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viernes, 31 de marzo de 2017

LA FOTO

(La foto)

Mucho interés despertó una fotografía antigua, del tamaño de un póster, donde estaba  toda la familia de Tito, desde la primera generación, hasta la última, testificando en sus poses, su fuerza y la envergadura de su linaje. Posiblemente el Bisabuelo fue un panadero o un zapatero emprendedor, pero las generaciones venideras se volvieron, abogados,  jueces y hasta ministros.
-¡Allí está el Ministro de salud! – dijo Octavio abriendo más sus ojos rasgados y causando admiración entre los observadores.
-¡Pero no sabía que su tío era ministro! – exclamó Annie, tapándose la boca – ¡Válgame Dios!, ¿quién lo hubiera imaginado?
-¡Ya pues muchachos no sean apagados!- exclamó Fito, desconcertado - ¡Vamos a bailar!, después tendrán tiempo de mirar.
En cuestión de segundos, Fito retiró a todos de la sala, observó de reojo la fotografía que mirábamos y bajó la mirada, suspiró, se sentó en la cama donde yacía Máximo  y se quedó quieto por unos minutos. Exhaló profundamente y su cuerpo se encorvó. Parecía vencido, sin ánimos, ni fuerza, al parecer, la correa familiar, le había quedado muy grande.
¡Soy una decepción!- dijo cavilando – Si tan sólo comprendieran, que quiero ser yo y vivir como quiero. ¡Nunca seré como ellos!
Fito era el que más plata tenía en el grupo, tenía una hermosa casa en el distrito Pueblo libre y manejaba un auto, regalo de su papá. En esos tiempos de los ochenta con la crisis que agobiaba al país, tener un auto era un lujo, sobre todo para alumnos que andaban a las justas con su pasaje de autobús en el bolsillo. Él, para todos, era la representación del poder en el aula, lo que todos aspiramos tener y sin embargo, él buscaba tener lo de nosotros. ¿Qué hacía en una universidad estatal?,  buscaba algo que no encontraba en sus círculos de amigos de la alta sociedad, algo que le perturbaba tanto, que abandonó las universidades más caras de Lima, desafiando a sus padres, el linaje familiar y mandando todo por un tubo. A pesar de la tremenda presión, el abandonó todo, dedicándose a vender cassettes de música en las puertas de la universidad. Nada lo amilanó era él o no era nadie.
Soy yo!- decía-  el que vive, sueña, ríe, llora, ¿y no ellos?,  ¿por qué debo hacer lo que ellos quieren?
Todos lo escuchamos más de una vez quejarse y siempre terminaba con una sonrisa en el rostro, demostrando a todos que: la función tiene  que continuar.
-¡Fito se acaba la cerveza!- lo interrumpieron con gritos de afuera.
-¿Que?, ¡No sean así muchachos, ni bien me distraigo ustedes aprovechan! – Se incorporó guardó sus penas, se frotó la cara y esbozando una sonrisa, salió. Era como un actor, no podía estar triste, tenía que hacer sentir bien a todos los invitados, repartió alegría por todos lados, sirvió las cervezas, se colocó un delantal y empezó a cocinar en un a fogón de leña,  salchichas. Como todo buen profesional dejaba las penas atrás.
Y así fue la música: “¡Anda huara de mi vida, dame, dame tu querer!... ¡Si no me das tu cariño yo me moriré de amor!
Aquel día todos trataron de ser amigos, no hubo contiendas, ni disputas, sólo algunas declaraciones furtivas y apachurrones. Úrsula, la futura comprometida de Octavio, que aún era soltera hasta que salió de la fiesta, quiso tomar unas fotos y para eso tuvieron que reunir a todo el salón, incluso a Máximo, lo sacaron cargando y lo hicieron posar dormido. Muchos se reían hasta que sonó el clic de la cámara. La voz uniforme de Whisky se escuchó al final.
Por ese entonces nadie intuía que una simple foto, sería el iniciador de dolorosos eventos  que permanecerán grabados por siempre en el corazón de cada uno en la “La gran  Huachipeada”.


(Próximo capítulo “El gran N. N., famoso líder controvertido y polémico de la facultad que se presentaría en el salón, armando un gran alboroto)


sábado, 25 de marzo de 2017

La desolación de Máximo

La desolación de Máximo.
Chanel frente a ellos seguía bailando esta vez con Fito, quien sin desaprovechar la ocasión, la cogió de la cintura y de las manos y le hacía dar vueltas una y otra vez  al compás de la música chicha. Se convirtió en el centro de atención con un jean bien ceñido y una blusa manga cero pegado a su cuerpo. Apenas terminó la pieza  los tres  pretendientes estiraron la mano para invitarla a bailar, ella sólo alzó sus dos manos para agitarlas hacía sí misma, dándose aire. Estaba completamente rendida. Aun así seguían rodeándola como abejas detrás del panal. Ellos se conocían, compartían y bebían igual como lo hacían Horacio, Fito y Octavio y como buenos contendientes no se agredían.
Jael estaba con el chino siempre abrazándolo, chocheando. Ambos estaban sentados reposando después de la comida. El chino escarbaba  el terreno con un palito de escoba interrumpiendo el paso a una columna de hormigas.
-¿Qué haces chino? , le pregunté
-Si nosotros fuéramos como las hormigas – respondió sin levantar la cabeza- nuestro país sería un imperio fuerte y grande. Todos tendríamos trabajo. No habría monopolios injustos que nos aniquilen lentamente. Todos seriamos iguales con los mismos derechos, no existiría el terrorismo, ni el odio, no existirían Vincents  lavacerebros para destruir este sistema. Sería tal vez la sociedad adecuada, seríamos una sociedad feliz. 
No muy lejos de Alejandro y sus cavilaciones, escuchamos el grito desesperado de Mía, todos acudimos mortificados  y vimos el cuadro desolador de Máximo, arrodillado en el suelo tratando de levantarse, sin poder hacerlo, totalmente ebrio, no podía mantenerse en pie, con los ojos desorbitados y babeando.  A su alrededor sólo se escuchaba  risas y mofas, no pudo incorporarse y Mía pidió ayuda. Ella que estaba a su lado, no aparentaba haber bebido, sin embargo al tratar de levantarlo lo sintió tan pesado que tuvo que soltarlo y cayó como un saco de arena. Ella se asustó, se tapó la boca y comenzó a agitar su mano izquierda pidiendo ayuda.
-¡Perdón!, no fue mi intención- dijo ella, mientras le ayudaba a levantarse.
Máximo, totalmente empolvado, hasta el rostro, trató de levantarse, pero no pudo. Nadie corrió en su ayuda, muchos pensaron que sólo fingía, para tirarse encima de Mía. Bocabajo  en la tierra, sólo gemía palabras inentendibles. Asido de la botella, levantaba la mano que tenía libre para llamar. El cuadro me deprimió y llamé a Octavio, quien desorientado me siguió. Lo levantamos a la voz de tres.
- ¡Está pesadito! - exclamó Octavio, mientras Máximo sonreía, completamente desorientado con los ojos cerrados.
Lo llevamos a una  de las camas de la casa. Octavio lo miraba y con una mueca burlona lo tapó con una manta.
-¡Este diablillo, sólo cuando duerme es un angelito!- recitó Octavio, mientras salía del cuarto.
Yo sólo sonreí y comprendí que ni aún sus amigos querían asistirlo. Y no por gusto se había ganado su apelativo: "el rabioso"; Y es que su labor, no era la de un relacionista público, sino la de un polemista que no quería perder ninguna discusión. Siempre acudía a toda reunión de la escuela para pelear, amenazar y es posible insultar a cualquiera que le contradecía, amparándose bajo el título de "el delegado",  Distinción que adquirió antes que empezaran las clases, por el grupo de Octavio, cinco alumnos que creyeron que  representaban a todo el salón, .

Nadie conocía mucho sobre Máximo, decían que vivía en Barrios Altos, en un cuartucho de un solar, que tenía hijos y una esposa a la que no le era tan fiel. A pesar de su carácter, su fisonomía no era grotesca, sino de buen parecer, pero su mirada  no era tierna, ni pacífica, era dura e insidiosa como si guardara demasiado odio y rencor. Tendría 29 a 30 años y según él era suficiente edad para cambiar al país, para destruir a quien se le interponga en el camino.

miércoles, 8 de marzo de 2017

LA HUACHIPEADA" (PARTE 1) NOVELA MISIÓN JERICÓ.

Huachipeada
Fito se portó como un buen anfitrión, hizo el mercado, compró las cervezas, se puso un delantal y cocinó. Apenas alguien llegaba, dejaba todo para recibirlo con un fuerte apretón de manos y un abrazo. Eso permitió que todos nos sintiéramos cómodos.
Habíamos llegado a la finca de su familia, un terreno de 3 mil metros  de área, con algunas vacas y sembríos. Allí designó a Alberto, que no era familiar, sino el que cuidaba el lugar,  como guía para que nos enseñe los maíces, ajíes y hasta tomates que habían cosechado, él solícito a su pedido nos atendió de muy buen humor. Instalado con su familia en una pequeño cuarto al costado de la casa grande, permanecieron allí, hasta muy tarde sirviéndonos el almuerzo y después, la cena.
Después de almorzar, Fito instaló una radio casetera que llevaba a todos lados, en una pequeña explanada frente a la casa grande, puso  música chicha contagiante y movida. Corrió y sacó a Chanel para inaugurar el primer baile.
- Esta pieza es mía -dijo sonriendo.
Todos aplaudieron mientras  contorneaba  su voluminosa cadera. Chanel moviéndose coquetamente, le mandaba miradas seductoras. Tan amena estuvo la música que Máximo se animó a bailar con Mía, quien reía y bailaba moviendo su esbelta figura. Nadie más pudo bailar con ella, porque Máximo la había acaparado tanto, que entre los descansos se dedicaba a hacerle la corte, hablándole cerca al oído, después jalándole de las manos y por último cogiéndole de la cintura. Parecía que un romance había comenzado.

A un lado de la casa, no muy lejos del centro de baile, estaban los magníficos. No bailaban, pero sí reían y conversaban animadamente. La cerveza había logrado en ellos un efecto milagroso. Annie fiel a las actividades, yacía sentada a un costado del equipo de música, agarrando sus muletas. Sonriendo constantemente, saludando a todos sin hacer ninguna distinción. Era la única que no había reñido con nadie. Todos coincidían en decir que ella, inspiraba ternura, pero yo la admiraba porque reconocía, en ella, un temple de acero para  estudiar a como dé lugar.
 Su meta era sobrevivir  sin depender de nadie, a pesar del enorme esfuerzo físico que le demandaba tan sólo salir de su casa, andar con la ropa totalmente empapada de sudor, por el esfuerzo. Sólo una vez cogí sus manos y sentí la callosidad que se había formado por asirse de las muletas. Comprendí que habían otras luchas, más mordaces y continuas como la que libraba ella con su propio cuerpo, al que tenía que arrastrar para lograr lo que buscaba.
Esa tarde Chanel no quiso bailar con  Horacio y él lejos de mostrar su desagrado, se mostró  más solícito con Annie, haciendo de ver que no le importaba, entrando y saliendo de la cocina, llevándole gaseosa y  comida. Ella sólo sonreía, tapándose la boca, mostrando un ligero rubor en su rostro. Presentí que tantas atenciones podrían confundirla sentimentalmente. Lo cual sería peor.
Sin embargo las horas pasaban y Horacio no dejaba de tomar mirando a Fito y Chanel, un poco subido de copas entró súbitamente al ruedo, donde todos bailaban y se paró frente a la cocina. Minutos antes, Chanel había entrado allí , sola, pero no salía. Apenas salió este la interceptó y la contuvo del brazo. Ella sorprendida sólo atinó en sonreírle. Él acercó su rostro y susurró en su oreja. Después de unos segundos sólo vi que ella movía su dedo índice negativamente, él la soltó,  juntó sus manos  y  se los llevó hacia su rostro. Ella se dirigió hacia el grupo de pretendientes que la tuvieron rodeada desde que la música empezó. 
Octavio inmediatamente se acercó.
-“¡Horacio entiende ya no quiere contigo!”
Horacio que conocía muy bien los sentimientos de Octavio replicó enfadado
 – ¿Y tú corazoncito también se resignó?
-¡Ya ves! –respondió Octavio, sonriendo- ¡cómo te picas!.
-¡Pero Cholo! , disculpa nisei, no te das cuenta que con ese rostro rosadito, delicado y su boquita tan rojita, además de un cuerpazo tan bien formado, me es imposible tenerla, peor será para ti. 
(Continuará...)