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lunes, 28 de noviembre de 2016

La estocada: De la novela "Misión Jericó".

Después de varios días sin reuniones, Charito convocó al grupo, a través de Mirna , quién a la hora indicada nos animó  a entrar en un salón de la Facultad, donde ella nos esperaba.  Estaba sentada en un pupitre, pausada, con su mirada lánguida, casi entristecida, todos nos miramos las caras, sólo Mirna estaba de aquí para allá, como si fuese una secretaria atolondrada por servir bien a su jefe. No tardó mucho en dirigirnos la palabra. Balbuceo al empezar, parecía asustada, se sobrepuso, junto sus manos y a manera de rogativa dijo en tono pausado.
-Sé que no estoy preparada como ustedes, en algunos temas, quizás deba prepararme más. Pero creo que nuestros debates deben partir del libro de Vincent y evitar libros que en vez de crear polémica, nos lleven a acuerdos.
Alejandro empezó a sonreír sarcásticamente y Rosita levantó la mano, solicitando le dejen  concluir y  continuó.
-¿Qué les parece si volvemos a fojas cero, nos hacemos más amigos y nos ceñimos sólo al libro del profesor?
A mí me pareció  sincera su invitación y casi ingenua y ya estaba a punto de acceder a lo que ella pedía, cuando Alejandro habló. Primero soltó su acostumbrada sonrisa nerviosa.
¡No puede ser que nos pidas eso, que quieras recortar nuestra visión, limitándonos a conocer un solo libro!  y ¿Qué hay de la investigación y la comparación de ideas?. ¡Eso según tú es malo!

- ¡Alejandro! -  gritó Mirna, hastiada- no digas eso, porfavor. Trataba de disculparlo delante de Charo.

-Si Alejandro -recalcó Charito, más resuelta - no digas palabras que no he mencionado ¡Por favor! , Enfatizó.
-¿Pero acaso no es así? -respondió- según tú discutir las teorías de Vincent nos traen polémicas y discusiones, pero sabes cómo se llama a eso: ¡Sectarismo!
-¡Alejandro!, ¡Alejandro! – Interrumpió nuevamente Mirna con la mano levantada – ¡Charo está pidiendo que evitemos las discusiones y seamos más amigos!, ¿no te das cuenta?
-¡No te pases! – respondió enojado- esa invitación a ser amigos es sólo un chantaje, ¡no se dan cuenta somos amigos, si no contradecimos y si decimos amén a cada texto subversivo de ese libro!
-¡Por favor! -dijo Charo -  Acaso estás diciendo que…
-No, no estoy diciendo nada de lo que tú ya sabes.
¿Ya sé? – Charo titubeo desconcertada  ¿Qué se supone que debo saber?
-¡No me hagas hablar!- dijo Alejandro, mientras se apretaba las manos de nervios.
-¡Además!- interrumpió Horacio - ¡Aquí la única que hace problemas eres tú y sabemos que eres la que mete cuento en contra de nosotros!.

-¡No!.. ¡Yo no he hablado mal!…

-¡Sí!, y muchos ahora piensan que nosotros somos los malos de la película
-¡Pero yo!,… yo no
-¡Si tú!, a nuestro propio salón ha llegado tu veneno, porque nos miran mal y tú eres la única que pudo haber metido ponzoña. A tal grado que Vincent nos mira con desprecio.
-No, no ¡por favor, es mentira, son calumnias!- sin más que argumentar, nos miró a cada uno, balbuceando palabras ilegibles, tartamudeo, sus ojos se enrojecieron. Parecía suplicar. Viéndose acosada por las miradas recriminatorias, sólo atinó a taparse el rostro y rompió en llanto. Estaba  acorralada y no podía hacer nada, quise consolarla, acercarme, pero como ocultar que sentía  debilidad por ella. Me puse de pie muy resuelto, pero en ese segundo de espera, el curita  y Mirna se adelantaron.
¡Ya Charito, cálmate! -le asieron de los brazos y la llevaron al baño. ¡Cuánto lamenté no haber sido yo el que la consolaba!. Sólo la vi  pasar. Solté un leve suspiro. Me sobrepuse y me dirigí a Horacio que se quedó mudo
 -¿Y ahora qué? - le dije.
Horacio encogió los hombros: ¡No me hagas sentir culpable!
-¡No! - dijo el chino,  alzando la voz – ¿Por Qué vamos a sentirnos culpables?, no creo en sus lágrimas, esas son estrategias. ¿No se dan cuenta que ella quiere dominarnos?
¡Chino!  - le dije, molesto con el ceño fruncido, desconcertado por su sangre fría – ¡ya basta!
-¿No te das cuenta?- me miró enojado- mira a al curita cómo ha reaccionado, un poco más y se le tira al suelo. Eso significa que si tenemos  votación para decidir el futuro de Charo, ya no contamos ni con su voto, ni con su aprobación. Ahora sólo falta saber a quien más convenció, ¿Quizás a ti  Roberto?
Retrocedí, avergonzado, como si hubiese leído mis pensamientos.
¡Pero Chino! - le cortó Horacio  algo apesadumbrado- Ya hemos llegado al límite
-¡Aquí no hay límites! -respondió Alejandro, sobresaltado- Este tipo de gente no mide sus acciones con tal de dominarte. ¡Entiendan!
Horacio calló y bajó la cabeza.

Yo también callé y no  respondí, sólo lo miré atónito. El chino se mostró  más resuelto y violento y tuve miedo porque él sabía más cosas de Charo y sus amigos que Horacio, Jael, el curita y yo. Pero por qué no se sinceró ¿Quién era en realidad el Chino y porque le acusaba a Charo de sediciosa?. Yo dudaba de las aseveraciones del chino, no podía creer que  detrás de ese rostro ingenuo de Charo, se ocultaba algo tan malévolo como  el terrorismo.
 Aquella tarde de altercados, Charito no volvió, tan sólo quedó en mi mente las palabras tan duras de Alejandro. 

domingo, 20 de noviembre de 2016

Amigos por siempre 2: De la novela Misión Jericó.

continua :....
Los cuatro caminamos abrazados por el pasadizo de letras, tambaleándonos, riéndonos de cualquier cosa, con rumbo a la puerta principal de venezuela.  Al caminar frente a la facultad de economía percibí que la ciudad universitaria estaba completamente vacía.  Eran cerca de las doce de la noche y todos los pabellones lucían oscuros y silenciosos. Una densa neblina se apoderó poco a poco de los alicaídos postes de luz amarillenta. Solo nuestros gritos resonaban en la ciudad.
- ¡Oye! -dijo Horacio- ¿Vieron esa película la jaula de las locas? ¡Es la muerte!
-Ya cállate -le cortó Jael- no quiero saber nada de tus congéneres.
“Ja, ja, ja” todos rieron.
- ¡Congéneres! – repetía constantemente Horacio, mientras reía.
Al día siguiente, llegué tarde a las clases de Vincent, temeroso de ser amonestado frente a  todos, empujé la puerta lo más suave que pude y de soslayo vi los rostros ojerosos de mis amigos bostezando y quise reírme pero me aguanté, al escuchar los gritos de Vincent, que amenazaba a un alumno. Aproveché el desconcierto, entré y  me senté. El alumno tenía sus ojos inyectados y movía sus manos exageradamente.
- ¡Pero profesor, lo único que le objeto es que de acuerdo a las informaciones actuales, casi todos los países sudamericanos están optando por el sistema democrático, lo que significa que el modelo!.
¡Ya sé a dónde vas! - interrumpió Vincent -modelo cubano, pero para eso necesitas no sólo haber vivido en Cuba, sino también comprender cómo es que ese modelo permite que todos reciban educación
-Está bien -le respondió- no habré vivido en Cuba, pero si hablamos de índices de pobreza por individuo ese país tiene el primer lugar.
-Eso se debe a la política intervencionista de Estados Unidos -interrumpió el profesor.
-Bueno no voy a hablar de Estados Unidos, sino de lo que la gente quiere y muchos no quieren vivir en Cuba. Porque  la gente aspira a gobiernos democráticos.
- ¿Sabes qué?  -respondió- ¡A mí me importa un bledo lo que piense la masa, a mí me importa lo que piensan gente como tú, intelectuales que van a dirigir este país!
-Pero profesor, es la masa la que decide lo que quiere.
-No lo creo, la masa es indefensa, sin educación, sin proyectos, yo soy un Dios para ella.
Ja, ja, ja- todo el salón se carcajeó, mientras Vincent con los brazos en alto,  aparentando ser el todopoderoso sonrió complaciente.
¡Si!- dijo con sorna- yo los seduzco, los manipulo y los obligo a hacer lo que yo quiero.

-Profesor -interrumpió – ese pensamiento  es caudillista y caduco

-¡No es caduco y no me interrumpa más, para mi esta conversación terminó!.
-Pero…- dijo el alumno defraudado por la abrupta irrupción.
- Si no le gusta puede retirarse de la clase
Polo inmediatamente se puso en pie
¡Si se retira le aconsejo que ya no regrese!- Polo dudó - ¡Y si regresas atente a las consecuencias!
Polo  como así se llamaba este alumno sólo  sonrió y se sentó, suspiró y calló, aunque no dejó de menear negativamente  la cabeza.
Me causó simpatía y a la hora de salida me acerqué y detrás me siguió todo el grupo. Era un alumno a quien de tiempo en tiempo se lo veía en el salón.
¡Ese Vincent es un tirano!– dijo mientras guardaba sus cuadernos y libros en un portafolio de cuero negro, de esos que usan los altos ejecutivos.
-Es un problema ser profesor y estar encerrado en la universidad, sin salir e investigar lo que sucede afuera – sonrió Polo,  cogió fuertemente su maleta y empezó a caminar.
¡Bueno muchachos les invito a tomar un café para conocernos!

Cuando salimos por la puerta de letras, a la derecha había un pasaje lleno de restaurantes,  levantados con triplay y listones de madera, el único que  parecía apropiado, de material noble y piso de cemento era “El Vanessa”. Polo iba algo apurado contándonos sus anécdotas. 
Cuando trabajé en el canal nueve fui director de prensa, ¡una chambasa! que no duró mucho tiempo. Ya ven ahora estoy de vuelta por la Universidad.  Me separé de mi señora y me quedé en el aire. Mientras él hablaba noté su rostro duro, casi no sonreía y si lo hacía era para burlarse de alguien. No era tan alto, pero si en el promedio de todos los peruanos. Usaba chompa,  pantalón   y zapatos de vestir, no como el resto de Sanmarquinos, que andábamos en zapatillas y jeans. Su conversación era muy nostálgica,  anhelaba mucho progresar. Se ufanaba de trabajos bien remunerados y de altas jerarquías, aunque ahora estaba desempleado. Al despedirse dejó entrever que lograría lo que tanto anhelaba, caiga quien caiga. El chino que estaba atento a su conversación, lo miraba  analizando como siempre si había un doble mensaje. Tan popular se hizo esa actitud cuestionadora de Alejandro que siempre recurríamos a él para que nos explique determinadas  conversaciones y discursos de profesores. ¿Hasta qué punto parecían subjetividades?  No lo sé, pero sabía que eran muy convincentes, tanto así, que a veces no podíamos contradecirlo en determinados temas. Alejandro no lo permitía,  él no era muy dotado físicamente, usaba lentes gruesos  y su fisonomía no era atlética, más bien era bajito y regordete pero su talento de líder
era único.

jueves, 17 de noviembre de 2016

"El zorro, la serpiente y el caballo"- cuento

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Amigos por siempre: De la novela Misión jericó.


AMIGOS POR SIEMPRE

El sol se ocultaba y una languideciente luz caía sobre el piso .A la distancia observaba de rato en rato el horizonte,  los rayos del sol palidecían, ensombrecidos por una capa gruesa de neblina y un fuerte
viento del oeste sacudía todas las banderolas de la ciudad universitaria . Quién lo diría, allí estábamos discutiendo, sobre Cortázar, Unamuno, María Arguedas, y tantos escritores, delirando sobre la vida, conceptualizando  nuestra sociedad, deseando escribir sin haber vivido. Que entretenidas eran esas charlas, me sentía realizado, hablando sobre ellos. Mi búsqueda de la sabiduría quedaba satisfecha en esas conversaciones. Tanto así, que leí muchas obras con la única finalidad de discutirlas después. No sé cuánto tiempo, creo que fueron meses, que todas las propinas se invirtieron en novelas. Así conocí a muchos novelistas y me convertí en un lector fanático que no deseaba ver televisión, sino sólo leer.  
Las noches frías en la ciudad universitaria  nos obligó a refugiarnos en  los cafetines. Nuestro favorito era  “Vanesa”, un snack bar situado a la salida de la facultad. Una de esas noches frías Alejandro invitó los cafés, Horacio mientras se sentaba dijo: Entonces yo los pago. Sacó su billetera, la abrió, miró y la volvió a embolsillar.
-¡Mejor paga la cuenta Alejandrito!- dijo sonrojado – tu sabes que los chinitos tienen plata, levantó las manos disculpándose, mientras me miraba y se acomodaba el cabello, hacia atrás. Todos soltamos una carcajada.
Desde aquella noche tomar un cafecito caliente se volvió una costumbre, Alejandro poco a poco dejó de ser el muchacho serio y poco comunicativo. Siempre empezábamos hablando sobre mi tema favorito:"escritores y novelas" y terminábamos hablando de Vincent, de quien el chino expresaba abiertamente su desacuerdo.
El piensa que ha descubierto la pólvora, esa  mentira es más ingenua, si desde la década del sesenta se habla de manipulación e imperialismo ¿Qué es lo novedoso? Son ideas obsoletas y sediciosas.
-¡Shhh,  Chino no alces la voz!- le dije.
-¡No seas miedoso!  -replicó- ¡no te das cuenta que Vincent le hace el juego a Sendero, basta que adoctrine con esas ideas a los cachimbos para crear terroristas potenciales!
Jael que ya se había unido al grupo soltó una sonrisa.
 -Por favor chinito, chinito -se acercó y lo abrazó, tus ves demasiadas películas de espías. Alejandro desconcertado, no sabía si zafarse  de ella o dejarse apabullar por el abrazo. Optó por sonreír y callar.
Yo sólo lo miré, no atiné en decir palabra, estaba ofendido. No era un miedoso, creo, sí, muy precavido o era que él había tocado justo en una llaga,  que nadie quería curar, un miedo conveniente que envolvió a alumnos y  catedráticos, respetados por siglos, que aceptaron y callaron, involucrándose en mafias, corrupción, violencia y terrorismo.  Un pozo sin salida, sin esperanza.
En las siguientes reuniones las discusiones con Charo se volvieron más candentes. Parecía un interrogatorio donde ella era la acusada. No tenía ningún argumento ante las arremetidas de Alejandro, quien no dejaba de cuestionarla. Esto dio pie para que los discípulos de Vincent empezaran a hablar mal, no sólo de Alejandro, sino de todo el grupo apodándonos los alternativos. El salón completo tildó a Charito de víctima y a los alternativos de agresores. No tardó mucho en pronunciarse el profesor, una mañana de mucha llovizna tocó el tema, pero sin ser muy evidente.
- A propósito de ideas alternativas, en mi clase no enseño  esas cosas y aquí sólo aprueban los que dominan mis enseñanzas. El chino y todos los del grupo nos miramos. Ese momento me ofusqué, me causó tanta rabia y peor aún, nadie protestó por el amordazamiento todos estaban de acuerdo. Tenían una complicidad casi suicida. Sin embargo reparé que hasta hace un mes atrás, tampoco hubiera dicho nada y que todo lo hubiese aceptado sumisamente. ¿Qué me estaba pasando? ¿Acaso las continuas polémicas de clase y fuera de clase me estaban abriendo los ojos, hasta ver las cosas como en realidad eran?.
Cuando salí de clases caminé mucho, pues eso me gustaba hacer cada vez que estaba preocupado. Llegué al estadio y subí hasta la parte más alta, a la torre. Divisé todas las facultades de la ciudad universitaria y como las luces se apagaban una a una, hasta quedar en oscuridad. No recuerdo cuanto tiempo pasó, pero eran más de las once de la noche y cuando me retiraba, escuché que me llamaban desde unos asientos de la tribuna.  Eran los alternativos no sé cómo me vieron, me alegró verlos. Tenían un jarrón de damajuana, una botella de coca cola y unos vasos descartables, al parecer llevaban ya mucho rato bebiendo.
-¡Para salir del frío! – dijo Horacio, mientras me servía un vaso del combinado.
Allí también estaba Jael sonriendo de todo, bien abrazada del chino Alejandro.
-¡De todas las cosas locas que hago, esta es la peor, venir a tomar con unos pollos! -dijo, mirando a Horacio.
El inmediatamente le respondió.
-¿Qué tienes mujer? , si quieres hacemos un mano a mano a ver quién cae
-¡No!, gracias para mi es suficiente
-¡Ya ves cómo te chupas!.
-¡Ay por favor!, a ver chinito, chinito, defiéndeme  por favor
Acurrucándose y abrazando al chino este le miró.
-Bueno yo -sonrió. La tomó de los hombros y mirándola fijamente le dijo- ¡Defiéndete sola!. Todos festejamos la ocurrente salida del chino.
-¡Ay no por favor, por favor, no seas malito! -replicó Jael y se acurrucó más a él.
El chino miró su reloj y sorprendido dijo
-¡Uy carambas!, es tarde en mi casa ya me habrán trancado la puerta.
Horacio viéndome parado, tiritando de frío me dijo
-Toma pues cholo para que entres en calor y nos vamos.

-¡Claro! -le respondí - pero que te parece si lo voy tomando  en el camino y ¡Vámonos! , ¡ya es tarde!.