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miércoles, 31 de agosto de 2016

¿Quien es Vincent? parte 2

Continua... (de capt 1 Quién es Vincent?)

Estas situaciones me producían incertidumbre. Por momentos sentía que mis sueños de destacar como estudiante se desvanecían en las paredes de la Universidad, acompañado de gente  indiferente como los que me enseñaban, salvo Vincent, que parecía distinto.
Las clases continuaban y muchos profesores entraban y salían de las aulas. Existía un curso de Materialismo dialéctico que mantenía a todos silenciosos, más que en las clases de Vincent. Sin hacer ningún ruido todos copiaban lo que el profesor dictaba. Las bancas del fondo increíblemente estaban vacías. Hasta los más dormilones permanecían atentos. Había llegado tarde, pero eso no le importaba al profesor, ni siquiera respondió mi saludo. Me acerqué a Horacio, que copiaba afanosamente.
Cállate cholo, no ves que no se le escucha nada- recitó. Me causó risa su ansiedad por copiar. Al poco rato, el profesor sacó un pañuelo para atenuar un estornudo. Eso me dio tiempo y le pregunté.
-¿Por qué habla tan bajito?
-Es la técnica de si quieres atiendes o si no te vas al ¡carajuu...!  Sonreí, la expresión de su rostro y la frase esforzada, prorrumpieron en una carcajada suave, sin poder evitarlo. Todos en el salón repararon en nosotros. Sentí como que amonestaban todo expresión de alegría. Octavio, un nisei nos miraba como compadeciéndonos, como si  diría “maduren muchachos”. El Sobón de Máximo movía su cabeza censurándonos cruzando miradas cómplices con el nisei. Ambos eran los “ayayeros” de Vincent, los que atendían cualquier pedido del profesor y se desesperaban para que esté cómodo en la clase. Pero no sólo era con Vincent, sino con todos aquellos profesores que estaban dentro de la línea de denuncia y de tratar a los Medios desde un punto de vista marxista. Demás está decir, que también eran amigos de Vincent. En ese entonces me parecían triviales sus afrentas, y no los tomaba en cuenta. Horacio se había vuelto un buen amigo, quizás el único con el que se podía conversar sin tener que discutir sobre el marxismo o la situación crítica de País,  tampoco mediamos verborrea para ver quién de los dos era más intelectual que el otro. Hablábamos de todo y sobre todo de chicas, aunque no todas las chicas de la Universidad eran atractivas, muchas eran  de corte intelectual, ustedes ya saben; con lentes, y una verborrea aplastante de biblioteca. Horacio usaba siempre  jeans, polos de colores y un collar alrededor del cuello, así como brazaletes de tela con  motivos incaicos.
Su cabello  arreglado todo para atrás, estaba de acuerdo con la moda de los ochenta, como John Travolta de la película “Saturday nigth fever”. Era raro verlo con la misma ropa al día siguiente. Cuidaba mucho su apariencia personal. Era algo fornido y de estatura mediana, algo como un metro sesenta y cinco. El así como Celine sufrían mucho a la hora que los profesores hablaban de  la alienación y de la seducción de la publicidad en los jóvenes.  Aunque Celine a pesar de ser una pituquita de la Molina,  a desventaja de Horacio, estaba en el grupo de Vincent. Después de cada clase el profesor conversaba con Máximo a quien lo habían nombrado delegado del salón. Junto a ellos estaba el chino Octavio, Betty y Celine, quien con su sola sonrisa atraía a todos en la Escuela. Allí estaban ellos dialogando, Vincent era el centro de atención por su altura, era más fácil de distinguirlo, además que era el que más gesticulaba cuando hablaba.
Sus reuniones se volvieron muy frecuentes y se rumoreaba que el profesor había creado un taller de estudio con  un grupo muy selecto  del salón y que las sesiones eran en su casa. Debido a eso, el grupo de Máximo era el único que participaba, mientras que el resto sólo escuchaba. Ese grupo parecía una réplica del profesor de teoría, ninguno objetaba, por el contrario afirmaban y consolidaban sus palabras. Máximo parecía un remedo, hablaba igual que él, movía las manos y gesticulaba como él, incluso miraba al resto despectivamente como si conociera más que todos.
-“Compañeros” –decía Máximo- tenemos ante nosotros un profesor que se ha quemado las pestañas para ayudarnos a descubrir la verdad.
Vincent contemplaba silencioso, mientras que Máximo embelesado en su retórica observaba a un salón que asentaba con la cabeza todas las arengas, en señal de aprobación.

Vincent llegó a ser tan selectivo en el aula que no hablaba con nadie, salvo que sea su grupo, había creado una elite en el salón que a muchos les causó cierto descontento, incluso a mí que en un principio me entusiasmó la idea de pertenecer a ese grupo. Sin premeditarlo habíamos caído en la miel que él profesor había creado. Sus alumnos preferidos obtenían las más altas notas en participación y exámenes. Eran muy conocidos porque participaban con  aulas antiguas y es que Vincent había creado otros talleres similares y elitistas, donde sus alumnos antiguos intercambiaban momentos con los alumnos nuevos. Supe que estaban invitando a más alumnos a asistir a su casa, pero las invitaciones eran de amigo a amigo y en forma selecta. Ninguno del grupo del profesor era amigo de Horacio, ni mío, tan sólo por el saludo. No se habían dado las circunstancias para conocernos, pero sí se estaban creando abismos entre todos. 

martes, 23 de agosto de 2016

"Bienvenidos amigos lectores ávidos de la lectura".

Como Ustedes saben estoy publicando los primeros capítulos de la novela "Misión Jericó" y voy a dedicar todas las entradas a la novela.
NOTAS:
Antes de empezar esta segunda publicación quiero mostrarles un video de lo que sucedía en la Universidad  San Marcos, después que muchos de mi promoción abandonamos esta casa de estudios. 

lunes, 15 de agosto de 2016

MISIÓN JERICÓ Capt 1

Preámbulo:
Misión Jericó es una novela inconclusa o quizás terminada, usted posiblemente halle la respuesta y despierte a esos espíritus insatisfechos que viven en la novela. No se trata de acertijos, sino de seguir lo que te dicta tu conciencia y sólo así  encontrará esa satisfacción a las interrogantes, a las desesperanzas y a las posibles salidas. Misión Jericó trata  sobre el despertar de unos jóvenes universitarios en una universidad plagada de conflictos e intereses personales que mantienen los profesores, las autoridades universitarias y los alumnos. La universidad como dirían algunos es una pequeña muestra de lo que sucede en el país. La lucha por el poder desconoce personas y las utiliza. No importa quién eres, lo que representas, no importan tus sueños, sólo los intereses de unos cuantos que se creen los iluminados, llamados entre comillas los caudillos. Esta novela representa a aquellos que lidiaron  contra estas manifestaciones, deseando impregnar no lo que la mayoría deseaba, sino lo que el espíritu de libertad anhelaba, rompiendo esquemas, que lo hacían verdaderamente peligroso para los fines de dominación.  Los lectores quizás encuentren circunstancias reales o irreales eso se lo dejo a su imaginación, porque muchas veces la verdad pura es sólo la que queremos ver.


CAPITULO I
Un estúpido cachimbo
Recuerdo el primer día que llegué a la Universidad un  humo denso, inundaba el bosque de letras, llevando vestigios de  olor a bomba lacrimógena, irritando mis ojos, obligándome a huir presuroso. Muchos alumnos corrían de un lado para otro, evitando que el humo los envuelva. Yo también lo hice hasta que llegué al patio de la Facultad y una columna de banderas se abrió paso ante mí. Las paredes parecían murales, cubiertas por pintas que daban vivas a diferentes  partidos. Muchos Pizarrones, también interrumpían el paso, invitando a votar. No había gente, todos habían huido,  la fiesta electoral terminó abruptamente, por una feroz intervención policial.
Subí unas escaleras hasta el tercer piso, todo estaba en calma, no había ruidos. Sólo algunas carpetas malogradas estorbando el paso. Pasé por una gran reja, semiabierta, caminé hacia el fondo, hasta que llegué a una puerta que  tenía un cartelito: “Centro de Estudiantes de la Escuela de Comunicación Social”. Atisbé por la ranura de unas bisagras y salió un muchacho fornido como de unos 30 años, quien al verme se inquietó, pero no se amilanó.
¿Si? - preguntó  algo inquieto- ¿Qué deseas?
Lo miré y me presenté como ingresante e inmediatamente su rostro cambió, esbozando una suave sonrisa.
¡Ah, ya veo!- me dijo- Yo soy Willy, secretario del Centro de Estudiantes de Comunicación Social o CECOS y estrechó mi mano.
-¿Quisiera saber cuándo empiezan las clases para los ingresantes?- le pregunté.
- ¡Conque cachimbo!- sonrió forzadamente- Era más amable. Fue el primero que me dio la bienvenida. No habló mucho, casi solemne, con su rostro parco, alcanzó a decirme que los de mi base se iban a reunir y que era imprescindible que estuviera presente. Inmediatamente pensé en una fiesta de bienvenida de cachimbos. Me alegró la iniciativa, entusiasmado busqué en los periódicos murales, buscaba algún cartel de bienvenida, pero no encontré ni una  nota de convocatoria a reunión, ni referencia alguna.
-¿Qué pasa con mi base? - me pregunté, porque no hay un solo mensaje que cite a reunión. Posiblemente pensaron que todos acudirían al centro de estudiantes y que cualquier representante nos informaría de sus actividades.
Al día siguiente, casi al atardecer llegué a la universidad y reconocí a Willy, estaba entre un grupo de alumnos, me acerqué y le saludé dándole la mano, pero ahora algo esquivo no me dio tiempo de conversar sólo gritaba ansioso.
-¡Los de tu base van a marchar, acompáñalos! – Me dijo – ellos son, alcánzalos. Señaló a un pequeño grupo que subía por la rampa del patio de letras, cargando unas banderolas.
¿Qué?  ¿A dónde van?- pregunté confundido
-Están protestando porque les quieren quitar cursos imprescindibles para tu carrera- me recalcó, algo huidizo.
-¡Orlando!, ¡ven! – Llamó a otro que estaba en el grupo - explícale lo que vamos a hacer. Él se acercó, aparentaba más edad que Willy, tenía un bigote al estilo mejicano, patillas largas y un cabello  greñudo y largo. Apenas llegó  comenzó a hacerme preguntas.
-¿Con que eres cachimbo?, me preguntó  sonriendo irónicamente, observé su rostro grasoso, y el cuello de su camisa completamente empapado de sudor. No me extendió la mano como Willy, al contrario buscaba con la mirada a otras personas.
Su desdén, cambió cuando me preguntó si ya había estudiado en otra universidad y le respondí que venía de otra facultad de comunicación. Sus ojos le brillaron complacido. “Pues tú sabes, viejo - me felicitó, dándome una palmada en la espalda, pero sin quitar su sonrisa burlona.
- ¿No crees que el curso de Medios de comunicación es importante, tú lo debes conocer?
-¡Pues!, - dudé – Sí, si –enfaticé, no lo había llevado en la otra universidad, pero por el título entendí que si era importante.
-¡Vamos! sigue a tus amigos y ayúdalos a no perder ese curso.
Me sentí comprometido, no sabía cómo decirle que no. Sin embargo acepté y caminé junto al grupo, aunque detrás, esperando escapar cuando no se dieran cuenta. Sin embargo  Orlando me observaba: “¡Arenga con tus manos compañero!, ¡levántalas!”- me decía y así lo hice. Me sentí tan tonto de caminar arengando y protestando por algo que desconocía, que me dio vergüenza. Sentí las miradas de muchos alumnos que estaban a nuestro alrededor. No duró mucho mi caminata y cuando finalizó,  nos llevaron a unas oficinas que algunos decían que lo habían tomado, era nada menos que la sala del Decanato. Cuando entré, vi unos colchones tirados en el suelo con frazadas desordenadas y restos de comida.  Todos se saludaron, al parecer ya se conocían,  y hablaban de hacer un inventario con todas las cosas del Decanato. Mientras dialogaban, miré a una chica de unos 19 a 20 años aproximadamente, de rostro dulce, ovalado, ojos redondos de color canela y cabello castaño. La observé hablando con todos, como una líder, al parecer estuvo también en la marcha y por un momento pensé que sería de mi salón, aunque lucía muy desenvuelta para ser una cachimba, porque saludaba a todos. La seguí contemplando para descubrir si realmente era cierto aquel adagio que dice: “tanto miras a alguien, que termina mirándote” y así fue, hasta que cruzamos nuestras miradas. Sentí que se inquietó, y de rato en rato me buscaba. De pronto Orlando interrumpió abruptamente ese intercambio de miradas, me tomó del brazo y me jaló.
-Vamos a iniciar un debate en el patio de letras - dijo- Ven y representa a tu base y di que esos cursos no deberían anularse.
-¡Pero yo…no sé nada! ¿Qué  digo?
-¡Sólo eso y ya!
Ese momento, sentí todas las miradas en mí, hasta la de aquella muchacha de rostro ovalado, que ahora sí me miraba insistentemente y entonces no pude negarme. Me sentí extraño dentro de aquel ambiente. ¿Qué hacía yo allí?  Nunca había hecho algo parecido. Siempre me gustó mantenerme en el anonimato y en un instante me convertí en el centro de atención. Fui llevado por un grupo de muchachos hacia el centro del patio y me hicieron subir a un pequeño tabladillo que habían instalado. Por un momento dudé y quise bajarme, y escapar, pero al verme arriba delante de todos, sólo respiré profundamente.
-Aquí está un ingresante que tiene algo que decirnos – dijo un muchacho que servía como moderador- tiene la palabra compañero.
A mi alrededor había como unos cincuenta estudiantes que me miraban y no parecían amistosos
-¡Bueno yo!... –titubeé por un momento,  sentí que mis piernas flaqueaban, y no podía pasar la saliva. Mi pulso estaba acelerado y mis labios temblaban.
-Vengo de otra universidad de comunicación y… sé que estos cursos son importantes.
-¡calla!, ¡calla la boca!-escuché entre el gentío - Este no sabe nada de nuestra realidad, su opinión no vale en este debate. Un muchacho salió al frente agitando sus brazos con mucha vehemencia, señalándome y descalificándome.
- ¿Cómo traen a un cachimbo a disertar, se están burlando de nosotros?-gritó dirigiéndose a todos y una parte del grupo empezó a protestar levantando sus manos, vociferando:
- ¡No tienen argumentos, pues usan a los cachimbos... son unos manipuladores!
 De un jalón, estuve abajo, Willy me había sacado antes de que me linchen. Su actitud estratégica, para mí fue compasiva y acertada, a pesar de Orlando que mostró su desacuerdo, cuando salía de entre el grupo.
Esa noche siempre  recordaré los rostros enardecidos y los gritos desesperados de gente que no conocía. Supe entonces, que había entrado por la puerta falsa, dejándome llevar como un corderito, hasta hacer el más completo ridículo. Me alejé de todos y caminé por los pasadizos de la Facultad  que lucía vacía. Pero aún escuchaba las voces.
- “¡Estúpido cachimbo!, ¡no sabe nada!,¡manipulado!”. 
 Me senté  en las escaleras de la Puerta de letras. No había nadie y me abandoné por unos minutos, apoyé mis codos en mis piernas y con las palmas de mis manos sostuve mi rostro. Parecía una pesadilla.

¿Qué hago aquí?- me pregunté y recordé  a mi familia, los amigos de la iglesia y sus esperanzas en mí. Todos me felicitaban. Había ingresado a la universidad  y gracias a la promesa que le hice a Dios, de servirle por un tiempo. Después de tres años de incertidumbres y derrotas, vi la luz en medio de la oscuridad, mi nombre estaba escrito en la relación de ingresantes y supe que tenía una deuda. La tarde y el viento frío, me hizo temblar. Me levanté pesadamente y sacudí mi pantalón por detrás. Parecía embriagado mi cabeza la sentía adormecida de tanto pensar. Era hora de marcharme.

jueves, 11 de febrero de 2016

MISIÓN JERICÓ Capt 1 ¿Quién es Vincent?

Retaba con la mirada









¿QUIEN ES VINCENT?

- ¡San Marcos! - pensaba- ¡estoy en San Marcos!  Después de haber batallado tantos años en los exámenes de admisión por fin lo había logrado: ¡Ingresar!.
Cuando entré a mi aula, aparentemente nadie se conocía, sólo los que estuvieron apoyando al grupo de Orlando. A mí ni siquiera me tomaron importancia. Ellos hablaban de un profesor muy académico que llegaría al salón,  autor de un libro y de experiencia internacional. La expectativa crecía, hasta que él abrió la puerta. Era un hombre alto de contextura regular, usaba unos lentes menudos que le daban un aire intelectual. Aparentaba unos treinta y cinco años, de frente ancha y cabellera escasa y relativamente larga. Se vestía informalmente con casaca de cuero y pantalón Jean como muchos estudiantes, quizás por eso lo aceptamos rápidamente.
 Yo soy el profesor Vincent- dijo mirando a todos con una sonrisa algo enigmática- Yo les voy a enseñar los misterios de la comunicación porque mi curso es teoría de la Comunicación. Conmigo descubrirán muchos secretos. Aprenderán a no ser manipulados sino a manipular. Lograrán decodificar los mensajes alienantes de la prensa, televisión y radio. Saben acaso que significan aquellas palabras- señaló unos grafiti en la pared. Miren por el color que usaron deben de ser unos fatalistas y rebeldes, por el tipo de letra expresan caos y desorden.
-¿Ustedes saben qué tipo de estudiantes son?
Todos se quedaron perplejos escuchándole.
- Pues Yo si, replicó.
Me encantó, sabía que detrás de todo ese discurso, había algo que  despertaba en mí una insaciable  satisfacción, pero no sabía que era. Vincent nos estaba envolviendo en sus manos haciéndonos creer que seríamos capaces de descubrir lo más oculto de una persona. Era como si fuera magia ante nuestros ojos y oídos Entre más hablaba, cada muchacho del salón se sentía descubierto.
Estos muchachos- continuó, Vincent - en conclusión, saben quiénes son. No les diré nombres pero si a eso quisiera llegar, llegaría dándoles incluso nombres y dirección. Son unos burgueses alienados y decadentes, miembros de la clase media cuyas aspiraciones se mezclan con las de Archie y la de los Picapiedra y no saben a dónde ir.  La clase completa soltó una sonrisa satisfactoria, por no decir aprobatoria. Vincent había empezado con el pie derecho su primera clase.
Desde entonces la curiosidad crecía era como si cada estudiante del salón codiciara la llave del poder. La capacidad de no sólo  decodificar cualquier mensaje, sino  de conocer y como decía Vincent de dominar a las personas y hacer de ellos lo que quisiéramos. Empezó destruyendo una a una las series norteamericanas, porque según él eran la base de la Ideología Estadounidense.
-Aunque no lo crean -dijo el profesor mirando a todos, uno por uno - y para los escépticos que creen que lo que digo es  maquiavélico o  de ficción, piensen ¿por qué la maquinaria del tío Sam invierte miles de dólares en estas series?, ¿Por qué se ha dado impulso a la creación de satélites que observan a todo el Mundo? ¿Cuál es el propósito de esto? Digan lo que están pensando se llama: ¡Poder¡...¡poder! y poder para dominar”. Sus ojos estaban inyectados, ansiosos y su rostro había cambiado. Completamente enrojecido. Retaba con su mirada, buscaba opositores y casi todos bajaban la cabeza ante su  mirada desdeñosa. 
-¡El llanero solitario!-dijo sonriendo- no se dan cuenta que representa a la homosexualidad    ¡Imagínense!,  vive con un indio, o ¿es qué acaso se menciona a alguna mujer como pareja del indio o de el llanero? Por lo tanto me atrevo a pensar que el autor de la serie es un homosexual, cuya aspiración es ser pareja de un indio fornido.
En cada clase decía que a través de sus investigaciones de años y malas noches pudo descubrir el negocio de las grandes transnacionales, involucradas no sólo en poseer al mundo como si se tratara del  imperio Romano, sino de dominar mentes y actitudes tal cual el laboratorio de Frankenstein sobre toda la humanidad, pero  a través de los medios de comunicación, usando la publicidad, los programas de televisión, la radio los medios escritos.
-Un bombardeo como jamás antes se había escuchado”- repitió Vincent, varias veces, mientras enseñaba un libro que él había escrito.
 – Aquí está todo quieren saber más, cómprenlo -sonrió  sin tanto esfuerzo- No piensen que es propaganda para vender el libro.
 - ¿Saben qué?- preguntó al salón- En este libro he dejado parte de mi vida y de mis ojos.
-¡Sí realmente me quemé las pestañas! y todo para que el mundo no sea ignorante de la realidad.
Todos los alumnos asintieron inclinando la cabeza. La clase creía firmemente que Vincent no sólo era un soñador, sino un idealista solitario, que había radicado en Cuba, en ambientes de intelectuales críticos, que orientaron su visión del mundo. Él decía que fue el primero en descubrir que Marx también se refirió a los medios de comunicación.
Algunos comentarios sobre él me sorprendieron, como aquel que decía que era muy temido en las asambleas de catedráticos y que había un grupo de profesores, a quienes lideraba y que le obedecían sin protestar. Decían que usaba una cuchilla y que la sacaba para limpiarse las uñas en cada reunión y cuando alguien le acusaba de algo, los intimidaba apuntandoles con la navaja, obligándoles a bajar la mirada como si se tratara de un delincuente prontuariado. ¿Quién podía enfrentarse así? Recuerdo que el día que tomaron el local, él estaba allí, de consejero,  conversando con Orlando y Willy, mientras que ellos sumisamente inclinaban sus cabezas, aceptando sus indicaciones. ¿Quién era este señor que tenía poder sobre profesores y alumnos? , ¿Por qué tanto miedo? Algunos decían que era militante de  Patria Roja, una de las facciones violentas del partido de Izquierda Unida, otros que era un advenedizo que sólo fanfarroneaba. Lo cierto es que tenía poder sobre muchas personas.
En cada clase Vincent repetía lo mismo “El pueblo es manipulado por las grandes transnacionales sólo nosotros los intelectuales lo liberaremos, tenemos que entrar a los medios de comunicación para denunciar,  y no dejar de denunciar. ¡Aquí lo dice!, ¡miren! – señalaba su libro. No lo entendía, pero cada clase sentía más y más simpatía por el profesor, hasta idealizarlo, creí que luchaba sólo contra el mundo y que no todos lo entendían. Pero, Mucho después, Vincent fue cambiando poco a poco, impedía toda intervención  que criticará a su libro  y sus teorías, maltrató a los que se atrevían a  preguntar o solicitar que se les explique conceptos que se sospechaban erróneos. Muchas veces se burló de los que lo contradecían  tratándolos de neófitos y tontos,  ridiculizándolos, eso mermó las participaciones en el salón, hasta escuchar  un monólogo, la de él. por eso, no pude intervenir, al menos sobre algo referente a su libro, siempre ante cada pregunta me escondía de su  mirada o me agachaba, pues no quería ser ridiculizado, frente a todos.
Un buen día entró al salón un alumno nuevo, Vincent lo observó detenidamente, desde que entró al aula, retándolo  a un intercambio de miradas, hasta que se miraron y lo apabulló con preguntas.
- ¿Tú eres alumno del Curso?
- ¡Sí!, respondió- el alumno algo sorprendido.
-¿De qué Base eres?, repreguntó el profesor.
-Base 79 especialidad de Periodismo- respondió más firme.
-¿Tú le conoces a Carla Pérez? No, -dijo algo confuso el alumno
- ¡Ah disculpa!,  ella es de otra promoción- replicó el profesor, sarcásticamente porque  adrede le dio un nombre equivocado.
-Tu cara no la recuerdo y yo soy bastante fisonomista,  ¿Eres re-ingresante?, porque aparentas más edad que todos mis muchachos.
-¡Sí! -replicó- el alumno
-Entiendo - lo miró fijamente- voy a buscar tus datos en la Dirección de la Escuela
- ¿Dame tu nombre completo? - Mientras se acercaba a su pupitre, pude contemplar al muchacho, tendría unos 30 años, era más fornido que todos en clase y no se amilanaba ante el profesor, sino que lo miraba fijamente, sin titubear. Parecía muy seguro de si mismo.
-Me llamo Marco Augusto y no entiendo porqué tanta hostilidad .
-¿Qué? - replicó el profesor, todos en el salón enmudecieron, era el primer enfrentamiento que se oía en clase. Me pareció que titubeó, no conocía al alumno, ni cómo iba a reaccionar. Por primera vez sentía que perdía el control de la clase.

- ¡Mire compañero!- dijo  parándose firme a su lado, señalándole con el dedo índice  – aquí yo soy el profesor, la máxima autoridad, el que decide si alguien permanece o se queda, pero hoy y sólo hoy, voy a hacer una salvedad te vas a quedar ¿y sabes porqué? Porque parece que no eres espía. Cerró su libro y culminó la clase. Espías, ese era el temor de Vincent y de muchos otros profesores. Tenían temor a los desconocidos, a los policías infiltrados por eso los acosaba en clase, para que todos los conozcan y los rechacen.