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domingo, 2 de diciembre de 2018

¿QUIEN ES VINCENT?


- ¡San Marcos! - pensé- ¡estoy en San Marcos!  Después de extensas batallas y tantos años en exámenes de admisión, por fin había logrado: ¡Ingresar!.
Cuando entré a mi aula, aparentemente nadie se conocía, sólo los que estuvieron apoyando al grupo de Orlando. A mí ni siquiera me tomaron importancia, a pesar  de haber sido vapuleado. Ellos estaban preocupados por un profesor muy académico que llegaría al salón,  autor de un libro y de experiencia internacional. La expectativa crecía, hasta que él abrió la puerta. Era un hombre alto de contextura regular, usaba unos lentes menudos que le daban un aire intelectual. Aparentaba unos treinta y cinco años, de frente ancha y cabellera escasa y relativamente larga. Se vestía informalmente con casaca de cuero y pantalón Jean como muchos estudiantes, quizás por eso lo aceptamos rápidamente.
 Yo soy el profesor Vincent- dijo mirando a todos con una sonrisa algo enigmática- Yo les voy a enseñar los misterios de la comunicación porque mi curso es teoría de la Comunicación. Conmigo descubrirán muchos secretos. Aprenderán a no ser manipulados sino a manipular. Lograrán decodificar los mensajes alienantes de la prensa, televisión y radio. Saben acaso que significan aquellas palabras- señaló unos grafiti en la pared. Miren por el color que usaron deben de ser unos fatalistas y rebeldes, por el tipo de letra expresan caos y desorden. 
-¿Ustedes saben qué tipo de estudiantes son? 
Todos se quedaron perplejos escuchándole.
- Pues Yo si, replicó. 
Me encantó, sabía que detrás de todo ese discurso, había algo que  despertaría en mí una insaciable  satisfacción, pero no sabía que era. Vincent nos estaba envolviendo en sus manos haciéndonos creer que seríamos capaces de descubrir lo más oculto de una persona. Era como si fuera magia ante nuestros ojos y oídos. Entre más hablaba, cada muchacho del salón se sentía descubierto. 
Estos muchachos- continuó, Vincent - en conclusión, saben quiénes son. No les diré nombres pero si a eso quisiera llegar, llegaría, dándoles incluso nombres y dirección.
¡Asu!- exhalaron sorprendidos los alumnos.
Vincent sonrió
-Son unos burgueses alienados y decadentes- miró atentos a todos, esperando cumplir expectativas y continuó- miembros de la clase media cuyas aspiraciones se mezclan con las de Archie y la de los Picapiedra y no saben a dónde ir.  La clase completa soltó una sonrisa satisfactoria, por no decir aprobatoria. Vincent había empezado con el pie derecho su primera clase.
Desde entonces la curiosidad crecía era como si cada estudiante del salón codiciara la llave del poder. La capacidad de no sólo  decodificar cualquier mensaje, sino  de conocer y como decía Vincent de dominar a las personas y hacer de ellos lo que quisiéramos. Empezó destruyendo una a una las series norteamericanas, porque según él eran la base de la Ideología Estadounidense.
-Aunque no lo crean -dijo el profesor mirando a todos, uno por uno - y para los escépticos que creen que lo que digo es  maquiavélico o  de ficción, piensen ¿por qué la maquinaria del tío Sam invierte miles de dólares en estas series?, ¿Por qué se ha dado impulso a la creación de satélites que observan a todo el Mundo? ¿Cuál es el propósito de esto? Digan lo que están pensando se llama: ¡Poder¡...¡poder! y poder para dominar”. 
Sus ojos estaban inyectados, ansiosos y su rostro  completamente enrojecido. Retaba con su mirada, buscaba opositores y casi todos bajaban la cabeza ante su  mirada desdeñosa. 
-¡El llanero solitario!- dijo sonriendo- no se dan cuenta que representa a la homosexualidad    ¡Imagínense!,  vive con un indio, o ¿es qué acaso se menciona a alguna mujer como pareja del indio o de el llanero? Por lo tanto me atrevo a pensar que el autor de la serie es un homosexual, cuya aspiración es ser pareja de un indio fornido.
¡ja ja ! - prorrumpieron en carcajadas los alumnos.
En cada clase decía que a través de sus investigaciones de años y malas noches pudo descubrir el negocio de las grandes transnacionales, involucradas no sólo en poseer al mundo como si se tratara del  imperio Romano, sino de dominar mentes y actitudes tal cual el laboratorio de Frankenstein sobre toda la humanidad, pero  a través de los medios de comunicación, usando la publicidad, los programas de televisión, la radio los medios escritos.
-Un bombardeo como jamás antes se había escuchado”- repitió Vincent, varias veces, mientras enseñaba un libro que él había escrito.
 – Aquí está todo quieren saber más, cómprenlo -sonrió,  sin tanto esfuerzo- No piensen que es propaganda para vender el libro.
 - ¿Saben qué?- preguntó al salón- En este libro he dejado parte de mi vida y de mis ojos. 
-¡Sí, realmente me quemé las pestañas! y todo para que el mundo no sea ignorante de la realidad.
Todos los alumnos asintieron inclinando la cabeza. La clase creía firmemente que Vincent no sólo era un soñador, sino un idealista solitario, que había radicado en Cuba, en ambientes de intelectuales críticos, que orientaron su visión del mundo. Él decía que fue el primero en descubrir que Marx también se refirió a los medios de comunicación. 
Algunos comentarios sobre él me sorprendieron, como aquel que decía que era muy temido en las asambleas de catedráticos y que había un grupo de profesores, a quienes lideraba y que le obedecían sin protestar. Decían que usaba una cuchilla y que la sacaba para limpiarse las uñas en cada reunión y cuando alguien le acusaba de algo, los intimidaba apuntandoles con la navaja, obligándoles a bajar la mirada como si se tratara de un delincuente prontuariado. ¿Quién podía enfrentarse así? Recuerdo que el día que tomaron el local, él estaba allí, de consejero,  conversando con Orlando y Willy, mientras que ellos sumisamente inclinaban sus cabezas, aceptando sus indicaciones. ¿Quién era este señor que tenía poder sobre profesores y alumnos? , ¿Por qué tanto miedo? Algunos decían que era militante de  Patria Roja, una de las facciones violentas del partido de Izquierda Unida, otros que era un advenedizo que sólo fanfarroneaba. Lo cierto es que tenía poder sobre muchas personas.
En cada clase Vincent repetía lo mismo “El pueblo es manipulado por las grandes transnacionales sólo nosotros los intelectuales lo liberaremos, tenemos que entrar a los medios de comunicación para denunciar,  y no dejar de denunciar. ¡Aquí lo dice!, ¡miren! – señalaba su libro. No lo entendía, pero cada clase sentía más y más simpatía por el profesor, hasta idealizarlo. Yo mismo creí que luchaba sólo contra el mundo y que no todos lo entendían. Pero, Mucho después, Vincent fue cambiando poco a poco, impedía toda intervención  que criticará a su libro  y sus teorías, maltrató a los que se atrevían a  preguntar o solicitar que se les explique conceptos que se sospechaban erróneos. Muchas veces se burló de los que lo contradecían  tratándolos de neófitos y tontos,  ridiculizándolos, eso mermó las participaciones en el salón, hasta escuchar  un monólogo, la de él. por eso, no pude intervenir, al menos sobre algo referente a su libro, siempre ante cada pregunta me escondía de su  mirada o me agachaba, pues no quería ser ridiculizado, frente a todos.
Un buen día entró al salón un alumno nuevo, Vincent lo observó detenidamente, desde que entró al aula, retándolo  a un intercambio de miradas, hasta que se miraron y lo apabulló con preguntas.
- ¿Tú eres alumno del Curso?
- ¡Sí!, respondió- el alumno algo sorprendido.
-¿De qué Base eres?, repreguntó el profesor. 
-Base 79 especialidad de Periodismo- respondió más firme.
-¿Tú le conoces a Carla Pérez? No, -dijo algo confuso el alumno 
- ¡Ah disculpa!,  ella es de otra promoción- replicó el profesor, sarcásticamente porque  adrede le dio un nombre equivocado.
-Tu cara no la recuerdo y yo soy bastante fisonomista,  ¿Eres re-ingresante?, porque aparentas más edad que todos mis muchachos.
-¡Sí! -replicó- el alumno
-Entiendo - lo miró fijamente- voy a buscar tus datos en la Dirección de la Escuela 
- ¿Dame tu nombre completo? - Mientras se acercaba a su pupitre, pude contemplar al muchacho, tendría unos 30 años, era más fornido que todos en clase y no se amilanaba ante el profesor, sino que lo miraba fijamente, sin titubear. Parecía muy seguro de si mismo.
-Me llamo Marco Augusto y no entiendo porqué tanta hostilidad .
-¿Qué? - replicó el profesor, todos en el salón enmudecieron, era el primer enfrentamiento que se oía en clase. Me pareció que titubeó, no conocía al alumno, ni cómo iba a reaccionar. Por primera vez sentía que perdía el control de la clase. 

- ¡Mire compañero!- dijo  parándose firme a su lado, señalándole con el dedo índice  – aquí yo soy el profesor, la máxima autoridad, el que decide si alguien permanece o se queda, pero hoy y sólo hoy, voy a hacer una salvedad te vas a quedar ¿y sabes porqué? Porque parece que no eres espía. Cerró su libro y culminó la clase. Espías, ese era el temor de Vincent y de muchos otros profesores. Tenían temor a los desconocidos, a los policías infiltrados por eso los acosaba en clase, para que todos los conozcan y los rechacen. 

lunes, 19 de noviembre de 2018

LA BELLA DESCONOCIDA

Mientras dialogaban, observé detenidamente a una chica que despertó mi interés, no sólo por su bello rostro, sino porque hablaba resueltamente con todos, como una líder, incluso Rolando se dirigía a ella con mucho respeto.
-Pero, ¿quién es?- me pregunté cautivado y deduje que tendría entre 19 a 20 años aproximadamente, de rostro dulce, ovalado, ojos redondos de color canela y cabello castaño. Aparentemente frágil, de mirada esquiva, quizás tímida. La contemplé embelesado, sin darme cuenta que la había perturbado, porque como dice aquella frase: “tanto miras a alguien, que termina mirándote” y así fue, hasta que cruzamos nuestras miradas. Sentí que se inquietó, y de rato en rato me buscaba. De pronto Orlando interrumpió abruptamente ese intercambio de miradas, me tomó del brazo y me jaló.
-Vamos a iniciar un debate en el patio de letras - dijo, jalándome - ven y representa a tu base y di que esos cursos no deberían anularse.
-¡Pero yo…no sé nada! ¿Qué  digo?
-¡Sólo eso y ya!
Ese momento, sentí todas las miradas en mí, hasta la de aquella muchacha de rostro ovalado, que ahora sí me miraba insistentemente y entonces supe que no podía negarme, porque era la única oportunidad, para que ella me conociera, aunque no niego que me sentí extraño dentro de aquel ambiente.
-¿Qué hacía yo allí?-pensé, nunca había hecho algo parecido, pues siempre me gustó mantenerme en el anonimato y en un abrir y cerrar de ojos, me convertí en el centro de atención. Fui llevado por un grupo de muchachos hacia el centro del patio y me hicieron subir a un pequeño tabladillo que habían instalado. Por un momento dudé y quise bajarme, y escapar, pero al verme arriba delante de todos, sólo respiré profundamente. 
-Aquí está un ingresante que tiene algo que decirnos – dijo un muchacho que servía como moderador- tiene la palabra compañero. 
A mi alrededor había como unos cincuenta estudiantes que me miraban y no parecían amistosos
-¡Bueno yo!... –titubeé por un momento,  sentí que mis piernas flaqueaban, y no podía pasar la saliva. Mi pulso estaba acelerado y mis labios temblaban.
-Vengo de otra universidad de comunicación y… sé que estos cursos son importantes. 
-¡Calla!, ¡calla la boca!-escuché entre el gentío
- Este no sabe nada de nuestra realidad, su opinión no vale en este debate- gritó un muchacho que salió al frente agitando sus brazos con mucha vehemencia, señalándome y descalificándome.
- ¡Es un cachimbo! ¿Cómo traen a un cachimbo a disertar, se están burlando de nosotros?-exclamó dirigiéndose a todos y una parte del grupo empezó a protestar levantando sus manos, vociferando:
- ¡No tienen argumentos, pues usan a los cachimbos... son unos manipuladores!
Comenzaron a empujarse entre ellos y a forcejear querían llegar al tabladillo 
 De un jalón, estuve abajo, Willy me había sacado antes de que me linchen. Su actitud estratégica, para mí fue compasiva y acertada, a pesar de que Orlando quería dejarme como carne de cañón. 
Esa noche, recordé los rostros enardecidos y los gritos desesperados de gente que no conocía. Supe entonces, que había entrado por la puerta falsa, dejándome llevar como un corderito, hasta hacer el más completo ridículo. Me alejé de todos y caminé por los pasadizos de la Facultad  que lucía vacía. Pero aún escuchaba las voces.
- “¡Estúpido cachimbo!, ¡no sabe nada!,¡manipulado!”.  
 Me senté  en las escaleras de la Puerta de letras. No había nadie y recordé a esa muchacha que no despegó su ojos de mi, todos esos momentos y eso me confortó, cambiando toda la escena ridícula en una acción intrépida, tan solo por el intenso deseo de conocer a esa desconocida que me intrigaba y hacía que realizará las cosas más increíbles.
(continuará)


viernes, 26 de octubre de 2018

CAPITULO I "Un estúpido cachimbo"


Recuerdo el primer día que llegué a la universidad un  humo denso, inundaba el bosque de letras, arrastrando vestigios de gas  lacrimógeno, irritando mis ojos, obligándome a huir presuroso. Muchos alumnos corrían de un lado para otro, evitándolo. Yo también lo hice, hasta que llegué al patio de la Facultad, allí una columna de banderas me estorbó el paso y me detuve a observar las paredes, parecían murales, llenas de letras que daban vivas a diferentes  partidos. Crucé  Pizarrones, que invitaban a votar, pero el lugar estaba vacío,  no había gente, habían huido,  la fiesta electoral terminó abruptamente, por una feroz intervención policial.
Subí unas escaleras hasta el tercer piso, todo estaba en calma, no había ruidos. Sólo algunas carpetas malogradas estorbando el paso. Pasé por una gran reja, semiabierta, caminé hacia el fondo, hasta que llegué a una puerta que  tenía un cartelito: “Centro de Estudiantes de la Escuela de Comunicación Social”. Miré por la ranura de unas bisagras y salió un muchacho fornido como de unos 30 años, quien al verme se inquietó, pero no se amilanó.
¿Si? - preguntó  algo inquieto- ¿Qué deseas?
Lo miré y me presenté como ingresante e inmediatamente su rostro cambió, esbozando una suave sonrisa.
¡Ah, ya veo!- me dijo- Yo soy Willy, secretario del Centro de Estudiantes de Comunicación Social o CECOS.
Se acercó y estrechó mi mano.
-¿Quisiera saber cuándo empiezan las clases para los ingresantes?- le pregunté. 
- ¡Conque cachimbo!- sonrió forzadamente- ¡felicitaciones!.
Fue el primero que me dio la bienvenida. No habló mucho, casi solemne, con su rostro parco, alcanzó a decirme que los de mi base se iban a reunir y que era imprescindible que estuviera presente. Inmediatamente pensé en una fiesta de bienvenida de cachimbos y me alegró la iniciativa. Entusiasmado hurgué entre los periódicos murales, buscaba algún cartel de bienvenida, pero nada, ni una  nota de convocatoria a reunión.
-¿Qué raro? - pensé- porqué no hay un solo mensaje que cite a reunión. 
Al día siguiente, casi al atardecer retorné a la universidad y reconocí a Willy, estaba entre un grupo de alumnos, me acerqué y le saludé dándole la mano, pero ahora él estaba algo esquivo, no me dio tiempo de conversar y sólo gritaba ansioso.
-¡Los de tu base van a marchar, acompáñalos! – Me dijo – ellos son, alcánzalos. Señaló a un pequeño grupo que subía por la rampa del patio de letras, cargando unas banderolas.
-¿Qué?,  ¿A dónde van?- pregunté confundido.
-Protestan porque les quieren quitar cursos imprescindibles para la carrera- me recalcó, algo huidizo.
-¡Orlando, ven! – Llamó a otro que estaba en el grupo - explícale lo que vamos a hacer. Él se acercó, aparentaba más edad que Willy, tenía un bigote al estilo mejicano, patillas largas y un cabello  greñudo y largo. Apenas llegó, comenzó a hacerme preguntas.
-¿Con que eres cachimbo? -me preguntó  sonriendo irónicamente.
Observé su rostro grasoso, y el cuello de su camisa completamente empapado de sudor. No me
extendió la mano como Willy, y no miraba de frente.
Su desdén, cambió cuando me preguntó si ya había estudiado en otra universidad y le respondí que venía de otra facultad de comunicación. Sus ojos le brillaron complacido.
-Pues tú sabes, viejo - me felicitó, dándome una palmada en la espalda, pero sin quitar su sonrisa burlona.
- ¿No crees que el curso de Medios de comunicación es importante, tú lo debes conocer?
-¡Pues!...sí, si –enfaticé dudoso, no lo había llevado en la otra universidad, pero por el título entendí que podría ser importante.
-¡Vamos! sigue a tus amigos y ayúdalos a no perder ese curso.
Me sentí comprometido, no quería hacerlo, no sabía cómo decirle que no. Sin embargo me llevó hasta el grupo.
Él es de su salón- gritó a un muchacho- colócate detrás de ellos. Al ver que todos me miraban, acepté y caminé junto a ellos, quise escapar, pero detrás, Orlando me observaba
-¡Arenga con tus manos compañero!, ¡levántalas!”- me decía y así lo hice. 
Me sentí tan tonto de caminar arengando y protestando por algo que desconocía, que me dio vergüenza y repudié a Orlando. No duró mucho mi caminata y cuando finalizó,  suspiré de alivio.  Nos llevaron a unas oficinas que habían sido tomadas, era nada menos que las salas del Decanato de la facultad de letras. Cuando entré, vi unos colchones tirados en el suelo con frazadas desordenadas y restos de comida. Todos se saludaron, al parecer ya se conocían,  y hablaban de hacer un inventario con todas las cosas del Decanato. Mientras dialogaban, miré a una chica de unos 19 a 20 años
(continuará...)