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martes, 25 de abril de 2017

El arma secreta: "El pacto"












- Este Chino, algo se trae con Nixon- dijo Horacio- lo que no entiendo es qué hace la flaca metida allí. Se rascaba la cabeza  mientras me contaba que los había visto comiendo juntos  a la hora de salida. Yo tampoco lo sabía, pero si venía de él es porque algo de gran envergadura pasaría.
El chino desapareció varios días, hasta que después reapareció  sonriendo.
- ¡Hola todos!- dijo- traigo novedades, se acercó a mí y sin ningún preámbulo me preguntó:
-¿Tú qué harías si te comprometes con una chica del centro federado o del tercio?
-¿Por qué  me preguntas esas cosas? – le respondí, confuso.
-¡No te das cuenta!- replicó – la cantidad de posibilidades que tendría esa persona, sería capaz de entrar en el circulo del Decano y hasta del mismo Rector de la universidad y si es hábil se valdría de estas amistades para presentar  proyectos a instituciones extranjeras y llenarse los bolsillos con miles de dólares. Existirían posibilidades de trabajo en la misma universidad. Tu visión del mundo se expandirá y dejaría de ser achatada.
-¿De quién hablas?  - le pregunté intrigado e inmediatamente pensé en Jael y Nixon,
- ¡No!-  me dije, esas cosas no suceden tan rápido. El chino rebosaba de felicidad, su rostro estaba totalmente cambiado y callé, esperando que me de más información.
-¿Cómo que de quién hablo?- interrumpió mi meditación- ¡Hablo de ti!, empezó a reírse. No quiso responder e inteligente evadió todas mis preguntas, dejándome con las ganas de averiguar, si mis suposiciones eran ciertas. El chino, se volvió más desconcertante, ¿jugaría con los sentimientos de las personas?, ¿utilizaría a Jael?, ¿lograría sus mezquinos propósitos? Supe que algo había pactado, pero no me imaginaba qué. Todo para él siempre fue pactar, así le enseñaron, recibió entrenamiento especial para saber pactar bajo presión, así entró a la universidad, preparado para un fin que requería de tácticas, maniobras, pactos y posiblemente riesgos de perder la propia vida,  sino, no hubiesen mandado a un estratega de lo más alto, como diría más adelante  Fernando, un activista de izquierda
-Si no haces un pacto- me decía el chino en casi todas las reuniones - no lograrás nada en esta vida y tienes que saber hacerlo, debes manejar la situación siempre y contar con un "as" en la manga. Además debes tener un plan de contingencia, por si sale mal la transacción.
Cuantas veces Jael se burlaba de él, tachandolo de ver muchas películas de espías, sin embargo él impávido seguía afirmando.
-La CIA es especialista en pactos - nos decía mirándonos fijamente, en nuestras pequeñas reuniones- ¿por qué creen que tiene tanta injerencia en diversos países?
-¡Pactos!- respondía, exaltado y muy resuelto - esos gringos invierten en candidatos de acuerdo a sus propósitos a cambio de un servilismo incondicional. ¡Pronto aprenderán a hacer pactos y serán los mejores!
Todos callamos, hasta Jael porque entendimos que sus palabras eran ciertas y su juicio era tan  lógico, que atemorizaba.
El chino no era un ciudadano normal, antes de hablar ya tenía esquematizado  sus diálogos por eso para él, escalar posiciones, era todo y siempre menospreció al amor, pues era manipulación; Cualquier sentimiento para él estaba en un segundo plano y  lo fundamental era buscar el poder, sin importar cómo lo haces; Valiéndose de amistades, posiblemente adulando fingiendo y mintiendo. Esa tarde traté de hilar conjeturas, pero preferí escuchar la versión del Chino, pero está nunca llegó hasta que todo fue consumado.

(continuará...Próximo capítulo: "Un pacto con Vincent")


martes, 11 de abril de 2017

EL N.N. DE LA ESCUELA

Nixon Nores

A la mañana siguiente Jael llegó completamente desconocida a clases. Parecía una mujer, bueno era mujer pero otra, muy atractiva. En casa había dejado sus jeans y zapatillas para cambiarlos por falda y zapatos de taco. Desde el momento que entró no cesaron los silbidos. La miré de pies a cabeza, no parecía nuestra amiga Jael. 
-¡Oye!- me codeó Horacio- ¡que buenas piernas tenía la flaca!
El curita embelesado se puso en pie y dijo galantemente: “Pues hombre que si así me la mostráis, yo tiro la sotana”
-Ya siéntate chato – le jaló del brazo, Horacio y ambos se sentaron celebrando sus ocurrencias.
El chino, no acostumbrado a los galanteos,  se  sacó sus anteojos, los limpió, se los volvió a poner y mirando fijamente a Jael, la cogió de los hombros. Ella lo miró sorprendida  y él le dijo: ¡Estas muy bonita! Y la soltó abruptamente.
El curita que estaba detrás, observando todo atentamente, se le acercó al oído.
-Mujer estás matadora, ¡Olee! – exclamó sonriente.
Jael rompió en risa – ¡Calma, calma muchachos no se me desesperen!
Esa misma mañana en el intercambio de horas se presentó un personaje que quedaría grabado en la memoria, no sólo del salón, sino de toda la escuela de Comunicación. Era Nixon... Nixon Noris, el estudiante más conocido y mentado en toda la escuela. Su nombre vejado y vapuleado, aparecía en todos los periódicos murales, en la pintas de la paredes de la escuela y fuera de ella, y hasta en los baños. Muchos lo criticaban, pocos se abstenían. “Muerte al traidor de Nixon Noris” decían unas pintas en la entrada de la Escuela de Comunicación. Sin haberlo visto, ya lo conocía, bueno sólo las críticas de él.
Un escándalo ensordecedor de mucha gente, que gritaba en el pasillo, nos alertó de un evento inusual en la escuela,  era el famoso Nixon, estaba en la puerta tratando de entrar, contendiendo con algunos fachos apostados allí.  Todos los alumnos del salón fuimos testigos de cómo a empellones, obstaculizaban que él entre. Máximo como un gallito de pelea lo empujaba hacia fuera y Nixon con sus manos en alto, demostraba que él no era ningún agresor.
-¡Compañero creo que si creemos en la democracia debemos dejar que el salón decida si debemos o no entrar! - decía Nixon, mientras aguantaba pacientemente los empujones. 
-¡Te he dicho, que no!, ¿no entiendes?- decía Máximo atribuyéndose potestades que el salón no le había otorgado.
El chino alertado, corrió y se parapetó delante de toda la clase levantando en alto sus brazos, captando nuestra atención.
-¡El es miembro del Tercio estudiantil! – dijo, casi suplicante - y es un representante de la Facultad, ¿creo que debemos decidir si queremos escuchar o no a nuestros representantes?
Todos asentaron sus cabezas afirmativamente, menos Octavio y su  grupo. Eso impulsó para que el chino llamara a Máximo.
- ¡Oye delegado! -gritó – ¡el salón quiere votar!
Máximo, trastabilló desconcertado, volvió la mirada hacia el salón y observó al chino enfadado. No podía hacer nada. Era muy evidente que él estaba tomando decisiones propias, a nombre del salón. Se paró delante de todos con los ojos inyectados y los brazos cruzados, mirando con su rostro desencajado. No dijo nada, sólo respiró profundamente, había perdido piso.
- ¡Los que quieran que no entre el estudiante, que alcen la mano! - dijo y abruptamente levantó la suya, esperando quizás que con su actitud resuelta, el salón le siga, pero se equivocó, todos le dieron la espalda, esta vez,  porque votaron para que entre, ni siquiera los tres votos de sus amigos hicieron algún efecto, Al contrario al verse derrotados bajaron sus manos abochornados. Máximo desapareció, ante el júbilo de una veintena de alumnos que entraron, junto con Nixon. Habían rostros distintos, sonrientes, eran la gente de izquierda unida,  acompañando a su líder, que entró solemne sin sonreír, no llevaba ningún papel, ni apuntes, o consejeros que le indiquen sus temas a tratar.  Respiró profundo, saludó a todos y dio las gracias. Su rostro lucía sudoso y cansado.  Le calculé unos 25 años. No era muy alto, estaba casi al promedio de todos los estudiantes. Con su contextura delgada no aparentaba ser el “matón avezado” del que todos hablaban, al contrario, cuando empezó a hablar, uno de los alumnos levantó la mano.
-Disculpa compañero sin ánimo de ofender –dijo resueltamente-  te diré que hablas tan rápido que pareces una locomotora desbocada, y no entiendo nada.
Todos rieron y Nixon aceptó la broma sonriendo. Esa actitud ganó al salón, rompió el hielo, retomó su discurso otra vez y poco a poco empezó a correr de nuevo. Habló sobre las necesidades de la Escuela y los esfuerzos denodados en cubrirlos. No presentó ninguna bandera política, no satanizó a los fachos, por el contrario sólo dio un informe muy técnico de su trabajo como tercio Estudiantil.
- Pensé que se mandaría un rollo- me dijo Horacio sorprendido.
Recordé como el chino  loaba la capacidad de hablar, conceptualizando ideas, de manera rápida,  combinando conceptos y palabras al mismo tiempo, sin pausas, como una computadora con mucha información. Arturo, era para él  un vivo ejemplo, pero al verlo a Nixon seguro que se quedaría sorprendido porque la  capacidad de él  era impresionante. Lo busqué, quería ver su expresión. Estaba adelante, sentado atendiendo, boquiabierto. Presentí que ya lo conocía, la forma tan intrépida de actuar, desafiando al delegado y provocando una reacción del salón, no podía ser  espontánea, tenía que existir algo más, quizás la visita al salón había sido prevista, así como la  estrategia para vencer al delegado, usando al salón
-Nixon actuó sabiamente -me dijo después el chino- no se dejó provocar por el facho de Máximo, ni siquiera  respondió sus empujones. Ese fue un punto a su favor para que el salón se compadeciera y le permita entrar. Ahora ya entramos en campaña y estableció  claramente que el pertenece a un grupo  que trabaja y no  a uno bullicioso e infantil como los Fachos. Mis suposiciones fueron confirmadas, Todo había sido planificado con la ayuda de el chino.

Era cierto las elecciones habían llegado a  la Escuela y el chino poco a poco se descubrió como un miembro de una facción política de la universidad,  aunque en un principio no sabía a cual, pero ahora sí lo sabía. Muchas veces, después de esa mañana lo vi dialogando con Nixon, en el patio de Letras y Jael siempre  los acompañaba, algo tramaban.
(continuará...)