CHARITO VS ALEJANDRO
La siguiente reunión empezó con los ánimos más calmados y todos dialogaron sobre las críticas de Vincent a
los teóricos norteamericanos. Charito se acomodó al grupo y empezó a llamar a
cada uno por su nombre, lo que le sumó unos puntos a su favor, ya que se sintió
un ambiente de cordialidad. Sólo Alejandro estuvo descontento y cuestionó todo
los fundamentos del libro.
-Hasta el momento sólo he
escuchado puros adjetivos, que los funcionalistas son imperialistas, servidores
de los capitalistas, manipuladores de
personas, etcétera, etcétera. Es que eso nada más va a ser nuestro
análisis, y no vamos a leer nada de los funcionalistas y estructuralistas,
para poder sacar nuestras propias conclusiones.
Charo se quedó perpleja, pero no
tardó en replicar.
-A mi parecer el profesor quiere decir que entendamos ¿Por qué ellos son imperialistas? y ¿Cómo manipulan al
pueblo?
-¡No te pases! – Contestó
Alejandro- Me parece de mucha
ingenuidad, creer que analizamos a los estructuralistas y funcionalistas cuando
no leemos nada acerca de ellos.
Charo movía su cabeza con sus
cejas fruncidas y buscó la mirada de los demás, tratando de que alguien le
explicara lo que “el Chino” quería decir. Estaba algo aturdida sostenía
con una mano el libro y con la otra hacía
señas de desconcierto. Mirna, como empujada
por un resorte, trató de ayudar a Charo,
se levantó de su asiento y en tono solemne dijo que no podíamos descartar los análisis del Profesor, porque para llegar a esas conclusiones ha tenido que
investigar muchos años, utilizando métodos muy rigurosos.
-¡Que va ser!- respondió airado,
Alejandro- ¡A ver!, ¿A qué corriente pertenece Merton, Marcuse, Adorno y Habermas? y ¿Qué puedes decirme sobre ellos?
-¡Bueno, yo...!- Mirna se sonrojó,
no sabía qué contestar. Alejandro no le quitaba la vista, a la espera de su
respuesta.
-¡Te das cuenta! – Le dijo – Así
como tú, estamos todos, ni siquiera conocemos de qué hablan y los criticamos.
Mirna se sentó avergonzada, soltó
una sonrisa nerviosa y miró a Charo, quién movía la cabeza tratando de calmarla.
Alejandro demostrando un tic nervioso tocaba sus lentes con el pulgar de rato
en rato. Al ver que todos estaban callados, Charo rompió el silencio,
demostrando mucha cautela dijo que ella reconocía que había temas que aún
desconocía pero que haría lo imposible por darles más información. Después de la reunión el curita y
Mirna se acercaron a Charo. Yo no sabía a donde dirigirme, pero al ver a
Alejandro sólo opté por irme con él. Horacio nos siguió.
El curita se retiró presuroso, según Horacio a una
cita con una monjita que quería retirar los votos. El Chino más
calmado, sonreía de todas las bromas. Era el único que no salía apurado, muy por
el contrario hacía tiempo, conversando, sentado en las antiguas bancas de
madera del patio de letras. Junto a él, estábamos Horacio y yo, mientras
sentíamos la tibieza de la tarde.
-Esa Mirna, te dije no la metas al grupo, es una franela.
-Calma –le dije – tú sabes, entre
mujeres se defienden.
-Creo que es peligrosa – dijo
Alejandro, rompiendo su silencio.
-¡Ya ves! –dijo Horacio– yo no me
equivoco cholo.
-y el curita se deja llevar por las olas
–interrumpió el chino.
-¿Qué quieres decir? - le interrogué
-No se dan cuenta –dijo el chino
arreglándose los lentes –es tan templado, que todo lo que ella diga, lo va
hacer.
Conforme salíamos de la Ciudad
Universitaria divisé a Mirna tratando de tomar un microbús. Estaba ofuscada,
sudorosa y el viento permitía que su cerquillo le cayera por la frente. Su
pequeña estatura era una ayuda para ella, pues se infiltraba por entre la gente
rápidamente. Desde que pisamos la Universidad, no dejó de usar su clásica
chompa roja. Parecía de condición muy humilde y eso era notorio pues su vestimenta
era sencilla y cuando se pedía colaboración para alguna actividad de grupo
era la que más regateaba. Paso mucho tiempo para que ella se sincerara no sólo
conmigo, sino con todo el grupo de que su papá había fallecido dejándole a ella
casi toda la responsabilidad de la familia.
- Mi papá no era cualquiera - nos
dijo casi sollozando- en vida fue un
dirigente muy conocido en Canto grande y la gente lo quería. Antes no sentía su
presencia, pero ahora nos hace tanta falta. A veces no tenemos ni para comer y
para mis pasajes tengo que prestarme de donde sea. Dejé la universidad San
Martín, él quería que sea abogada pero el destino no lo quiso así. Ahora tengo
que trabajar para alimentar a mi familia. Desde ese día nuestro grupo la consideró, a pesar de sus tremendos
desatinos.












