jueves, 17 de noviembre de 2016
miércoles, 2 de noviembre de 2016
Amigos por siempre: De la novela Misión jericó.

AMIGOS POR SIEMPRE
El sol se ocultaba y una languideciente luz caía sobre el piso .A la distancia observaba de rato en rato el horizonte, los rayos del sol palidecían, ensombrecidos por una capa gruesa de neblina y un fuerte
viento del oeste sacudía todas las banderolas de la ciudad universitaria . Quién lo diría, allí estábamos discutiendo, sobre Cortázar, Unamuno, María Arguedas, y tantos escritores, delirando sobre la vida, conceptualizando nuestra sociedad, deseando escribir sin haber vivido. Que entretenidas eran esas charlas, me sentía realizado, hablando sobre ellos. Mi búsqueda de la sabiduría quedaba satisfecha en esas conversaciones. Tanto así, que leí muchas obras con la única finalidad de discutirlas después. No sé cuánto tiempo, creo que fueron meses, que todas las propinas se invirtieron en novelas. Así conocí a muchos novelistas y me convertí en un lector fanático que no deseaba ver televisión, sino sólo leer.
Las
noches frías en la ciudad universitaria nos obligó a refugiarnos en los cafetines. Nuestro favorito era “Vanesa”, un
snack bar situado a la salida de la facultad. Una de esas noches frías Alejandro
invitó los cafés, Horacio mientras se sentaba dijo: Entonces yo los pago. Sacó
su billetera, la abrió, miró y la volvió a embolsillar.
-¡Mejor paga la cuenta
Alejandrito!- dijo sonrojado – tu sabes que los chinitos tienen plata, levantó
las manos disculpándose, mientras me miraba y se acomodaba el cabello, hacia atrás. Todos
soltamos una carcajada.
Desde aquella noche tomar un
cafecito caliente se volvió una costumbre, Alejandro poco a poco dejó de ser el
muchacho serio y poco comunicativo. Siempre empezábamos hablando sobre mi tema
favorito:"escritores y novelas" y terminábamos hablando de Vincent, de quien el chino
expresaba abiertamente su desacuerdo.
El piensa que ha descubierto la
pólvora, esa mentira es más ingenua, si
desde la década del sesenta se habla de manipulación e imperialismo ¿Qué es lo
novedoso? Son ideas obsoletas y sediciosas.
-¡Shhh, Chino no alces la voz!- le dije.
-¡No
seas miedoso! -replicó- ¡no te das cuenta
que Vincent le hace el juego a Sendero, basta que adoctrine con esas ideas a
los cachimbos para crear terroristas potenciales!
Jael que ya se había unido al
grupo soltó una sonrisa.
-Por favor chinito, chinito -se acercó y lo
abrazó, tus ves demasiadas películas de espías. Alejandro desconcertado, no
sabía si zafarse de ella o dejarse
apabullar por el abrazo. Optó por sonreír y callar.
Yo sólo lo miré, no atiné en
decir palabra, estaba ofendido. No era un miedoso, creo, sí, muy precavido
o era que él había tocado justo en una llaga, que nadie quería curar, un miedo conveniente que envolvió a alumnos y catedráticos, respetados por siglos, que aceptaron y callaron, involucrándose en mafias, corrupción, violencia y terrorismo. Un pozo sin salida, sin esperanza.
En las siguientes reuniones las
discusiones con Charo se volvieron más candentes. Parecía un interrogatorio
donde ella era la acusada. No tenía ningún argumento ante las arremetidas de
Alejandro, quien no dejaba de cuestionarla. Esto dio pie para que los
discípulos de Vincent empezaran a hablar mal, no sólo de Alejandro, sino de
todo el grupo apodándonos los
alternativos. El salón completo tildó a Charito de víctima y a los
alternativos de agresores. No tardó mucho en pronunciarse el profesor, una
mañana de mucha llovizna tocó el tema, pero sin ser muy evidente.
- A propósito de ideas
alternativas, en mi clase no enseño esas
cosas y aquí sólo aprueban los que dominan mis enseñanzas. El chino y todos los
del grupo nos miramos. Ese momento me ofusqué, me causó tanta rabia y
peor aún, nadie protestó por el amordazamiento todos estaban de acuerdo. Tenían
una complicidad casi suicida. Sin embargo reparé que hasta hace un mes atrás,
tampoco hubiera dicho nada y que todo lo hubiese aceptado sumisamente. ¿Qué me
estaba pasando? ¿Acaso las continuas polémicas de clase y fuera de clase me
estaban abriendo los ojos, hasta ver las cosas como en realidad eran?.
Cuando salí de clases caminé
mucho, pues eso me gustaba hacer cada vez que estaba preocupado. Llegué al estadio y subí hasta la parte más alta, a la torre. Divisé todas las facultades
de la ciudad universitaria y como las luces se apagaban una a una, hasta quedar en oscuridad. No
recuerdo cuanto tiempo pasó, pero eran más de las once de la noche y cuando me retiraba, escuché que me llamaban desde unos asientos de la tribuna. Eran los alternativos no sé cómo
me vieron, me alegró verlos. Tenían un jarrón de damajuana, una
botella de coca cola y unos vasos descartables, al parecer llevaban ya mucho
rato bebiendo.
-¡Para salir del frío! – dijo
Horacio, mientras me servía un vaso del combinado.
Allí también estaba Jael
sonriendo de todo, bien abrazada del chino Alejandro.
-¡De todas las cosas locas que
hago, esta es la peor, venir a tomar con unos pollos! -dijo, mirando a Horacio.
El inmediatamente le respondió.
-¿Qué tienes mujer? , si quieres
hacemos un mano a mano a ver quién cae
-¡No!, gracias para mi es suficiente
-¡Ya ves cómo te chupas!.
-¡Ay por
favor!, a ver chinito, chinito, defiéndeme
por favor
Acurrucándose y abrazando al
chino este le miró.
-Bueno yo -sonrió. La tomó de los
hombros y mirándola fijamente le dijo- ¡Defiéndete sola!. Todos festejamos la
ocurrente salida del chino.
-¡Ay no por favor, por favor, no
seas malito! -replicó Jael y se acurrucó más a él.
El chino miró su reloj y
sorprendido dijo
-¡Uy carambas!, es tarde en mi
casa ya me habrán trancado la puerta.
Horacio viéndome parado,
tiritando de frío me dijo
-Toma pues cholo para que entres
en calor y nos vamos.
-¡Claro! -le respondí - pero que
te parece si lo voy tomando en el camino
y ¡Vámonos! , ¡ya es tarde!.
jueves, 20 de octubre de 2016
Charito: la coordinadora parte II (Novela misión Jericó)
CHARITO VS ALEJANDRO
La siguiente reunión empezó con los ánimos más calmados y todos dialogaron sobre las críticas de Vincent a
los teóricos norteamericanos. Charito se acomodó al grupo y empezó a llamar a
cada uno por su nombre, lo que le sumó unos puntos a su favor, ya que se sintió
un ambiente de cordialidad. Sólo Alejandro estuvo descontento y cuestionó todo
los fundamentos del libro.
-Hasta el momento sólo he
escuchado puros adjetivos, que los funcionalistas son imperialistas, servidores
de los capitalistas, manipuladores de
personas, etcétera, etcétera. Es que eso nada más va a ser nuestro
análisis, y no vamos a leer nada de los funcionalistas y estructuralistas,
para poder sacar nuestras propias conclusiones.
Charo se quedó perpleja, pero no
tardó en replicar.
-A mi parecer el profesor quiere decir que entendamos ¿Por qué ellos son imperialistas? y ¿Cómo manipulan al
pueblo?
-¡No te pases! – Contestó
Alejandro- Me parece de mucha
ingenuidad, creer que analizamos a los estructuralistas y funcionalistas cuando
no leemos nada acerca de ellos.
Charo movía su cabeza con sus
cejas fruncidas y buscó la mirada de los demás, tratando de que alguien le
explicara lo que “el Chino” quería decir. Estaba algo aturdida sostenía
con una mano el libro y con la otra hacía
señas de desconcierto. Mirna, como empujada
por un resorte, trató de ayudar a Charo,
se levantó de su asiento y en tono solemne dijo que no podíamos descartar los análisis del Profesor, porque para llegar a esas conclusiones ha tenido que
investigar muchos años, utilizando métodos muy rigurosos.
-¡Que va ser!- respondió airado,
Alejandro- ¡A ver!, ¿A qué corriente pertenece Merton, Marcuse, Adorno y Habermas? y ¿Qué puedes decirme sobre ellos?
-¡Bueno, yo...!- Mirna se sonrojó,
no sabía qué contestar. Alejandro no le quitaba la vista, a la espera de su
respuesta.
-¡Te das cuenta! – Le dijo – Así
como tú, estamos todos, ni siquiera conocemos de qué hablan y los criticamos.
Mirna se sentó avergonzada, soltó
una sonrisa nerviosa y miró a Charo, quién movía la cabeza tratando de calmarla.
Alejandro demostrando un tic nervioso tocaba sus lentes con el pulgar de rato
en rato. Al ver que todos estaban callados, Charo rompió el silencio,
demostrando mucha cautela dijo que ella reconocía que había temas que aún
desconocía pero que haría lo imposible por darles más información. Después de la reunión el curita y
Mirna se acercaron a Charo. Yo no sabía a donde dirigirme, pero al ver a
Alejandro sólo opté por irme con él. Horacio nos siguió.
El curita se retiró presuroso, según Horacio a una
cita con una monjita que quería retirar los votos. El Chino más
calmado, sonreía de todas las bromas. Era el único que no salía apurado, muy por
el contrario hacía tiempo, conversando, sentado en las antiguas bancas de
madera del patio de letras. Junto a él, estábamos Horacio y yo, mientras
sentíamos la tibieza de la tarde.
-Esa Mirna, te dije no la metas al grupo, es una franela.
-Calma –le dije – tú sabes, entre
mujeres se defienden.
-Creo que es peligrosa – dijo
Alejandro, rompiendo su silencio.
-¡Ya ves! –dijo Horacio– yo no me
equivoco cholo.
-y el curita se deja llevar por las olas
–interrumpió el chino.
-¿Qué quieres decir? - le interrogué
-No se dan cuenta –dijo el chino
arreglándose los lentes –es tan templado, que todo lo que ella diga, lo va
hacer.
Conforme salíamos de la Ciudad
Universitaria divisé a Mirna tratando de tomar un microbús. Estaba ofuscada,
sudorosa y el viento permitía que su cerquillo le cayera por la frente. Su
pequeña estatura era una ayuda para ella, pues se infiltraba por entre la gente
rápidamente. Desde que pisamos la Universidad, no dejó de usar su clásica
chompa roja. Parecía de condición muy humilde y eso era notorio pues su vestimenta
era sencilla y cuando se pedía colaboración para alguna actividad de grupo
era la que más regateaba. Paso mucho tiempo para que ella se sincerara no sólo
conmigo, sino con todo el grupo de que su papá había fallecido dejándole a ella
casi toda la responsabilidad de la familia.
- Mi papá no era cualquiera - nos
dijo casi sollozando- en vida fue un
dirigente muy conocido en Canto grande y la gente lo quería. Antes no sentía su
presencia, pero ahora nos hace tanta falta. A veces no tenemos ni para comer y
para mis pasajes tengo que prestarme de donde sea. Dejé la universidad San
Martín, él quería que sea abogada pero el destino no lo quiso así. Ahora tengo
que trabajar para alimentar a mi familia. Desde ese día nuestro grupo la consideró, a pesar de sus tremendos
desatinos.
martes, 18 de octubre de 2016
lunes, 17 de octubre de 2016
"Conociendo a Charito"(Novela Misión Jericó).
8:16 a.m.
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La clase siguiente Vincent dejó
sus acostumbradas charlas y con mucha seriedad, casi solemnidad, indicó que
había nombrado coordinadores para cada grupo; Mencionó varios nombres pero,
sólo uno despertó mi interés era: “Charo” a la que vi muchas veces con el grupo
de Rolando y recordé sus ojos tibios y serenos. Reviví esa misma sensación que
tuve al verla por primera vez, que me causó atracción y desconcierto y que me
empujó a pararme en un estrado sin saber
nada. Era de una base más antigua. Pensé que para ser una coordinadora de
Vincent, tenía que ser muy capaz, quizás una chica inalcanzable,
posiblemente de esas aprendices de
intelectual como las que había en San Marcos, sin sentimientos pegadas a la
letra, pero Charo no parecía. Lo único que me molestaba era que la había visto abrazada con un muchacho de una base más antigua, un viejo, que a todas luces era su enamorado, además que estaba en el
grupo de Orlando , a quien le tuve animadversión por lo sucedido en el patio de
letras. ¡Charo, no! me decía a mí mismo, ella es especial como una flor en
medio de la mala hierba. Aquella mañana el destino lo quiso así, ella era la
coordinadora de nuestro grupo y tuve que aceptarlo.
La siguiente mañana se presentó
ante el grupo. Entró con una sonrisa contagiante su pelo castaño y tez blanca rosácea que combinaba con el vestido rojo que lucía, ceñido al cuerpo, cubriéndole hasta
las rodillas. Todos se deslumbraron al verla, su figura bien delineada
combinaba con sus pantorrillas hasta los pies de forma perfecta. Estaba
encantadora.
-Charito- dijo el curita, casi
susurrando – no te vistas así, que despiertas al toro.
Todos rompieron el hielo con una
sonrisa. Por fortuna no escuchó, desconcertada, atinó también a sonreír,
levantó las manos en señal de desconcierto y buscó un asiento junto a la única
mujer que había en el grupo: Mirna.
-Bueno chicos - dijo ella- ya
saben que nuestro tema es sobre corrientes estructuralistas y funcionalistas,
¿alguien de ustedes ha leído algo sobre ellos?
Ninguno del grupo pudo
responderle, nos quedamos sorprendidos, al menos yo pensaba que nos daría una
charla preliminar sobre el tema. La observé detenidamente para saber si
recordaba o no mi rostro, pero no me miró en ningún momento.
El Curita mientras tanto, se puso de pie. Desde que entró Charo, lo noté bastante inquieto y aprovechó la
oportunidad para darse a conocer ante ella.
-Mire señorita, me disculpas, no
se tu nombre - sonrió, causando hilaridad en el grupo. Volteó hacia nosotros
levantando los hombros como si nos explicara que realmente no lo sabía.
-¡Charo! - interrumpió ella esbozando una sonrisa.
Bueno Charito – lo dijo tan suave
y pícaramente que nos hizo reír- aquí nadie se ha preparado para disertar, muy
por el contrario, esperábamos que seas tú quien nos ilumines con tus
conocimientos, porque se supone que esa es tu responsabilidad.
Poco a poco su rostro se desencajó
y enrojeció. Estaba incomoda.
Miren chicos –dijo
diplomáticamente – todo lo que ustedes lean, lo vamos a discutir aquí y todo su
aprendizaje yo lo evaluaré, así que la próxima reunión quiero que todos lean
sobre las teorías norteamericanas del libro del profesor Vincent. Nadie
protestó, ni hicieron bromas, porque notaron cierto enfado en sus palabras ya
no tan suaves, sino más bien, diría, con autoridad.
jueves, 6 de octubre de 2016
lunes, 3 de octubre de 2016
Quién es vincent parte VI : Los alternativos
9:49 a.m.
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| UNIVERSIDAD CATÓLICA |
Después de clase, el chino
Alejandro propuso una reunión con el nuevo
grupo que se había formado. Todos se reunieron en el patio de Letras.
Alejandro, el curita contó un chiste de
curas y todos rieron, había rotó el
hielo. Después las bromas iban de aquí para allá. Mirna como única mujer del
grupo se sonrojaba.
-Chicos ya basta, hablemos sobre
la reunión - dijo algo incomoda.
-Reunión ¿cuál reunión?, -
bromeó Horacio – nosotros nos vamos de
juerga
Todos celebraron la broma. Mirna
frunció las cejas y torció su boca.
Pues yo
me tengo que ir- agregó enfadada.
Iba a apaciguar, pero lo más
prudente fue cambiar la conversación.
-¿Alejandro qué hacemos? -le
dije.
El chino que se había mantenido
callado, dijo: ¡Vamos a almorzar!
Ninguno esperaba comer en la
calle, muchos estábamos esperanzados en llegar a casa con la familia. Además
como estudiantes no teníamos dinero suficiente para un menú. El curita propuso
el comedor universitario. Allí la comida era gratis pero no daba confianza, muchos le decían “la muerte lenta”.
Horacio que ya había entablado confianza lo miró asombrado.
-No te pases pues cholo, no
quiero morir ¡me necesito!
El curita sonrió: ¡Nos
necesitamos!- le recalcó y ambos rieron.
Después de esperar las propuestas
-¿Qué les parece la Universidad
Católica?- sugirió Alejandro- Allí
también sirven comida cómoda.
Todos aceptamos y entre broma y
broma nos dirigimos por la avenida universitaria hasta que llegamos a la
universidad Católica. Era diferente a la nuestra, sin pintas, ni banderas,
cubierta de árboles y de mucha tranquilidad. Desde que entramos percibimos una fragancia distinta y un viento
fresco que se arremolinaba sobre nuestras cabelleras. Aquel lugar nos embriagó.
Los muros y pisos lucían limpios con una tibieza y suavidad, como si aún nadie
las hubiese tocado. Los estudiantes se confundían con el lugar como si fueran
parte del panorama. Sentí mucho placer, me gustaba el verdor de los pastos y
sus plantas bien cuidadas. Las muchachas
eran lindas y se sentía un ambiente de mucha tranquilidad.
¡Aquí imperan los fascistas!- desperté de mi meditación y
busqué a Mirna quien, tapándose la boca, sonrió. Pensé que sólo a mí me había molestado
sus palabras, pero fue a todos. Ella sólo atinó en justificarse.
-Vincent lo dijo así, aquí sólo
hay gente blanquita y de plata.
Acaso Vincent no es también un
blanquito, pensé.
-Pero, mujer ¿qué te han hecho
los blanquitos, u odias a la lejía?, -sonrió Arturo, que a pesar de su tez
blanca no se sintió aludido.
-Ay, mujeres para que las quiero-
exclamó Horacio, moviendo su cabeza negativamente, mirándome y diciéndome entre
señas: “¡Te lo dije!”.
El chino sólo observaba, por su
mirada y su risa sarcástica, noté que
había desaprobado la opinión de Mirna.
Yo en cambio sentí en ella un
resentimiento, que acertadamente nuestro profesor de teoría había despertado y
tuve miedo de pensar que él no era sólo
un loco visionario, sino alguien que incidía de forma real y lo que nos
decía diariamente tal cual un disco
rayado, había calado nuestra conciencia. Sentí miedo por primera vez de mis pensamientos,
porque también culpaba a esa clase blanca retrograda, dueños del Perú, clasista
y racista.
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