando.
-La CIA es especialista en pactos - nos decía mirándonos fijamente, en nuestras pequeñas reuniones- ¿por qué creen que tiene tanta injerencia en diversos países?
-¡Pactos!- respondía, exaltado y muy resuelto - esos gringos invierten en candidatos de acuerdo a sus propósitos a cambio de un servilismo incondicional. ¡Pronto aprenderán a hacer pactos y serán los mejores!
Todos callamos, hasta Jael porque entendimos que sus palabras eran ciertas y su juicio era tan  lógico, que atemorizaba.
El chino no era un ciudadano normal, antes de hablar ya tenía esquematizado  sus diálogos por eso para él, escalar posiciones, era todo y siempre menospreció al amor, pues era manipulación; Cualquier sentimiento para él estaba en un segundo plano y  lo fundamental era buscar el poder, sin importar cómo lo haces; Valiéndose de amistades, posiblemente adulando fingiendo y mintiendo. Esa tarde traté de hilar conjeturas, pero preferí escuchar la versión del Chino, pero está nunca llegó hasta que todo fue consumado.

(continuará...Próximo capítulo: "Un pacto con Vincent")