- ¡San Marcos! - pensé- ¡estoy en San Marcos! Después de extensas batallas y tantos años en exámenes de admisión, por fin había logrado: ¡Ingresar!.
Cuando entré a mi aula, aparentemente nadie se conocía, sólo los que estuvieron apoyando al grupo de Orlando. A mí ni siquiera me tomaron importancia, a pesar de haber sido vapuleado. Ellos estaban preocupados por un profesor muy académico que llegaría al salón, autor de un libro y de experiencia internacional. La expectativa crecía, hasta que él abrió la puerta. Era un hombre alto de contextura regular, usaba unos lentes menudos que le daban un aire intelectual. Aparentaba unos treinta y cinco años, de frente ancha y cabellera escasa y relativamente larga. Se vestía informalmente con casaca de cuero y pantalón Jean como muchos estudiantes, quizás por eso lo aceptamos rápidamente.
Yo soy el profesor Vincent- dijo mirando a todos con una sonrisa algo enigmática- Yo les voy a enseñar los misterios de la comunicación porque mi curso es teoría de la Comunicación. Conmigo descubrirán muchos secretos. Aprenderán a no ser manipulados sino a manipular. Lograrán decodificar los mensajes alienantes de la prensa, televisión y radio. Saben acaso que significan aquellas palabras- señaló unos grafiti en la pared. Miren por el color que usaron deben de ser unos fatalistas y rebeldes, por el tipo de letra expresan caos y desorden.
-¿Ustedes saben qué tipo de estudiantes son?
Todos se quedaron perplejos escuchándole.
- Pues Yo si, replicó.
Me encantó, sabía que detrás de todo ese discurso, había algo que despertaría en mí una insaciable satisfacción, pero no sabía que era. Vincent nos estaba envolviendo en sus manos haciéndonos creer que seríamos capaces de descubrir lo más oculto de una persona. Era como si fuera magia ante nuestros ojos y oídos. Entre más hablaba, cada muchacho del salón se sentía descubierto.
Estos muchachos- continuó, Vincent - en conclusión, saben quiénes son. No les diré nombres pero si a eso quisiera llegar, llegaría, dándoles incluso nombres y dirección.
¡Asu!- exhalaron sorprendidos los alumnos.
Vincent sonrió
-Son unos burgueses alienados y decadentes- miró atentos a todos, esperando cumplir expectativas y continuó- miembros de la clase media cuyas aspiraciones se mezclan con las de Archie y la de los Picapiedra y no saben a dónde ir. La clase completa soltó una sonrisa satisfactoria, por no decir aprobatoria. Vincent había empezado con el pie derecho su primera clase.
Desde entonces la curiosidad crecía era como si cada estudiante del salón codiciara la llave del poder. La capacidad de no sólo decodificar cualquier mensaje, sino de conocer y como decía Vincent de dominar a las personas y hacer de ellos lo que quisiéramos. Empezó destruyendo una a una las series norteamericanas, porque según él eran la base de la Ideología Estadounidense.
-Aunque no lo crean -dijo el profesor mirando a todos, uno por uno - y para los escépticos que creen que lo que digo es maquiavélico o de ficción, piensen ¿por qué la maquinaria del tío Sam invierte miles de dólares en estas series?, ¿Por qué se ha dado impulso a la creación de satélites que observan a todo el Mundo? ¿Cuál es el propósito de esto? Digan lo que están pensando se llama: ¡Poder¡...¡poder! y poder para dominar”.
Sus ojos estaban inyectados, ansiosos y su rostro completamente enrojecido. Retaba con su mirada, buscaba opositores y casi todos bajaban la cabeza ante su mirada desdeñosa.
-¡El llanero solitario!- dijo sonriendo- no se dan cuenta que representa a la homosexualidad ¡Imagínense!, vive con un indio, o ¿es qué acaso se menciona a alguna mujer como pareja del indio o de el llanero? Por lo tanto me atrevo a pensar que el autor de la serie es un homosexual, cuya aspiración es ser pareja de un indio fornido.
¡ja ja ! - prorrumpieron en carcajadas los alumnos.
En cada clase decía que a través de sus investigaciones de años y malas noches pudo descubrir el negocio de las grandes transnacionales, involucradas no sólo en poseer al mundo como si se tratara del imperio Romano, sino de dominar mentes y actitudes tal cual el laboratorio de Frankenstein sobre toda la humanidad, pero a través de los medios de comunicación, usando la publicidad, los programas de televisión, la radio los medios escritos.
-Un bombardeo como jamás antes se había escuchado”- repitió Vincent, varias veces, mientras enseñaba un libro que él había escrito.
– Aquí está todo quieren saber más, cómprenlo -sonrió, sin tanto esfuerzo- No piensen que es propaganda para vender el libro.
- ¿Saben qué?- preguntó al salón- En este libro he dejado parte de mi vida y de mis ojos.
-¡Sí, realmente me quemé las pestañas! y todo para que el mundo no sea ignorante de la realidad.
Todos los alumnos asintieron inclinando la cabeza. La clase creía firmemente que Vincent no sólo era un soñador, sino un idealista solitario, que había radicado en Cuba, en ambientes de intelectuales críticos, que orientaron su visión del mundo. Él decía que fue el primero en descubrir que Marx también se refirió a los medios de comunicación.
Algunos comentarios sobre él me sorprendieron, como aquel que decía que era muy temido en las asambleas de catedráticos y que había un grupo de profesores, a quienes lideraba y que le obedecían sin protestar. Decían que usaba una cuchilla y que la sacaba para limpiarse las uñas en cada reunión y cuando alguien le acusaba de algo, los intimidaba apuntandoles con la navaja, obligándoles a bajar la mirada como si se tratara de un delincuente prontuariado. ¿Quién podía enfrentarse así? Recuerdo que el día que tomaron el local, él estaba allí, de consejero, conversando con Orlando y Willy, mientras que ellos sumisamente inclinaban sus cabezas, aceptando sus indicaciones. ¿Quién era este señor que tenía poder sobre profesores y alumnos? , ¿Por qué tanto miedo? Algunos decían que era militante de Patria Roja, una de las facciones violentas del partido de Izquierda Unida, otros que era un advenedizo que sólo fanfarroneaba. Lo cierto es que tenía poder sobre muchas personas.
En cada clase Vincent repetía lo mismo “El pueblo es manipulado por las grandes transnacionales sólo nosotros los intelectuales lo liberaremos, tenemos que entrar a los medios de comunicación para denunciar, y no dejar de denunciar. ¡Aquí lo dice!, ¡miren! – señalaba su libro. No lo entendía, pero cada clase sentía más y más simpatía por el profesor, hasta idealizarlo. Yo mismo creí que luchaba sólo contra el mundo y que no todos lo entendían. Pero, Mucho después, Vincent fue cambiando poco a poco, impedía toda intervención que criticará a su libro y sus teorías, maltrató a los que se atrevían a preguntar o solicitar que se les explique conceptos que se sospechaban erróneos. Muchas veces se burló de los que lo contradecían tratándolos de neófitos y tontos, ridiculizándolos, eso mermó las participaciones en el salón, hasta escuchar un monólogo, la de él. por eso, no pude intervenir, al menos sobre algo referente a su libro, siempre ante cada pregunta me escondía de su mirada o me agachaba, pues no quería ser ridiculizado, frente a todos.
Un buen día entró al salón un alumno nuevo, Vincent lo observó detenidamente, desde que entró al aula, retándolo a un intercambio de miradas, hasta que se miraron y lo apabulló con preguntas.
- ¿Tú eres alumno del Curso?
- ¡Sí!, respondió- el alumno algo sorprendido.
-¿De qué Base eres?, repreguntó el profesor.
-Base 79 especialidad de Periodismo- respondió más firme.
-¿Tú le conoces a Carla Pérez? No, -dijo algo confuso el alumno
- ¡Ah disculpa!, ella es de otra promoción- replicó el profesor, sarcásticamente porque adrede le dio un nombre equivocado.
-Tu cara no la recuerdo y yo soy bastante fisonomista, ¿Eres re-ingresante?, porque aparentas más edad que todos mis muchachos.
-¡Sí! -replicó- el alumno
-Entiendo - lo miró fijamente- voy a buscar tus datos en la Dirección de la Escuela
- ¿Dame tu nombre completo? - Mientras se acercaba a su pupitre, pude contemplar al muchacho, tendría unos 30 años, era más fornido que todos en clase y no se amilanaba ante el profesor, sino que lo miraba fijamente, sin titubear. Parecía muy seguro de si mismo.
-Me llamo Marco Augusto y no entiendo porqué tanta hostilidad .
-¿Qué? - replicó el profesor, todos en el salón enmudecieron, era el primer enfrentamiento que se oía en clase. Me pareció que titubeó, no conocía al alumno, ni cómo iba a reaccionar. Por primera vez sentía que perdía el control de la clase.
- ¡Mire compañero!- dijo parándose firme a su lado, señalándole con el dedo índice – aquí yo soy el profesor, la máxima autoridad, el que decide si alguien permanece o se queda, pero hoy y sólo hoy, voy a hacer una salvedad te vas a quedar ¿y sabes porqué? Porque parece que no eres espía. Cerró su libro y culminó la clase. Espías, ese era el temor de Vincent y de muchos otros profesores. Tenían temor a los desconocidos, a los policías infiltrados por eso los acosaba en clase, para que todos los conozcan y los rechacen.












